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domingo, agosto 16, 2009

Cinépata: cine fuera del cine


Hace unos días publiqué este artículo en el suplemento La Plaza -que edita Manuel Lino-, del periódico El Economista. Luego Boletín Informativo de Chile sacó otra edición. Ahora lo coloco en versión director´s cut.

Cinépata: cine fuera del cine
x José Noé Mercado


Sin duda, la forma de ver cine ha cambiado.

En buena medida, el lugar y la plataforma donde uno ve películas, también se han modificado. Entre otras razones, por la tecnología contemporánea y la mezcla de necesidad y posibilidad de no ceñirse a una cartelera impuesta por las grandes distribuidoras y cadenas cinematográficas.

Hoy un cinesifilítico, para usar el término setentero acuñado por el colombiano Andrés Caicedo, tiene la oportunidad de ver lo que quiere y necesita. Cuando, donde y a la hora que desea. Incluso desplazándose en una pantalla que no se queda fija en un mismo sitio durante la función, gracias a dispositivos móviles que reproducen video.

Y ahora el cine igual se consigue en lugares antes no necesariamente cinéfilos. En la red, en los puestos piratas fuera del metro o con surtidores audiovisuales especializados que le consiguen a uno todo. O casi. Y sin desembolsar mucho que digamos, porque si bien la piratería es un delito, la sociedad no la percibe como tal. La tolera y, de hecho, la práctica a plena luz del día aunque sea a nivel particular como parte de su cultura. Basta echar una mirada en casa o en la oficina y se encontrará, sin duda, copias de la nueva temporada de True Blood, el Final Cut Studio, o una película que aún no se estrena en el país. O algo parecido. Esa lucha, al menos en términos de combate tradicional (operativos, decomisos, persecuciones virtuales), irremediablemente la está perdiendo la autoridad y la industria. Así nos tocó vivir.

En esta vertiente, también la manera de ofrecer cine, de hacerlo, de financiarlo, tendría que ajustarse a la realidad contemporánea, digital y cibernética. Aquí, en este escenario, es donde la visión siempre pionera en tiempos de cambio y la cinepatía del escritor y director chileno, Alberto Fuguet, cobran relevancia sustancial.

Para muestra, Cinépata (www.cinepata.com): la página que Alberto Fuguet puso en funcionamiento a partir del 28 de mayo para descargar contenidos de manera gratuita y lícita, puesto que el material que ahí se encuentra y el que se irá agregando es pensado o cedido por sus autores especialmente para el sitio.

En la etapa de lanzamiento se puso a disposición de los cinépatas el largometraje Tanto tiempo de Claudio Polgati en estreno mundial, los cortos Matías va a terapia y Dos horas del propio Fuguet, además de varios videoclips que el narrador chileno ha dirigido, entre ellos Ruinas de Shogún, Máquinas de Teleradio Donoso o Esquemas juveniles de Javiera Mena, en sus versiones A y B.

Para este mes de agosto, se han sumado los largos Como un avión estrellado del argentino Ezequiel Acuña, quien igual aporta su clip La gota, Lo que soñó Sebastián del escritor y ahora debutante cineasta guatemalteco Rodrigo Rey Rosa y La represa del chileno Rodrigo Salinas, así como el corto Agarrando pueblo de Luis Ospina y Carlos Mayolo, el experimental Silence del colombiano Aldo Paternostro y el documental Andrés Caicedo: unos pocos buenos amigos, también de Ospina.




Cinépata es, hay que decirlo, una gran idea. A alguien se le tenía que ocurrir una opción así, que apuesta por algo distinto y que, en el fondo, sí es una opción. Porque mediante unos cuantos clicks, se pueden descargar para siempre, nada de fechas de vencimiento, los contenidos en formato para celular, iPod, PSP, para la computadora o bien para quemarlos directamente a un DVD y tirarse a verlos en televisión o incluso, pantalla HD. Y, por si fuera poco, hay materiales extra para los verdaderos cinéfagos, como trailers, fotografías o los guiones de las películas.

Cinépata, por cierto, no es YouTube o algún sitio de concentración masiva e indiscriminada de películas o videos. El portal tiene sede en Santiago de Chile —lo que ciertamente alenta la descarga desde fuera, algo que podría mejorarse, más si se opta por un formato de alta calidad—, pero el catálogo de títulos será latinoamericano. Y aunque la página, como la red, tiene en potencia un alcance mundial, hay una estética pretendida que se convertirá en una ética distintiva. En una moral. En una forma compartida, aunque variada, de entender el mundo. De asumirlo, a través de una pantalla cinematográfica. Que a fin de cuentas lo que busca, como todo arte, es conectar con sensibilidades compatibles.

Algo no menor es que Cinépata no busca lucrar. Algún tipo de donación, patrocinio o mecenazgo quizás se necesitará para mantenerse, pero es, más bien, puro amor al cine, pues no le cuesta nada a quien descarga contenidos, ni tampoco a quien desea poner ahí sus materiales. Aunque evidentemente cuenta, como control de calidad y afinidad a la idea del sitio, con un comité de valoración para las obras postuladas a formar parte del catálogo, se abre como una puerta para todos aquellos directores latinoamericanos que no han encontrado la oportunidad, la forma o los recursos para estrenar sus obras. O para quienes deseen mostrarlas ex profeso ahí, donde ya se contará con un público cautivo, interesado y numeroso.

Cinépata es una sala de cine que no exhibe, pero abastece. No tiene butacas ni está en un mall. No proyecta ¡Cácaro! o ¡Cojo! Pero es cine fuera del cine. Es cine de hoy, ojalá para perdurar. Aunque también es más que eso. El tiempo dirá más exactamente qué, igual que sus alcances. En todo caso, para los cinéfilos ahora ya es un dealer querible con todos los encantos y comodidades de lo pirata, pero en legal.

viernes, agosto 14, 2009

Ciudad Juárez: el traspatio del primer mundo


En el Boletín Informativo de Chile se publicó esta crónica. Allá la dividieron en dos partes: Primera entrega y segunda entrega. Aquí la dejo completa.


Ciudad Juárez: el traspatio del primer mundo
x José Noé Mercado



DOCE

No siempre se llega a un cuadro, a una fotografía, desde el aire.

Es raro.

Yo arribé en el vientre de un avión a una realidad que es imagen de una ciudad industrial y lúcida, amable y trabajadora, enclavada en los contrastes terrenales del tercer mundo, la violencia mafiosa y la indiferencia asesina serial de mujeres.

Ciudad Juárez, pensé, es un infierno y no sólo por el sofocante calor de más de 40 grados centígrados que marcaba el termómetro al salir de la aeronave. También lo es porque se trata de una urbe en la que no hay nada y que paradójicamente parece tenerlo todo. Hasta su propio cártel de narcotráfico. Es probable que la realidad sea a la inversa. Lo hay todo y parece no haber nada. Quizá el infierno es no saber si lo cierto es lo primero o lo segundo.

ONCE

No mentiré. Acá no hay reporteros heroicos.

El periodismo duro, el de opinión o investigación, en Ciudad Juárez no existe. Quién se atrevería a recibir el desquiciante dilema de ser silenciado: ¿plata o plomo?, que a final de cuentas es una moneda cuyo frente y reverso tienen la misma cara.

Por la parte literaria, desde 2666 éste es territorio Bolaño. Por aquí andan Pelletier, Amalfitano, Fate y como se sabe es probable que hasta Benno von Archimboldi haya venido para Santa Teresa. Así que agregar algo mucho tiene de oficioso.

O quizás no.

Los apuntes de un visitante deefeño también cuentan. Más porque hace unos días una amiga fan de Liz Norton, mis ojos en Santiago de Chile, incrédula y con horror me narraba por Messenger un reportaje que transmitían por Canal 13 sobre la violencia provocada por el narcotráfico en Ciudad Juárez. Incluso me mandó el link para ver el programa en vivo por Internet, pero no se pudo abrir. Allá o en México alguien se ocupó de bloquear la señal.

La fan de Liz igual me pidió que le contara si toda esa violencia extrema que veía en la pantalla —un hombre con cabeza de un chancho muerto provocando a otro cártel, tiroteados, aceras ensangrentadas, policías y periodistas atemorizados fue lo que más le impresionó—, era un montaje o irreal.

Ojalá fuera una pesadilla, le dije. Pero no. En Ciudad Juárez nadie duerme. Al menos no tranquilo. Porque camarón que se duerme, se lo carga la Chingada.


DIEZ

Antes de salir del aeropuerto hay que pasar revisión con unos milicos, de los muchos que patrullan la ciudad. Espero turno y observo a una mujer de unos 40 años y de muy atractivo cuerpo que venía en mi vuelo con un ranchero malencarado, que sospeché que era narco. O que parecía interesado en dejar esa impresión. Traía un sombrero Saucedo, camisa tipo Mario Almada: con costuras y adornos de lujo, vaqueros y botas de fantasía. Obvio, ostentaba gruesas cadenas de oro, anillos con pedrería y bigote y pelo en pecho, negros. No le faltaban sus Ray-Ban. Ambos fueron mis compañeros de asiento durante los primeros minutos de viaje. Luego se pasaron a unos lugares vacíos que había adelante, a la altura de las alas. Al bajar él echó bronca, leve: nada trágico, a otro pasajero quien le pedía que lo dejara pasar antes de que siguiera obstruyendo el paso al sacar su equipaje de mano.

El milico oficial Fuentes me preguntó mi nombre, se lo dije, y revisó mi valija y dio luz verde. Apenas salí a la calle sentí que alguien me aplastaba. Una mano gigantesca. La mano del calor desértico, ciega, inútil, yerta. Mucha gente traía puesta la verde. Cómo quedó México, pregunté al recordar que la selección de fútbol jugó un partido pre mundialista. ¿Calificó?, dije. No se sabe aún, me dijeron.

NUEVE

Rumbo al hotel.

Por un bulevar me doy cuenta de los comercios que hay en una zona que me hace recordar, de nuevo, películas infames de pistoleros fronterizos mexicanos emuladores de Clint Eastwood.

Hay restaurantes de comida rápida. Algunos centros comerciales. Fábricas. Hay demasiado cemento en el panorama. En cierta medida es como estar en un pueblo de USA aunque reproducido, para llevar. O en México, vaya, pero no del todo. El Paso, Texas, queda a cinco minutos. A un lado va el río Bravo. Hay anuncios en inglés. Poca gente en la calle. Busco que en algún negocio haya un letrero que diga Se habla español.

OCHO

Mi habitación es agradable a ratos. El clima artificial está al máximo y refresca, pero luego cala en los brazos y el rostro. Hay que apagarlo. Luego todo se acalora y hay que darle On.

