Monday, December 31, 2007

El tiempo no procrastina: rip 2mil7



El tiempo fluye sin moldes, ciego, indiferente a los años sobre los que el ser humano cree que configura su existencia. Así, 2mil7 se acaba, pero si no acabara, si continuara eternamente, el tiempo igual fluiría. Ningún ciclo es ciclo para el tiempo, sólo para nosotros que en él somos y ocupamos espacio. Por un tiempo.

Posteo dos fragmentos de Kundera para ¿cerrar? 2mil7. Mañana será 2mil8. Se supone, se dice, haremos de cuenta. El primero sobre el significado de nuestra historia personal. ¿Lo tiene? Más nos valdría, existencialmente, que sí, que lo tuviera para librarnos del horror y del vacío de la procrastinación -ahora que está de moda- total y absoluta: incluso la de vivir. El segundo sobre eso de que uno es uno y su circunstancia, pero los otros también son ellos y sus circunstancias. Eso ocurre en las relaciones personales, sentimentales, de tido tipo, pero a veces lo olvidamos. O no lo hemos tomado en cuenta. Y lo más fundamental: yo y los demás somos, siempre, respecto a mi yo. Sí. Eso lo explica todo. O casi. En el amor, por lo menos, creo que sí. En fin: va: posteo:

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¿Es que las historias, además de ocurrir, de acontecer, también dicen algo? A pesar de mi escepticismo me ha quedado algo de superstición, por ejemplo esta extraña convicción de que todas las historias que en la vida me ocurren, tienen además algún sentido, significan algo; que la vida, con su propia historia, dice algo sobre sí misma, que nos desvela gradualmente alguno de sus secretos, que está ante nosotros como un acertijo que es necasario resolver, que las historias que en nuestra vida vivimos son la mitología de esa vida y que en esa mitología está la clave de la verdad y del secreto. ¿Que es una ficción? Es posible, es incluso probable, pero no soy capaz de librarme de esa necesidad de descifrar permanentemente mi propia vida.



Me pareció que es un error cuando se pretende abstraer al ser amado de todas las circunstancias en las que se le conoció y en las que vive, cuando se lo intenta, con una laborosísima concentración interna, purificar de todo lo que no es él mismo, y por lo tanto también de la historia que junto a él se ha vivido y que forma el perfil del amor.

Lo que yo amo en una mujer no es aquello que ella es en sí misma y para sí, sino aquello con lo que se dirige hacia mí, lo que es
para mí. La amo como a un personaje de nuestra historia compartida. ¿Qué sería la figura de Hamlet sin el castillo de Elsinor, sin Ofelia, sin todas las situaciones concretas por las que pasa, qué sería sin el texto de su papel, qué sería haciendo abstracción de todo ello? ¿Qué quedaría de ella, más que una especie de esencia ilusoria, vacía, muda?
La broma
Milan Kundera

Tuesday, December 25, 2007

¿Autodidacta?




No soy un autodidacta.

Todo lo que he aprendido lo aprendí leyendo.

Y he leído mucho
.


Roberto Bolaño

RIP: Karla Stefanía Galindo Pastor - Faris (1986 - 2007)


La verdad es que estas fiestas de fin de año no me han sido felices. La noche del viernes 21 de diciembre me enteré vía mail del fallecimiento, ocurrido un día antes, de Karla Stefania Galindo Pastor -Faris, para sus amistades-, una muerte súbita y por tanto desgarradora, a sus 21 años de edad.

Faris fue mi alumna en la Universidad del Claustro de Sor Juana. Su óbito fue lamentable, doloroso, triste, para su familia, desde luego, pero igual para sus amigos, compañeros y para todos quienes la tratamos. La muerte suele dejarnos con muchas dudas y preguntas, pero en definitiva la muerte de un-a joven, una vida sin duda truncada, nos arranca una serie de cuestionamientos que frustrantemente no tienen respuesta. No, al menos, terrenales.

El poeta Salvador Díaz Mirón escribió que el mérito es el náufrago del alma: vivo se hunde, pero muerto flota. Y sí, en parte, así es. Pero fuera de eso, mi recuerdo de Karla es vívido y data del primer día de clases, justo cuando la conocí. Su sinceridad era una moneda de cambio, desde el primer instante y siempre: "No me gusta Werther, lo odio", me dijo cuando me hablaba sobre sus preferencias literarias. Ya después me explicaría porqué. Razones tenía, desde luego.

Una vez me preguntó a media clase y sin venir a cuento si yo después iba a ir a algún lado importante. Ese día fue el único en que yo asistí a la universidad de traje y corbata y la diferencia en el vestir saltaba a la vista, supongo, al menos para alguien cuya atención era aguda, escaneadora, aun en su inquietud. Le respondí que no, que más bien ya había ido a una cita y que ya no me dio tiempo de cambiarme, pensando en que de no ser por esa cita, habría preferido la comodidad de la ropa casual. De hecho, la comodidad en el vestir era algo que siempre podía envidiársele a Faris. Siempre se le veía con pantalones y playeras cuya característica era la holgura. Además, usaba un paliacate en la cabeza y siempre andaba con sandalias, al aire libre.

Ése era su look.

El mismo que, por cierto, portó las dos ocasiones en que junto con algunos de sus compañeros nos encontramos en el Teatro del Palacio de Bellas Artes. La primera, en el Concurso Nacional de Canto Carlo Morelli y la segunda en el ensayo general de Lucia di Lammermoor. Fan de la música brasileña, esos encuentros líricos, a decir verdad sorpresivos, me confirmaron su interés por el conocimiento, su curiosidad de la que obtenía elementos para después tener algo de qué reírse. Porque todo lo que ella sabía o aprendía pasaba por el tamiz de su buen humor y eso la hacía una persona agradable, sencilla, buena onda, y para nada posera.

Así la recuerdo, simpática y alegre, lo mismo explicando ante sus compañeros la trama de Los cuentos de Hoffmann de Jacques Offenbach, que mostrándome su libro de El rey león, el musical, en una preciosa edición adquirida en un viaje reciente que hizo a Estados Unidos.

Con esas imágenes me quedo, con las de una alumna de 10, y no con otras que sin duda entristecerían mi memoria, pues al fin y al cabo la consigna es clara: the show must go on. Y Karla lo sabía.

Descansa en paz, Faris.

Felices fiestas

Da clic a la imagen para ampliarla


Bueno, en rigor no es una postal, aunque podría serlo. Es una fotografía que tomé al deambular una noche por DeEfe.

Pero igual sirve.

La idea es desear felices fiestas y si no felices, al menos, buenas fiestas de fin de año. Y que 2mil8 sea un año que prometa y cumpla todo lo mejor. O casi. O cerca. Sólo eso, que no es poco. Ojalá.

JoséNoéMercado
Invierno de 2mil7

Thursday, December 20, 2007

Haciendo la revolución


Andrés Caicedo en la FIL de GDL

El nombre de Andrés Caicedo, escritor colombiano, muerto por medios propios en 1977, a los 25 años de edad, comenzó a sonar ya en México. En la reciente FIL de GDL se presentó su obra -al menos Ojo al cine, El cuento de mi vida y ¡Que viva la música!-.

Rosario Caicedo -hermana de Andrés-, Pilar Quintana, Alberto Fuguet, Sandro Romero y Andrés Acosta hablaron de Caicedo en un primer evento, celebrado en el Salón Alfredo R. Plascencia de la Expo GDL, sede de la FIL. Estuvo lleno. ¿De dónde salió tanta gente joven y no tan joven interesada en Caicedo, sin haberlo leído? Luego, en segundo término y con igual interés de público, se llevó al cabo un café literario en el Pabellón de Colombia, en el que participaron Alberto Fuguet, Sandro Romero y Jorge Franco. El día D para Caicedo en la FIl de GDL fue el 29 de noviembre. Desde entonces, Caicedo ya tiene presencia en México. Sus libros ya circulan entre nosotros.

Al margen del interés que Caicedo suscitó en uno de mis apreciados amigos cuando vio la foto que ahora abre este post por "el paquete que con ostentosa destreza se sobaba", algunas personas cercanas igual se han interesado por la obra de Caicedo. Qué escribió, por qué es tan importante, por qué habría que leer a un autor que se mató hace 30 años, me han preguntado. Decidí que la respuesta sería más certera y conocedora, con más punch, si era de Alberto Fuguet -que por estos días selecciona y edita material inédito de Caicedo para armar un nuevo libro-. Por suerte grabé sus participaciones en la FIL. Fue cuestión de transcribir y hacer un pequeño remix para conocer más de cerca a Andrés Caicedo y a su obra en palabras de AFuguet. Espero que el remix sea fiel a lo dicho. Igual tomé algunas imágenes que más bien demuestran mi inoperancia fotográfica, pero algo es algo y algo es mejor que nada. La intención es ilustrar el texto. La idea fue ésa. Posteo, va:



Rosario Caicedo, Alberto Fuguet, Andrés Acosta


“Haciendo la revolución”
-Palabras de Alberto Fuguet sobre Andrés Caicedo,
pronunciadas en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2007-.



Me siento honrado y contento de ver gente acá, sobre todo a esta hora, que no es la más hot durante la feria. Eso demuestra que ya nos podemos morir tranquilos porque creo que Andrés Caicedo ya existe en México. Lo he visto en los diarios y he visto personas que, aun tímidamente, hojeaban sus libros en el stand de Norma, sin saber todavía quién es él. Uno se da cuenta que ya cayeron: ya entraron en el vicio Caicedo.

Declaro que, hasta hace unos años, yo no tenía idea quién era Andrés Caicedo. Y es más: no sabía, siquiera, con todo respeto a los caleños, que existía una ciudad llamada Cali. Por supuesto, como buen sudamericano u hombre del mundo levemente culto, sabía que en Colombia sólo había dos ciudades: Bogota, que según mi conocimiento tenía muy buenas revistas y muy buenas librerías, y Macondo, un lugar donde yo esperaba nunca ir.



El hermano, el par

A diferencia de muchos jóvenes, yo nunca quise asesinar padres ni abuelos. Al revés: como muchos otros jóvenes, siempre he tenido el serio problema de querer tener padres. Un tanto porque mis papás se separaron, siempre he tenido este rollo de querer buscar figuras paternas, sobre todo literarias. Pero nunca encontraba en castellano. Y las que más se acercaban a ello era gente levemente mirada en menos, por distintos motivos. Uno llamado Mario Vargas Llosa, de quien siempre hablaban como un político, aunque yo pensaba: sí, pero miren cómo escribe. Y después tipos como Manuel Puig o Guillermo Cabrera Infante. Pero, claramente, tenían una sensibilidad distinta a la mía. Escribían, por ejemplo, de la cultura pop y el cine, pero no era el cine que yo conocía. Sabía que Rita Hayworth había sido una mujer muy guapa, pero para mi momento era una señora en un asilo de ancianas, digamos. No conectaba tanto con ellos. Respetaba, sentía que Manuel Puig era de los míos, pero no era exactamente un hermano: era una persona mayor.

