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lunes, octubre 15, 2007

Blog action day: Tatuajes del solar


Ya es 15 de octubre, Día de acción del blog. Como podrá verse, me sumé a esta iniciativa interesante de que los blogs, de alguna manera, puedan cambiar el mundo, en este caso posteando simultáneamente en la blogósfera, un día, sobre un tema en específico.

En 2007, el tema es el medio ambiente. En realidad se puede abordar el punto desde cualquier perspectiva, desde luego condicionada por cada blog y su autor, con cualquier material de imagen, texto, audio, etcétera, que nos ubique algo en el aspecto medioambiental.



Yo pensé un poco qué postearía para participar. En un principio, me pareció primordial hablar sobre la asfixiante contaminación que se padece en el DeEfe, o bien sobre el tiempo perdido en el tránsito humeante, neurótico, embotellado, de esta ciudad que sigue sin contar con un sistema de transporte público que sea una opción viable para dejar el automóvil en casa, al menos de vez en cuando. Luego pensé en escribir algo sobre la aventura, muchas veces letal, que significa moverse en ese transporte público tan denigrante que tenemos que tolerar los capitalinos, o los que andan por algún motivo en la capital del país.

Al final decidí no molestarme, y molestar a los visitantes de este blog, al hablar de algo que irremediablemente me llevaría a cuestiones políticas. Decidí mejor postear un relato que escribí hace un par de años. No es justo sobre medio ambiente o ecología, pero sí tiene ciertos tintes apocalípticos, futuristas, de lo que puede ser la destrucción y lo que quedaría de nosotros cuando nos acabemos el país, proceso que quién sabe si no comenzó ya. En realidad, no sé si el relato va justamente de eso, pero puede ser que sí. No soy de los escritores que hablan con exactitud de lo que escriben porque no me gusta agotar yo mismo eso que escribí. Creo que acepto y busco interpretaciones que se dan en el proceso de lectura. Pero bueno, ése es otro tema.

Aquí dejo el relato, mi contribución al Blog action day 2007, que se titula Tatuajes del solar.



Tatuajes del solar

A Carla G.C., intención
absoluta de la belleza


Nos encontramos ahí. Fotocinesis de futurizar nuestro pasado y tránsito reiterativo por los vericuetos del futuro, eso precisamente como alternativa, imposibilidad más bien, para resistir la opacidad que verbenea en el entorno de la época y que fustiga el tiempo único que poseemos, que nos hace y permite ser, que ingurgita lo que vive, que azota pues el presente: —Yo seré él, yo seré ella, tú serás el narrador, no en primera como nosotros, uno alterno, así, en un pacto narrativo, no determinemos de qué tipo, historicista ése no, desgarremos el suelo propio, sí, el cielo, el espacio entero entonces, claro, las medulas del solar que nos cobija, que nos tatuó, el que habitamos, terreno y linaje, y volvámoslo a unir si fuera posible, o necesario.

No recuerdas de dónde vienes, pero inventarás y tal vez te acerques a la realidad como fue. Partí, la mistificación inició entonces. Seis salieron a peregrinar antes que yo. Eso evocarás justo cuando te vea de nuevo por primera vez, ella lo ve, erguido en lo alto y mirando la bóveda celeste, con desconsuelo orgulloso que llegará hasta ti como el hedor que tu tierra emane opima, de ruina no turística, y me deslumbren las líneas de polvo amarillo, líneas del sol, dios al que alimentaste, refractadas por el cristal grueso, bello, imponente, pero de transparencia inaudita, del que estará construida esa última pirámide en que te encuentras.

Tú, mujer única en la urbe desolada, contemplas el plumaje hipnótico, ésa, onda multicolor que se enraíza en tu frente oscura, de azúcar quemada, parece abrazarme en un sueño de noble ascendencia y suspiro, del penacho que tú, solitario hombre que resistió… (—¿Naufragio, incendio, saqueo, corrupción, cornucopia, terremoto, crisis, hebefrenia, todos los vicios incluyendo los físicos y los morales y los de ecología, caballos rojo, blanco, negro y verdoso según Apocalipsis?) hummm, la historia, sí, perfecto, exacto, no la crónica posible, real o ficticia, sino el hecho inaprensible, el acontecer diario, individual, de Estado también, que no se está, que se movió indomeñable, portarás como vestigio majestuoso de lo que alguna vez fuiste, y que acaso cambiaste, con destrucción, para servir a una corona, igual o menos a la papalina que luego te colocaste tú mismo, que no quisiste conservar en ninguna de dos ocasiones, para que vieran tu republicana calvicie, impúdica alopecia, pelona zapeada, liberal, que terminó con tu casta, dispersa en la estrecha y voluble memoria del pasado que sepultó a los tuyos, y hará que sólo puedas recordar, con un olor que mezcla en un crisol encajado en tu alma, el copal y la sangre ofrendada, la zarzuela y el cáliz, el mariachi y el tequila, las letras de tus distinguidos juntasílabas y las voces líricas, el desmadre y la chunga, la transa y la mota, la polaca y las conquistas culturales y silenciosas, y económicas, que dejaron mostrenco lo que fue tu pueblo, que lo que serás en ese momento lo desearías sepultado en una lejanía inmensa, astronómica, mas que, para tu bien y para tu mal, sentirás demasiado cerca de ti y de tu pirámide de cristal, única herencia que posees.

¿Qué ha pasado?, preguntarás como si despertaras sobresaltado de un dormir que no dormiste, no fue sueño, que no coincide, sin embonar, con tu última vigilia, ese instante previo al clic en que se unieron tus párpados y tus ojos dejaron de ver lo que otros hicieron en el espacio y el tiempo que duró tu pestañeo. Pero sientes aquello que se hizo, acaso como un tatuaje que miras y tocas sobre tu carne, y es indeleble porque sin él no se explica tu solar, existencia misma de lo que eres. Sí, mi nariz apunta al cielo y extiendo los brazos al sol, cubierta mi cadera por taparrabo y mis pies partidos, llapango soy, que pisan el basamento, porque es tronco de base paralela, de pirámide de cristal, con una pampanilla que denuncia, hasta donde te miro, debajo del poliedro, en el suelo de tierra barbecha, empolvada, tus pantorrillas macizas y sólidos muslos inflamados, con nalgas de roca y vellos oscuros, que me atraen a ti, a tus pectorales de jade, obsidiana y oro sin valor de lucro, sino bello y mítico, estadios ya entonces trascordados.