La televisión no tiene mando a distancia. Tengo cama King-size. Al menos se puede fumar. Voy al restaurante y compruebo que las ensaladas no es lo bueno en las regiones del Paso del Norte. Alguien me sugiere carne. Un rib-eye o un filete mignon. Maravillosa diferencia. Salgo a explorar.

SIETE

Enciendo la ear-eye-snif-recorder.

Hay abandono en la ciudad. Vuelvo a observar poca gente en las banquetas, incluso en horas de la tarde y noche, cuando el calor ha disminuido, lo que no deja de ser un decir. Encuentro tonalidades de gris y tierra por todas partes. Las casas son de una o dos plantas, con patio delantero. Hay quietud. Calma. Me invade esa sensación de que ya lo he visto todo, pero la controlo. Paso delante de un terreno amplio que alberga una estructura metálica y roja mate. Está inacabada y huele a agua estancada. De ella provienen ruidos que puede ser lo mismo la vida de algún pájaro o de un perro o un animal rastrero de cuatro patas. No puedo evitar un pensamiento morboso: si tuviera el cuerpo de una mujer muerta, no me sería difícil deshacerme de él en este sitio en complicidad con la noche. O la madrugada. Me entero que la propiedad era de un narcotraficante. Lo agarró la tirana. Hoy está en venta. Sigo. Hay pequeños negocios cerrados, de tomas de fotografías para pasaportes, de gestoría de documentos de emigración. Miro uno tras otro locales vacíos. O abandonados, con las mercancías cubiertas de polvo. Parece que los locatarios tenían prisa por marcharse. Y adónde, me pregunto. No lo sé. Pero me da por especular. Pienso en los comercios del videojuego serial Silent Hill, porque a ratos uno se siente en un pueblo fantasma.

Voy a dar a una avenida llena de consultorios médicos y sanatorios. Salgo de ella, deseando no caer en uno de ellos. Camino y fumo. Una como autopista, que no lo es. Freno. No quiero ser atropellado. La opción es internarme en un barrio con suelo de tierra, descontando que tierra hay en todas partes, incluso en las superficies donde no debería haberla. Desde aquí se aprecia con nitidez el horizonte recortado por las siluetas inestables y angustiadas de las montañas. Hay un intento de jardín con árboles artríticos y muy probablemente en fase terminal donde no hay nadie y unos bancos de cemento.

A lo lejos distingo una bandada de perros que esperan a un camarada. Son más temerarios que yo y se disponen a cruzar lo que me pareció una autopista. Sigo mi camino. Oigo un rechinamiento de llantas. Volteo. La llanta delantera primero, luego la trasera, ambas del lado derecho de una camioneta blanca, pasan por el cuerpo que se revuelve de uno de los canes. Cierro los ojos, pero no tardo en abrirlos. No escasean los lotes a medio construir o de plano los predios baldíos, sin mayor atractivo que el que yo me empeño en encontrarles. Son como poemas mal escritos y por ello incomprendidos. Sudo. Cruzo aceras de un lado a otro. Es encantador perderse por calles y avenidas que uno jamás pensó que existieran y que de hecho desaparecerán inmediatamente después de que uno transite por ellas. No traje mapa. No creo necesitarlo. Una librería pequeña, cerrada. Husmeo por los cristales de la puerta y distingo unos ejemplares de literatura autoayuda. Avanzo. Fuera de una casa hay un coche deportivo con las puertas abiertas del que sale música bandolera, dos tipos con playera de la selección de México están recargados en la pared y beben cerveza. Al pasar junto a ellos miro que el zaguán de la casa está abierto y dentro hay otros sujetos bebiendo y jugando a los naipes. Me miran y quizá descubren mi extranjería. Memorizo dónde se localizan hamburgueserías Wendy´s, Rapiditos Bip-bip, ciertos hoteles y negocios que ofrecen salidas diarias a Las Vegas. Por 55 USA dólares, no más. He visto a algunas mujeres jóvenes caminar solitarias. Unas me dieron la impresión de que habían salido del trabajo e iban a sus casas. Otras que habían salido de sus casas e iban al trabajo. Al tercer turno, seguro. Me interno por el centro y doy con prostitutas decrépitas sentadas en una silla fuera de sus vecindades. Me miran, las miro, entre luz amarillenta. No me detengo porque imagino para darme valor que seguir caminando es mi seguro de vida. En las esquinas hay tipos carcajeantes, en banda. Algunos me ofrecen líneas, mota o lo que yo quiera. El olor es a tubería. Una patrulla con las puertas abiertas está atravesada entre dos calles. Las luces de la torreta me dan en la cara. Rojo, azul. Rojo, azul. Dos ratis catean a una pareja, sobre la pared. Llego a un punto por el que decido que no puedo seguir, si es que quiero seguir.

SEIS

Una montaña que se ve de todas partes o casi, dice con letras grandes y blancas algo así como que Ciudad Juárez La Biblia es la verdad Léela. Un mall. Lo más grande es una tienda de autoservicio cuya iluminación insuficiente me hace pensar en una tienda Conasupo a la que iba de pequeño. En diversos locales atendidos por mujeres jóvenes se exhiben ropas económicas. Hay dos, quizá tres café-internet. En el cine, multisala, se dan tres películas que vi hace seis meses. En algunos puestos a la mitad del paso muchachas en edad escolar venden celulares, adornos femeninos, paletas heladas y golosinas. Camino hasta una pista de hielo, que no tiene hielo, sino un suelo disparejo de cemento que forma un óvalo. Alrededor, recargadas sobre la barandilla, algunas parejas de novios miran hacia la pista de hielo, que en un letrero dice Celebra tu fiesta en la pista por sólo 550 pesos y en otro Cerrada por reparación. En Burger King compro un cono y luego me dirijo a un teléfono público de tarjeta y marco un número de ciudad de México.

CINCO

La gente en Juárez que no pretende ser o es de las filas del narcotráfico da la impresión de ser noble, diría que hasta sumisa y muy provinciana. Son amables, hablan bajito. Bajan la cara o miran a otro lado mientras le hablan a uno. Los taxistas de inmediato se vuelven cómplices de sus pasajeros y cuentan mitos urbanos mezclados con la historia del homicidio más reciente. Hay más de diez diarios, así que la información es fresca. También dan sugerencias hacia donde encaminarse. La calología en las mujeres, como el clima: en los extremos. Unas declaradamente feas. Otras, como pepitas de oro en una mina, sorprendentemente hermosas. Así es, casi sin términos medios. Todas con acento norteño que de pronto me dio por imitar cuando hablaba con ellas.

Aunque parece que hay vida nocturna ruda, no lo es tanto. O sí lo es, pero se mantiene en stand by y uno vive cierta paranoia percibiendo el peligro en el aire. En los expendios de burritos y tacos de asada a la intemperie uno tiene la sensación de que el mesero es una mezcla de Jason y los patos malos que conducen el auto negro con llamas en Sometimes they comeback.

En los antros todo acaba a las dos de la mañana. Lo público, al menos. Dicen que en ocasiones llegan pistoleros que arrebatan sus minas a tipos que no pueden impedir que las violen. O se las lleven y nunca más vuelvan a verse. El célebre Noa-Noa se quemó hace años. Todos refieren como lo más interesante dos o tres tables. En uno bailan muchachas originarias de USA. En el otro, que tiene nombre de músico, también, pero junto con mujeres nacionales, de la región. El tercero es lamentable y si los dos anteriores son aburridos, en éste al menos pude ver Estigma en una de las televisiones que transmitía en la pista. Hay muchas discotecas. La mayoría resultan bastante monótonas y pobladas por gringos y rancheros locales ebrios, que son narcos o de menos quieren parecerlo, algo que en sí resulta importante para ligar, ya que según una tipa con la que estuve platicando me hizo saber, o inventó: vaya uno a saber, que muchas mujeres, sobre todo las jóvenes, hoy en día a lo único que van a las discotecas es a intentar pescarse a un narquito y resolver sus vidas. Así dijo, en diminutivo, narquito. Que generalmente visten como vaqueros y se muestran con alhajas y todo tipo de fanfarronerías que los separan de los narcos pesados, que en general, si prefieren ir a lugares públicos y no celebrar fiestas exclusivas en sus propiedades, lo hacen con cierta discreción o de plano mandan cerrar el lugar, sin cerrarlo, sólo reservándolo para ellos y sus amigos.

Durante la noche, en avenidas amplias, hay coches que parecen jugar a las carreras. Aceleran a fondo. Como en todo Need for speed.

Me costó, pero encontré en algún sitio el legendario mezcal Los Suicidas. Bebí una copa y comprobé que es muy bueno.

CUATRO

A la fecha son más de 500 las mujeres asesinadas en los últimos 15 años y, sumando las desaparecidas, el total supera las 800, aunque hay quienes cuentan 1000. En el caso de las muertas de Juárez, toda cifra exacta es inexacta.

Hay detenidos. Uno de ellos, extranjero, murió hace más de dos años en la cárcel. Se suicidó. Se especula mucho pues desde que estaba preso los asesinatos seguían. Y no paran. Si es uno el asesino serial, hecho poco probable aunque sostenido entre otros por un especialista norteamericano, tiene el récord mundial e histórico. La policía, como me hicieron notar varias personas, está alerta, ronda la ciudad: aun vestida de civil para no llamar la atención, aunque hay gente que señala a la autoridad como cómplice.

—Curiosamente patrullan la ciudad, todos lo vemos, pero a los lugares de los homicidios la poli es la última en llegar —me aseguró un chofer de transporte público.

El narcotráfico, los crímenes de la delincuencia organizada y los ajusticiamientos han enrarecido más el ambiente. El ejército está desde hace algunos meses en las calles, pero Juárez sigue sin ser territorio seguro.

—Hace algún tiempo se estaba preparando la primera generación de policía especializada en Juárez, les trajeron instructores israelíes y la Chingada. Pero unos días antes de graduarse les tirotearon el cuartel y les dejaron un mensaje claro: si se graduaban los mataban uno a uno. Y fin: así se acabó la policía especializada.

Por supuesto iba preparado para investigar algo de las muertas. Iba, de hecho, con esa frase en la cabeza de que en los asesinatos de Ciudad Juárez se encuentra el gran secreto del mundo actual. Y entendí que los asesinos son la indiferencia, el machismo, esa calidad de traspatio del primer mundo de una ciudad donde la gente de fuera, y la del interior, la que puede, va a divertirse y al desmadre, aunque todo el cuadro en conjunto pueda juzgarse, en realidad, monótono y desangelado.

Aquí, el asesino es también el asesinato visto como lo común y corriente. La indolencia.