Pasan los años. En eso escribo un libro no contra García Márquez, pero diciendo: hasta cuándo todo lo que se escribe en América Latina será sobre pueblos rurales, folclor, lo ocurrido hace decenas o centenas de años. Entonces, digamos que después de mucho sufrir: no un sufrimiento tan fuerte, pero sí después de sentirme bastante solo literariamente, un día estoy en Lima, Perú, haciendo hora, esperando mi vuelo, sin saber qué hacer, y voy a una librería llamada La casa verde, en homenaje a la novela de Vargas Llosa.

Ahí, me encuentro por casualidad con el libro Ojo al cine de un tal Andrés Caicedo. De inmediato, comencé a ponerme rígido porque me di cuenta que era un buen libro, gordo, de cine. Ya me interesa, dije. Le pregunto a la chica de la tienda cuánto cuesta. Me dice una cifra. Casi 120 dólares.

Joder.

Vuelvo al libro. Veo los datos del autor: 25 años, colombiano, y empiezo a hojear: James Dean, Roger Corman, Taxi Driver, películas de terror, cosas muy actuales, y digo: qué es esto. De dónde salió. Compro el libro, me voy al aeropuerto, me subo al avión, son tres horas a Santiago, y aterrizo otra persona.

Fascinado, me encuentro con el hermano que siempre anduve buscando, con el par, con el tipo que yo sentía que me hacía falta para haber sido menos atacado, alguien que me habría podido proteger, que me habría podido decir tú también puedes escribir de esto, no está mal escuchar música en inglés, no eres un traidor por escuchar a Radiohead o a The Rolling Stones, en vez de escuchar rancheras: tú puedes ser chileno o peruano, ecuatoriano, colombiano o mexicano, ver películas extranjeras y, sin embargo, procesarlas localmente.

Ése fue el lado por el que me llegó la fascinación.

Después, también pensé: ¿por qué no lo conocí antes? ¿Por qué nadie me contó de él? ¿Dónde estaba él cuando yo lo necesitaba? ¿Por qué no conocí a Andrés Caicedo y sí a los tipos que decían que yo los rondaba y trataba de robarles libros: por qué ellos nunca me hablaron de Andrés Caicedo?

Eso me dio mucha rabia y mucha bronca y sigo con esa bronca y por eso estoy en México, enojado, ¿ajá?, como haciendo la revolución, digamos.



El Kurt Cobain, Dios


Sandro Romero me dijo algo que me dio mucho gusto: tú eres nuestro hombre Caicedo en Santiago. Y, ahora, acá en México, lo que necesitamos son muchos hombres y muchas mujeres Caicedo: en Guadalajara, en DeEfe, en Tampico, lo mismo que en Madrid, en Barcelona, y en muchos otros sitios, porque Andrés Caicedo es un escritor que puede viajar: su lenguaje, sobre todo en sus textos de no ficción, no es tan difícil o raro o colombiano como la gente podría pensar, sino el de un autor contemporáneo, moderno y nuevo. Puede viajar también a otros idiomas. Creo, por ejemplo, que Caicedo sería un personaje en Japón y podría matar.

En Colombia, para los adolescentes es Dios. Es el Kurt Cobain, de lejos. Las filas en la Feria de Bogota para poder acceder a uno de sus libros fueron un fenómeno que se da en los recitales de rock. Declaro que yo respeto mucho el fenómeno de Que viva la música, pero claramente ya no tengo 14 años para leerlo, pero leer, por ejemplo, El cuento de mi vida a cualquier edad te afecta. O sea, para cualquier persona que la haya pasado mal, ya no digo alguien que se ha matado o está en ello, que haya dudado de sí misma, que esté insegura o que sienta que algunos se han burlado de ella, este libro es impresionante porque está escrito desde el corazón.



Tragar información


Cuando me contaron que había un poco de complicación porque cómo puede lanzarse en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara a un escritor que no está vivo, yo les contesté: bueno, a cada rato en Guadalajara lanzan a escritores vivos que ya están muertos.

No me cabe duda de que Andrés provoca algo de morbo como un autor suicida, pero yo creo que si estuviera aquí igual provocaría lo mismo. Sería un tipo extremadamente divertido, al día. Y es un gran escritor: es, digamos, un Cesare Pavese de los blogs. Caicedo comprendió lo que eran los blogs mucho antes de que existieran.

Más allá de la figura del pelo largo o de aquello de que todo el día estaba como volado, Andrés Caicedo, claramente, escribió. Hay toneladas de sus cartas. Las de cine, que mandaba a sus amigos cinéfilos, son alucinantes porque Andrés era un cinéfilo que veía de todo: desde basura hasta gran arte. Era un tipo que veía a François Truffaut, a Roger Colman. Cuesta mucho imaginarse que Caicedo escribió al final de los 60, en América Latina. O sea, si fuera norteamericano habría sido contemporáneo de Jack Kerouac o William Burroughs, de la Beat Generation, o de gente más grande que él como Ernest Hemingway o Scott Fitzgerald.

Yo soy del tipo de persona que cree que todos los grandes autores, en su momento, siempre fueron contemporáneos. Los malos escritores son los que miran hacia atrás. Es una afirmación quizá fuerte y que tal vez no debería repetir, pero a mí los autores que me gustan siempre fueron contemporáneos: desde los griegos que escribían de las guerras de su momento, hasta Scott Fitzgerald que hablaba sobre los niños tontos que tomaban mucha champaña y bailaban charlestón, mientras el resto del país se moría de hambre.

Andrés escribía como nadie escribía en su momento en América Latina. No quiero aquí atacar a García Márquez, pero cuesta muchísimo entender que en una ciudad de provincia, en Colombia, en los mismos años de Cien años de soledad, había un tipo que sin Internet, sin VHS, sin You Tube, parecía que estaba viviendo en Nueva York. Era un tipo con la información que yo, aun hoy, conozco muy poca gente que la domina. Un tipo que como buen latinoamericano, quizá como buen provinciano, de ese tipo de gente que produce América Latina, es capaz de tragar y tragar información porque la necesita, porque como no la tiene cerca logra traerla hasta sí.


Sandro Romero, Alberto Fuguet, Jorge Franco


El mundo es mejor por Andrés


Una anécdota para terminar. Una vez, Caicedo le dice a un tipo: no puedo hablar contigo, quiero ser tu amigo porque me doy cuenta que tú también hablas y sabes de cine. Pero, en primer lugar, yo soy tartamudo y, en segundo, me da mucha vergüenza hablar de cosas personales. Por lo tanto, mejor te voy a escribir una carta. ¡Le escribió 17 páginas!, donde no escribe casi nada personal, pero sí de cientos de películas y donde uno se da cuenta que se trata del tipo de persona que quiere contactarse con otra porque la siente parecida a sí misma.

Creo que hay muchas formas de entender a Andrés Caicedo. Pero, entre otras facetas, es el gran cinéfilo latinoamericano. Hay gente que va al cine para huir. Andrés iba a refugiarse y dio la vida por el cine. Se dio cuenta que afuera la vida no era tan buena y que había que ver cine. Él vio las películas para salvarnos a nosotros. Porque, más que un crítico: no era un tipo pajero o sobreintelectualizado, quería que la gente fuera a ver las mismas películas que él había visto. En ese sentido, era un psicópata, un cinépata. Él sentía que la gente debía ver sus películas y que, haciendo eso, iba a salvar al mundo.

A lo mejor se dio cuenta que, en el fondo, no iba a poder salvarse él, pero si la gente veía las películas que él veía, el mundo iba a ser mejor. Y yo creo que el mundo, efectivamente, es mejor por Andrés.

Monday, December 03, 2007

Soy fuguetiano


Estuve en la FIL de Gdl 2mil7. Estuve con Alberto Fuguet, hablamos harto. En rigor, él habló harto. Me dio la vuelta, fácil. Conoce tanto de literatura, sabe tanto de cine: lo exuda, posee una amplísima cultura hipertextual, digamos, una agudeza y claridad de pensamiento, que no le pude seguir el paso, ni de lejos. Pero fue una experiencia única. Aprendí cada segundo. O traté. Y sobre todo atestigüé que AF es una gran persona, un tipo sensible. Un tipazo. Lo entrevisté igual. En diversas sesiones multiformato, podría decir.

Hoy lunes, publiqué una primera versión de aquella entrevista en el diario Excélsior: el periódico de la vida nacional. Aquí se puede leer en linea:

http://www.exonline.com.mx/diario/noticia/especiales/comunidad/soy_fuguetiano/64930

Gracias a Excélsior por su interés y obvio a Alberto Fuguet, por ser Alberto Fuguet y por su mundo. Vendrán otras versiones, extendidas, de aquel encuentro. Pero mientras posteo lo que salió hoy:


Excélsior 03-Diciembre-2007
"Soy fuguetiano"
Por José Noé Mercado

GUADALAJARA.- Quién es Alberto Fuguet para Alberto Fuguet, se le pregunta a uno de los personajes de mayor onda alternativa en la literatura latinoamericana contemporánea. Un chileno que no sólo escribe, sino que es un narrador combo, multiformato y multimedia, que visitó la Feria Internacional del Libro de Guadalajara para presentar la obra del colombiano Andrés Caicedo, un escritor muerto por medios propios en 1977, a los 25 años de edad: “sin duda el autor colombiano más interesante que se haya presentado en esta FIL y más vivo que muchos de los que aquí se presentan a cada rato; digamos un intelectual pop”.

La respuesta podría plasmarse al decir que Fuguet, desde que irrumpió en el panorama de las letras, preguntaba: “hasta cuándo todo lo que se escribe en América Latina será sobre pueblos rurales, folclor, lo ocurrido hace decenas o centenas de años; cómo puedo identificarme con un personaje que pase lo que pase puede morir y resucitar, con una abuela voladora, o con un sitio donde los tucanes hablan”. Hasta que él, y una suerte de hermandad cósmica de narradores, que en diversos países latinoamericanos tampoco encontraban padres literarios en español, en los 90 contrapunteó al establishment con una propuesta más urbana y realista, virtual y no mágica. Hasta que el mítico Macondo se magulló ante el McOndo en el que se vive día a día.

Fuguet, hoy escritor y cineasta, periodista, cinépata, ex crítico de cine y rock, guionista, “uno de los 50 líderes latinoamericanos del nuevo milenio” (según Times y CNN), autor de los libros Sobredosis, Mala onda, Tinta roja, Por favor, rebobinar, Las películas de mi vida, Cortos, Apuntes autistas, Road story y director del filme Se arrienda, no es fácil de definir: es inquieto, lleno de proyectos, con una pila de alta duración que va de dirigir videoclips indie (Máquinas, del grupo Teleradio Donoso, se estrena mañana), a filmar, en breve, un corto para Nokia en el que probará las capacidades de un teléfono celular. No para. Está al día.