Nada hay en el paisaje, sino el terreno mismo, planicie desnuda, sin vegetación ni fauna, sin lagunas o ríos, carente de agua, desolado en lo humano, sin embargo con sol, excepto el cristal de la titánica pirámide, de aristas que denuncian los puntos cardinales, y los subcardinales, hasta llegar en suma a 64, mensaje ineludible, tal vez omnipresente, que quizá deba interpretarse como el anhelo de no desubicarse nunca más, de ya no extraviarse en los grados de la brújula de actitud, pueblo y Estado. Ella se siente atraída por tu esencia y eleva las manos, las puntas de los dedos, señalando el hipotético vértice de la pirámide, te apuntan a ti, y me pareces forma incrustada en el profundo e inacabado cielo. Por éste surge un instinto, bracamonte, quizá de entre mi diafragma, que no puedo contener y siento que separa mis labios, observo sorprendida, acto que me coge por sorpresa, que me abre la boca y grito: rayo estridente que escupen mis labios, un sonido largo, plano de mujer, antigualla que fusiona sensaciones mediatas y remotas, en pasado y en futuro, aglutinadas en un espacio de tiempo detenido, separación de la vida horizontal por un corte vertical, estético, que me libera y redime de la privación de verte porque ahí estarás. Grité, gritas, sí, y con la mirada te busco y al encontrarte reconozco tus ojos empíreos y sus hendiduras, con tus pestañas gráciles que intensifican su belleza oscura en la que tantas veces me dibujé como un fantasma que habitaba en ti, y plañir me pareciera inevitable, pero tu rostro me contiene, y tus dedos extendidos hacia mí, inducen a beberme tu silueta para comprobarte ahí, en esa intersección de los remolinos del espacio que el tiempo combinó para el reencuentro, y es entonces que fijo la vista en tu absoluta desnudez, que sólo alcanza a contener tu piel, textura, continuo, liso de hielo, tibia, la recuerdo, y lo poblado, densidad sin tregua, de tu perfectamente delineada, geometría precisa y sin reproche de mácula, pirámide invertida de vellos pubianos, oscuros, igual o más que los recovecos de una cueva que pareciera ocultar sus profundos secretos que la ligan a la tierra, y sus tesoros, recónditos, inefables de fruición divina: —Ven, te digo acaso con el pensamiento, y voy, respondo, él la llama y ella va, se acerca al pie de la escalinata lisa de cristal, y el rito acude, se logra a sí mismo, démosle sentido, hazlo, se inclina y posa sus labios en la tierra, ósculo de magia y agradecimiento, dolor y desconsuelo sosegado, apacible punzada de quien todo lo perdió y es aún, ser que continuó, pulverizado mas inextinguible, impregnas tu aliento en el suelo, en la raíz de lo que somos, y acaricias el escalón primero, observas a través, y subo mientras miro las entrañas de la pirámide, sus venas y secretos, cristalinos, sí, pero con niebla, arterias infartadas que semejan laberintos, y te anhelo, me aguardas en la punta, el perímetro de tu penacho, enorme y vuelto sombra, ilumina mi sendero, estás próxima y danzo, mis plantas curtidas se alzan y caen para levantarse de nuevo, elimino el ritmo, quedó atrás, las cuentas de obsidiana, con vetos rojinegros, en borlas amarradas a mis pantorrillas, surcan el vacío para chocar con fuerza, y hacen música, cuando el viento nos penetra desde un tiempo impreciso con olíbano invisible, incendio de estoraque y mezclas de almizcle y copal, abotargados por la imagen del hedor de nuestra sangre incontenida. Llega y le señalas el centro, miro, verás entonces el nopal pútrido, agusanado, inmundo, el águila desplumada, cuero de gallina, muerta, desparramada y la serpiente flácida, sin lengua, derretida, sin piel, circuncisa, acanalada. El sol, dios, es testigo y cómplice, y autor, de la alteración que nos produce el roce, y goce, de nuestra carne lignificada: —Yo, de nuevo, uni-dos. Pero solos. Pero juntos.

viernes, octubre 12, 2007

Docente espero que decente: post dedicado a Fernando Arturo Hermida Ochoa y a José Alfredo Páramo de la Cerda



Últimamente, algunas de las principales preguntas que me hacen mis amigos es cómo me va en mis clases, qué tal mis alumnos, por qué no posteo algo al respecto, por qué el silencio de mi faceta docente en este blog escribicionista.

Por partes, decía el descuartizador de Boston y otros más, vamos por partes. Apuntaré para comenzar que de pronto resiento, aunque veo que no tanto como mis amigos, mi cierto carácter polífacético. Mis labores, intereses y pasiones siguen estando dentro de mí, pero es verdad que ya no los externo en la misma forma que antes.

Sólo con algunas cuantas personas, contadísimas, hablo de todo lo que podría hablar, de lo que no debería hablar e, incluso, de lo que definitivamente no soy capaz de hablar, al menos no coherentemente, pero hablo.

Mis archivos existenciales de la ópera suelo abrirlos con la gente que tiene relación de alguna manera con la ópera. Los de la música con la de la música. Los de arte con la de arte. Los de política con la de política. Los de economía y finanzas con la de economía y finanzas. Los de literatura con la de literatura. Los de Internet y bloguerismo con la de Internet y bloguerismo. Y así, en general, si bien es cierto que a veces mezclo con algunas personas diversos temas que no son precisamente los suyos, pero les incumben.