Cuando platiqué con una amiga antes de volar a Juárez le dije un tanto en broma que iba exclusivamente a investigar lo de las muertas y pareció sorprenderse.

—¿Para qué? —dijo después de pensárselo—, si ya hay muchos reportajes y libros y gente que han hablado de ello. Ya hasta hay tipos en la cárcel. Ya no hay nada qué investigar.

¿No?

Cierta gente cree que las muertas, que a veces aparecen violadas anal y vaginalmente o mutiladas de los pezones o los labios vaginales y golpeadas y estranguladas o acuchilladas, en parques industriales, en el desierto, en sus barrios, en lotes baldíos, son sólo prostitutas o meseras de antros de medio y bajo pelo, mujeres prescindibles por tratarse de lacras sociales. No siempre es así y ni aunque fuera así podrían justificarse los asesinatos. Las mujeres muertas o desaparecidas por regla general, que tiene sus excepciones, son jóvenes, de cabello largo. Casi siempre pobres. Las hay atractivas y otras no. Aunque ya se sabe que en gustos se rompen géneros y madres. O sea que ser mujer ya en sí es un factor de riesgo. Y si entre las muertas hay putas profesionales, puesto que igual las hay de hobby, también hay empleadas de maquiladoras, de empresas de servicios, vendedoras de productos varios, cajeras, hijas de familia, novias, hermanas, madres.

TRES

También hay turistas que compran recuerdos y pasean contentos por zonas que parecerían turísticas y culturales. Como todo visitante atento, observan una Ciudad Juárez que trabaja y se esfuerza para salir del violento día a día en el que parece vivir. Una cotidianidad absurda que convida al mundo y de la que todos, en cierto modo, formamos parte.

Me queda claro que hay gente de dentro y de fuera que quiere la ciudad, que en ella se siente como en casa.

Así me sentí yo por ratos. Aunque me tocaron un par de tormentas de arena.

DOS

Una madrugada, la del regreso.

En la caja-loro un tipo devora ensaladas con el cuerpo desnudo de mujeres como platos. Luego las mujeres comen sobre él, desnudo. En otro canal, un noticiero reporta sobre el caso del día: un perro asesino, en Texas. Tipo Cujo, supongo. El perro matón fue muerto. Pelis tediosas. La conducta alimenticia de ciertos mamíferos en época de celo. Un par de teledramas. Culebrones antiguos. Golf. Lo bueno es que solicité en la recepción mi control remoto. Puro zapping. De nuevo, el tipo de las ensaladas. Ahora anuncia que una mujer experta en sadomasoquismo le clavará los testículos en una pequeña tabla, lo que no es verdad. Lo que le clava, cuatro clavos, en rigor, es el escroto.

Más tarde. Cierro mi Macbook porque mis vecinos, número de habitación descendente, andan apasionados y se nota aun a través de las paredes. Según alcanzo a escuchar, son médicos. Él es de Chihuahua, Chihuahua. Ella, que no dice de dónde es originaria pero que tiene igual acento norteño, habla de un congreso médico al que asistió hace poco y se queja de sus colegas nada solidarias y de un medicamento que se promocionaba en el encuentro. Ella le pregunta por su esposa. Él evade la pregunta. Chasquidos. Besos. Él le pregunta por sus hijos. Ella habla de una muchacha que va a la secundaria y luego los chasquidos se vuelven respiraciones agitadas y también risas. Y después gemidos.

UNO

Ciudad Juárez es un infierno. Uno sin llamas, de infinitas tonalidades de gris, pienso en mi lugar del avión, mientras una azafata, ¿Diana, Mónica?, se empeña en darme caderazos cada vez que pasa junto a mi brazo. Me tocó pasillo. Tengo enchufados los audífonos de mi iPod. Escucho a Juan Gabriel, por supuesto: Ciudad Juárez es número uno / Ciudad Juárez es the number one / Y la frontera en donde debe vivir Dios.

miércoles, agosto 05, 2009

Muerte en Venecia en el Julio Castillo


Muerte en Venecia
en el Julio Castillo

x José Noé Mercado


No posaré.

No diré que soy un entusiasta de Muerte en Venecia de Benjamin Britten, ni que el tema de la novela de Thomas Mann me quita el sueño o que prefiero la película de Luchino Visconti a Crepúsculo. Existe un mar de disquisiciones estético-filosóficas menos plomizas y hasta entretenidas que me parecen prioritarias.

Ya, lo dije. Es mejor así. Con sinceridad pueden entenderse las personas y el arte.

En ese sentido, asistí al estreno en México de Muerte en Venecia, título con el que la Compañía Nacional de Ópera continuó su Temporada 2009, presentado en cuatro funciones: 5, 7, 9 y 12 de julio, en el Teatro Julio Castillo del Centro Cultural del Bosque. Acaso sin demasiada expectativa al entrar, salí muy satisfecho del espectáculo.

Y no por la temática que muestra el conflicto entre lo apolíneo y lo dionisiaco a través de una serie de emociones vitales ante la vejez y la muerte y una retahíla interminable de divagaciones y peroratas interiores que el protagonista pronuncia en su contemplación psicologizante para, al final de cuentas, justificar, pero no aceptar, atormentándose por ello, que se le está haciendo agua la góndola. Puesto que ahí, donde él mira la belleza más platónica, un buga es ciego o simplemente desinteresado, indiferente. Tampoco la partitura de un compositor avezado en su bagaje técnico-musical al servicio del drama, de particular belleza en pasajes dancísticos, que sin embargo en su estreno no tuvo la resonancia de otras óperas de su catálogo, me pareció lo más memorable en esta ocasión.

Lo que me hizo valorar particularmente esta serie de funciones fue sin duda la puesta en escena, su interpretación. Jorge Ballina logró hacer magia auténtica, que como sabemos no es más, pero tampoco menos, que un artilugio que logra hacernos creer lo que no es. Su diseño de escenografía pareció decirnos nada por aquí, nada por allá, para de pronto, con un mecanismo preciso e ingenioso, continuo, hacer aparecer embarcaciones navegantes, puertos, lobbys y cuartos de hotel, playas, muros, callejones, canales de agua y muchos otros contextos y escenarios necesarios para el desenvolvimiento puntual de la trama.

Ballina dejó en claro que como escenógrafo es un ilusionista. Y su dirección escénica, debutante, no desmereció, llena de fluidez y teatralidad pocas veces vistas en la escena operística nacional, estuvo en perfecta sincronía en concepto y ejecución con la iluminación de Víctor Zapatero, el vestuario de Tolita y María Figueroa y el movimiento corporal de Verónica Falcón.


La parte canora fue encabezada por el tenor estadounidense Ted Schmitz, de voz más bien delgada y poco voluminosa, pero de gran resistencia y musicalidad, que unió a un conocimiento perfecto del rol de Gustav von Aschenbach. El barítono Armando Gama interpretó los siete papeles breves de la obra (Viajero, Catrín, Gondolero, Gerente de hotel, Barbero, Jefe de cómicos, Voz de Dioniso), con una prestancia vocal e histriónica incuestionables. Como la voz de Apolo, el contratenor Santiago Cumplido cumplió pero con un instrumento destemplado y de afinación incierta.

La Orquesta y el Coro del Teatro de Bellas Artes —esta vez preparado por Cara Tasher— cumplieron con un desempeño elevado para su media, manteniendo la tensión dramática y dando relieve a los pasajes solistas, con la batuta concertadora de Christopher Franklin, quien hace algunos meses también visitara nuestro país: Guadalajara, Jalisco, para dirigir un concierto con el tenor peruano Juan Diego Flórez.

Pero la verdad, y alguien tiene que decirla, lo más valorado y sobrevalorado para muchos de los asistentes que llenaron el teatro (lo que en fechas recientes ni Rigoletto consigue) pero a ratos dormitaban bajo el sopor de la obra, fue el Tadzio del bailarín Ignacio Pereda, quien, como a Aschenbach, hizo suspirar a más de uno hasta la locura. O loquera. Será que como afirmara festivo un señor a su joven pareja antes de iniciar la función, “Muerte en Venecia es para la comunidad lírica gay como que a los franceses les toquen La Marsella o a los mexicanos el México lindo y querido”. Yo respeto, como dijera Velibor Bora.

viernes, julio 17, 2009

El espectáculo en letras

FUENTE: De la idea a los aplausos

Salió muy bien la mesa "El espectáculo en letras", en el marco de De la idea a los aplausos, segundo encuentro entre los profesionales de la producción. Ahí estuve. Bien por los organizadores.

Aquí dejo una nota de la agencia de noticias Notimex, que apareció en diversos medios.

Eso.

NOTIMEX
Martes 14 de julio, 07:12 PM
México, 14 Jul. (Notimex).- Directores y editores de revistas especializadas en teatro, danza y ópera salieron hoy en defensa de sus publicaciones y pugnaron por crear una agresiva campaña de difusión que contrarreste los efectos de los "best sellers" que tienen acaparado el mercado nacional.

Durante una charla en la Universidad del Claustro de Sor Juana, Abril Boliver, de la revista "Danza, Pasión y Movimiento"; Noé Mercado, de "Pro Ópera", y las editoras Nizarindani Sopeña y Leticia García, de "Sound Check" y "Paso de Gato" respectivamente, lamentaron que sean las revistas de chismes las que prevalezcan.

En el último día de actividades del Segundo Encuentro de los Profesionales de la Producción de Espectáculos "De la idea a los aplausos", cada promotor coincidió en que los perfiles de las compañías, espectáculos, festivales, certámenes y/o alguna otra actividad que aparecen en sus revistas, presenta un equilibrio informativo en todas las disciplinas.

Al tomar la palabra, Leticia García, editora de Paso de Gato, se refirió a los "bestseller", aquellos libros, discos, películas y/o videojuegos que, debido a la gran aceptación que generan entre el público, han pasado a formar parte de las listas de los más vendidos.
Mientras que las revistas dedicadas a la difusión, crítica y análisis del arte y el espectáculo, han vivido una etapa de resistencia para mantenerse vivas en el mercado nacional.

Por ello, la editora se pronunció a favor de que su sector trabaje en una oferta interesante de títulos, precios accesibles que persuadan a los lectores, campañas permanentes de invitación a la lectura y eficientes sistemas de distribución, a fin de posicionarlas en el mercado.

A decir de los ponentes, en los últimos meses la venta, exhibición y mesas redondas en torno a estas publicaciones, han transcurrido con buen ánimo, por lo que consideran llevar a cabo más foros de este tipo a proposito de "poder hacer surgir nuevas opciones editoriales de estas características".

Señalarón que algunas de ellas, recordaron, enfrentan la dura batalla día a día por hacerse llegar de recursos para su publicación.