El narrador contesta la pregunta. “Creo que es un tipo que, a estas alturas, me cae relativamente bien. Estoy conforme y espero más. Creo que es un tipo levemente perdido y autista que, más o menos, se encontró y encontró su ruta. Digamos que respondo a lo que produce. Me siento cercano a él y a su obra. Me siento afortunado. Agradecido. Quiero seguir creando. Mi curiosidad es inagotable. Tu pregunta es –creo– imposible de responder. Pero nada: no creo que valga la pena atacarme, porque sería pose. Y alabarme sería de mal gusto. Pero lo que más me acomoda de Fuguet –y esto de hablar en tercera me complica– es que, después de años, creo que he logrado ser fuguetiano. Ésa ha sido mi meta y ahora las futuras tienen que ver con consolidar ese planeta en el cual vivo y que he, digamos, creado. El planeta que habitan mis personajes”.

Pero otros, los del canon literario, sí que lo han atacado. Algunos años, incluso, dejó de escribir. ¿Lo dañaron? “Creo que lo intentaron, sí, pero no lograron la meta de, para decirlo paranoicamente, silenciarme. Yo esperaba ser aceptado, pero no sucedió así. No sé si fue una crisis, pero sí tuvo que ver, creo, con querer desaparecer, ser anónimo, no publicar para que no me jodieran. Por lo tanto, si me callé por unos años antes de Las películas de mi vida fue para sobrevivir: dejar de ser mediático, dejar de estar expuesto. Creo que, más que crisis, fue como la resaca McOndo. Me dije: ya que me odian tanto, quizás deba callar. Pero seguí creando y comenzó mi acercamiento al cine. Buena parte de Cortos lo hice en ese periodo de silencio".

Alberto Fuguet sabe que muchos escritores serios, autores que se quedaron atrapados en una antigua forma de entender el mundo, que desconocen los nuevos formatos, como los blogs, internet, los medios alternativos para enchufarse a la vida, lo miran menos. “No me incluyen, para ellos soy un freak. Pero en rigor tampoco me interesan sus premios, ni su prestigio, si para obtenerlos he de transar, de venderme. El único premio que quisiera obtener es el Oscar.

“Al final, todo se trata de narrar. De crear personajes. Eso es todo. Sentí que estaba creando un mundo mío cuando era crítico y lo mismo sentí cuando estaba filmando un largo o reporteando o escribiendo una novela. Lo que deseo es que la suma de todo sea coherente, tenga un perfil y sea, claro, personal, aunque eso implique no ganar premios, no ser respetado, no ser parte del canon”.

Sunday, December 02, 2007

Lucia di Lammermoor en Bellas Artes

Posteo mi crítica de la Lucia en Bellas Artes que cerró la anoréxica temporada de ópera de la CNO. Líricamente se acabó el 2mil7 en BA, cuando nacionalmente apenas iniciaba. ¿Para tan poco un aparato burocrático institucional enorme? No sé. Es como que demasiado caldo para tan poco pollo. En fin. La posteo. La cuelgo, va:


Lucia di Lammermoor en Bellas Artes
Por José Noé Mercado

Hay que ser congruentes. La comunidad operística de México exigía, en general, de una u otra forma, que la Compañía Nacional de Ópera presentara producciones líricas que aprovecharan más a fondo la infraestructura y el talento nacional. Desde cuándo somos tan chauvinistas, hay quien ha preguntado bajo la seducción de las importaciones. Cero chauvinismo, no se trata de eso. Como debemos suponer que tampoco se trata de entreguismo o malinchismo de la otra parte. ¿O sí?

El caso es que ahora, los pasados 29 de noviembre, 2, 4, 6 y 9 de diciembre, la CNO presentó cinco funciones de Lucia di Lammermoor de Gaetano Donizetti, en una producción mexicana, que ciertamente incluyó algún invitado extranjero. Muy bien. Hay balance. Eso debe aplaudirse, puesto que el problema y las críticas que en los últimos meses, inicio de esta administración, se venían acumulando no eran por presentar montajes de otras partes del mundo. Bueno, de Argentina. La cuestión es que no era además de los nacionales que, podría pensarse, son factibles ya que por si alguien no lo había notado, en México abunda el talento. Un aplauso, entonces, en ese sentido. Seamos congruentes, pues.

Lucia, además, sigue ganando batallas. La música de Donizetti se cuela por las rendijas —o boquetes enteros— de romanticismo del público y, si bien la trama de esta ópera no es ejemplo de originalidad en ningún sentido, logra sostenerse hasta el final.



Pero la obra en sí misma no es todo, no en ópera, género donde hay montaje e interpretación.

La parte vocal no merece menos palmas. En el rol protagónico, alternaron las sopranos Eglise Gutiérrez y Olivia Gorra. La primera, poseedora de una voz, de trinos, y coloratura en general, de timbrado hermoso, con una emisión carnosa, que resolvió bastante bien los retos de la partitura. Olivia, la veracruzana, ofreció funciones como hace mucho no lo hacía: en plenitud absoluta de facultades, con brillantez vocal e interpretativa. Sus coloraturas fueron precisas, luminosas, con entrega y rigor técnico. Bien.

Como Edgardo di Ravenswood, igual alternaron los tenores José Luis Duval y Fernando de la Mora. Ellos, asimismo, pusieron muy alto el nivel de interpretación canora. Duval, con fuerza y entrega, nobleza vocal y enjundia sonora que incluyó los sobreagudos optativos, además con un infrecuente pero al cabo feliz fuelle histriónico, hizo callar a los cotilleros, que nunca faltan, que esperaban ver opacada la actuación de Duval, en contraste con el despliegue de su voz. Por su parte, Fernando de la Mora, tan apto para el repertorio francés y el belcanto, demostró nuevamente que es un tenor de gran calidad y elegancia en su técnica y fraseo, cálido.

Si algo caracteriza al barítono Jesús Suaste es su solvencia para salir adelante de sus compromisos y la interpretación de Enrico Ashton no fue la excepción. Otro que estuvo en un nivel óptimo vocal y actoralmente, fue el bajo internacional Noé Colín, en el rol de Raimondo. Su instrumento corrió con brillo, aun en su oscuridad, por el teatro. Arturo Valencia, Zaira Soria y Luis Alberto Sánchez complementaron el elenco de solistas, como Arturo, Alisa y Normanno.



Al frente del Coro —preparado por Mauricio Baldin, y que por los soplones tras bambalinas que se escuchaban hasta la galería podemos deducir que aún no se aprende Lucia— y la Orquesta del Teatro de Bellas Artes, Edoardo Müller hizo una lectura personal, de buen resultado sonoro, digamos. El sonido tuvo consistencia y se apegó al estilo. Los peros a su batuta podríamos encontrarlos en sus tiempos, algo aletargados que robaron brillo y emotividad en algunos pasajes a la música, o bien dificultaron fraseos y respiraciones de ciertos solistas. No en todo momento, cierto.

La puesta en escena correspondió al debut en Bellas Artes de María Morett, quien a pesar de las grillas que le armaron en la CNO, cumplió con un trabajo destacado, en la medida de los tiempos, no tan amplios, que tuvo para los ensayos y para preparar la escenografía junto con Philippe Amand, quien igual se encargó de la iluminación.

La historia fue contada por Morett. El discurrimiento escénico se cumplió, aun si se cuestiona qué tanta fusión hubo o no hubo entre elementos virtuales, como la proyección de imágenes pixeleadas y que se trababan en sus ciclos de repetición, y la escenografía tipo roperazo, es decir la física y tradicional, digamos, que además en varios cuadros estaba —paradoja verbal— descuadrada e involuntariamente asimétrica. Sin decir que la iluminación, a veces caía sobre nadie, mientras los solistas estaban en penumbras. ¿El vestuario de Violeta Rojas fue diseñado en su totalidad ex profeso para este montaje? Lo mismo podríamos preguntar sobre el diseño de escenografía. Los reciclados, por más valor que tengan para disminuir costos, siempre serán reciclados y no siempre embonan entre sí.

En todo caso, aunque los resultados en muchos sentidos no sobresalgan de la medianía lírica en que está sumida la ópera en Bellas Artes, en esta producción se ve que hubo trabajo y ganas e intención de aprovechar los recursos y talentos artísticos de que se dispone. Ya es un primer y pequeño paso, bien, aunque la excelencia todavía está a kilómetros y sigue corriendo.

Friday, November 23, 2007

Gracias



Sí, gracias a quienes se acordaron de mi cumple y me felicitaron. Aunque no me gustan los cumples, se agradece que otros recuerden la fecha y expresen mensajes emotivos. Gracias x los obsequios, entre los que destacó el globo de Bob que ilustra este post.

Y nada, es raro que algunas personas este año ya no me felicitaron, pero otras, nueva gente en mi vida, sí lo hayan hecho. No se puede aspirar a todo. Cuando se está en un lado, ya no se está en otro, ni forzosamente con las mismas personas. Todo sea, espero, x ser una mejor persona. Gracias a los y las que siempre han estado cerca. Y a las personas que ya no me felicitaron este año, a las que se les olvidó o les valió, a aquellas personas de las que ya salí, o me sacaron, de su vida, gracias también. Buena onda.

Monday, November 19, 2007

Canciones sublimes: el cedé


Ayer se presentó el disco Canciones sublimes de la mezzosoprano Encarnación Vázquez y el pianista Jorge Federico Osorio. La sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes se llenó. Por allá estuve, en la mesa de presentadores, junto a Eduardo Langagne, Bernard Marsellin Léautaud y Karl Bellinghaussen, en representación de Ricardo Miranda, quien no pudo asistir pero envió no sólo un representante, sino un texto de su autoría para ser leído en el evento.

José Areán, director de orquesta y director de la Compañía Nacional de Ópera del Instituto Nacional de Bellas Artes, igual estaba confirmado como uno de los presentadores, pero no llegó. Canceló de último momento. Nada raro. Lo mismo ocurrió hace un par de meses, quizá tres, en que estaba programado para dictar una conferencia para Pro Ópera A.C. y canceló el último día, a la mera hora, su participación. Lo bueno es que aquella vez hubo un sustituto de lujo que con premura y todo aceptó brindar una charla sobre el papel de la orquesta en la ópera: el maestro Luis Herrera de la Fuente. En fin.

