Friday, July 17, 2009

El espectáculo en letras

FUENTE: De la idea a los aplausos

Salió muy bien la mesa "El espectáculo en letras", en el marco de De la idea a los aplausos, segundo encuentro entre los profesionales de la producción. Ahí estuve. Bien por los organizadores.

Aquí dejo una nota de la agencia de noticias Notimex, que apareció en diversos medios.

Eso.

NOTIMEX
Martes 14 de julio, 07:12 PM
México, 14 Jul. (Notimex).- Directores y editores de revistas especializadas en teatro, danza y ópera salieron hoy en defensa de sus publicaciones y pugnaron por crear una agresiva campaña de difusión que contrarreste los efectos de los "best sellers" que tienen acaparado el mercado nacional.

Durante una charla en la Universidad del Claustro de Sor Juana, Abril Boliver, de la revista "Danza, Pasión y Movimiento"; Noé Mercado, de "Pro Ópera", y las editoras Nizarindani Sopeña y Leticia García, de "Sound Check" y "Paso de Gato" respectivamente, lamentaron que sean las revistas de chismes las que prevalezcan.

En el último día de actividades del Segundo Encuentro de los Profesionales de la Producción de Espectáculos "De la idea a los aplausos", cada promotor coincidió en que los perfiles de las compañías, espectáculos, festivales, certámenes y/o alguna otra actividad que aparecen en sus revistas, presenta un equilibrio informativo en todas las disciplinas.

Al tomar la palabra, Leticia García, editora de Paso de Gato, se refirió a los "bestseller", aquellos libros, discos, películas y/o videojuegos que, debido a la gran aceptación que generan entre el público, han pasado a formar parte de las listas de los más vendidos.
Mientras que las revistas dedicadas a la difusión, crítica y análisis del arte y el espectáculo, han vivido una etapa de resistencia para mantenerse vivas en el mercado nacional.

Por ello, la editora se pronunció a favor de que su sector trabaje en una oferta interesante de títulos, precios accesibles que persuadan a los lectores, campañas permanentes de invitación a la lectura y eficientes sistemas de distribución, a fin de posicionarlas en el mercado.

A decir de los ponentes, en los últimos meses la venta, exhibición y mesas redondas en torno a estas publicaciones, han transcurrido con buen ánimo, por lo que consideran llevar a cabo más foros de este tipo a proposito de "poder hacer surgir nuevas opciones editoriales de estas características".

Señalarón que algunas de ellas, recordaron, enfrentan la dura batalla día a día por hacerse llegar de recursos para su publicación.

Sin embargo, subsisten porque "tanto el arte como la cultura en México son importantes. Es necesario apostarle al arte para ganar", insistió Noé Mercado, director de la revista "Pro Ópera".

Previo a la charla, cada uno de los ponentes explicó las características de sus respectivas publicaciones y los premios que han obtenido en los últimos años.

Friday, July 10, 2009

De la idea a los aplausos


Los chicos entusiastas de la carrera de Producción de Espectáculos de la Universidad del Claustro de Sor Juana -carrera que, por cierto, ya tiene egresados y profesionales que cada vez destacan más en el medio nacional- me invitaron a participar en el segundo encuentro entre profesionales, precisamente, de la producción de espectáculos que tendrá lugar 13 y 14 de julio en el Auditorio Divino Narciso de la UCSJ.

Yo participaré, en representación de la revista Pro Ópera, el 14 a las 16 horas, en una mesa sin duda interesante: El espectáculo en letras. Ya veremos qué tal. Ojalá asistan a las cinco mesas del encuentro, que contemplan desde la idea hasta los aplausos -cuando los hay- de un espectáculo profesional. Es entrada libre.

Bien por los chicos y porque tengan presente el musical y la ópera que artísticos pero, al final, también son espectáculos. Aquí dejo la info que me proporcionaron:

DESCRIPCIÓN GENERAL

La producción de espectáculos había sido una labor que hasta hace poco recaía en los artistas (actrices, músicos, directores, etc.) o personas dedicadas a la administración. Ellos se formaban como productores durante el proceso mismo, a través de la observación y la práctica, lo cual difícilmente posibilitaba la diseminación de experiencias, conocimientos y metodologías de trabajo. Sabemos que el intercambio de ideas es una posibilidad de enriquecer la profesión. La Universidad del Claustro de Sor Juana comprometida con el desarrollo cultural de México fundó el Profesional Asociado en Producción de Espectáculos y abrió los cauces para que en 2008 se llevara a cabo el primer encuentro de profesionales de la producción de espectáculos “De la idea a los aplausos”. Hoy nos complace anunciar que gracias a la entusiasta respuesta de ponentes, medios de comunicación y público asistente, realizaremos la segunda edición del encuentro, la cual da continuidad al foro de reflexión, intercambio de ideas y experiencias sobre los retos de la producción realizado en julio de 2008.