Sin embargo, subsisten porque "tanto el arte como la cultura en México son importantes. Es necesario apostarle al arte para ganar", insistió Noé Mercado, director de la revista "Pro Ópera".

Previo a la charla, cada uno de los ponentes explicó las características de sus respectivas publicaciones y los premios que han obtenido en los últimos años.

viernes, julio 10, 2009

De la idea a los aplausos


Los chicos entusiastas de la carrera de Producción de Espectáculos de la Universidad del Claustro de Sor Juana -carrera que, por cierto, ya tiene egresados y profesionales que cada vez destacan más en el medio nacional- me invitaron a participar en el segundo encuentro entre profesionales, precisamente, de la producción de espectáculos que tendrá lugar 13 y 14 de julio en el Auditorio Divino Narciso de la UCSJ.

Yo participaré, en representación de la revista Pro Ópera, el 14 a las 16 horas, en una mesa sin duda interesante: El espectáculo en letras. Ya veremos qué tal. Ojalá asistan a las cinco mesas del encuentro, que contemplan desde la idea hasta los aplausos -cuando los hay- de un espectáculo profesional. Es entrada libre.

Bien por los chicos y porque tengan presente el musical y la ópera que artísticos pero, al final, también son espectáculos. Aquí dejo la info que me proporcionaron:

DESCRIPCIÓN GENERAL

La producción de espectáculos había sido una labor que hasta hace poco recaía en los artistas (actrices, músicos, directores, etc.) o personas dedicadas a la administración. Ellos se formaban como productores durante el proceso mismo, a través de la observación y la práctica, lo cual difícilmente posibilitaba la diseminación de experiencias, conocimientos y metodologías de trabajo. Sabemos que el intercambio de ideas es una posibilidad de enriquecer la profesión. La Universidad del Claustro de Sor Juana comprometida con el desarrollo cultural de México fundó el Profesional Asociado en Producción de Espectáculos y abrió los cauces para que en 2008 se llevara a cabo el primer encuentro de profesionales de la producción de espectáculos “De la idea a los aplausos”. Hoy nos complace anunciar que gracias a la entusiasta respuesta de ponentes, medios de comunicación y público asistente, realizaremos la segunda edición del encuentro, la cual da continuidad al foro de reflexión, intercambio de ideas y experiencias sobre los retos de la producción realizado en julio de 2008.

En esta ocasión el encuentro comprende cinco mesas:

Lunes 13 de julio

02:00 p.m. Inauguración

02:05 p.m. Mesa 1: Producir es cosa seria

-Francisco Pazbotello (Westwood Entertaiment)
-Soledad Estrada (Santísima Producciones)
-Laura Rode (OCESA Teatro)
-Colleen Patton (PROMEDSA)

04:15 p.m. Mesa 2: ¿Quién me apoya? Gestión de Recursos

-Marisol Torres - (Gajuca Danza)
-Xatziri Peña - (División Cultural IMSS)
-Mónica Riestra (Mond Ensamble SC)

06:45 p.m. Mesa 3: Casos de éxito

-Irasema Terrazas - (Soprano y actriz)
-Mónica Bravo (Mentiras, el musical)
-A poc A poc (danza)


Martes 14 de julio

04:00 p.m. Mesa 4: El espectáculo en letras. Publicaciones especializadas

-Abril Boliver - Danza Pasión y Movimiento
-Nizarindani Sopeña - Soundcheck Magazine
-Jaime Chabaud - Paso de Gato
-José Noé Mercado - Pro Ópera

06:15 p.m. Mesa 5: Equipo de Producción. El drama en backstage
Dr. Frankenstein, la ópera rock de Jorge Fors


-Ana Teresa Ramirez - Productora Ejecutiva
-Ricardo Delgadillo - Director de Escena
-Salvador Moreno - Diseñador de vestuario


Auditorio Divino Narciso de la Universidad del Claustro de Sor Juana. Izazaga 92, Centro. México, DF. ENTRADA LIBRE.

Más información: http://www.delaideaalosaplausos.com/

miércoles, julio 01, 2009

Pro Ópera julio-agosto 2009


Así como la mitad del año, la edición julio-agosto 2009 de la revista Pro Ópera, ha llegado. Ya se puede leer en línea, con una nueva imagen del sitio, dando clik aquí.

Recomiendo leer todo lo que trae este número, pero dejo links a lo que yo publiqué que igual es harto:

Columnas Ópera en México y México en el Mundo.

Crítica Rigoletto en el Teatro de la Ciudad.

Artículo de portada Don Pasquale en México, y entrevistas con el elenco:

La soprano Rebeca Olvera.

El tenor Javier Camarena.

El barítono Josué Cerón.

El bajo Charles Oppenheim.

Y, como en este número, entrevisté por doquier, igual vienen entrevistas con:

El director de orquesta Enrique Patrón de Rueda, quien en este año cumple 30 años de carrera.

El compositor Daniel Catán, quien celebra en 2009 60 años de edad.

La soprano Fabiola Venegas, ganadora del primer lugar del Concurso Internacional de Canto de Sinaloa, del que incluyo también una breve reseña. Este par de textos que vienen en el Suplemento en línea, por cierto, complementan la entrevista con Patrón de Rueda.

Desde luego, vienen muchas otras colaboraciones y secciones de interés (la ópera del Met en el Auditorio Nacional, entrevista con María Cristina García Cepeda -Maraki-, entrevista con Rufino Montero, Franz Joseph Haydn a 200 años de su muerte, Haydn y la ópera, reseñas de discos y libros, Ópera en los Estados más Otras Voces -no deben perderse las demás críticas de Rigoletto en el TdelaC- y Ópera en el Mundo -y al decir todo el mundo es, en efecto, todo el mundo), de diversas plumas (Lázaro Azar, María Eugenia Sevilla, Xavier Torresarpi, Ingrid Haas, Arturo Magaña Duplancher, Luis de Pablo Hammeken, Darío Moreno, Vladimiro Rivas, Raúl Díaz y Mauricio Rábago Palafox -ojo con su crítica de Rigoletto que pone el colmillo en la yugular-, sin contar a toda la red de corresponsales nacionales e internacionales.

Ya puede conseguirse la revista en papel y consultarse en línea:

http://proopera.org.mx/julago.html

viernes, junio 26, 2009

Jackson, el más pop


Jackson, el más pop
x José Noé Mercado

Michael Jackson es tan simbólico y significativo como una lata de sopa Campbell´s. Como un cómic de Marilyn Monroe o un afiche de Coca-Cola. Guste o no, es un ícono de la cultura de nuestros tiempos. De sus códigos. De su arte. De toda una estética y forma de vida: el pop. Un emblema que, por más que se niegue o critique, no dejará de ser un emblema.

Ayer murió, se supone que poco antes de las 17 horas tiempo de México. Yo me enteré por Internet. Por Messenger. Ahí estaba la noticia, no en los medios de comunicación tradicionales. Más allá de las especulaciones y de la aclaración que acarrearía su fallecimiento, el impacto mediático y cultural estaba ya en escena.

En menos de una hora aparecieron en la red miles de artículos refiriendo la muerte de Michael Jackson. En YouTube, Thriller, que marcó una forma de presentar la música, su contenido a través del clip, del corto, se acercaba a las 40 millones de reproducciones. Los demás videoclips de Jackson, que no son pocos, eran vistos igual por millones.

La televisión, la radio, los medios impresos, a nivel internacional dedicaron generosos reportajes para hablar de la muerte del rey del pop. Del mayor vendedor de discos de la historia. Probablemente del artista más famoso de nuestra época y, por tanto, acaso de todas las épocas.


Por Messenger también discutí con algunos contactos, empeñados en no conferirle ninguna importancia ni a Michael Jackson ni a su muerte. "Me vale madres el pop y Jackson una chingada", me dijo uno de puro bluff. "La pedofilia y todas esas depravaciones que estaban a su alrededor me asquean", me dijo hipócritamente otra persona que, me consta, innumerables veces ha tenido que formatear su disco duro infectado por los virus que pululan en las páginas pornográficas que visita. "No es de mi época ni está en mi historia personal, MJ para mí no existe", me explicó una chica ni tan chica aficionada a los videoclips y consumidora de literatura pop. "Qué te sorprende, por qué te admira lo que pasa en los medios, eso pasa todos los días, mejor ponte a trabajar en lo tuyo y olvídate de lo que pasa o no pasa con los demás", me dijo un tipo que estudió comunicación aunque, por supuesto, nunca logró ejercer la carrera.

Una rubia tipa semianoréxica, más en sintonía con lo que yo estaba percibiendo, me dijo "seguro así ocurrió cuando murió Elvis. O Lenon. O la Monroe, pero como no había Internet el fenómeno no se sintió igual de colectivo y en tiempo real como ahorita. Esto, por fortuna, no lo veremos ni con Fidel ni ningún otro político". Sí, pensé. Por ahí va la interpretación del asunto que, por lo demás, bien puede ser que tampoco signifique algo a todos. No cambiará la vida cotidiana de las personas ni le quitará el sueño a la gente. Pero de que es un acontecimiento cultural, como la muerte de Beethoven, de Monteverdi o Da Vinci, que para muchos tampoco significaron nada, lo es.

La muerte física de un ícono de la cultura duele en forma abstracta. Justamente porque lo que intenta toda cultura, incluso la más efímera y comercial y paradójicamente popera, es tener significación en los hechos cotidianos para poder permanecer en el tiempo. Así, incluso, se llega al arte. Y la muerte es un atentado contra toda permanencia. La muerte nulifica todo intento de significación. Contra esa falta de sentido es sobre la que debe cimentarse la creación. El arte. La cultura. La muerte de un artista famoso, que lo tuvo todo y que, sin embargo, sin nada se quedó, puede cuestionarnos para qué crear. Nos hace ver el vano intento de permanecer, de agarrarse al mundo, se haga lo que se haga.

No ver o no querer reconcer la importancia de Michael Jackson es una forma aparente de negarse a sí mismo, de hacerse blanco cuando se es negro. De hacer de cuenta que no se vive la época, la estética, que vivimos. El descrédito del pop, en el fondo, es súper pop. Restarle méritos como artista o simplemente despreciarlos, verle sólo el lado B, es la actitud popera que hoy nos define. Seguimos desacreditando el movimiento pop, como si fuera en sí mismo despreciable y no fuera solamente un periodo más, lo que no es menos, de la historia como lo fue el medioevo, el renacimiento, el barroco y demás etapas culturales.

La muerte de Michael Jackson es al pop lo que la de Mozart fue al clasicismo.