Espero que todo esto no suene pretencioso, o más aún ridículo, sino explicativo. En todo caso, por eso me justifiqué desde un principio en la cabecera de este blog anunciando que, en realidad, cualquier otro tema, a parte de los medulares, o que me parecen medulares, puede aparecer aquí, como en la vida.



Expuesto lo anterior, diré que, en efecto, actualmente imparto la asignatura de Historia y evolución de la ópera, que forma parte del plan de estudios de la carrera de Producción de Espectáculos impartida en la Universidad del Claustro de Sor Juana.

Las clases van muy bien, ya que han sido provechosas y oportunas para adentrarse en el mundo de la ópera, el arte, la cultura. Mis alumnos, como podrá desprenderse de la afirmación anterior, son harto receptivos, participan y cuestionan con agudeza. Al principio, algunos expresaban cierta simpatía por el género operístico. Otros no tanto. Ahora, también hay quienes demuestran un claro gusto por la lírica. Otros no tanto. Pero lo cierto es que ahora, tanto unos como otros, tienen más conocimiento de causa y argumentación para esclarecer sus preferencias artísticas, manifestar sus inquietudes estéticas y concretar sus aspiraciones profesionales como productores. Y eso es importante. Valioso. Y es gracias, entre otros factores, a su sensibilidad misma y, no me sentiría bien si no lo digo, a la confianza que han depositado, mal que mal, en su maestro.

Y que conste que no me estoy queriendo adornar yo. Para nada. Sólo que me sentí muy contento de que en un examen reciente las calificaciones obtenidas hayan sido altas. Eso es significativo, puesto que en buena medida, junto al buen y sano, inquieto, ambiente que hemos mantenido en clase, nos da un parámetro objetivo de lo que ha sido el curso.



Y, por último, como maestro puedo afirmar que la docencia, cuando hay decencia en las partes, es un estimulante circuito, un sistema productivo, en el que el profesor puede escuchar su eco en los alumnos, y los ecos de los alumnos, que siempre se magnifican con el aprendizaje, templan la pedagogía, y el saber mismo, del profesor.

jueves, octubre 11, 2007

Diálogos de Carmelitas en Bellas Artes

Foto: INBA


Posteo mi crítica de Diálogos de Carmelitas, producción del Colón de Buenos Aires presentada en BA. En realidad, poco tuve qué decir de una puesta en escena bien montada en general, que sin embargo no representa, a mi juicio, trascendencia alguna en la actividad operística de México, cada vez más estreñida y caracterizada porque ciertos funcionarios públicos de la CNO encargados de producirla se revisten de intolerancia crítica a la crítica.

En lo personal, pienso que la única manera válida, prestigiosa y contundente de acallar a la crítica, de donde ésta surja: de los medios de comunicación, del seno artístico, de dentro de las mismas instituciones, es realizando un trabajo que brinde resultados positivos incuestionables. O al menos intentándolo, con transparencia. Otras formas sólo demuestran la incapacidad de las autoridades aludidas para enfrentar sus encomiendas, subrayada precisamente por esa apetencia de silenciar las voces críticas en quienes, quizá, encuentran un espejo.


Diálogos de Carmelitas
en Bellas Artes
Por José Noé Mercado


Los pasados 2, 4, 6 y 9 de septiembre se presentaron funciones de Diálogos de Carmelitas de Francis Poulenc en el Teatro del Palacio de Bellas Artes. Como resulta difuso entender el crédito de si las presentó la Compañía Nacional de Ópera o el Teatro Colón de Buenos Aires, evitemos puntualizar en ello.

La dirección escénica de Marcelo Lombardero fue bastante lograda, con un desenvolvimiento de la trama bien planteado. Su trazo tuvo claridad e intención dramática en todo instante. La iluminación de Roberto Traferri contribuyó para dar relieve a los doce cuadros, que conforman los tres actos de esta obra estrenada en La Scala de Milán, en 1957.

Lástima que todo el tiempo viéramos la acción —y al decir la acción, entenderemos que en cuanto a la escenografía de Diego Siliano hay poco qué decir fuera de algunas paredes y dos o tres cacharros, en ciertos casos simbólicos—, a través de una gasa, que si bien sirvió como pantalla para mostrar algunas proyecciones que sugirieron atmósferas y contextos al comienzo de cada cuadro, asimismo hizo pesada la mira del espectador sobre el escenario.

Lo cual en muchos momentos resultó tedioso, pues esta obra, al margen de su belleza musical y su notable construcción armónica, no es justamente ejemplo de aquello que prenda la atención constante del público. ¿O cómo explicar los durmientes que de nuevo se encontraron entre la mediana asistencia de público a Bellas Artes? Claro que otros sectores salieron fascinados de la ópera. Pero no todos, puesto que unos siguieron sin encontrar algo en la trama de qué agarrarse, una historia pasional, cercana, propia, que los atrapara, crítica que ha acarreado esta obra a lo largo de su historia.

En la parte vocal masculina, debemos destacar la participación del tenor Dante Alcalá como el Caballero de la Force y del barítono Jorge Lagunes, como su padre, el Marqués de la Force, sin perder de vista que este tipo de papeles no son los que más aportarán a sus respectivas carreras. Lo mismo puede decirse de una serie de artistas comprimarios indistinguibles, entre la muchedumbre, que deambulaban por el escenario.

Entre las damas, Amelia Sierra como Madame Lidoine mostró las posibilidades contundentes de su instrumento; Patricia González como Blanche, Vera Cirkovich como Madame de Croissy y Adriana Mastrángelo como María de la Encarnación, lograron una muy buena interpretación, sobre todo en las partes dramáticas, aun con el pero de que por momentos llegaron a cierta estridencia innecesaria.

El vestuario de Luciana Gutman funcionó en su diseño, si bien algunas carmelitas que asistieron a una de las funciones advirtieron que los colores en los hábitos no coincidían con los verdaderos que ellas usan. Quizá fue una licencia para efectos escénicos y lumínicos. En realidad, nada grave.