Yo preparé un texto para leerlo durante la presentación. Lo leí, así lo hice. Procedo a postearlo, a continuación:



Canciones sublimes: el cedé
Por José Noé Mercado


UNO Canciones sublimes es un cedé que encierra algo de paradoja, bienhadada. Puesto que este disco es una de las vertientes en las que la mezzosoprano Encarnación Vázquez celebra 25 años de carrera operística, en 2007. El disco no es de ópera, ni tiene el fastuoso artificio que caracteriza a este género dramático musical que ya rebasa los cuatrocientos años de edad. Pero igual es una forma de celebrar, de estar de fiesta por el cuarto de siglo de la destacada trayectoria lírica: canora, de Encarnación Vázquez. ¿Y cómo más se podría festejar, si no es convidando su arte lírico a sus amigos, a su familia, a sus colegas, y por encima de todos a su público? Paradoja pues porque esta celebración es con un disco íntimo, de repertorio esencialmente interior: poético, habitado en esa intimidad por el estrecho y cómplice acompañamiento de un pianista más que dotado para la ocasión: el maestro Jorge Federico Osorio.

DOS Supongo, es más, estoy seguro que grabar Canciones sublimes ha significado un gran reto para Encarnación Vázquez. Lo evidente sería por el legado importante que otros artistas han acumulado a lo largo del tiempo al abordar este repertorio de la melodía, de la canción francesa. Pero eso es lo de menos, cuando se está frente a una intérprete genuina como Encarnación Vázquez, capaz de configurar su propia versión de las obras.

La verdadera relevancia de este desafío consiste en las características propias del género, que por si fuera poco exigen ser cumplidas y respetadas hasta en el mínimo detalle, si es que se quiere salir avante en la empresa de su interpretación. El cantante está acompañado por una música indispensable, transparente, pero solo frente a su técnica y a su capacidad justamente de hilvanar el canto, de disponer su voz para la creación de la música. La riqueza expresiva de los textos de estas piezas exige a la vez un compromiso emotivo y puntual, sin amaneramientos ni exageraciones, a la hora de frasearlos. La dicción se potencia y es preciso atenderla sin pretexto. Eso sin olvidar que el matiz, la necesidad de colorear las notas para sortear toda posible monotonía, es un factor constante que debe ser el combustible que impulse la interpretación misma.

TRES Encarnación Vázquez estaba pues ante un desafío considerable. Pero justo es decir que del lado de la mezzosoprano estaban justamente 25 años de experiencia profesional en términos vocales. Eso ha sido definitivo para el resultado, en más de un aspecto notable, de este disco.

Ese cuarto de siglo que celebra Encarnación como cantante fue, de alguna manera, traducido a lo largo y ancho de las 22 piezas que integran este cedé. ¿Cómo se pueden traducir esos cinco lustros de trayectoria lírica en una grabación?, se preguntarán ustedes. Pues a través de una interpretación sólida, que procura, ante todo, la calidez de la emoción que debe transmitirse desde el texto. Por medio de un canto expuesto, sincero, sin red de protección, que cruza con seguridad la cuerda floja de los retos vocales impuestos en las partituras de cuatro compositores sutiles, musicalmente delicados, que no sólo componen piezas, sino que crean atmósferas sonoras y emocionales. A través también de un control indispensable de la respiración lírica, para mantener las frases y el sonido con intención, incluso en el difícil empleo de la media voz.

La manera de atacar las notas, más que ataques, son abordajes que penetran en la frase musical y en la esencia poética de las obras. Eso, como podrán suponer, no es un acto sencillo, ni ingenuo, aunque lo parezca. Ni mucho menos es labor y resultado de principiantes, cuando muchas veces no lo es siquiera para cualquier tipo de iniciados.

No es casual, en ese sentido, que pocos cantantes, en relación con los que abordan otros géneros líricos, se atrevan a incursionar en el lied, o en la canción o en la melodía francesa: que podríamos tomar por equivalentes, consideradas cumbres mayores de las andanzas vocales.

En Canciones sublimes, queda muy claro que en el dominio vocal y técnico, en esos menesteres canoros, Encarnación Vázquez, para fortuna de este disco, hace mucho que dejó de ser virgen.


CUATRO El buen resultado musical y artístico de este cedé, y espero que su éxito entre el público, depende en alta proporción del acompañamiento, que no sólo es acompañamiento, del protagonismo, que no es sólo protagonismo, que aporta y fusiona en todo momento desde el piano Jorge Federico Osorio. Él, con su participación, propicia generosamente el canto. Lo ayuda, lo apoya. Lo anida. Está al pendiente de las respiraciones, de la modulación de sonido y expresividad. Permite que el canto y la interpretación luzcan y hace brillar la música en el momento adecuado. Eso no es poco mérito. Y no lo es porque ese mérito es el de un gran artista que comprende a cabalidad lo que está abordando.

CINCO Canciones sublimes es un disco que celebra la trayectoria vocal de Encarnación Vázquez y nos consuela, en alguna medida, de no haberla visto en la escena operística este año en nuestro país para festejar los 25 años de su carrera. Una cosa por otra. No se puede aspirar a todo en un ambiente musical tan deprimido, o por lo menos no tan fértil como la abundancia de talento nacional exige. De ello igualmente se desprende que este disco viene a enriquecer el quehacer musical de México y ello es importante y digno de celebración.

No nos queda más que disfrutar este cedé, porque analizarlo, como yo pretendí al ser invitado a esta presentación, es una tarea que mucho tiene de oficioso, puesto que lo único que dicho análisis arroja es lo que ya sabemos de antemano: que Encarnación Vázquez ha sido, es, uno de los nutrientes principales de nuestra cultura musical a lo largo de estos 25 años de trayectoria canora.

Muchas gracias.

Thursday, November 15, 2007

Cedé Canciones sublimes: la presentación


La invitación queda extendida: presentación del cedé Canciones sublimes de la mezzosoprano Encarnación Vázquez y el pianista Jorge Federico Osorio.

Domingo 18 de noviembre, Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, a las 17:00 horas. X ahí estaré, en la mesa de presentadores. Espero decir algo interesante.




Sunday, November 11, 2007

Neto


En ocasiones se reciben e-mails que pueden ser muy emocionantes. Como para brincar de gusto una semana entera, junto a la bandeja de entrada. E-mails que son como lo máximo. Neto.

Wednesday, November 07, 2007

Alejandra Meyer: 1937-2007: RIP

Hoy fue un día triste, en el salón de clases. La reconocida actriz Alejandra Meyer, madre de mi alumno Josué Arturo Arévalo, falleció hoy por la tarde, a la edad de 70 años. Él, por supuesto, no asistió a la universidad. Algunos de sus compañeros sí, pero me solicitaron permiso para asistir al velatorio, así que no hubo clase de Historia y evolución de la ópera. Decidí suspenderla, pues lo que hubo fue una sensación de tristeza y solidaridad con Josué, quien ojalá encuentre resignación y serenidad para este momento que pertenece al tipo de trances que tarde o temprano, ineludiblemente, todos debemos encarar.

Aquí posteo un link que lleva a un resumen de la destacada trayectoria de esta primera actriz chiapaneca que hoy dejó el mundo terrenal: RIP:

Alejandra Meyer

Sunday, November 04, 2007

Enrique Lihn: "Porque escribí"


Ahora que quizás, en un año de calma,
piense: la poesía me sirvió para esto:
no pude ser feliz, ello me fue negado,
pero escribí.

Escribí: fui la víctima
de la mendicidad y el orgullo mezclados
y ajusticié también a unos pocos lectores;
tendí la mano en puertas que nunca, nunca he visto;
una muchacha cayó, en otro mundo, a mis pies.

Pero escribí: tuve esta rara certeza,
la ilusión de tener el mundo entre las manos
-¡qué ilusión más perfecta! como un cristo barroco
con toda su crueldad innecesaria-.

Escribí, mi escritura fue como la maleza
de flores ácimas pero flores en fin,
el pan de cada día de las tierras eriazas:
una caparazón de espinas y raíces.

De la vida tomé todas estas palabras
como un niño oropel, guijarros junto al río:
las cosas de una magia, perfectamente inútiles
pero que siempre vuelven a renovar su encanto.

La especie de locura con que vuela un anciano
detrás de las palomas imitándolas
me fue dada en lugar de servir para algo.

Me condené escribiendo a que todos dudarán
de mi existencia real,
(días de mi escritura, solar del extranjero).

Todos los que sirvieron y los que fueron servidos
digo que pasarán porque escribí
y hacerlo significa trabajar con la muerte
codo a codo, robarle unos cuantos secretos.

En su origen el río es una veta de agua
-allí, por un momento, siquiera, en esa altura-
luego, al final, un mar que nadie ve
de los que están braceándose la vida.

Porque escribí fui un odio vergonzante,
pero el mar forma parte de mi escritura misma:
línea de la rompiente en que un verso se espuma
yo puedo reiterar la poesía.

Estuve enfermo, sin lugar a dudas
y no sólo de insomnio,
también de ideas fijas que me hicieron leer
con obscena atención a unos cuantos psicólogos,
pero escribí y el crimen fue menor,
lo pagué verso a verso hasta escribirlo,
porque de la palabra que se ajusta al abismo
surge un poco de oscura inteligencia
y a esa luz muchos monstruos no son ajusticiados.

Porque escribí no estuve en casa del verdugo
ni me dejé llevar por el amor a Dios
ni acepté que los hombres fueran dioses
ni me hice desear como escribiente
ni la pobreza me pareció atroz
ni el poder una cosa deseable
ni me lavé ni me ensucié las manos
ni fueron vírgenes mis mejores amigas
ni tuve como amigo a un fariseo
ni a pesar de la cólera
quise desbaratar a mi enemigo.

Pero escribí y me muero por mi cuenta,
porque escribí porque escribí estoy vivo.

"Porque escribí"
Enrique Lihn

Thursday, November 01, 2007

Pro Ópera noviembre-diciembre 2007


Día de muertos. 2mil7 muere, se acaba, ya estamos en noviembre. Hoy, día 1, salió puntual la revista Pro Ópera nov-dic-07. Viene muy completa. Trae mucho para leer y consultar.

Escribí harto en ella. Mío se publica obituario de Pavarotti, entrevista con el tenor Ramón Vargas por sus 25 años de cantante profesional, entrevista con la mezzosoprano Encarnación Vázquez cuya trayectoria igual cumple un cuarto de siglo, crítica de Diálogos de Carmelitas en BA, reseña sobre la gala de celebración en BA por los 25 años como cantante de Ramón Vargas, columna Ópera en México (que incluye notas, reseñas y críticas como la del Moctezuma de Vivaldi en en Teatro de la Ciudad, voces complementarias como la de Lázaro Azar y su crítica de Turandot en el Auditorio Nacional, la de Luis Enrique Dávila sobre la mesa redonda Música visible, en que participé, y algo de México en el mundo), y nota sobre el XXV concurso Morelli.