El pop es llevar elementos de lo más cotidiano al arte. Michael Jackson consiguió lo que pocos: se convirtió en un ícono de lo popular que se llevó a sí mismo al mundo artístico. Logró el éxito y su decadencia, como el pop tuvo dentro de sí el shocker pop o el acid pop que lo destruía al tiempo que lo reafirmaba.

El pop es agradable, hasta bello. Lo que no molesta sino encanta. Es una zona de confort y así, igual, es la música y la voz y el baile de Michael Jackson, el más pop. Por eso corre el riesgo, que no es poco mérito, de volverse un clásico si no lo es ya.

Quizás Michael Jackson representa una época y nos alcanza, nos toca, porque más que un inconforme era posmodernamente un insatisfecho. No se quedó negro, ni con los rasgos que le tocaron. Pero tampoco llegó a ser blanco, ni consiguió un perfil griego. Michael Jackson es muchos de nosotros porque fue capaz de desfigurarse con tal de figurar.

Descansa en paz, sumo rey del pop.

lunes, junio 15, 2009

María Alejandres en el Lunario


La soprano María Alejandres está comenzando una brillante carrera en el mundo de la ópera. A sus 24 años de edad, pocos artistas en México tienen tanto futuro como ella.

Recién triunfó en el Teatro de la Ciudad, interpretando a Gilda, en el Rigoletto de Giuseppe Verdi. Ese mismo papel ahora lo está alternando en una gira del Teatro Regio de Parma por China. Y para el año entrante tiene contratos en Italia, Inglaterra y muchos otros sitios.

Pero la buena noticia es que María estará nuevamente en México en un par de veladas con arias de ópera, zarzuela  y canciones. Me llegó la invitación. Será el 8 y 9 de julio, a las 21, en el Lunario. Alejandres estará acompañada por un pequeño ensamble y por José Ángel Rodríguez al piano.

Habrá que ir.

domingo, mayo 31, 2009

-Povero- Rigoletto en el Iris


Hay por ahí quienes últimamente se empeñan en negar la existencia de la crítica. Sus razones tendrán. Aunque no es nada nuevo eso de negar la crítica. O sea, siempre ha sido una forma de legitimar lo criticado. De abogar por lo oficial. Lo establecido.

Ya Zoilo y Aristarco en la antigua Grecia eran negados. Además, criticar a la crítica es abrazar una teoría que se muerde la cola. Si se critica a la crítica, entonces la crítica existe.

Va mi crítica al Rigoletto presentado por la Compañía Nacional de Ópera en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris. Aquí la dejo con mi reputación para que la hagan pedazos.

UPDTED: esta crítica ya se publicó también en Mundo Clásico, en España. Se puede ver en línea armada con distintas fotos dando klik aquí.

-Povero- Rigoletto en el Teatro de la Ciudad
x José Noé Mercado


Piangi, fanciulla, piangi
Si a veces hasta da corte, como dicen los chilenos. Da un poco de pena, como expresan en Colombia. Pero sí, lo afirmó Manuel Buendía: el periodismo tiene cierta vocación escatológica.

Y la crítica, ya sea de la academia o periodística, de ella también se moja. Puesto que una de sus funciones es poner en perspectiva lo que puede, y quizás urja, mejorar. Modificarse. Lo que no se hizo bien. Lo que no aportó. Lo que nació mal. El gato por liebre y lo que no pasó corriente, lo inadecuadamente enchufado.

En México, debido a la reciente y poco afortunada labor de la Compañía Nacional de Ópera para cumplir su labor de “máxima exponente del género del país”, como asegura Conaculta, parecería que la crítica tiene sólo esa función y no otras más presumibles o que, de menos, no den tanta corte.

Casi siempre, cuando hay una verdadera motivación por el arte del que habla, la crítica igual quiere aplaudir. Demostrar lo fan. Pero cuando faltan razones y no se puede, esa labor queda para los voceros oficiales u oficiosos y la crítica debe cumplir su misión. Incluso a riesgo de que algún directivo escrupuloso diga que al hacerlo “chilla porque nada le parece”. Quizás porque ese funcionario desconoce lo que no conviene: la escatología dice casi nada del que estudia la obra y sí todo de quien la produce. La crítica no chilla. Es espejo y, si argumenta, da reflejo.

Así pues, luego de casi cinco meses de haber llegado, la nueva administración de la CNO por fin produjo algo propio: Rigoletto de Giuseppe Verdi, presentada en cuatro funciones: 24, 26, 28 y 31 de mayo, Teatro de la Ciudad Esperanza Iris.

Y no libre de la filosofía tan mexicana del “yo no fui”. Consistente, por cierto, en no asumir del todo las responsabilidades y sus consecuencias. Echándolas a otros, en este caso a la administración pasada, respecto a planes, presupuestos y algo de la selección de elenco y creativos. No se puede seguir así, por bien de la ópera. Y no por ser cierto o no, sino porque lo esencial es que quien ahora está al frente tome el timón y acabe la inercia malhadada. Si es que puede. Y se asuma en su puesto para navegar con nuevo rumbo, más propicio. Ése es el reto de Alonso Escalante: ¿marinero o capitán? ¿U hombre al agua?

Lará, lará, lará
El barítono Genaro Sulvarán encabezó el elenco de este Rigoletto, no sin problemas para dar vida al jorobado bufón, un rol que resultó demasiado dramático para las condiciones vocales que el veracruzano presentó el día del estreno. Un papel que ya ha abordado anteriormente, pero al que esta vez su voz no hizo justicia. Quedó corta en los agudos, sin colocación firme en esa zona alta, opaca y carente de legato amplio. Si bien nunca ha sido un actor consagrado, ahora sus posibilidades de lucir en lo histriónico quedaron disminuidas al apreciarse más preocupado por hacer que la voz respondiera a las exigencias de su complejo personaje y la emisión no pareciera irse para atrás, fuera de foco.

María Alejandres, en cambio, triunfó de nuevo. Tanto o más como antes triunfó María Katzarava. Ahora como Gilda, la cantante desbordó encanto y decisión escénica, pero lo más importante: dejando claro que es, acaso, la soprano más dotada que haya nacido en México en varias décadas, dicho no en demérito de talentos nacionales en esta cuerda, sino porque María está ya conquistando los escenarios líricos más prestigiados del orbe. No sólo por su delicioso y cálido timbre y por su técnica sólida con la que dispone todo su registro, sino igual por la inteligencia para bordar los detalles y convertir una interpretación destacada en una memorable. María Alejandres es de esas artistas que hacen que una función valga la pena. Y va en ascenso.

El Duque de Mantua fue abordado por el tenor Arturo Chacón Cruz, quien tiene un timbre muy bello, aunque en el registro medio su instrumento a veces se opaca y no corre del todo por el teatro. Ahí podría disponer más brillo que, a diferencia, sí despliega con capacidad indiscutible en la zona alta. En ella se mueve con plenitud y soltura. Es un cantante inteligente al frasear y muy seguro. Su actuación no fue mala pero sí débil, quizás tímida. Le faltó soltura y cinismo. Ser más cabrón, de acuerdo al personaje que interpretó. Por ejemplo, cuando está con Maddalena (Encarnación Vázquez en un rol demasiado grave para sus características más ligeras), lejos de ser licencioso y dejarse llevar por lo venéreo optó casi siempre por meter sus manos en los bolsillos de su pantalón o por olisquear sin convencimiento bajo las faldas de ella.

El bajo Rosendo Flores como Sparafucile cumplió con creces, mientras que el bajo-barítono Guillermo Ruiz, Monterone, mostró un instrumento algo maltratado, sin el brillo y poder que le conocíamos. Esta ocasión, fue más el esfuerzo que la voz. Mejor impresión dejaron algunos partiquinos como Roberto Aznar (Marullo), Helena Pata (Giovanna) y sobre todo Luis Alberto Sánchez el Trosky (Borsa).


Ah, la maledizione!
La Orquesta del Teatro de Bellas Artes bajo la batuta del brasileño Luiz Fernando Malheiro sonó descuadrada en diversos pasajes, con cuerdas plurales que casi decían lo que querían, no lo que debían. El sonido producido careció de fuerza dramática o de sutilezas particulares. O sea, un trabajo gris, con el agregado de que Malheiro no es un acompañante de voces consumado, a juzgar por cómo los cantantes a veces se iban ahogando o se contenían, buscando cuadrar sus voces con la música y los tiempos.

Es obvio que la inactividad es resentida por el Coro del Teatro de Bellas Artes, para ésta como otras veces, bajo la dirección huésped de Jorge Alejandro Suárez. Vocalmente el esfuerzo individual es de aplaudir, pero el resultado ofrecido como conjunto no terminó de cuajar por un natural desencanche, a lo que se sumó un trazo escénico abigarrado y sin maña. Inhábil.

La puesta en escena correspondió al alemán Bruno Berger-Gorski e intentó adoptar ese tono agresivo, violento física y sexualmente, que ya han explorado otros montajes de Rigoletto. Pero se quedó en eso: en un intento. Nunca se llegó a las últimas consecuencias de esa mirada. Con dos tipas con los pechos al aire, el Duque subiéndose la bragueta (salido de una habitación donde precozmente no duró ni un minuto) o con cortesanos pegándole teatralmente a Monterone, pero no más.

El detalle más curioso de la puesta de Berger-Gorski no radica en trasladar la trama a los 50, a una ciudad moderna. Viene en la última escena. Cuando el Duque sale furtivamente a ver qué pasa fuera de la casa de Sparafucile, Rigoletto ya ha descubierto que Gilda es la que agoniza, y luego entra de nuevo y se sienta en las escaleras a padecer. ¿Pero y esto qué aporta a la comprensión del argumento o al sentido dramático de la obra? Humaniza al Duque, desde luego. Le crea conciencia. Pero lo atelenovela. Porque esa actitud desde luego estaría disociada de alguien que tiene como himno “La donna è mobile” o que manda a Monterone al cadalso o que miente y toma por la fuerza a Gilda. Es decir, la propuesta es interesante. Pero termina por crear un perfil incongruente, porque lo hace rudo y cursi a una vez.

El vestuario gangsteril, diseñado por Adela Cortázar, pareció inspirado en una cinta de Martin Scorsese o Emilio Tuero, pero mezclado con algunos modelos renacentistas, de arlequín y Juan Luis Guerra. ¿Con qué finalidad este remix? Con el de subrayar la idea del director escénico de que el trasfondo de esta ópera no se circunscribe a una sola época, quizás. Muy bien. ¿Pero y entonces por qué los años 50 y no los 90 o el siglo 21? ¿Cuál sería, por ejemplo, la justificación de que Rigoletto bufón haya más bien parecido un motociclista chopper?