Por lo que se refiere a la parte musical, Stefano Lano ofreció una extraordinaria interpretación al frente de la Orquesta y el Coro del Teatro de Bellas Artes, este último preparado por Pablo Varela. Lano extrajo sutilezas, brindó equilibrio y, por mucho, dejó una impresión superior de la que mostró con la Orquesta del Teatro Colón en su debut en la Turandot del Auditorio Nacional, en días pasados.

En resumen, puede ponerse una estrella a esta producción importada de Buenos Aires, Argentina, pero a la Compañía Nacional de Ópera, al menos en su nulidad de producción propia que genera malos aires para el quehacer lírico nacional, tendríamos que darle, en palabras célebres de Chabelo, “una espantosa X”.

viernes, septiembre 28, 2007

Música visible



Posteo el texto con el que participé en la mesa redonda Música visible, realizada ayer, jueves 27, en la Galería Lourdes Sosa, en el marco de la exposición Con ojos oír finezas de amor, ópera pintada, de Otto Cázares, quien igual integró la mesa junto a Mario Marín y Ulises García. Va:


Música visible
Por José Noé Mercado

UNO Cuando Otto Cázares me invitó con gentileza para participar en esta mesa redonda con el tema de música visible, me pareció casi una invitación para dar forma a una vieja teoría, acaso ocurrencia, que ya algún día había rondado por mi mente. Era, desde entonces, una idea quizá descabellada, radical, absurda y condicionada por mi fascinación por las letras. Sobra decir que esos inconvenientes fueron motivos de más para empeñarme en sostener mi teoría, puesto que aventurar una idea sobre lo que ya unánimemente se ha pontificado tiene mucho de oficioso.

¿Y qué postula esa teoría de la que les hablo?, se preguntarán ustedes. Algo sin duda delicado, como para sólo haberme atrevido a exponerlo ante un par de amistades muy cercanas, una de ellas un autodenominado operópata irredento, wagneriano para mayor complicación, que al principio me acusó de absurdo, luego de soñador y finalmente, días después, de haberle dejado el tema acechando su pensamiento por el supuesto sentido que de pronto habían cobrado mis palabras en su forma de concebir la música, el canto y en la ópera como fusión. Aunque pronto volvió a pensar con los oídos, o con las patas, que es con las que un operópata tiene fama de escuchar sus óperas, y recién se arrepintió.

La teoría consiste pues en sospechar que nada existente, imaginado o intuido, puede salirse de la palabra. Todo el mundo, para el ser humano, es palabra, incluida la música. Y si ésta, en última instancia, puede aceptarse en término verbales, necesariamente deberíamos concluir que la música siempre es, siempre ha sido, visible.



DOS Octavio Paz afirmó que sólo existe aquello que es nombrado. Y el arte existe sólo en la medida en que puede nombrar o ser nombrado, a través de sus códigos particulares. El arte, en esencia, es un proceso de comunicación, o al menos su intento. Escribió Paz que “las palabras, frases y exclamaciones que nos arrancan el dolor, el placer o cualquier otro sentimiento, son reducciones del lenguaje a su mero valor efectivo”.

¿Y acaso no sucede lo mismo con una notación musical?

El poeta, según nuestro Premio Nobel, transforma, recrea y purifica el lenguaje y después lo comparte. Y esto mismo, digo yo, sucede también en otras disciplinas de las artes, en la plástica, en lo escénico, en lo musical. Todas tienen su código, su lenguaje de expresión pero, aunque esto suene a sofisma, si no lo podemos traducir a palabras y hacerlo visible, ¿cómo podríamos asirlo?

Los lenguajes aunque distintos en sus códigos, irremediablemente coinciden al final del camino, en su finalidad, si es que pretenden significar y ¿qué significado no es decodificado en el ser humano a través de la verbalización?

Arthur Rimbaud puede ayudarnos a reafirmar esta idea si lo citamos al decir que el hombre que quiere ser poeta comienza por buscar su alma, la examina, la palpa, la comprende. O la incomprende, agregaría yo, pero en todo caso, dice el autor de Una temporada en el infierno, tiene que ser un vidente. Y aquí está la palabra clave: así explore en la locura, en el amor, en el sufrimiento, en el placer, en cualquier idea o sentimiento, tiene que ver, y ve a través de la palabra.

Nuevamente nos referimos al poeta, pero como supongo que lo habrán percibido, en realidad estamos hablando del artista. Puede ser que del músico, intérprete o compositor.


TRES Pablo Picasso decía que, en pintura, buscar no significa nada. Lo importante es encontrar. “El que encuentre algo, sea lo que fuera, aun sin buscarlo”, afirmaba el artista malagueño, “despierta al menos nuestra curiosidad, si no nuestra admiración... Mi objeto al pintar es mostrar lo que he encontrado, no lo que estoy buscando”.

Lo mismo ocurre con el compositor. Porque llegados a este punto creo que es legítimo preguntar: ¿qué es la música? Y, como no creo que deseemos respondernos con idealismos o con poesía, es necesario cuestionar si la música es una serie de notas pintadas sobre el pentagrama. ¿Es acaso la interpretación instrumental o vocal de esas notas? ¿Es el sonido que se produce al decodificar una partitura? ¿O bien, y me decanto por esta opción aun cuando no sea exhaustiva, es lo que ese sonido produce o comunica en nosotros? ¿Y qué podría producir o comunicar si no sentimientos, emociones, ideas o todo cuanto se nos ocurra nombrar como experiencia humana? Y si es así, el amor, el placer, lo marcial, aquello comunicado pues por el compositor ¿no es visible en nosotros, aun cuando la expresión sea de lo más abstracta?

Friedrich Nietzsche, como buen lector de Schopenhauer, afirmaba que la música era el lenguaje más inmediato, más directo, para comunicar las esencias del ser humano y del universo mismo. La abstracción más lograda, sin embargo, no podemos sino figurarla y entenderla a través de palabras que la hagan visible en nuestra mente, y si se me permite la idea, en nuestra percepción y experiencia personal. ¿Qué música no puede verse, entonces? ¿Qué música no tiene un color, un ambiente, una imagen en quien la escucha?