Pero lo mío no es todo. No, no. Hay textos interesantes como uno de Ramón Vargas sobre Luciano Pavarotti, una entrevista con Jesús Suaste y por supuesto las clásicas e infaltables secciones con críticas e información de ópera local, nacional e internacional, además de la de Otras voces (esta vez con textos alternos de Il barbiere di Siviglia y Diálogos de Carmelitas en BA, la gala de aniversario de Ramón Vargas, obituarios sobre Pavarotti -Lázaro Azar, Raúl Díaz, Ingrid Haas, Johnny Teperman- y más). Y no acabo. Hay más -las fotos magníficas de Ana Lourdes Herrera en varias secciones de la publicación, por ejemplo-. Mucho más. Hay que verla:

http://www.proopera.org.mx/

UPDATED: Igual hay que revisar la sección de Cartas al editor. Todas las misivas se agradecen. Las que me aluden, a favor o en contra, más, desde luego. Y qué importante es un comentario que ahí aparece del editor, apoyando la libertad de expresión de sus colaboradores. En especial la de Lázaro Azar cuya critica sobre Diálogos, un lector hubiese querido ver cercenada.

Tuesday, October 30, 2007

Yo no te pido la luna: sólo te pido el momento

A veces sería mejor pedir, o que nos pidieran, la luna. Un momento, el momento, un momento compartido, es mucho más comprometedor en ciertos casos como para pedirlo o darlo. Dejo el video de este clásico con Javiera Mena, una gran versión: sospecho que mi favorita.

Atrapatetos virtuales: ahora en español

No es la primera ocasión que observo de cerca una historia como ésta: breve, cibernética, posmoderna, simplona, fraudulenta y a la vez ridícula: un amigo me dice que, penosamente, le han robado el control de su cuenta de correo electrónico (tengo una amigha princesa experta en esos asuntos y como parte de sus enseñanzas me ha demostrado que ella jamás roba el control de una cuenta de correo: su dueño siempre es quien de alguna manera, ingenua, estúpida, lo pierde. Aclaro que mi amigha no pretende ningún fraude, sino demostrarse una y otra vez la inteligencia y habilidad intelectual que le caracterizan). Pero bueno, en efecto, al poco tiempo, recibí una serie de correos desde la cuenta de ese amigo, en los que me hace saber que ha sufrido todas las desgracias imaginables y que requiere de mi ayuda económica. Hay dos aspectos para sorprender: uno es que hay quienes se tragan el anzuelo (me consta) y si bien no sé que hayan perdido dinero alguno, se han enfrascado en un carcajeable intento de verificar la veracidad de los hechos desgraciados que narran los correos. El otro aspecto subrayable es que ahora dichos correos ya vienen en español, algún intento de español al menos, para aquellos que no dominan otros idiomas usuales como el inglés y el francés. Es para agradecer que los timadores se tomen la delicadeza de incluir nuestro idioma entre sus negocios. Gracias, gracias, de veras. Aquí posteo, como ejemplo, uno de los correos recibidos:


QUERIDOS AMIGO,

¿Cómo usted está haciendo hoy? Estoy apesadumbrado no le informé que sobre mi viajar a África para un programa llamado "autorización dela juventud para luchar racismo, HIV/AIDS, pobreza y la carencia de la educación, elprograma está ocurriendo en tres países importantes en África cuál es Ghana, Suráfrica y Nigeria. Él como sido un momento muy triste y malo para mí, la actual condición que i es muy duro para que explique. Realmente me trenzan en Nigeria porque me olvidé de mi pequeño bolso en el taxi donde mi dinero, el pasaporte, los documentos y otras cosas valiosas fueron guardados en mi manera al hotel est que permanecía, yo estoy haciendo frente a un rato duro aquí porque no tengo ningún dinero en mí. ¿Ahora estoy poseyendo una cuenta del hotel de$1550 y quisieran que pagara la cuenta pronto que tendrán que agarrar mi bolso y darme encima a la gerencia del hotel, necesito esta ayuda de usted urgente ayudarme detrás a casa, le necesito ayudarme con la cuenta del hotel y también necesitaré $1500 alimentar y ayudarse detrás satisface a casa tan puede usted ayudarme con una suma de $3100 a clasificar fuera de mis problemas aquí? Necesito esta ayuda tanto y el tiempo porque estoy en una situación terrible y apretada aquí, incluso no tengo dinero para alimentarse por un día que los medios que había sido muerto de hambre satisfagan tan entiendan cómo i urgente necesitó su ayuda. Le estoy enviando este E-mailde la biblioteca de la ciudad, apreciaré lo que usted puede permitirse tan siempre para enviarme para ahora y prometo pagar detrás su dinero tan pronto como vuelva satisfaga a casa tan déjeme saber el tiempo de modo que pueda remitirle los detalles que usted necesita transferir el dinero a través de gramo del dinero o de la unión occidental. Gracias por su ayuda.

Monday, October 15, 2007

Blog action day: Tatuajes del solar


Ya es 15 de octubre, Día de acción del blog. Como podrá verse, me sumé a esta iniciativa interesante de que los blogs, de alguna manera, puedan cambiar el mundo, en este caso posteando simultáneamente en la blogósfera, un día, sobre un tema en específico.

En 2007, el tema es el medio ambiente. En realidad se puede abordar el punto desde cualquier perspectiva, desde luego condicionada por cada blog y su autor, con cualquier material de imagen, texto, audio, etcétera, que nos ubique algo en el aspecto medioambiental.



Yo pensé un poco qué postearía para participar. En un principio, me pareció primordial hablar sobre la asfixiante contaminación que se padece en el DeEfe, o bien sobre el tiempo perdido en el tránsito humeante, neurótico, embotellado, de esta ciudad que sigue sin contar con un sistema de transporte público que sea una opción viable para dejar el automóvil en casa, al menos de vez en cuando. Luego pensé en escribir algo sobre la aventura, muchas veces letal, que significa moverse en ese transporte público tan denigrante que tenemos que tolerar los capitalinos, o los que andan por algún motivo en la capital del país.

Al final decidí no molestarme, y molestar a los visitantes de este blog, al hablar de algo que irremediablemente me llevaría a cuestiones políticas. Decidí mejor postear un relato que escribí hace un par de años. No es justo sobre medio ambiente o ecología, pero sí tiene ciertos tintes apocalípticos, futuristas, de lo que puede ser la destrucción y lo que quedaría de nosotros cuando nos acabemos el país, proceso que quién sabe si no comenzó ya. En realidad, no sé si el relato va justamente de eso, pero puede ser que sí. No soy de los escritores que hablan con exactitud de lo que escriben porque no me gusta agotar yo mismo eso que escribí. Creo que acepto y busco interpretaciones que se dan en el proceso de lectura. Pero bueno, ése es otro tema.

Aquí dejo el relato, mi contribución al Blog action day 2007, que se titula Tatuajes del solar.



Tatuajes del solar

A Carla G.C., intención
absoluta de la belleza


Nos encontramos ahí. Fotocinesis de futurizar nuestro pasado y tránsito reiterativo por los vericuetos del futuro, eso precisamente como alternativa, imposibilidad más bien, para resistir la opacidad que verbenea en el entorno de la época y que fustiga el tiempo único que poseemos, que nos hace y permite ser, que ingurgita lo que vive, que azota pues el presente: —Yo seré él, yo seré ella, tú serás el narrador, no en primera como nosotros, uno alterno, así, en un pacto narrativo, no determinemos de qué tipo, historicista ése no, desgarremos el suelo propio, sí, el cielo, el espacio entero entonces, claro, las medulas del solar que nos cobija, que nos tatuó, el que habitamos, terreno y linaje, y volvámoslo a unir si fuera posible, o necesario.

No recuerdas de dónde vienes, pero inventarás y tal vez te acerques a la realidad como fue. Partí, la mistificación inició entonces. Seis salieron a peregrinar antes que yo. Eso evocarás justo cuando te vea de nuevo por primera vez, ella lo ve, erguido en lo alto y mirando la bóveda celeste, con desconsuelo orgulloso que llegará hasta ti como el hedor que tu tierra emane opima, de ruina no turística, y me deslumbren las líneas de polvo amarillo, líneas del sol, dios al que alimentaste, refractadas por el cristal grueso, bello, imponente, pero de transparencia inaudita, del que estará construida esa última pirámide en que te encuentras.

Tú, mujer única en la urbe desolada, contemplas el plumaje hipnótico, ésa, onda multicolor que se enraíza en tu frente oscura, de azúcar quemada, parece abrazarme en un sueño de noble ascendencia y suspiro, del penacho que tú, solitario hombre que resistió… (—¿Naufragio, incendio, saqueo, corrupción, cornucopia, terremoto, crisis, hebefrenia, todos los vicios incluyendo los físicos y los morales y los de ecología, caballos rojo, blanco, negro y verdoso según Apocalipsis?) hummm, la historia, sí, perfecto, exacto, no la crónica posible, real o ficticia, sino el hecho inaprensible, el acontecer diario, individual, de Estado también, que no se está, que se movió indomeñable, portarás como vestigio majestuoso de lo que alguna vez fuiste, y que acaso cambiaste, con destrucción, para servir a una corona, igual o menos a la papalina que luego te colocaste tú mismo, que no quisiste conservar en ninguna de dos ocasiones, para que vieran tu republicana calvicie, impúdica alopecia, pelona zapeada, liberal, que terminó con tu casta, dispersa en la estrecha y voluble memoria del pasado que sepultó a los tuyos, y hará que sólo puedas recordar, con un olor que mezcla en un crisol encajado en tu alma, el copal y la sangre ofrendada, la zarzuela y el cáliz, el mariachi y el tequila, las letras de tus distinguidos juntasílabas y las voces líricas, el desmadre y la chunga, la transa y la mota, la polaca y las conquistas culturales y silenciosas, y económicas, que dejaron mostrenco lo que fue tu pueblo, que lo que serás en ese momento lo desearías sepultado en una lejanía inmensa, astronómica, mas que, para tu bien y para tu mal, sentirás demasiado cerca de ti y de tu pirámide de cristal, única herencia que posees.

¿Qué ha pasado?, preguntarás como si despertaras sobresaltado de un dormir que no dormiste, no fue sueño, que no coincide, sin embonar, con tu última vigilia, ese instante previo al clic en que se unieron tus párpados y tus ojos dejaron de ver lo que otros hicieron en el espacio y el tiempo que duró tu pestañeo. Pero sientes aquello que se hizo, acaso como un tatuaje que miras y tocas sobre tu carne, y es indeleble porque sin él no se explica tu solar, existencia misma de lo que eres. Sí, mi nariz apunta al cielo y extiendo los brazos al sol, cubierta mi cadera por taparrabo y mis pies partidos, llapango soy, que pisan el basamento, porque es tronco de base paralela, de pirámide de cristal, con una pampanilla que denuncia, hasta donde te miro, debajo del poliedro, en el suelo de tierra barbecha, empolvada, tus pantorrillas macizas y sólidos muslos inflamados, con nalgas de roca y vellos oscuros, que me atraen a ti, a tus pectorales de jade, obsidiana y oro sin valor de lucro, sino bello y mítico, estadios ya entonces trascordados.