La escenografía del checo Daniel Dvořák, más que minimalista pobreymalista, incluyó una entrada tipo elevador a la izquierda y una barda al fondo con un par de entradas o salidas que sirven de acuerdo a la escena. O sea, esa base estuvo presente todo el tiempo. Casi. Monótona, como la iluminación (sin crear dimensiones, sin volumen, básica) de Víctor Zapatero. Y la ambientación vino de colocar una mesa, una cama o una jaula donde se supone que Rigoletto encierra a Gilda. Pero una jaula que no tiene techo, a la que siempre le echan llave, curiosamente menos cuando es de noche y a los cortesanos se les ocurrirá llegar para raptarla. Eso es mala suerte, ¿no?

Como mala suerte han tenido los legítimos operófagos de México en tiempos cercanos. Con autoridades líricas indolentes, con pocas, malas y costosas funciones. Con elencos más irregulares del promedio en otros teatros operísticos. Salvo excepciones, verdad. Tal vez por eso el público no llenó el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris y eso que se trató de un título de lo más taquillero. Veamos quién va al siguiente episodio de la temporada: Muerte en Venecia de Benjamin Britten. Por eso, por las circunstancias que padecemos, al cerrar el telón no faltó quien se lamentó como Rigoletto, con las palabras que cierran la ópera: Ah, la maledizione! Pero quién nos la echó.

miércoles, mayo 06, 2009

En la calle


En la edición Pro Ópera que circula actualmente se publica una crítica sobre el concierto operístico que significó el primer evento artístico de la nueva administración de la Compañía Nacional de Ópera encabezada por Alonso Escalante.

Me parece que, por alguna razón no particular, no la había colocado en el blog. La posteo ahora. El concierto fue hace un tiempo, pero igual es vigente el texto por las condiciones líricas que padecemos. Eso.



En la calle: concierto operístico
x José Noé Mercado


Ya no es una metáfora. Es una realidad. La Compañía Nacional de Ópera, o lo que queda de ella, está en la calle. Al menos para ésta y otras ocasiones.

La CNO estrena nuevo director. Luego de la salida de José Areán, al finalizar 2008, Alonso Escalante ha tomado las riendas y el pasado domingo 1 de febrero se ofreció el primer evento musical de su administración.

Se trató de un concierto operístico en la calle, fuera del Palacio de Bellas Artes, cuyo Teatro, sede de la Compañía, como se sabe, está cerrado por remodelación. Vaya forma de debutar, tan sintomática de cómo están las cosas en materia lírica nacional.

La explanada de Bellas Artes fue un bello pero inadecuado marco para este concierto. A las cuatro de la tarde, justo cuando el nuevo edificio de la Secretaría de Relaciones Exteriores dio sombra al escenario, arrancó la parte musical. No antes, ni en otro sitio, pese a que las nuevas autoridades trataron de que fuera en el vestíbulo de Palacio y más temprano (para evitar una posible lluvia, el frío o, quizás, competir con el Super Bowl XLIII). Pero no hubo autoridad que convenciera u obligara a los cuerpos artísticos a cambiar sus planes.

Los protagonistas justamente fueron la Orquesta y el Coro (preparado por Jorge Alejandro Suárez) del Teatro de Bellas Artes, en esta ocasión bajo la batuta (debutante con la CNO) de Rodrigo Macías. Para ellos se instaló un templete y frente a él se habilitaron 500 sillas, insuficientes para el público que se dio cita o iba pasando por el lugar.

El primer problema fue de isóptica, pues entre las jardineras y una serie de esculturas, unas fijas, otras en exposición temporal, que hay en la explanada, el contacto visual con el escenario fue complicado o imposible. No es un buen lugar para conciertos al aire libre, si uno piensa en la parte artística, musical. Es un sitio cercano a lo perfecto, quizá, si uno piensa en el circo que ello implica.


El programa interpretado incluyó las oberturas de La urraca ladrona de Gioachino Rossini, Las alegres comadres de Windsor de Otto Nicolai y El murciélago de Johann Strauss, además de pasajes corales de El trovador y Aïda de Giuseppe Verdi, Carmen de Georges Bizet, Cavalleria rusticana de Pietro Mascagni, y El príncipe Igor de Alexander Borodin. En las propinas se ofreció el “Va pensiero” del Nabucco verdiano y repitieron “Les voici, le quadrille!” de la Carmencita.

El resultado, comprensiblemente, fue deplorable. No podía ser de otra manera, si los atrilistas estaban más preocupados por detener sus partituras, que se las llevaba el fuerte viento que igualmente se colaba por los micrófonos y se confundía entre el canto sonorizado de la masa coral.

En cuanto a sonido, se hizo lo que se pudo. Un trabajo que por más eficiente que haya sido, sin embargo, fue insuficiente. Las torres de altavoces se escuchaban bien donde estaban ubicadas, pero mal a lo lejos, mezclando el lírico sonido con los claxonazos, los motores y las frenadas chirriantes de los coches que circulaban por Juárez o Eje Central Lázaro Cárdenas. Las sirenas de patrullas y ambulancias ulularon en la lejanía.

Es verdad que hubo unas 1500 personas en el evento. Quizá dos mil. No menos, pero no más. Curiosamente, hubo pocos habituales a la ópera. La mayoría era gente que por primera vez escuchaba una sinfónica o un trozo operístico, porque esto tampoco fue escuchar ópera y, hay que decirlo, tampoco fue lo que se dice escuchar a una sinfónica o a un coro. El pez no estuvo en el agua. Quizás los operistas de siempre lo sabían y por eso, conocedores, no acudieron a la cita.

El éxito o la bondad mayor o menor de un concierto como éste no debería juzgarse por el número de asistentes. Público siempre habrá para estos shows. Días después, por ejemplo, el 14 de febrero, Vicente Fernández, el ídolo de Huentitán, logró reunir 219 mil personas en el Zócalo capitalino y batió así el récord de Shakira que era de 210 mil.

La verdadera relevancia o no de este tipo de conciertos que, al parecer serán bimestrales en la gestión de Escalante, deberá desprenderse de analizar para qué sirve la Compañía Nacional de Ópera. Cuáles son sus objetivos, su razón de ser. Para tocar en un quiosco hay bandas que lo hacen mil veces mejor y atraen más público. Y a todos nos saldría más barato que mantener todo un aparato burocrático musical.

martes, mayo 05, 2009

Pro Ópera mayo-junio 2009


Salió Pro Ópera en su edición mayo-junio-2mil9.

Vienen muchos artículos, críticas y entrevistas de interés, tanto en su versión impresa, como en la cibernética, que prácticamente logran una cobertura mundial del espectáculo sin límites. La portada, como se ve, corresponde a la soprano italiana Barbara Frittoli, en una entrevista que le realizó Massimo Viazzo.

Mío se encontrará Ópera en México y México en el mundo, crítica del Don Giovanni en el Teatro de la Ciudad, una entrevista con la soprano británica Jane Eaglen (incluida la crítica de su Gala Wagner en Guadalajara), y una entrevista con el tenor peruano Juan Diego Flórez.

Lo mío es parte. Como digo, hay mucho que leer, comentar y discutir.

lunes, mayo 04, 2009

Abismo

Fuente:PULO


Abismo


A Paulina Arancibia,
con el cinturón
de vaquero mexicano en alto,
por confirmar que la amistad
nunca es virtual sino cósmica



"Te regalaré un abismo, dijo ella,
pero de tan sutil manera que sólo lo percibirás
cuando hayan pasado muchos años
y estés lejos de México y de mí".

La Universidad Desconocida
Roberto Bolaño




uNO
El cielo está nublado, lloverá en breve, la gente cruza la explanada para cumplir sus destinos, en una jardinera, entre los arbustos, merodean las ratas y fuera del Palacio de Bellas Artes hay un afiche de la ópera Insomnio posmoderno. Malaquías lo observa todo, o casi, en espera de que llegue Katyana.

La hora acordada con Katyana se cumplió quince minutos antes. O eso cree Malaquías, aunque de pronto duda el horario de la cita. En realidad no le importa demasiado. Igual aguardará ahí sentado, a la orilla de una de esas jardineras llenas de roedores, a que Katyana aparezca.

Experimenta las ganas de fumar. Cerca de él, un grupo de estudiantes con suéter de secundaria enciende un cigarrillo tras otro y una pareja de jóvenes lesbianas de cuerpo anoréxico, una sentada de frente, encajándose, sobre la otra, se besa de lengua y se acaricia la espalda baja, en cámara lenta. Pero Malaquias ya no fuma, así que aguanta las ganas, echándose a la boca un caramelo de frambuesa.


dOS
Parece increíble, irreal, o al menos muy brumoso, a juicio de Malaquías, que en el sitio justo donde ahora se agasajan las lesbianas, hace cinco años, su madre sufriera un ataque cardiaco que le llevó a la muerte ante su desesperación y pánico e impotencia.

Fueron momentos angustiosos, irrespirables, los transcurridos aquella tarde platinada entre los primeros indicios del dolor en el pecho de su madre y el arribo de la ambulancia que nada pudo hacer.

Malaquías quedó solo, sin ningún familiar en el mundo.


tRES
Una señora, sucia y con un reboso que envuelve a un niño dormido al que le escurren mocos transparentes por la boca, se acerca a Malaquías y con voz tímida le pide una moneda. La mano extendida muestra grietas de mugre y tierra bajo las uñas crecidas. En las líneas de la palma. Entre los dedos. Él encuentra en el rostro, en la mirada, en la curvatura del semblante de aquella mujer, la miseria de todo un pueblo.

Malaquías niega con la cabeza, sin convicción. Hay veces, como ésta, en que desearía cerrar los ojos y no ver. Es deefeño de origen. Nunca lo ha negado. Pero ya tampoco siente que tenga un país suyo.


cUATRO
Malaquías se ha vuelto un ser callado, taciturno, lo-boes-te-pa-rio. Ahora, más bien, observa. Intuye. Experimenta a su modo. Y ello es un enigma, un atractivo para ciertas personas que lo observan a él. En su análisis, ése fue el factor de que entablara relaciones con Katyana. En rigor, de que ella las entablara con él.


cINCO
Se conocieron en una peluquería-salón de belleza.

Malaquías acudió a que le cortaran el cabello casi a rape. Ahí estaba Katyana, ojeando un ejemplar de Pro Ópera, revista que, como su nombre lo sugiere, aborda temas operísticos. Ella resultó ser hermana de la estilista —Ivonne, para más detalle— y socia del negocio.

Katyana interrumpió de pronto su hojeada a la publicación, justo cuando Ivonne colocó a Malaquías, sentado en el sillón de fígaro, una suerte de capa-babero. Se levantó y le preguntó a su hermana a quién le recordaba Malaquías.