CUATRO Para demostrar lo visible que puede ser la música no hay más que pensar en la música escénica. Y para música escénica: la ópera, que tiene toda la carga visual del teatro y sus elementos: la actuación, la escenografía, el vestuario, el maquillaje, la trama a desarrollar; la carga visual también del canto: la gesticulación del cantante, los colores y registros de la voz, la frase, la palabra que nos remite por necesidad a la imagen, a la imaginación, a lo visible.

CINCO La obra de Otto Cázares, al menos la que integra esta exposición de ópera pintada, me parece que tiene el valor de plasmar la musicalidad de una escena, de una emoción: de un intérprete. Y va más allá: su plástica es capaz de captar que la ópera, en cuanto a drama que se expresa en términos musicales, puede verse. Y que ese género artístico que se observa a través de su pintura se comunica, a fin de cuentas, con el espectador. Es visible, es expresable: es lingüístico.

Es justamente esta impresión que me causó la obra de Otto Cázares, la que me convenció de aventurar ante ustedes este ensayo mínimo que, como todo ensayo bien nacido, no pretende pontificar ni erigir verdades absolutas, sino examinar, probar el valor de la moneda o los metales. O la música y la ópera, y su visible esencia verbal. Muchas gracias.

miércoles, septiembre 26, 2007

Con ojos oír finezas de amor


El miércoles pasado, 19 de septiembre, se inauguró la exposición Con ojos oír finezas de amor, ópera pintada, de Otto Cázares. La muestra estará abierta unas semanas y se puede asistir a la Galería Lourdes Sosa, en Polanco, para apreciar de cerca el trabajo de este joven y talentoso artista plástico.

En el marco de la exposición se organizó una mesa redonda con el título Música visible, que se llevará al cabo este jueves 27 de septiembre, a las 18:30 horas. La entrada es libre para todo público y participaremos Manuel Marín, Ulises García, Otto Cázares y yo.

Llevaré una ponencia justamente sobre la música visible. Es un tema que me atrajo mucho, da para exprimirlo a fondo, algunos pensamientos saqué.

La Galería Lourdes Sosa está en Ibsen 33-A, Polanco. México DF.




domingo, septiembre 23, 2007

Luciano Pavarotti 1935-2007


Luciano Pavarotti 1935-2007
Por José Noé Mercado

UNO En pocos casos resulta más inadecuada la disección del vivo para la reconstrucción del personaje fallecido que en el de Luciano Pavarotti. Puesto que el tenor nacido en Módena, Italia, el 12 de octubre de 1935, no fue un artista genuino al que deba restársele su lado comercial, no fue un grandioso belcantista al que se le sustraiga su acento spinto, ni fue un cantor al que deba reprochársele su falta de histrionismo, para finalmente obtener una división de su público. No. El enfoque estaría errado. Pese a que cualquier obituario sobre un cantante esté condenado de antemano al fracaso porque, sin duda, es incapaz de expresarse en los mismos códigos de aquello que intenta hablar, podemos aventurar la tesis de que Pavarotti fue una gran suma, una multiplicación, una potencia, cuyo resultado es igual a un icono de la cultura de su tiempo, una marca registrada reconocible en todo el mundo, destinado a trascender su época.



DOS Por el avanzado cáncer de páncreas, problemas en la cadera que le dificultaban la movilidad, antecedentes de neumonía y complicaciones renales, ya se esperaba su muerte y, sin embargo, cuando finalmente llegó, el 6 de septiembre de 2007, a las 5:00 horas tiempo de Módena, el dolor fue grande. Fue desolador comprobar, por si a alguien no le quedaba claro, que incluso los titanes están condenados a un fin terrenal. No sólo el ámbito operístico lloró la muerte de Pavarotti. Muchos otros sectores también. De hecho, es difícil identificar un sector de la sociedad que no haya lamentado una pérdida tan corpulenta como el propio Rey del do sobreagudo, tan grande como su impronta de musicalidad. Rara vez, por no decir que nunca en la memoria de quien está avocado a escribir estas líneas, se había escuchado en todas las radiodifusoras, o casi en todas, culturales o comerciales, musicales o habladas, las grabaciones de un mismo artista durante todo el día. Su imagen en la televisión, en los noticiarios de todo tipo, parecía agigantarse y al mismo tiempo se volvía acuosa, y erizaba la piel. ¿Quién no habló o escuchó de la muerte de Pavarotti? ¿Quién no asumía que Pavarotti era parte del mundo, una inconfundible referencia de la segunda mitad del siglo 20 y de lo que va del 21? ¿Quién no era tocado por su fama, por su mediática presencia, como por los rayos del sol? Al escuchar o leer las condolencias de sus colegas, de políticos, de directivos de teatros líricos, pero sobre todo de la gente común que se expresó en blogs, en páginas web, en foros, en servidores de videos, se puede advertir el alcance de Pavarotti: lo lloró el público operístico, el vernáculo, el popero, el roquero, el heavy-metalero. El espectro musical entero. O casi.


TRES Luciano fue hijo de Adele Venturi y Fernando Pavarotti. Ella empleada en una cigarrera, él panadero y tenor aficionado que influyó —junto con sus grabaciones de Gigli, Martinelli, Schipa, Caruso—, para que su hijo mantuviera contacto con el canto, que comenzaría a poner en práctica a los nueve años, en un coro de iglesia local.

Luciano estaba igualmente entusiasmado con el fútbol y deseaba llegar a ser guardameta, a nivel profesional, pero su madre lo convenció para que optara por la docencia, así que después de los estudios correspondientes, Pavarotti ejerció como maestro elemental durante dos años, tiempo en el que, sin embargo, su inquietud por la música, principalmente por el canto que desde entonces entendía como algo natural, como una herramienta de expresión tan cotidiana como el habla, lo decidieron a probar suerte en el arte lírico. Arrigo Pola y Ettore Campogalliani fueron sus mentores. “Cuando su padre lo trajo para que cantara frente a mí en 1955 —diría Pola—, supe inmediatamente que Luciano poseía una voz excepcional y lo tomé como alumno. Durante dos años y medio vino diariamente a mi departamento de Módena y trabajamos juntos, incluso los domingos”.