En esta ocasión el encuentro comprende cinco mesas:

Lunes 13 de julio

02:00 p.m. Inauguración

02:05 p.m. Mesa 1: Producir es cosa seria

-Francisco Pazbotello (Westwood Entertaiment)
-Soledad Estrada (Santísima Producciones)
-Laura Rode (OCESA Teatro)
-Colleen Patton (PROMEDSA)

04:15 p.m. Mesa 2: ¿Quién me apoya? Gestión de Recursos

-Marisol Torres - (Gajuca Danza)
-Xatziri Peña - (División Cultural IMSS)
-Mónica Riestra (Mond Ensamble SC)

06:45 p.m. Mesa 3: Casos de éxito

-Irasema Terrazas - (Soprano y actriz)
-Mónica Bravo (Mentiras, el musical)
-A poc A poc (danza)


Martes 14 de julio

04:00 p.m. Mesa 4: El espectáculo en letras. Publicaciones especializadas

-Abril Boliver - Danza Pasión y Movimiento
-Nizarindani Sopeña - Soundcheck Magazine
-Jaime Chabaud - Paso de Gato
-José Noé Mercado - Pro Ópera

06:15 p.m. Mesa 5: Equipo de Producción. El drama en backstage
Dr. Frankenstein, la ópera rock de Jorge Fors


-Ana Teresa Ramirez - Productora Ejecutiva
-Ricardo Delgadillo - Director de Escena
-Salvador Moreno - Diseñador de vestuario


Auditorio Divino Narciso de la Universidad del Claustro de Sor Juana. Izazaga 92, Centro. México, DF. ENTRADA LIBRE.

Más información: http://www.delaideaalosaplausos.com/

Wednesday, July 01, 2009

Pro Ópera julio-agosto 2009


Así como la mitad del año, la edición julio-agosto 2009 de la revista Pro Ópera, ha llegado. Ya se puede leer en línea, con una nueva imagen del sitio, dando clik aquí.

Recomiendo leer todo lo que trae este número, pero dejo links a lo que yo publiqué que igual es harto:

Columnas Ópera en México y México en el Mundo.

Crítica Rigoletto en el Teatro de la Ciudad.

Artículo de portada Don Pasquale en México, y entrevistas con el elenco:

La soprano Rebeca Olvera.

El tenor Javier Camarena.

El barítono Josué Cerón.

El bajo Charles Oppenheim.

Y, como en este número, entrevisté por doquier, igual vienen entrevistas con:

El director de orquesta Enrique Patrón de Rueda, quien en este año cumple 30 años de carrera.

El compositor Daniel Catán, quien celebra en 2009 60 años de edad.

La soprano Fabiola Venegas, ganadora del primer lugar del Concurso Internacional de Canto de Sinaloa, del que incluyo también una breve reseña. Este par de textos que vienen en el Suplemento en línea, por cierto, complementan la entrevista con Patrón de Rueda.

Desde luego, vienen muchas otras colaboraciones y secciones de interés (la ópera del Met en el Auditorio Nacional, entrevista con María Cristina García Cepeda -Maraki-, entrevista con Rufino Montero, Franz Joseph Haydn a 200 años de su muerte, Haydn y la ópera, reseñas de discos y libros, Ópera en los Estados más Otras Voces -no deben perderse las demás críticas de Rigoletto en el TdelaC- y Ópera en el Mundo -y al decir todo el mundo es, en efecto, todo el mundo), de diversas plumas (Lázaro Azar, María Eugenia Sevilla, Xavier Torresarpi, Ingrid Haas, Arturo Magaña Duplancher, Luis de Pablo Hammeken, Darío Moreno, Vladimiro Rivas, Raúl Díaz y Mauricio Rábago Palafox -ojo con su crítica de Rigoletto que pone el colmillo en la yugular-, sin contar a toda la red de corresponsales nacionales e internacionales.