Ivonne, iluminado el rostro y acaso captada en un guiño o una idea que tenía rato de rondarle la cabeza, le respondió con otra pregunta: ¿Verdad que se parece a Manelick?

¿A Manelick? No, no, más bien se me figura a Goyeneche. ¿Te acuerdas de él?

¿De Goyeneche?

Sí, de Goyeneche.

Mmm, supongo que no. Pero a mí me recuerda más a Manelick.

Malaquías escuchaba a las hermanas en sus pesquisas sin atreverse a intervenir, extrañado e incrédulo, en realidad, de que de pronto él se hubiese convertido en el tema de conversación de dos desconocidas. O casi, pues a Ivonne, que ahora conducía la maquinilla rasuradora por su nuca, la conocía de dos o tres ocasiones anteriores en que había acudido para solicitar sus servicios. Pero ese trato había sido estrictamente profesional y el diálogo sostenido no pasó de los saludos y agradecimientos de rigor y de indicar qué tipo de corte habría de efectuarse.

Malaquías, por tanto, consideró tan desconocida a Katyana como a Ivonne y, en sí, a la congregación de clientes en el negocio, que estaban igual de intrigados por saber quiénes eran el Manelick y el Goyeneche al que tanto recordaba.

El local era modesto, sólo despachaba Ivonne y una ayudante que en ese momento aplicaba el líquido de la permanente a una señora de mediana edad, y sus dimensiones reducidas aseguraron que todos los presentes escucharan con nitidez la pregunta con la que Katyana tomó por sorpresa a Malaquías:

¿Cómo te apellidas?

Malaquías oyó el cuestionamiento y supo que estaba dirigido a él. Prefirió, sin embargo, desentenderse con la mirada clavada en la punta de sus zapatos deportivos Nike, como si en realidad la pregunta hubiese sido formulada a otra persona. A cualquiera, menos a él. Fue algo de pena. E inseguridad, además, porque en el fondo, ¿le preguntaban a él? No quería hacer el ridículo, su personalidad introvertida no lo asimilaba bien.

Óyeme, te hablo: ¿cómo te apellidas?

En el sitio se mantuvo un silencio expectante, sólo quebrado por el sonido eléctrico de la maquinilla rasuradora, en espera de la respuesta de Malaquías.

Ya no había lugar a equivocaciones: de pronto fue aludido en la plática por dos extrañas, y ahora era requerido para participar en ella.

Tenía que responder de inmediato y lo hubiese hecho desde el primer momento, para evitar el ridículo u oso: como suele llamarse a una situación que apena, ridiculiza o avergüenza ante los demás, pero sobre todo ante sí mismo, sólo que había un ingrediente extra que estimulaba su inhibición: Katyana le resultó una mujer muy atractiva.

Un raro atractivo y frondoso, calificó Malaquías desde que llegó a la estética y la vio con la revista Pro Ópera sobre las piernas. No es que le pareciera precisamente bella ni hermosa, sino de una sensualidad cotidiana. Sin pose e imperfecta. Lo que en definitiva llamó su atención viril y sorprendió, pues hacía meses que la libido había permanecido adormecida en Malaquías. Con toda seguridad, como consecuencia de su reciente fracaso matrimonial con Javiera.


sEIS
Arevena Izazola.

Cómo, qué.

Malaquías Arevena Izazola. Así me llamo.

La voz de Malaquías salió bajita, casi inaudible, aunque en esos momentos fue el centro total de atención. Pero no lo fue mucho, no más de cinco segundos, en los que Katyana pareció reflexionar para luego decirle a Ivonne, y así retornar su diálogo particular con ella, ignorando por completo a Malaquías:

Pues entonces no es nada de Manelick.

Ni de Goyeneche. Y, sin embargo, se parece.

¿A Goyeneche?

A Manelick.

Stop con Manelick, terca. Ya, equis. Da igual: no es familia de ninguno de los dos.

Malaquías regresó a su anonimia, Katyana continuó su lectura de Pro Ópera y, al poco rato, Ivonne terminó el corte de cabello. Malaquías preguntó cuánto debía por el servicio. Ivonne dijo una cifra, en pesos, que Malaquías liquidó agregando diez por ciento de propina.


sIETE
Aquel corte de pelo no habría pasado de una anécdota más bien olvidable, de no ser porque al marcharse Malaquías fue interceptado por Katyana. Ambos salieron de la estética y ella comenzó a preguntarle más datos de su vida.

Malaquías respondió, intimidado, y al cabo convinieron en ir a tomar café, en una plaza comercial cercana, para platicar con mayor comodidad. Fueron a un Starbucks y ahí Katyana dijo que era cantante de ópera, o estaba en vías de serlo, que tenía tres años de casada y que continuaba genuinamente intrigada por el parecido físico de Malaquías con Goyeneche.

Y quién es Goyeneche, preguntó él. Eso no importa, respondió ella, lo importante es que me lo recuerdas. Malaquías se quedó entonces con la duda y al terminarse los frapuccinos de té de frambuesa que pidieron, intercambiaron teléfonos celulares y acordaron volverse a ver.


oCHO
Yo, a quien amo, dijo Katyana, es a mi marido, pero amar a alguien no lo es todo, no te llena toda la vida.

Creo que eso depende de cada persona, expresó Malaquías, de lo contrario cómo puede explicarse que cuando alguien tiene una pena amorosa puede sentir que su vida, toda, se viene abajo.

No lo sé, dijo ella. En cualquier caso, amo a mi marido pero eso no me impide disfrutar de otras cosas, de necesitarlas. Por ejemplo, de ti.

En ese punto, Katyana apoyó los codos sobre la mesa ante la que estaban sentados, era un Starbukcs de nuevo: pero ésta vez el de Avenida Juárez, frente a la Alameda, y acercó sus labios a los de Malaquías.

Fue un beso largo, lubricado, rico para ambos, aunque en él Katyana creyó identificar cierta nostalgia de Malaquías. Separaron sus bocas, pero ella quiso comprobar si aquella nostalgia era real o sólo producto de su imaginación o si los movimientos bucales de Malaquías al besarla producían de manera natural esa sensación de languidez que pedía o exigía ser besada hasta el fin, un posible fin, o, mejor aún, infinitamente.

Katyana volvió a besarlo, encontró nuevamente una sensación de suavidad extrema que hacía irresistible no permanecer en ella, lamiéndola, chupándola, comiéndola y, de inmediato, como es lógico, dicha sensación se somatizó en sus partes íntimas, humedeciéndoselas tanto que fue inevitable sentir cómo se iban mojando sus calzones.

Malaquías se apartó mansamente, suspiró y dijo que él tampoco creía amarla, que eso no era posible porque aún pensaba, de vez en cuando, en otra mujer.

Lo que no significaba que no deseara estar con Katyana.

Me gusta esa ansiedad de tu boca, besas muy rico, apuntó él.

Bueno, pero y en quién sueles pensar entonces, preguntó ella.



nUEVE
Hasta hace seis meses estuve legalmente casado.

Disolver lo legal no terminó por diluir los sentimientos. Firmé el divorcio queriéndola todavía. Ella se llamaba, o se llama, Javiera.

Javiera Roqueñí.

Nos hicimos amigos en el segundo o tercer semestre de la preparatoria, ya no recuerdo bien. Me gustaba y así se lo dije varias veces, pero ella prefería no rebasar la línea de la amistad. Por aquella época tenía novio y no me extrañaría que se hubieran querido mil.