Sus primeras presentaciones como cantante serían con el Coro del Teatro de la Comuna, en su poblado natal, y con La Coral de Gioachino Rossini, para finalmente registrar su debut operístico como solista el 29 de abril de 1961, en el Teatro Reggio Emilia, como Rodolfo, de La bohème de Giacomo Puccini, un papel que habría de ser favorito y bienhadado para el tenor. Poco más de un año después, por ejemplo, habría de sustituir en este rol al siciliano Giuseppe di Stefano, en el Royal Opera House Covent Garden de Londres, y en 1968 interpretaría también al poeta en su debut, algo enfermo por una gripa que le hizo cancelar las últimas funciones: lo que no le impidió merecer unánimes elogios de la crítica, en el Metropolitan Opera House de Nueva York.

En 1969 fue la primera de diversas presentaciones de Pavarotti en México. En ese primer año, no obstante, fue que cantó óperas completas: La bohème, infaltable, y Lucia di Lammermoor. En sus siguientes visitas a nuestro país, el tenor, ya como una auténtica celebridad, ofrecería conciertos, algunos de ellos masivos, otros, los últimos, como parte de su interminable y accidentada: llena de cancelaciones, gira del adiós. “La gente paga por oírme cantar. Sólo cuando dejen de venir pondré punto final”, llegaría a decir Big Pava, frase lógica, sin excusa, y muy sincera, ya que en último caso: ¿por qué habría de dejar de hacer lo que tanto le gustaba, algo que por lo demás le generaba altos ingresos, aun cuando la voz ya no le respondiera como antes? ¿Por dignidad artística? ¿Y quién sería capaz de hablar de dignidad artística frente a un coloso del arte como Pavarotti?

El prestigio del Rey del do sobreagudo llegó en 1972 cuando interpretó en el Metropolitan de Nueva York el papel de Tonio de La fille du régiment de Donizetti. Desde entonces, Pavarotti, que ya en 1965 había debutado, como el Duque de Mantua, en La Scala de Milán, se convirtió en habitual estrella invitada en todos los recintos líricos más importantes del mundo y, por añadidura, en visitante frecuente de los estudios de grabación, en ocasiones compartiendo créditos con figuras cercanas y bien compenetradas al tenor como Joan Sutherland, Richard Bonynge, Sherrill Milnes, Marilyn Horne o Mirella Freni. Su repertorio operístico no fue muy amplio, pero por fortuna una extensa disco y videografía, integrada también por múltiples géneros, sobrevive como legado.


CUATRO A partir de 1990, en el marco de la Copa del Mundo de Fútbol, Luciano Pavarotti apareció al lado de sus colegas de tesitura José Carreras y Plácido Domingo en espectáculos musicales masivos que contenían fragmentos operísticos igual que piezas populares. Las críticas de los puristas, acaso censores escrupulosos, que se rasgaron las vestiduras por semejante masificación musical no escasearon. Sin embargo, el éxito del formato fue notable: más de 10 millones de cedés de este concierto se vendieron por todo el orbe, convirtiéndose así en la grabación clásica de mayor venta en la historia, y en el siguiente Mundial, el de Estados Unidos 1994, el concierto ofrecido por Los Tres Tenores fue seguido en directo por más de 2000 millones de teleespectadores. Un récord, sin duda, de pesadilla para quienes piensan que el arte lírico es sólo para ellos y no para la gente. Pavarotti jamás se inmutó por las críticas y una vez sentenció con desenfado: “la ópera es como el fútbol, al fin y al cabo, todos pueden mirar los partidos aunque no entiendan nada del juego”.

Otro espectáculo que desde 1991 se repetiría año con año en Módena, con finalidad absolutamente filantrópica, en que Luciano fue duramente criticado por los fundamentalistas se llamó Pavarotti & Friends. Y es que algunos sectores clásicos, conservadores, no toleraban que el Rey del do sobreagudo cantara diversos géneros populares al lado de figuras como las Spice Girls, Michael Jackson, Bono, Anastacia, Sting, Aqua, Elton John, Celia Cruz, Michael Bolton, Enrique Iglesias, Bryan Adams, Laura Pausini, Zucchero, Gloria Stefan, Ricky Martin, Mariah Carey y muchas más.

Los cuestionamientos, en todo caso, no superaron ese espíritu benéfico de los conciertos, y el tenor demostró mayor entendimiento de su época, de los medios masivos de comunicación y su permeabilidad social, del espectáculo que se mezcla con la tradición más artística, y asumió sus riesgos y posibilidades. Si no se desea pensar abiertamente que Luciano Pavarotti fue un artista posmoderno, tampoco debería considerársele como un personaje anacrónico, rancio, de los que nunca faltan ejemplos.



CINCO La voz de Luciano Pavarotti, como el talento de todo artista auténtico, es particular, inigualable, decisiva. Se trata de un instrumento de enorme belleza en el timbrado, de armónicos soleados, de emisión lírica pero acentos spinto, de considerable volumen y de un brillo agudo y cálido que corre electrizante e ilumina el oído del escucha. Ideal para el repertorio belcantista, el verdiano intermedio, el pucciniano lírico, pero igual suficiente para un paso más demandante en dramatismo.

Con naturalidad, sin aparente esfuerzo, y énfasis en la dicción, como si hablara, Pavarotti no sólo fue un tenor. Acaso fue una referencia de lo que por su voz puede, o debería, ser un tenor. En especial del tenor italiano, heredero de toda una tradición lírica inconfundible, de raza. Pavarotti confirmó que se puede ser un clásico en vida. Y en vida, igual, era ya legendario.