Nada hay en el paisaje, sino el terreno mismo, planicie desnuda, sin vegetación ni fauna, sin lagunas o ríos, carente de agua, desolado en lo humano, sin embargo con sol, excepto el cristal de la titánica pirámide, de aristas que denuncian los puntos cardinales, y los subcardinales, hasta llegar en suma a 64, mensaje ineludible, tal vez omnipresente, que quizá deba interpretarse como el anhelo de no desubicarse nunca más, de ya no extraviarse en los grados de la brújula de actitud, pueblo y Estado. Ella se siente atraída por tu esencia y eleva las manos, las puntas de los dedos, señalando el hipotético vértice de la pirámide, te apuntan a ti, y me pareces forma incrustada en el profundo e inacabado cielo. Por éste surge un instinto, bracamonte, quizá de entre mi diafragma, que no puedo contener y siento que separa mis labios, observo sorprendida, acto que me coge por sorpresa, que me abre la boca y grito: rayo estridente que escupen mis labios, un sonido largo, plano de mujer, antigualla que fusiona sensaciones mediatas y remotas, en pasado y en futuro, aglutinadas en un espacio de tiempo detenido, separación de la vida horizontal por un corte vertical, estético, que me libera y redime de la privación de verte porque ahí estarás. Grité, gritas, sí, y con la mirada te busco y al encontrarte reconozco tus ojos empíreos y sus hendiduras, con tus pestañas gráciles que intensifican su belleza oscura en la que tantas veces me dibujé como un fantasma que habitaba en ti, y plañir me pareciera inevitable, pero tu rostro me contiene, y tus dedos extendidos hacia mí, inducen a beberme tu silueta para comprobarte ahí, en esa intersección de los remolinos del espacio que el tiempo combinó para el reencuentro, y es entonces que fijo la vista en tu absoluta desnudez, que sólo alcanza a contener tu piel, textura, continuo, liso de hielo, tibia, la recuerdo, y lo poblado, densidad sin tregua, de tu perfectamente delineada, geometría precisa y sin reproche de mácula, pirámide invertida de vellos pubianos, oscuros, igual o más que los recovecos de una cueva que pareciera ocultar sus profundos secretos que la ligan a la tierra, y sus tesoros, recónditos, inefables de fruición divina: —Ven, te digo acaso con el pensamiento, y voy, respondo, él la llama y ella va, se acerca al pie de la escalinata lisa de cristal, y el rito acude, se logra a sí mismo, démosle sentido, hazlo, se inclina y posa sus labios en la tierra, ósculo de magia y agradecimiento, dolor y desconsuelo sosegado, apacible punzada de quien todo lo perdió y es aún, ser que continuó, pulverizado mas inextinguible, impregnas tu aliento en el suelo, en la raíz de lo que somos, y acaricias el escalón primero, observas a través, y subo mientras miro las entrañas de la pirámide, sus venas y secretos, cristalinos, sí, pero con niebla, arterias infartadas que semejan laberintos, y te anhelo, me aguardas en la punta, el perímetro de tu penacho, enorme y vuelto sombra, ilumina mi sendero, estás próxima y danzo, mis plantas curtidas se alzan y caen para levantarse de nuevo, elimino el ritmo, quedó atrás, las cuentas de obsidiana, con vetos rojinegros, en borlas amarradas a mis pantorrillas, surcan el vacío para chocar con fuerza, y hacen música, cuando el viento nos penetra desde un tiempo impreciso con olíbano invisible, incendio de estoraque y mezclas de almizcle y copal, abotargados por la imagen del hedor de nuestra sangre incontenida. Llega y le señalas el centro, miro, verás entonces el nopal pútrido, agusanado, inmundo, el águila desplumada, cuero de gallina, muerta, desparramada y la serpiente flácida, sin lengua, derretida, sin piel, circuncisa, acanalada. El sol, dios, es testigo y cómplice, y autor, de la alteración que nos produce el roce, y goce, de nuestra carne lignificada: —Yo, de nuevo, uni-dos. Pero solos. Pero juntos.

Friday, October 12, 2007

Docente espero que decente: post dedicado a Fernando Arturo Hermida Ochoa y a José Alfredo Páramo de la Cerda



Últimamente, algunas de las principales preguntas que me hacen mis amigos es cómo me va en mis clases, qué tal mis alumnos, por qué no posteo algo al respecto, por qué el silencio de mi faceta docente en este blog escribicionista.

Por partes, decía el descuartizador de Boston y otros más, vamos por partes. Apuntaré para comenzar que de pronto resiento, aunque veo que no tanto como mis amigos, mi cierto carácter polífacético. Mis labores, intereses y pasiones siguen estando dentro de mí, pero es verdad que ya no los externo en la misma forma que antes.

Sólo con algunas cuantas personas, contadísimas, hablo de todo lo que podría hablar, de lo que no debería hablar e, incluso, de lo que definitivamente no soy capaz de hablar, al menos no coherentemente, pero hablo.

Mis archivos existenciales de la ópera suelo abrirlos con la gente que tiene relación de alguna manera con la ópera. Los de la música con la de la música. Los de arte con la de arte. Los de política con la de política. Los de economía y finanzas con la de economía y finanzas. Los de literatura con la de literatura. Los de Internet y bloguerismo con la de Internet y bloguerismo. Y así, en general, si bien es cierto que a veces mezclo con algunas personas diversos temas que no son precisamente los suyos, pero les incumben.

Espero que todo esto no suene pretencioso, o más aún ridículo, sino explicativo. En todo caso, por eso me justifiqué desde un principio en la cabecera de este blog anunciando que, en realidad, cualquier otro tema, a parte de los medulares, o que me parecen medulares, puede aparecer aquí, como en la vida.



Expuesto lo anterior, diré que, en efecto, actualmente imparto la asignatura de Historia y evolución de la ópera, que forma parte del plan de estudios de la carrera de Producción de Espectáculos impartida en la Universidad del Claustro de Sor Juana.

Las clases van muy bien, ya que han sido provechosas y oportunas para adentrarse en el mundo de la ópera, el arte, la cultura. Mis alumnos, como podrá desprenderse de la afirmación anterior, son harto receptivos, participan y cuestionan con agudeza. Al principio, algunos expresaban cierta simpatía por el género operístico. Otros no tanto. Ahora, también hay quienes demuestran un claro gusto por la lírica. Otros no tanto. Pero lo cierto es que ahora, tanto unos como otros, tienen más conocimiento de causa y argumentación para esclarecer sus preferencias artísticas, manifestar sus inquietudes estéticas y concretar sus aspiraciones profesionales como productores. Y eso es importante. Valioso. Y es gracias, entre otros factores, a su sensibilidad misma y, no me sentiría bien si no lo digo, a la confianza que han depositado, mal que mal, en su maestro.

Y que conste que no me estoy queriendo adornar yo. Para nada. Sólo que me sentí muy contento de que en un examen reciente las calificaciones obtenidas hayan sido altas. Eso es significativo, puesto que en buena medida, junto al buen y sano, inquieto, ambiente que hemos mantenido en clase, nos da un parámetro objetivo de lo que ha sido el curso.



Y, por último, como maestro puedo afirmar que la docencia, cuando hay decencia en las partes, es un estimulante circuito, un sistema productivo, en el que el profesor puede escuchar su eco en los alumnos, y los ecos de los alumnos, que siempre se magnifican con el aprendizaje, templan la pedagogía, y el saber mismo, del profesor.

Thursday, October 11, 2007

Diálogos de Carmelitas en Bellas Artes

Foto: INBA


Posteo mi crítica de Diálogos de Carmelitas, producción del Colón de Buenos Aires presentada en BA. En realidad, poco tuve qué decir de una puesta en escena bien montada en general, que sin embargo no representa, a mi juicio, trascendencia alguna en la actividad operística de México, cada vez más estreñida y caracterizada porque ciertos funcionarios públicos de la CNO encargados de producirla se revisten de intolerancia crítica a la crítica.

En lo personal, pienso que la única manera válida, prestigiosa y contundente de acallar a la crítica, de donde ésta surja: de los medios de comunicación, del seno artístico, de dentro de las mismas instituciones, es realizando un trabajo que brinde resultados positivos incuestionables. O al menos intentándolo, con transparencia. Otras formas sólo demuestran la incapacidad de las autoridades aludidas para enfrentar sus encomiendas, subrayada precisamente por esa apetencia de silenciar las voces críticas en quienes, quizá, encuentran un espejo.


Diálogos de Carmelitas
en Bellas Artes
Por José Noé Mercado


Los pasados 2, 4, 6 y 9 de septiembre se presentaron funciones de Diálogos de Carmelitas de Francis Poulenc en el Teatro del Palacio de Bellas Artes. Como resulta difuso entender el crédito de si las presentó la Compañía Nacional de Ópera o el Teatro Colón de Buenos Aires, evitemos puntualizar en ello.

La dirección escénica de Marcelo Lombardero fue bastante lograda, con un desenvolvimiento de la trama bien planteado. Su trazo tuvo claridad e intención dramática en todo instante. La iluminación de Roberto Traferri contribuyó para dar relieve a los doce cuadros, que conforman los tres actos de esta obra estrenada en La Scala de Milán, en 1957.

Lástima que todo el tiempo viéramos la acción —y al decir la acción, entenderemos que en cuanto a la escenografía de Diego Siliano hay poco qué decir fuera de algunas paredes y dos o tres cacharros, en ciertos casos simbólicos—, a través de una gasa, que si bien sirvió como pantalla para mostrar algunas proyecciones que sugirieron atmósferas y contextos al comienzo de cada cuadro, asimismo hizo pesada la mira del espectador sobre el escenario.

Lo cual en muchos momentos resultó tedioso, pues esta obra, al margen de su belleza musical y su notable construcción armónica, no es justamente ejemplo de aquello que prenda la atención constante del público. ¿O cómo explicar los durmientes que de nuevo se encontraron entre la mediana asistencia de público a Bellas Artes? Claro que otros sectores salieron fascinados de la ópera. Pero no todos, puesto que unos siguieron sin encontrar algo en la trama de qué agarrarse, una historia pasional, cercana, propia, que los atrapara, crítica que ha acarreado esta obra a lo largo de su historia.

En la parte vocal masculina, debemos destacar la participación del tenor Dante Alcalá como el Caballero de la Force y del barítono Jorge Lagunes, como su padre, el Marqués de la Force, sin perder de vista que este tipo de papeles no son los que más aportarán a sus respectivas carreras. Lo mismo puede decirse de una serie de artistas comprimarios indistinguibles, entre la muchedumbre, que deambulaban por el escenario.