Ya puede conseguirse la revista en papel y consultarse en línea:

http://proopera.org.mx/julago.html

Friday, June 26, 2009

Jackson, el más pop


Jackson, el más pop
x José Noé Mercado

Michael Jackson es tan simbólico y significativo como una lata de sopa Campbell´s. Como un cómic de Marilyn Monroe o un afiche de Coca-Cola. Guste o no, es un ícono de la cultura de nuestros tiempos. De sus códigos. De su arte. De toda una estética y forma de vida: el pop. Un emblema que, por más que se niegue o critique, no dejará de ser un emblema.

Ayer murió, se supone que poco antes de las 17 horas tiempo de México. Yo me enteré por Internet. Por Messenger. Ahí estaba la noticia, no en los medios de comunicación tradicionales. Más allá de las especulaciones y de la aclaración que acarrearía su fallecimiento, el impacto mediático y cultural estaba ya en escena.

En menos de una hora aparecieron en la red miles de artículos refiriendo la muerte de Michael Jackson. En YouTube, Thriller, que marcó una forma de presentar la música, su contenido a través del clip, del corto, se acercaba a las 40 millones de reproducciones. Los demás videoclips de Jackson, que no son pocos, eran vistos igual por millones.

La televisión, la radio, los medios impresos, a nivel internacional dedicaron generosos reportajes para hablar de la muerte del rey del pop. Del mayor vendedor de discos de la historia. Probablemente del artista más famoso de nuestra época y, por tanto, acaso de todas las épocas.


Por Messenger también discutí con algunos contactos, empeñados en no conferirle ninguna importancia ni a Michael Jackson ni a su muerte. "Me vale madres el pop y Jackson una chingada", me dijo uno de puro bluff. "La pedofilia y todas esas depravaciones que estaban a su alrededor me asquean", me dijo hipócritamente otra persona que, me consta, innumerables veces ha tenido que formatear su disco duro infectado por los virus que pululan en las páginas pornográficas que visita. "No es de mi época ni está en mi historia personal, MJ para mí no existe", me explicó una chica ni tan chica aficionada a los videoclips y consumidora de literatura pop. "Qué te sorprende, por qué te admira lo que pasa en los medios, eso pasa todos los días, mejor ponte a trabajar en lo tuyo y olvídate de lo que pasa o no pasa con los demás", me dijo un tipo que estudió comunicación aunque, por supuesto, nunca logró ejercer la carrera.

Una rubia tipa semianoréxica, más en sintonía con lo que yo estaba percibiendo, me dijo "seguro así ocurrió cuando murió Elvis. O Lenon. O la Monroe, pero como no había Internet el fenómeno no se sintió igual de colectivo y en tiempo real como ahorita. Esto, por fortuna, no lo veremos ni con Fidel ni ningún otro político". Sí, pensé. Por ahí va la interpretación del asunto que, por lo demás, bien puede ser que tampoco signifique algo a todos. No cambiará la vida cotidiana de las personas ni le quitará el sueño a la gente. Pero de que es un acontecimiento cultural, como la muerte de Beethoven, de Monteverdi o Da Vinci, que para muchos tampoco significaron nada, lo es.

La muerte física de un ícono de la cultura duele en forma abstracta. Justamente porque lo que intenta toda cultura, incluso la más efímera y comercial y paradójicamente popera, es tener significación en los hechos cotidianos para poder permanecer en el tiempo. Así, incluso, se llega al arte. Y la muerte es un atentado contra toda permanencia. La muerte nulifica todo intento de significación. Contra esa falta de sentido es sobre la que debe cimentarse la creación. El arte. La cultura. La muerte de un artista famoso, que lo tuvo todo y que, sin embargo, sin nada se quedó, puede cuestionarnos para qué crear. Nos hace ver el vano intento de permanecer, de agarrarse al mundo, se haga lo que se haga.

No ver o no querer reconcer la importancia de Michael Jackson es una forma aparente de negarse a sí mismo, de hacerse blanco cuando se es negro. De hacer de cuenta que no se vive la época, la estética, que vivimos. El descrédito del pop, en el fondo, es súper pop. Restarle méritos como artista o simplemente despreciarlos, verle sólo el lado B, es la actitud popera que hoy nos define. Seguimos desacreditando el movimiento pop, como si fuera en sí mismo despreciable y no fuera solamente un periodo más, lo que no es menos, de la historia como lo fue el medioevo, el renacimiento, el barroco y demás etapas culturales.