SEIS —Sabemos del repertorio que ha interpretado a lo largo de su carrera. ¿Considera que alguna vez abordó algún rol que pudiera afectar su voz? —pregunté a Pavarotti en entrevista, en 2002.

—Yo debuté a los 26 años de edad —me respondió el tenor con la serenidad de quien sabe lo que explica—. Canté siempre lírico, hasta que no llegué a los 35. Después he cantado un lírico más demandante como Un ballo in maschera. No creo que haya afectado nunca mi voz. Turandot, que es una ópera que podría haberme sido dañina vocalmente, la he hecho pocas veces. Otello lo abordé sólo una vez en concierto. Creo que siempre he cantado en el repertorio justo.



SIETE La noche del 5 de septiembre de 2007, hora de México, escuchaba en You Tube el “Nessun dorma” en voz de Luciano Pavarotti, aria con la que el tenor apareciera por última vez en un escenario: el 10 de febrero de 2006, durante la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno, en Turín. Poco antes de que llegara a la frase “All´alba vincerò!”, leía la confirmación de su representante, Terry Robson, difundida por la prensa: Luciano Pavarotti había muerto. Fue estremecedor. Big Pava me acercó a la ópera. Fue el primer cantante que escuché, en disco. Y la tristeza de saber que había fallecido, fue muy grande.



OCHO Lo siguiente sería comprobar las reacciones a través de los medios de comunicación. Mirar a la gente que acudió a su natal Módena para darle el último adiós al cuerpo de Pavarotti, quien fue vestido con frac, con su infaltable pañuelo blanco en la mano. En la ceremonia fúnebre la soprano búlgara Raina Kavaibanska cantó el “Ave María” del Otello de Verdi y el tenor Andrea Bocelli hizo lo propio con el “Ave verum corpus” de Mozart.

Ahí estuvieron políticos, algunos cantantes operísticos, mucho de su público, y sobre todo sus Friends, contrastando con ausencias casi escandalosas de colegas que no tuvieron tiempo o voluntad para estar presentes. Allá ellos, y su conciencia.

Pavarotti fue inhumado en el cementerio Montale Rangote, donde están enterrados sus padres y su hijo Riccardo, quien murió poco antes del parto, en 2003.


NUEVE Sobre la vida personal de Pavarotti, quizá sólo es necesario decir que estuvo casado durante 34 años con Adua Verona, con quien tuvo a sus hijas Lorenza, Cristina y Giuliana. Sus segundas nupcias fueron, en diciembre de 2003, con su otrora asistente, 34 años más joven, Nicoletta Mantovani, con quien tuvo a su cuarta hija, Alice.

Días después del fallecimiento de Big Pava, inició un escándalo por supuestos malos tratos de Nicoletta a Pavarotti, cuando éste ya no podía valerse por sí mismo. Pero ésa es otra historia. De telenovela. U ópera.


DIEZ —¿Qué le gustaría que se dijera de usted dentro de 100 años? —pregunté igual a Pavarotti en aquella entrevista de 2002.

—Creo que me gustaría ser recordado como un cantante muy serio y profesional —me respondió, pensando un poco, mientras yo veía la mascada multicolor, que de su cuello le caía al pecho, y comprobaba de cerca su enorme carisma, su personalidad inabarcable, fascinante y potenciada en el escenario—. Con una voz muy propia; muy personal. Como ser humano, simplemente quisiera que se me recuerde como un hombre muy honesto.

Muy serio y profesional. Con voz propia. Honesto. Así te recordaremos. Gracias, Luciano. Descansa en paz.

lunes, septiembre 17, 2007

Colin McRae (1968-2007): RIP


Es una pena: el ex campeón mundial de rally, Colin McRae, se mató este domingo 16 de septiembre, al estrellarse el helicóptero que él mismo pilotaba, en una zona boscosa de Escocia, cercana a su casa de Lanark. Tenía 39 años de edad.

En el accidente igual murieron su hijo Johnny, de 5 años de edad, Ben Porcelli y Graeme Duncan. Ben era amigo de Johnny, tenía 6 años de edad, y Graeme, de 37 años de edad, era amigo de Colin, desde tiempos escolares.

La muerte de McRae en sí, y la forma, me parecen una tragedia. Yo seguí muchas de sus carreras y las difruté harto. Era admirable, en diversos sentidos. Fui fan de sus videojuegos. Siempre lo escogía, lo seguiré escogiendo, a él.

RIP.

miércoles, septiembre 05, 2007

UPDATED: Pavarotti ha muerto: RIP

UPDATED: Luciano Pavarotti ha muerto, esta noche: 5 de septiembre de 2mil 7, tiempo de la ciudad de México. Pavarotti murió en su casa tras luchar duramente contra el cáncer de páncreas, confirmó su representante Terri Robson.

Se va Pavarotti, un ícono de la cultura occidental de la segunda mitad del siglo 20, y algo de nosotros, quienes lo vimos y escuchamos -y quién no lo vio y escuchó en alguna parte, a través de algún medio-, se va también. Algo ha muerto en mí igual.

Qué tristeza.

Reposteo, en su memoria, este post de octubre de 2mil6, que celebraba su cumpleaños 71 y que contiene la entrevista que pude hacerle en 2mil2.

RIP

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El célebre Luciano Pavarotti cumplió 71 años de edad en esta semana. El 12 de octubre. Sería redundante hablar sobre quién es Pavarotti y lo que ha hecho dentro y fuera de la ópera, pues todos lo sebemos, o deberíamos saberlo. X eso mejor decidí postear la plática con Big-Pava que originalmente publiqué en la revista Pro Ópera, uf, hace ya tres años.

Pavarotti estuvo en Guadalajara, en noviembre de 2002, a propósito de una de sus tantas giras de despedida. Ahí le hicieron entrega de las Llaves de la Ciudad y además platicó con algunos medios de comunicación. Ahí estuve. Pava x estos días se recúpera, ojalá, de una operación de páncreas. Estaba igual malo de la cadera. Así es la vida, no más.