Una vez, sin embargo, fuimos a una excursión de fin de semana. La organizó la escuela. A un pueblo, Real del Monte, en el estado de Hidalgo. Cerca de ahí alquilamos unas cabañas donde la primera noche, al oscurecer, nos dimos a la bebida con los compañeros. Javiera y yo, que en realidad habíamos permanecido algo separados del grupo, nos pusimos una tremenda borrachera. Y nos besamos. Salimos discretamente, al menos lo intentamos, a la intemperie. O sea, a una especie de bosque que rodeaba el campamento. Caminamos en zigzag, víctimas del alcohol, hasta una arboleda de abedules. Nos acurrucamos junto a un árbol que en esas condiciones nos pareció inmenso. De unos cuarenta o cincuenta metros, calculamos. Y ahí, sobre unas hojas amarillentas que crujían con nuestros vaivenes, hicimos el amor, como quien dice a la luz de las estrellas. Al otro día repetimos, sólo que antes de acostarnos ella me contó que había terminado con su novio. Que la había engañado, o algo así, y que consideraba momento oportuno para iniciar una relación conmigo. Duramos un año de novios. Hasta que yo tuve que abandonar la preparatoria por motivos económicos, más que nada, pues vivía con mi madre, quien acababa de fallecer. Sobre este tema no quisiera hablar más porque me duele, pero el caso es que tuve que ponerme a trabajar y dejar por el momento los estudios y la idea de convertirme en escritor, que ya tenía claramente enfocada, pese a que Javiera opinaba que esta aspiración me revestía de un aire iluso de estupidez. De hecho, esa falta de apoyo o mínimo de comprensión a lo que yo quería hacer: escribir, fue el motivo de ruptura. Como era de esperarse, nos distanciamos por completo, pues ella siguió con las rutinas de la escuela y a mí me quedaba poco tiempo para verla. Incluso, para llamarle. Luego entró en la universidad y, dentro de lo que cabe, yo salí adelante. Conseguí una plaza como corrector de estilo en una modesta revista de bienes raíces entre particulares, negocios a nivel changarros y otros tópicos por el estilo. Aunque la publicación era de poco prestigio, no pagaba mal a sus colaboradores, o a mí no se me hacía mal, y me fue relativamente sencillo conseguir el puesto, gracias a mi buena redacción y ortografía adquirida a través de la literatura que leía desde niño. Javiera, de una familia acomodada para el promedio del país, poco se preocupaba por el esfuerzo de conseguir dinero y, quizás en su ociosidad, me buscó y reanudamos nuestro noviazgo, en una etapa supuestamente más madura. Fue así como decidimos casarnos después de algunos meses, tiempo en que nos dedicaríamos a convencer a sus papás, que desde luego me miraban menos y no consentían que su hija, una Roqueñí, se emparentara con un tipo, sin futuro a su juicio, como yo. Esa oposición terminaría por ser definitiva para luego divorciarnos, pero yo en ese momento estaba muy enamorado. Pro-fun-da-men-tee-na-mo-ra-do. Y me creí capaz de sortear esos obstáculos que oponían sus familiares. El hermano también me miraba mal y una vez me mandó pegar con sus amigos. Pero un buen día decidí ahorrar un poco de dinero y preparé una estrategia para que Javiera por fin se animara a dejar la casa de sus padres, se casara conmigo, y nos fuéramos a vivir a un departamento de alquiler acorde a mi presupuesto. Un sábado temprano, casi de madrugada, a bordo de su automóvil, yo nunca he tenido, fuimos a Tequisquiapan, Querétaro, con el pretexto de que allá una amiga iba a ofrecer una misa y luego un desayuno por el bautizo de su hija. En Tequisquiapan, a eso de las 6:30 de la mañana, llegamos a un punto determinado donde nos esperaba ya una camioneta Ford-Lobo en la que transbordamos para que supuestamente nos acarreara a la pequeña comunidad donde se celebraría el bautizo. El chofer puso en el estéreo Quiero que me quieras con Gael García Bernal. Los colores del amanecer eran espectaculares. La Ford-Lobo nos internó por un camino de tierra y después de media hora llegamos a una llanura donde unos indígenas terminaban de inflar un globo aerostático, al que finalmente nos subimos luego de firmar algunas cláusulas de responsabilidad y de las correspondientes indicaciones para cuando despegáramos. Todo lo había preparado yo. Y me sentí contento de que saliera bien. Javiera estaba tan emocionada que era incapaz de decir algo y su pasmo fue total cuando desde el aire miró cómo los indígenas que habían preparado el globo extendieron una manta que decía Gaviera cazate conmigo, pliz. Ella volteó a verme, anonadada. Yo reía, desde luego, pues cuando dicté por teléfono el texto que habría de llevar la manta no imaginé que el Javiera se convertiría en Gaviera, el cásate en cazate, y el please se transformaría en pliz, pero sostenía en la mano una cajita negra y abierta que le mostraba una sortija de compromiso de dos piedras: diamante y rubí al estilo renacentista, que simbolizaba la fuerza, la pasión y el amor. Le entregué el anillo, la cajita y la garantía de autenticidad, y ella como toda respuesta me estampó un beso en la mejilla. Fue algo raro, pues acto seguido intentamos hacer el amor en la canastilla del globo, pero estábamos demasiado eufóricos para concentrarnos, por lo que abortamos el intento de penetración, le saqué la punta de verga que alcancé a meterle y nos subimos la ropa interior y los pantalones. Nos casamos, pues, la familia de Javiera se opuso, pero luego de cierto tiempo al menos toleraron el hecho y parecieron aceptarme en la familia. Así viví con Javiera, por el rumbo de Satélite, cerca de un año, en el que ella siguió estudiando la licenciatura en relaciones internacionales, de la que se graduó con mención honorífica, mientras yo seguía como corrector de estilo en la revista de bienes raíces y micro-negocios, además de haber comenzado a publicar algunos cuentos en una tríada de revistas para caballeros, una de las cuales pertenecía a una editorial que se ofreció para publicar mi primer libro: una novela corta formada por doce cuentos independientes pero intercomunicados, a cambio de una pequeña suma, en rigor irrisoria de no ser porque eso, según yo, me convertía oficialmente en escritor, y 100 ejemplares del libro como pago de derechos. Esos meses podría definirlos como un estadio muy cercano a la felicidad. Pero ya se sabe que la felicidad, a veces, no es algo inmanente y suele terminarse pronto. Javiera comenzó a ausentarse cada vez más de nuestra casa por motivos laborales y eso creó un desequilibrio entre los dos. Los gastos hicieron que mi pago por la corrección de estilo en la revista, lo de los cuentos y el libro fueron ingresos que ayudaron pero no bastaron, fueran insuficientes para hacer frente a la vida de pareja, considerando, por lo demás, el estilo dispendioso al que Javiera siempre estuvo acostumbrada y no estuvo dispuesta a renunciar por nuestro matrimonio. Comenzaron los reproches a mí y a mi modo de vida que desde luego, ella, según dijo, no iba a tolerar, y menos con las intromisiones constantes de su mamá, que se empeñaba en compararme desfavorablemente con una sarta de adinerados pretendientes, no sé si reales o supuestos, que aspiraron, o aspiran todavía, a tener algo con Javiera. La revista cayó en posición de quiebra, cambió de dueños y éstos, que contaban con su propio equipo de trabajo, me liquidaron de inmediato. No pasó mucho tiempo para que la misma Javiera me echara en cara lo diferente que habría sido su vida si se hubiese casado mejor con alguno de esos pretendientes y no conmigo, que no era ya capaz ni de llevarla al cine o a cenar por falta de dinero. A Javiera, como parte de las relaciones públicas de su trabajo según decía, le dio por asistir a reuniones, alquilándose como hostess, demostradora, o modelo, y, además de que se vestía como piruja, como una golfa que verá a sus clientes, llegaba tardísimo a la casa o hubo veces en que incluso no llegó hasta el día siguiente. En ese periodo nacieron mis sospechas de que Javiera salía con alguien más, pero guardé silencio, en espera de que todo se solucionara en cuanto yo consiguiera un nuevo empleo y así pudiera pedirle que dejara de alquilarse. Pero no había plazas disponibles en lo que yo buscaba, y tuve que aceptar el trabajo de encargado del departamento de niños en unos almacenes de ropa de saldos, y la paga era sólo mejor que nada. En todo caso, una noche de quincena intenté reconquistar el interés de Javiera y decidí gastarme todo mi pago, de ser necesario, llevándola a escuchar mariachis a Garibaldi. Sólo que Javiera no volvió esa noche ni ninguna otra. Muy pronto me enteré, por los periódicos deportivos y de espectáculos, por los portales de Internet, que a ella se le relacionaba íntimamente con Fulgencio, el Chencho, Fitipaldi, el célebre futbolista brasileño avecindado en México, centro delantero de los Lagartos Salvajes e imagen de cuanta marca está de moda en televisión. Javiera apareció, días después, al lado de Chencho Fitipaldi en un comercial de paletas de hielo y en otro de papas fritas. Esto último fue devastador para mí. Pensé en denunciarla por abandono de hogar y adulterio, pero ¿habría logrado algo? De hecho, ella misma se encargó de enviarme a través de su abogado la petición de divorcio. Yo firmé todo, rápido, en un estado de irrealidad, aunque el abogado no perdió oportunidad de pasarme los mensajes intimidatorios de su clienta si me empeñaba en prolongar la separación. Sólo hasta después caí en una profunda depresión que me supo muy amarga. No topé con el fracaso matrimonial nada más, sino también con la humillación. Con la traición de Javiera, que era captada por las cámaras de programas del corazón asoleándose con Chencho Fitipaldi en las playas de Cancún y Puerto Escondido, o por las de los tabloides deportivos en antros de Los Cabos o Acapulco, mega pedísima, igual que su nuevo wey.

dIEZ
Hazme el amor.

La primera vez, Katyana se lo pidió con voz melosa, esparciendo su aliento en el rostro de Malaquías. Lo había escuchado con atención, quizá sin comprenderlo, pero dejando que su historia la calentara más. Él nunca dijo nada para excitarla, pero eso poco importó porque ella había elaborado su fantasía con él y ya la tenía en mente, con ansiedad de realizarla.

Quería, por ejemplo, probar esa verga que Malaquías metió apenas en Javiera, arriba de un globo aerostático, y deseaba comprobar si con ella se movería igual que con Javiera, sobre hojas crujientes en el bosque. Su humedad, simplemente, lo exigía.

Pienso en Javiera, aún. A su lado, perdí.

Ahora me tienes a mí, para ganar. Cógeme, ¿sí?


oNCE
El primer encuentro fue en Sheraton, Centro Histórico.

Ella escogió el hotel.

Malaquías pidió una habitación que Katyana pagó sospechando que él no tenía dinero suficiente, e hicieron el amor en cuatro posiciones. La última fue más placentera que las iniciales, porque para entonces ya se habían mezclado a mil sus ritmos, si bien en la primera Katyana estaba tan urgida que estalló, con placer inolvidable, desde los primeros roces.


dOCE
Se frecuentan en hoteles por toda la ciudad de México. El esposo de Katyana, viajero constante, sin saber patrocina los encuentros íntimos, mientras Malaquías procura invitar cafés, helados, cine y una que otra comida en modestos restoranes.


tRECE
No siempre desea verla y cuado quiere no siempre es posible, porque es casada.

Para él, la relación fructificó en una segunda novela corta, de temática amorosa, que en teoría encontró editor y promete una paga que ayudará a saldar algunas deudas y salir adelante, al menos de momento.

La trama narra no un amor cualquiera, sino uno especial para el autor, como suele suceder. La historia de Javiera y Malaquías, más o menos velada con nombres ficticios, sacados de la manga.

Para Katyana, que se sintió entusiasmada desde el primer momento en su papel de musa indirecta, inyectando fuerza creativa al escritor, Malaquías significa muy buen sexo, atención que el marido no siempre le presta y la oportunidad de saciar un instinto de redentora y de ser protagonista en la vida de alguien más. Pero, sobre todo, él le sigue recordando a Goyeneche.

Nada menos. Pero, irremediablemente, nada más.


cATORCE
El cielo está negro. Relampaguea. Inicia una llovizna que se intensifica de a poco. La gente apura el paso y busca refugio. Las ratas corren por las jardineras. El afiche de la ópera Insomnio posmoderno es sacudido por el viento e impide leer quién la interpretará. Hoy es una de las funciones.

La tormenta es inminente. Katyana no llega. Oscurece. Malaquías consulta su reloj y se levanta para dirigirse al pórtico del Palacio de Bellas Artes y guarecerse. Atraviesa la resbalosa explanada asegurando cada paso, para no patinar por el agua. Estallido poderoso en la bóveda celeste. De alguna manera, Malaquías imagina, sin querer a Katyana, con Javiera perdida, solo, que así se camina a un lado del abismo.

Cae.





josé noé mercado
ciudad de méxico

5de2mil9

viernes, mayo 01, 2009

Creer


A PAACM,
q, x fortuna, tb cree

"De niño creía todo lo que me decían, todo lo que leía, y cualquier idea surgida de mi desbocada imaginación. Como consecuencia, pasé un buen número de noches sin dormir, pero en compensación llené el mundo en que vivía de colores y texturas que no habría cambiado por una eternidad de noches apacibles. Incluso entonces sabía que en el mundo había personas, de hecho demasiadas, cuyo sentido de la imaginación estaba entumecido o totalmente desprovisto de interés, y que vivían en un estado mental parecido al daltonismo. Siempre he sentido lástima por ellas; ni siquiera imagino (al menos por aquel entonces) que muchas de aquellas personas sin imaginación me compadecían o me despreciaban, no sólo porque era presa de un sinfín de temores irracionales, sino también porque era profunda e incondicionalmente crédulo en casi todos los ámbitos".


Stephen King
Pesadillas y alucinaciones I
(Introducción)