La muerte de Michael Jackson es al pop lo que la de Mozart fue al clasicismo.


El pop es llevar elementos de lo más cotidiano al arte. Michael Jackson consiguió lo que pocos: se convirtió en un ícono de lo popular que se llevó a sí mismo al mundo artístico. Logró el éxito y su decadencia, como el pop tuvo dentro de sí el shocker pop o el acid pop que lo destruía al tiempo que lo reafirmaba.

El pop es agradable, hasta bello. Lo que no molesta sino encanta. Es una zona de confort y así, igual, es la música y la voz y el baile de Michael Jackson, el más pop. Por eso corre el riesgo, que no es poco mérito, de volverse un clásico si no lo es ya.

Quizás Michael Jackson representa una época y nos alcanza, nos toca, porque más que un inconforme era posmodernamente un insatisfecho. No se quedó negro, ni con los rasgos que le tocaron. Pero tampoco llegó a ser blanco, ni consiguió un perfil griego. Michael Jackson es muchos de nosotros porque fue capaz de desfigurarse con tal de figurar.

Descansa en paz, sumo rey del pop.

Monday, June 15, 2009

María Alejandres en el Lunario


La soprano María Alejandres está comenzando una brillante carrera en el mundo de la ópera. A sus 24 años de edad, pocos artistas en México tienen tanto futuro como ella.

Recién triunfó en el Teatro de la Ciudad, interpretando a Gilda, en el Rigoletto de Giuseppe Verdi. Ese mismo papel ahora lo está alternando en una gira del Teatro Regio de Parma por China. Y para el año entrante tiene contratos en Italia, Inglaterra y muchos otros sitios.

Pero la buena noticia es que María estará nuevamente en México en un par de veladas con arias de ópera, zarzuela  y canciones. Me llegó la invitación. Será el 8 y 9 de julio, a las 21, en el Lunario. Alejandres estará acompañada por un pequeño ensamble y por José Ángel Rodríguez al piano.

Habrá que ir.

Sunday, May 31, 2009

-Povero- Rigoletto en el Iris


Hay por ahí quienes últimamente se empeñan en negar la existencia de la crítica. Sus razones tendrán. Aunque no es nada nuevo eso de negar la crítica. O sea, siempre ha sido una forma de legitimar lo criticado. De abogar por lo oficial. Lo establecido.

Ya Zoilo y Aristarco en la antigua Grecia eran negados. Además, criticar a la crítica es abrazar una teoría que se muerde la cola. Si se critica a la crítica, entonces la crítica existe.

Va mi crítica al Rigoletto presentado por la Compañía Nacional de Ópera en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris. Aquí la dejo con mi reputación para que la hagan pedazos.

UPDTED: esta crítica ya se publicó también en Mundo Clásico, en España. Se puede ver en línea armada con distintas fotos dando klik aquí.

-Povero- Rigoletto en el Teatro de la Ciudad
x José Noé Mercado


Piangi, fanciulla, piangi
Si a veces hasta da corte, como dicen los chilenos. Da un poco de pena, como expresan en Colombia. Pero sí, lo afirmó Manuel Buendía: el periodismo tiene cierta vocación escatológica.

Y la crítica, ya sea de la academia o periodística, de ella también se moja. Puesto que una de sus funciones es poner en perspectiva lo que puede, y quizás urja, mejorar. Modificarse. Lo que no se hizo bien. Lo que no aportó. Lo que nació mal. El gato por liebre y lo que no pasó corriente, lo inadecuadamente enchufado.

En México, debido a la reciente y poco afortunada labor de la Compañía Nacional de Ópera para cumplir su labor de “máxima exponente del género del país”, como asegura Conaculta, parecería que la crítica tiene sólo esa función y no otras más presumibles o que, de menos, no den tanta corte.

Casi siempre, cuando hay una verdadera motivación por el arte del que habla, la crítica igual quiere aplaudir. Demostrar lo fan. Pero cuando faltan razones y no se puede, esa labor queda para los voceros oficiales u oficiosos y la crítica debe cumplir su misión. Incluso a riesgo de que algún directivo escrupuloso diga que al hacerlo “chilla porque nada le parece”. Quizás porque ese funcionario desconoce lo que no conviene: la escatología dice casi nada del que estudia la obra y sí todo de quien la produce. La crítica no chilla. Es espejo y, si argumenta, da reflejo.