Entre las damas, Amelia Sierra como Madame Lidoine mostró las posibilidades contundentes de su instrumento; Patricia González como Blanche, Vera Cirkovich como Madame de Croissy y Adriana Mastrángelo como María de la Encarnación, lograron una muy buena interpretación, sobre todo en las partes dramáticas, aun con el pero de que por momentos llegaron a cierta estridencia innecesaria.

El vestuario de Luciana Gutman funcionó en su diseño, si bien algunas carmelitas que asistieron a una de las funciones advirtieron que los colores en los hábitos no coincidían con los verdaderos que ellas usan. Quizá fue una licencia para efectos escénicos y lumínicos. En realidad, nada grave.

Por lo que se refiere a la parte musical, Stefano Lano ofreció una extraordinaria interpretación al frente de la Orquesta y el Coro del Teatro de Bellas Artes, este último preparado por Pablo Varela. Lano extrajo sutilezas, brindó equilibrio y, por mucho, dejó una impresión superior de la que mostró con la Orquesta del Teatro Colón en su debut en la Turandot del Auditorio Nacional, en días pasados.

En resumen, puede ponerse una estrella a esta producción importada de Buenos Aires, Argentina, pero a la Compañía Nacional de Ópera, al menos en su nulidad de producción propia que genera malos aires para el quehacer lírico nacional, tendríamos que darle, en palabras célebres de Chabelo, “una espantosa X”.

Friday, September 28, 2007

Música visible



Posteo el texto con el que participé en la mesa redonda Música visible, realizada ayer, jueves 27, en la Galería Lourdes Sosa, en el marco de la exposición Con ojos oír finezas de amor, ópera pintada, de Otto Cázares, quien igual integró la mesa junto a Mario Marín y Ulises García. Va:


Música visible
Por José Noé Mercado

UNO Cuando Otto Cázares me invitó con gentileza para participar en esta mesa redonda con el tema de música visible, me pareció casi una invitación para dar forma a una vieja teoría, acaso ocurrencia, que ya algún día había rondado por mi mente. Era, desde entonces, una idea quizá descabellada, radical, absurda y condicionada por mi fascinación por las letras. Sobra decir que esos inconvenientes fueron motivos de más para empeñarme en sostener mi teoría, puesto que aventurar una idea sobre lo que ya unánimemente se ha pontificado tiene mucho de oficioso.

¿Y qué postula esa teoría de la que les hablo?, se preguntarán ustedes. Algo sin duda delicado, como para sólo haberme atrevido a exponerlo ante un par de amistades muy cercanas, una de ellas un autodenominado operópata irredento, wagneriano para mayor complicación, que al principio me acusó de absurdo, luego de soñador y finalmente, días después, de haberle dejado el tema acechando su pensamiento por el supuesto sentido que de pronto habían cobrado mis palabras en su forma de concebir la música, el canto y en la ópera como fusión. Aunque pronto volvió a pensar con los oídos, o con las patas, que es con las que un operópata tiene fama de escuchar sus óperas, y recién se arrepintió.

La teoría consiste pues en sospechar que nada existente, imaginado o intuido, puede salirse de la palabra. Todo el mundo, para el ser humano, es palabra, incluida la música. Y si ésta, en última instancia, puede aceptarse en término verbales, necesariamente deberíamos concluir que la música siempre es, siempre ha sido, visible.



DOS Octavio Paz afirmó que sólo existe aquello que es nombrado. Y el arte existe sólo en la medida en que puede nombrar o ser nombrado, a través de sus códigos particulares. El arte, en esencia, es un proceso de comunicación, o al menos su intento. Escribió Paz que “las palabras, frases y exclamaciones que nos arrancan el dolor, el placer o cualquier otro sentimiento, son reducciones del lenguaje a su mero valor efectivo”.

¿Y acaso no sucede lo mismo con una notación musical?

El poeta, según nuestro Premio Nobel, transforma, recrea y purifica el lenguaje y después lo comparte. Y esto mismo, digo yo, sucede también en otras disciplinas de las artes, en la plástica, en lo escénico, en lo musical. Todas tienen su código, su lenguaje de expresión pero, aunque esto suene a sofisma, si no lo podemos traducir a palabras y hacerlo visible, ¿cómo podríamos asirlo?

Los lenguajes aunque distintos en sus códigos, irremediablemente coinciden al final del camino, en su finalidad, si es que pretenden significar y ¿qué significado no es decodificado en el ser humano a través de la verbalización?

Arthur Rimbaud puede ayudarnos a reafirmar esta idea si lo citamos al decir que el hombre que quiere ser poeta comienza por buscar su alma, la examina, la palpa, la comprende. O la incomprende, agregaría yo, pero en todo caso, dice el autor de Una temporada en el infierno, tiene que ser un vidente. Y aquí está la palabra clave: así explore en la locura, en el amor, en el sufrimiento, en el placer, en cualquier idea o sentimiento, tiene que ver, y ve a través de la palabra.

Nuevamente nos referimos al poeta, pero como supongo que lo habrán percibido, en realidad estamos hablando del artista. Puede ser que del músico, intérprete o compositor.


TRES Pablo Picasso decía que, en pintura, buscar no significa nada. Lo importante es encontrar. “El que encuentre algo, sea lo que fuera, aun sin buscarlo”, afirmaba el artista malagueño, “despierta al menos nuestra curiosidad, si no nuestra admiración... Mi objeto al pintar es mostrar lo que he encontrado, no lo que estoy buscando”.

Lo mismo ocurre con el compositor. Porque llegados a este punto creo que es legítimo preguntar: ¿qué es la música? Y, como no creo que deseemos respondernos con idealismos o con poesía, es necesario cuestionar si la música es una serie de notas pintadas sobre el pentagrama. ¿Es acaso la interpretación instrumental o vocal de esas notas? ¿Es el sonido que se produce al decodificar una partitura? ¿O bien, y me decanto por esta opción aun cuando no sea exhaustiva, es lo que ese sonido produce o comunica en nosotros? ¿Y qué podría producir o comunicar si no sentimientos, emociones, ideas o todo cuanto se nos ocurra nombrar como experiencia humana? Y si es así, el amor, el placer, lo marcial, aquello comunicado pues por el compositor ¿no es visible en nosotros, aun cuando la expresión sea de lo más abstracta?

Friedrich Nietzsche, como buen lector de Schopenhauer, afirmaba que la música era el lenguaje más inmediato, más directo, para comunicar las esencias del ser humano y del universo mismo. La abstracción más lograda, sin embargo, no podemos sino figurarla y entenderla a través de palabras que la hagan visible en nuestra mente, y si se me permite la idea, en nuestra percepción y experiencia personal. ¿Qué música no puede verse, entonces? ¿Qué música no tiene un color, un ambiente, una imagen en quien la escucha?

CUATRO Para demostrar lo visible que puede ser la música no hay más que pensar en la música escénica. Y para música escénica: la ópera, que tiene toda la carga visual del teatro y sus elementos: la actuación, la escenografía, el vestuario, el maquillaje, la trama a desarrollar; la carga visual también del canto: la gesticulación del cantante, los colores y registros de la voz, la frase, la palabra que nos remite por necesidad a la imagen, a la imaginación, a lo visible.

CINCO La obra de Otto Cázares, al menos la que integra esta exposición de ópera pintada, me parece que tiene el valor de plasmar la musicalidad de una escena, de una emoción: de un intérprete. Y va más allá: su plástica es capaz de captar que la ópera, en cuanto a drama que se expresa en términos musicales, puede verse. Y que ese género artístico que se observa a través de su pintura se comunica, a fin de cuentas, con el espectador. Es visible, es expresable: es lingüístico.

Es justamente esta impresión que me causó la obra de Otto Cázares, la que me convenció de aventurar ante ustedes este ensayo mínimo que, como todo ensayo bien nacido, no pretende pontificar ni erigir verdades absolutas, sino examinar, probar el valor de la moneda o los metales. O la música y la ópera, y su visible esencia verbal. Muchas gracias.

Wednesday, September 26, 2007

Con ojos oír finezas de amor


El miércoles pasado, 19 de septiembre, se inauguró la exposición Con ojos oír finezas de amor, ópera pintada, de Otto Cázares. La muestra estará abierta unas semanas y se puede asistir a la Galería Lourdes Sosa, en Polanco, para apreciar de cerca el trabajo de este joven y talentoso artista plástico.

En el marco de la exposición se organizó una mesa redonda con el título Música visible, que se llevará al cabo este jueves 27 de septiembre, a las 18:30 horas. La entrada es libre para todo público y participaremos Manuel Marín, Ulises García, Otto Cázares y yo.

Llevaré una ponencia justamente sobre la música visible. Es un tema que me atrajo mucho, da para exprimirlo a fondo, algunos pensamientos saqué.

La Galería Lourdes Sosa está en Ibsen 33-A, Polanco. México DF.




Sunday, September 23, 2007

Luciano Pavarotti 1935-2007


Luciano Pavarotti 1935-2007
Por José Noé Mercado

UNO En pocos casos resulta más inadecuada la disección del vivo para la reconstrucción del personaje fallecido que en el de Luciano Pavarotti. Puesto que el tenor nacido en Módena, Italia, el 12 de octubre de 1935, no fue un artista genuino al que deba restársele su lado comercial, no fue un grandioso belcantista al que se le sustraiga su acento spinto, ni fue un cantor al que deba reprochársele su falta de histrionismo, para finalmente obtener una división de su público. No. El enfoque estaría errado. Pese a que cualquier obituario sobre un cantante esté condenado de antemano al fracaso porque, sin duda, es incapaz de expresarse en los mismos códigos de aquello que intenta hablar, podemos aventurar la tesis de que Pavarotti fue una gran suma, una multiplicación, una potencia, cuyo resultado es igual a un icono de la cultura de su tiempo, una marca registrada reconocible en todo el mundo, destinado a trascender su época.



DOS Por el avanzado cáncer de páncreas, problemas en la cadera que le dificultaban la movilidad, antecedentes de neumonía y complicaciones renales, ya se esperaba su muerte y, sin embargo, cuando finalmente llegó, el 6 de septiembre de 2007, a las 5:00 horas tiempo de Módena, el dolor fue grande. Fue desolador comprobar, por si a alguien no le quedaba claro, que incluso los titanes están condenados a un fin terrenal. No sólo el ámbito operístico lloró la muerte de Pavarotti. Muchos otros sectores también. De hecho, es difícil identificar un sector de la sociedad que no haya lamentado una pérdida tan corpulenta como el propio Rey del do sobreagudo, tan grande como su impronta de musicalidad. Rara vez, por no decir que nunca en la memoria de quien está avocado a escribir estas líneas, se había escuchado en todas las radiodifusoras, o casi en todas, culturales o comerciales, musicales o habladas, las grabaciones de un mismo artista durante todo el día. Su imagen en la televisión, en los noticiarios de todo tipo, parecía agigantarse y al mismo tiempo se volvía acuosa, y erizaba la piel. ¿Quién no habló o escuchó de la muerte de Pavarotti? ¿Quién no asumía que Pavarotti era parte del mundo, una inconfundible referencia de la segunda mitad del siglo 20 y de lo que va del 21? ¿Quién no era tocado por su fama, por su mediática presencia, como por los rayos del sol? Al escuchar o leer las condolencias de sus colegas, de políticos, de directivos de teatros líricos, pero sobre todo de la gente común que se expresó en blogs, en páginas web, en foros, en servidores de videos, se puede advertir el alcance de Pavarotti: lo lloró el público operístico, el vernáculo, el popero, el roquero, el heavy-metalero. El espectro musical entero. O casi.