Así pues, luego de casi cinco meses de haber llegado, la nueva administración de la CNO por fin produjo algo propio: Rigoletto de Giuseppe Verdi, presentada en cuatro funciones: 24, 26, 28 y 31 de mayo, Teatro de la Ciudad Esperanza Iris.

Y no libre de la filosofía tan mexicana del “yo no fui”. Consistente, por cierto, en no asumir del todo las responsabilidades y sus consecuencias. Echándolas a otros, en este caso a la administración pasada, respecto a planes, presupuestos y algo de la selección de elenco y creativos. No se puede seguir así, por bien de la ópera. Y no por ser cierto o no, sino porque lo esencial es que quien ahora está al frente tome el timón y acabe la inercia malhadada. Si es que puede. Y se asuma en su puesto para navegar con nuevo rumbo, más propicio. Ése es el reto de Alonso Escalante: ¿marinero o capitán? ¿U hombre al agua?

Lará, lará, lará
El barítono Genaro Sulvarán encabezó el elenco de este Rigoletto, no sin problemas para dar vida al jorobado bufón, un rol que resultó demasiado dramático para las condiciones vocales que el veracruzano presentó el día del estreno. Un papel que ya ha abordado anteriormente, pero al que esta vez su voz no hizo justicia. Quedó corta en los agudos, sin colocación firme en esa zona alta, opaca y carente de legato amplio. Si bien nunca ha sido un actor consagrado, ahora sus posibilidades de lucir en lo histriónico quedaron disminuidas al apreciarse más preocupado por hacer que la voz respondiera a las exigencias de su complejo personaje y la emisión no pareciera irse para atrás, fuera de foco.

María Alejandres, en cambio, triunfó de nuevo. Tanto o más como antes triunfó María Katzarava. Ahora como Gilda, la cantante desbordó encanto y decisión escénica, pero lo más importante: dejando claro que es, acaso, la soprano más dotada que haya nacido en México en varias décadas, dicho no en demérito de talentos nacionales en esta cuerda, sino porque María está ya conquistando los escenarios líricos más prestigiados del orbe. No sólo por su delicioso y cálido timbre y por su técnica sólida con la que dispone todo su registro, sino igual por la inteligencia para bordar los detalles y convertir una interpretación destacada en una memorable. María Alejandres es de esas artistas que hacen que una función valga la pena. Y va en ascenso.

El Duque de Mantua fue abordado por el tenor Arturo Chacón Cruz, quien tiene un timbre muy bello, aunque en el registro medio su instrumento a veces se opaca y no corre del todo por el teatro. Ahí podría disponer más brillo que, a diferencia, sí despliega con capacidad indiscutible en la zona alta. En ella se mueve con plenitud y soltura. Es un cantante inteligente al frasear y muy seguro. Su actuación no fue mala pero sí débil, quizás tímida. Le faltó soltura y cinismo. Ser más cabrón, de acuerdo al personaje que interpretó. Por ejemplo, cuando está con Maddalena (Encarnación Vázquez en un rol demasiado grave para sus características más ligeras), lejos de ser licencioso y dejarse llevar por lo venéreo optó casi siempre por meter sus manos en los bolsillos de su pantalón o por olisquear sin convencimiento bajo las faldas de ella.

El bajo Rosendo Flores como Sparafucile cumplió con creces, mientras que el bajo-barítono Guillermo Ruiz, Monterone, mostró un instrumento algo maltratado, sin el brillo y poder que le conocíamos. Esta ocasión, fue más el esfuerzo que la voz. Mejor impresión dejaron algunos partiquinos como Roberto Aznar (Marullo), Helena Pata (Giovanna) y sobre todo Luis Alberto Sánchez el Trosky (Borsa).


Ah, la maledizione!
La Orquesta del Teatro de Bellas Artes bajo la batuta del brasileño Luiz Fernando Malheiro sonó descuadrada en diversos pasajes, con cuerdas plurales que casi decían lo que querían, no lo que debían. El sonido producido careció de fuerza dramática o de sutilezas particulares. O sea, un trabajo gris, con el agregado de que Malheiro no es un acompañante de voces consumado, a juzgar por cómo los cantantes a veces se iban ahogando o se contenían, buscando cuadrar sus voces con la música y los tiempos.

Es obvio que la inactividad es resentida por el Coro del Teatro de Bellas Artes, para ésta como otras veces, bajo la dirección huésped de Jorge Alejandro Suárez. Vocalmente el esfuerzo individual es de aplaudir, pero el resultado ofrecido como conjunto no terminó de cuajar por un natural desencanche, a lo que se sumó un trazo escénico abigarrado y sin maña. Inhábil.

La puesta en escena correspondió al alemán Bruno Berger-Gorski e intentó adoptar ese tono agresivo, violento física y sexualmente, que ya han explorado otros montajes de Rigoletto. Pero se quedó en eso: en un intento. Nunca se llegó a las últimas consecuencias de esa mirada. Con dos tipas con los pechos al aire, el Duque subiéndose la bragueta (salido de una habitación donde precozmente no duró ni un minuto) o con cortesanos pegándole teatralmente a Monterone, pero no más.

El detalle más curioso de la puesta de Berger-Gorski no radica en trasladar la trama a los 50, a una ciudad moderna. Viene en la última escena. Cuando el Duque sale furtivamente a ver qué pasa fuera de la casa de Sparafucile, Rigoletto ya ha descubierto que Gilda es la que agoniza, y luego entra de nuevo y se sienta en las escaleras a padecer. ¿Pero y esto qué aporta a la comprensión del argumento o al sentido dramático de la obra? Humaniza al Duque, desde luego. Le crea conciencia. Pero lo atelenovela. Porque esa actitud desde luego estaría disociada de alguien que tiene como himno “La donna è mobile” o que manda a Monterone al cadalso o que miente y toma por la fuerza a Gilda. Es decir, la propuesta es interesante. Pero termina por crear un perfil incongruente, porque lo hace rudo y cursi a una vez.

El vestuario gangsteril, diseñado por Adela Cortázar, pareció inspirado en una cinta de Martin Scorsese o Emilio Tuero, pero mezclado con algunos modelos renacentistas, de arlequín y Juan Luis Guerra. ¿Con qué finalidad este remix? Con el de subrayar la idea del director escénico de que el trasfondo de esta ópera no se circunscribe a una sola época, quizás. Muy bien. ¿Pero y entonces por qué los años 50 y no los 90 o el siglo 21? ¿Cuál sería, por ejemplo, la justificación de que Rigoletto bufón haya más bien parecido un motociclista chopper?

La escenografía del checo Daniel Dvořák, más que minimalista pobreymalista, incluyó una entrada tipo elevador a la izquierda y una barda al fondo con un par de entradas o salidas que sirven de acuerdo a la escena. O sea, esa base estuvo presente todo el tiempo. Casi. Monótona, como la iluminación (sin crear dimensiones, sin volumen, básica) de Víctor Zapatero. Y la ambientación vino de colocar una mesa, una cama o una jaula donde se supone que Rigoletto encierra a Gilda. Pero una jaula que no tiene techo, a la que siempre le echan llave, curiosamente menos cuando es de noche y a los cortesanos se les ocurrirá llegar para raptarla. Eso es mala suerte, ¿no?

Como mala suerte han tenido los legítimos operófagos de México en tiempos cercanos. Con autoridades líricas indolentes, con pocas, malas y costosas funciones. Con elencos más irregulares del promedio en otros teatros operísticos. Salvo excepciones, verdad. Tal vez por eso el público no llenó el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris y eso que se trató de un título de lo más taquillero. Veamos quién va al siguiente episodio de la temporada: Muerte en Venecia de Benjamin Britten. Por eso, por las circunstancias que padecemos, al cerrar el telón no faltó quien se lamentó como Rigoletto, con las palabras que cierran la ópera: Ah, la maledizione! Pero quién nos la echó.

Wednesday, May 06, 2009

En la calle


En la edición Pro Ópera que circula actualmente se publica una crítica sobre el concierto operístico que significó el primer evento artístico de la nueva administración de la Compañía Nacional de Ópera encabezada por Alonso Escalante.

Me parece que, por alguna razón no particular, no la había colocado en el blog. La posteo ahora. El concierto fue hace un tiempo, pero igual es vigente el texto por las condiciones líricas que padecemos. Eso.



En la calle: concierto operístico
x José Noé Mercado


Ya no es una metáfora. Es una realidad. La Compañía Nacional de Ópera, o lo que queda de ella, está en la calle. Al menos para ésta y otras ocasiones.