TRES Luciano fue hijo de Adele Venturi y Fernando Pavarotti. Ella empleada en una cigarrera, él panadero y tenor aficionado que influyó —junto con sus grabaciones de Gigli, Martinelli, Schipa, Caruso—, para que su hijo mantuviera contacto con el canto, que comenzaría a poner en práctica a los nueve años, en un coro de iglesia local.

Luciano estaba igualmente entusiasmado con el fútbol y deseaba llegar a ser guardameta, a nivel profesional, pero su madre lo convenció para que optara por la docencia, así que después de los estudios correspondientes, Pavarotti ejerció como maestro elemental durante dos años, tiempo en el que, sin embargo, su inquietud por la música, principalmente por el canto que desde entonces entendía como algo natural, como una herramienta de expresión tan cotidiana como el habla, lo decidieron a probar suerte en el arte lírico. Arrigo Pola y Ettore Campogalliani fueron sus mentores. “Cuando su padre lo trajo para que cantara frente a mí en 1955 —diría Pola—, supe inmediatamente que Luciano poseía una voz excepcional y lo tomé como alumno. Durante dos años y medio vino diariamente a mi departamento de Módena y trabajamos juntos, incluso los domingos”.

Sus primeras presentaciones como cantante serían con el Coro del Teatro de la Comuna, en su poblado natal, y con La Coral de Gioachino Rossini, para finalmente registrar su debut operístico como solista el 29 de abril de 1961, en el Teatro Reggio Emilia, como Rodolfo, de La bohème de Giacomo Puccini, un papel que habría de ser favorito y bienhadado para el tenor. Poco más de un año después, por ejemplo, habría de sustituir en este rol al siciliano Giuseppe di Stefano, en el Royal Opera House Covent Garden de Londres, y en 1968 interpretaría también al poeta en su debut, algo enfermo por una gripa que le hizo cancelar las últimas funciones: lo que no le impidió merecer unánimes elogios de la crítica, en el Metropolitan Opera House de Nueva York.

En 1969 fue la primera de diversas presentaciones de Pavarotti en México. En ese primer año, no obstante, fue que cantó óperas completas: La bohème, infaltable, y Lucia di Lammermoor. En sus siguientes visitas a nuestro país, el tenor, ya como una auténtica celebridad, ofrecería conciertos, algunos de ellos masivos, otros, los últimos, como parte de su interminable y accidentada: llena de cancelaciones, gira del adiós. “La gente paga por oírme cantar. Sólo cuando dejen de venir pondré punto final”, llegaría a decir Big Pava, frase lógica, sin excusa, y muy sincera, ya que en último caso: ¿por qué habría de dejar de hacer lo que tanto le gustaba, algo que por lo demás le generaba altos ingresos, aun cuando la voz ya no le respondiera como antes? ¿Por dignidad artística? ¿Y quién sería capaz de hablar de dignidad artística frente a un coloso del arte como Pavarotti?

El prestigio del Rey del do sobreagudo llegó en 1972 cuando interpretó en el Metropolitan de Nueva York el papel de Tonio de La fille du régiment de Donizetti. Desde entonces, Pavarotti, que ya en 1965 había debutado, como el Duque de Mantua, en La Scala de Milán, se convirtió en habitual estrella invitada en todos los recintos líricos más importantes del mundo y, por añadidura, en visitante frecuente de los estudios de grabación, en ocasiones compartiendo créditos con figuras cercanas y bien compenetradas al tenor como Joan Sutherland, Richard Bonynge, Sherrill Milnes, Marilyn Horne o Mirella Freni. Su repertorio operístico no fue muy amplio, pero por fortuna una extensa disco y videografía, integrada también por múltiples géneros, sobrevive como legado.


CUATRO A partir de 1990, en el marco de la Copa del Mundo de Fútbol, Luciano Pavarotti apareció al lado de sus colegas de tesitura José Carreras y Plácido Domingo en espectáculos musicales masivos que contenían fragmentos operísticos igual que piezas populares. Las críticas de los puristas, acaso censores escrupulosos, que se rasgaron las vestiduras por semejante masificación musical no escasearon. Sin embargo, el éxito del formato fue notable: más de 10 millones de cedés de este concierto se vendieron por todo el orbe, convirtiéndose así en la grabación clásica de mayor venta en la historia, y en el siguiente Mundial, el de Estados Unidos 1994, el concierto ofrecido por Los Tres Tenores fue seguido en directo por más de 2000 millones de teleespectadores. Un récord, sin duda, de pesadilla para quienes piensan que el arte lírico es sólo para ellos y no para la gente. Pavarotti jamás se inmutó por las críticas y una vez sentenció con desenfado: “la ópera es como el fútbol, al fin y al cabo, todos pueden mirar los partidos aunque no entiendan nada del juego”.

Otro espectáculo que desde 1991 se repetiría año con año en Módena, con finalidad absolutamente filantrópica, en que Luciano fue duramente criticado por los fundamentalistas se llamó Pavarotti & Friends. Y es que algunos sectores clásicos, conservadores, no toleraban que el Rey del do sobreagudo cantara diversos géneros populares al lado de figuras como las Spice Girls, Michael Jackson, Bono, Anastacia, Sting, Aqua, Elton John, Celia Cruz, Michael Bolton, Enrique Iglesias, Bryan Adams, Laura Pausini, Zucchero, Gloria Stefan, Ricky Martin, Mariah Carey y muchas más.

Los cuestionamientos, en todo caso, no superaron ese espíritu benéfico de los conciertos, y el tenor demostró mayor entendimiento de su época, de los medios masivos de comunicación y su permeabilidad social, del espectáculo que se mezcla con la tradición más artística, y asumió sus riesgos y posibilidades. Si no se desea pensar abiertamente que Luciano Pavarotti fue un artista posmoderno, tampoco debería considerársele como un personaje anacrónico, rancio, de los que nunca faltan ejemplos.



CINCO La voz de Luciano Pavarotti, como el talento de todo artista auténtico, es particular, inigualable, decisiva. Se trata de un instrumento de enorme belleza en el timbrado, de armónicos soleados, de emisión lírica pero acentos spinto, de considerable volumen y de un brillo agudo y cálido que corre electrizante e ilumina el oído del escucha. Ideal para el repertorio belcantista, el verdiano intermedio, el pucciniano lírico, pero igual suficiente para un paso más demandante en dramatismo.

Con naturalidad, sin aparente esfuerzo, y énfasis en la dicción, como si hablara, Pavarotti no sólo fue un tenor. Acaso fue una referencia de lo que por su voz puede, o debería, ser un tenor. En especial del tenor italiano, heredero de toda una tradición lírica inconfundible, de raza. Pavarotti confirmó que se puede ser un clásico en vida. Y en vida, igual, era ya legendario.


SEIS —Sabemos del repertorio que ha interpretado a lo largo de su carrera. ¿Considera que alguna vez abordó algún rol que pudiera afectar su voz? —pregunté a Pavarotti en entrevista, en 2002.

—Yo debuté a los 26 años de edad —me respondió el tenor con la serenidad de quien sabe lo que explica—. Canté siempre lírico, hasta que no llegué a los 35. Después he cantado un lírico más demandante como Un ballo in maschera. No creo que haya afectado nunca mi voz. Turandot, que es una ópera que podría haberme sido dañina vocalmente, la he hecho pocas veces. Otello lo abordé sólo una vez en concierto. Creo que siempre he cantado en el repertorio justo.



SIETE La noche del 5 de septiembre de 2007, hora de México, escuchaba en You Tube el “Nessun dorma” en voz de Luciano Pavarotti, aria con la que el tenor apareciera por última vez en un escenario: el 10 de febrero de 2006, durante la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno, en Turín. Poco antes de que llegara a la frase “All´alba vincerò!”, leía la confirmación de su representante, Terry Robson, difundida por la prensa: Luciano Pavarotti había muerto. Fue estremecedor. Big Pava me acercó a la ópera. Fue el primer cantante que escuché, en disco. Y la tristeza de saber que había fallecido, fue muy grande.



OCHO Lo siguiente sería comprobar las reacciones a través de los medios de comunicación. Mirar a la gente que acudió a su natal Módena para darle el último adiós al cuerpo de Pavarotti, quien fue vestido con frac, con su infaltable pañuelo blanco en la mano. En la ceremonia fúnebre la soprano búlgara Raina Kavaibanska cantó el “Ave María” del Otello de Verdi y el tenor Andrea Bocelli hizo lo propio con el “Ave verum corpus” de Mozart.

Ahí estuvieron políticos, algunos cantantes operísticos, mucho de su público, y sobre todo sus Friends, contrastando con ausencias casi escandalosas de colegas que no tuvieron tiempo o voluntad para estar presentes. Allá ellos, y su conciencia.

Pavarotti fue inhumado en el cementerio Montale Rangote, donde están enterrados sus padres y su hijo Riccardo, quien murió poco antes del parto, en 2003.


NUEVE Sobre la vida personal de Pavarotti, quizá sólo es necesario decir que estuvo casado durante 34 años con Adua Verona, con quien tuvo a sus hijas Lorenza, Cristina y Giuliana. Sus segundas nupcias fueron, en diciembre de 2003, con su otrora asistente, 34 años más joven, Nicoletta Mantovani, con quien tuvo a su cuarta hija, Alice.

Días después del fallecimiento de Big Pava, inició un escándalo por supuestos malos tratos de Nicoletta a Pavarotti, cuando éste ya no podía valerse por sí mismo. Pero ésa es otra historia. De telenovela. U ópera.


DIEZ —¿Qué le gustaría que se dijera de usted dentro de 100 años? —pregunté igual a Pavarotti en aquella entrevista de 2002.

—Creo que me gustaría ser recordado como un cantante muy serio y profesional —me respondió, pensando un poco, mientras yo veía la mascada multicolor, que de su cuello le caía al pecho, y comprobaba de cerca su enorme carisma, su personalidad inabarcable, fascinante y potenciada en el escenario—. Con una voz muy propia; muy personal. Como ser humano, simplemente quisiera que se me recuerde como un hombre muy honesto.

Muy serio y profesional. Con voz propia. Honesto. Así te recordaremos. Gracias, Luciano. Descansa en paz.