La CNO estrena nuevo director. Luego de la salida de José Areán, al finalizar 2008, Alonso Escalante ha tomado las riendas y el pasado domingo 1 de febrero se ofreció el primer evento musical de su administración.

Se trató de un concierto operístico en la calle, fuera del Palacio de Bellas Artes, cuyo Teatro, sede de la Compañía, como se sabe, está cerrado por remodelación. Vaya forma de debutar, tan sintomática de cómo están las cosas en materia lírica nacional.

La explanada de Bellas Artes fue un bello pero inadecuado marco para este concierto. A las cuatro de la tarde, justo cuando el nuevo edificio de la Secretaría de Relaciones Exteriores dio sombra al escenario, arrancó la parte musical. No antes, ni en otro sitio, pese a que las nuevas autoridades trataron de que fuera en el vestíbulo de Palacio y más temprano (para evitar una posible lluvia, el frío o, quizás, competir con el Super Bowl XLIII). Pero no hubo autoridad que convenciera u obligara a los cuerpos artísticos a cambiar sus planes.

Los protagonistas justamente fueron la Orquesta y el Coro (preparado por Jorge Alejandro Suárez) del Teatro de Bellas Artes, en esta ocasión bajo la batuta (debutante con la CNO) de Rodrigo Macías. Para ellos se instaló un templete y frente a él se habilitaron 500 sillas, insuficientes para el público que se dio cita o iba pasando por el lugar.

El primer problema fue de isóptica, pues entre las jardineras y una serie de esculturas, unas fijas, otras en exposición temporal, que hay en la explanada, el contacto visual con el escenario fue complicado o imposible. No es un buen lugar para conciertos al aire libre, si uno piensa en la parte artística, musical. Es un sitio cercano a lo perfecto, quizá, si uno piensa en el circo que ello implica.


El programa interpretado incluyó las oberturas de La urraca ladrona de Gioachino Rossini, Las alegres comadres de Windsor de Otto Nicolai y El murciélago de Johann Strauss, además de pasajes corales de El trovador y Aïda de Giuseppe Verdi, Carmen de Georges Bizet, Cavalleria rusticana de Pietro Mascagni, y El príncipe Igor de Alexander Borodin. En las propinas se ofreció el “Va pensiero” del Nabucco verdiano y repitieron “Les voici, le quadrille!” de la Carmencita.

El resultado, comprensiblemente, fue deplorable. No podía ser de otra manera, si los atrilistas estaban más preocupados por detener sus partituras, que se las llevaba el fuerte viento que igualmente se colaba por los micrófonos y se confundía entre el canto sonorizado de la masa coral.

En cuanto a sonido, se hizo lo que se pudo. Un trabajo que por más eficiente que haya sido, sin embargo, fue insuficiente. Las torres de altavoces se escuchaban bien donde estaban ubicadas, pero mal a lo lejos, mezclando el lírico sonido con los claxonazos, los motores y las frenadas chirriantes de los coches que circulaban por Juárez o Eje Central Lázaro Cárdenas. Las sirenas de patrullas y ambulancias ulularon en la lejanía.

Es verdad que hubo unas 1500 personas en el evento. Quizá dos mil. No menos, pero no más. Curiosamente, hubo pocos habituales a la ópera. La mayoría era gente que por primera vez escuchaba una sinfónica o un trozo operístico, porque esto tampoco fue escuchar ópera y, hay que decirlo, tampoco fue lo que se dice escuchar a una sinfónica o a un coro. El pez no estuvo en el agua. Quizás los operistas de siempre lo sabían y por eso, conocedores, no acudieron a la cita.

El éxito o la bondad mayor o menor de un concierto como éste no debería juzgarse por el número de asistentes. Público siempre habrá para estos shows. Días después, por ejemplo, el 14 de febrero, Vicente Fernández, el ídolo de Huentitán, logró reunir 219 mil personas en el Zócalo capitalino y batió así el récord de Shakira que era de 210 mil.

La verdadera relevancia o no de este tipo de conciertos que, al parecer serán bimestrales en la gestión de Escalante, deberá desprenderse de analizar para qué sirve la Compañía Nacional de Ópera. Cuáles son sus objetivos, su razón de ser. Para tocar en un quiosco hay bandas que lo hacen mil veces mejor y atraen más público. Y a todos nos saldría más barato que mantener todo un aparato burocrático musical.