Posteo, pues, aquel diálogo, brincándome, desde luego, la introducción original, que ya no viene al caso.

Luciano Pavarotti

"El belcanto es como un automóvil antiguo"

Por José Noé Mercado

—¿Cómo se ha sentido al llegar a Guadalajara y percibir su ambiente?

—Me siento bien. Ésta es una experiencia nueva, aunque no del todo porque yo conozco muy bien el mariachi. Es muy conocido en todo el mundo y he tenido la oportunidad de cantar con ellos. Por otra parte, el cariño que he recibido de esta gente cuando llegué es tan grande, que me ha conmovido mucho. Espero que el concierto que ofreceré al público sea digno de esta maravillosa ciudad y de sus habitantes.

—Sabemos de la amplitud del repertorio que ha abordado a lo largo de su carrera. ¿Considera que alguna vez abordó algún rol que pudiera afectar su voz?

—Yo debuté a los 26 años de edad. Canté siempre lírico, hasta que no llegué a los 35. Después he cantado un lírico más demandante como Un ballo in maschera. No creo que haya afectado nunca mi voz. Turandot, que es una ópera que podría haberme sido dañina vocalmente, la he hecho pocas veces. Otello lo abordé sólo una vez en concierto. Creo que siempre he cantado en el repertorio justo.

—Usted se ha convertido en una auténtica leyenda viviente, pero ¿el hombre está al nivel del artista o ha sido rebasado?

—Yo creo que si el cantante, como todas las personas que se destacan en cualquier otra actividad, logra alcanzar un gran nivel en su carrera, necesita que su personalidad se desarrolle paralelamente. Si esto no ocurre, en realidad no se llega nunca a ser grande en nada.

—¿Le falta algo en su brillante trayectoria?

—Sí y no. Casi siempre se aprenden cosas nuevas, pero yo ya no puedo aprender porque he hecho prácticamente todo lo que hay para un tenor con mi tipo de voz. Sin embargo, cada noche es distinta y toda función en vivo es hermosa. Por eso sigo cantando.

—¿Qué le gustaría que se dijera de usted dentro de 100 años?

—Creo que me gustaría ser recordado como un cantante muy serio y profesional. Con una voz muy propia; muy personal. Como ser humano, simplemente quisiera que se me recuerde como un hombre muy honesto.

—¿Qué futuro tiene la ópera? ¿La música comercial la convertirá en una pieza de museo?

—No lo creo. El belcanto es como un automóvil antiguo. No cambia. No debe cambiar. Al inicio de mi carrera escuché decir que el teatro lírico estaba muerto. Como pueden ver, la ópera todavía está aquí y estará por muchos años. Creo que será para siempre, porque es una cosa artística y éstas siempre ganan en valor. Sobre los cantantes nuevos quiero decir que hay muchos que son muy buenos y preparados. Sólo el tiempo dirá cuál será la meta a la que lleguen.

El sentimiento de la ópera es también un coche antiguo, pero pienso que nunca estará dentro de un museo. La lírica estará viva porque reúne lo que todos sentimos: amor, odio, celos, pasión. Estos sentimientos comenzaron con Adán y Eva y todavía están entre nosotros. Mientras vivamos así será.

—¿A qué se dedicará cuando se retire?

—Me gusta mucho el presente. No me gusta programar mi vida para un año tras otro. Aunque por el momento tengo la agenda completamente llena, ¿qué haré cuando no cante más...? Creo que buscaré enseñar a cantar. Como sabe, yo soy maestro elemental y la docencia la llevo en la sangre.

—¿Con qué sueña Pavarotti?

—¡Pavarotti sueña todas las noches con volverse más flaco!

—Usted ha estado cercano a la muerte y vivió la guerra de cerca. ¿Cómo afectaron su vida estos hechos?

—Haber tenido estas experiencias desde niño, me ha hecho pensar mucho en la vida. Como puede ver, yo amo la vida y me gusta trabajar para la gente. Me complace hacer actos benéficos, porque creo que es casi un deber para una persona que, como yo, lo ha tenido todo en la vida. Cuando me encontré a la muerte, tenía yo doce años. Nos volvimos amigos y le he pedido que venga a buscarme muy, pero muy tarde.

sábado, septiembre 01, 2007

Pro Ópera septiembre-octubre-2007


Salió, puntual, la revista Pro Ópera sep-oct-2mil 7. Hay que leerla. La portada es a propósito de la ópera Frida que se presentó hace poco en Guadalajara, y de la correspondiente crítica de Lázaro Azar.
Yo publiqué mi columna Ópera en México, crítica El barbero de sevilla en BA con las estupendas fotos de Ana Lourdes Herrera, y una entrevista al pintor Otto Cázares.

Igual vienen entrevistas a Grace Echauri, José Antonio Morales, Rosa Blanes, Robert X Rodríguez y René Pape, varios obituarios y diversos artículos y secciones - como Ópera en América y Ópera en Europa, que merecen ser consultados.

Igual la sección cibernética de Otras voces viene cargada, con más críticas del Barbero en BA -la de Luis Gutiérrez, Lázaro Azar, Vladimiro Rivas Iturralde, María Teresa Castrillón, Raúl Díaz, y de Frida en Guadalajara -la de Francisco Arvizu y Charles Nath, y obituarios alternativos.

Aquí está la página: http://www.proopera.org.mx/ para consultarse integralmente.

viernes, agosto 31, 2007

Blogday 2007


Hoy, 31 de agosto, es el día internacional del blog. Felicidades a todos los blogueros que de alguna manera tienen relación con este blog escribicionista. La celebracíon sugerida globalmente para el blogday incluía indagar y recomendar cinco blogs que habitualmente no frecuentamos, de preferencia de culturas distintas a la propia. Algo así.

No lo hice, no lo haré.


Igual podría escribir un ensayo sobre el bloguerismo, pero no, tampoco. Se me hace como muy antiposmo, dicho en plural y, en cualquier caso, reduccionista. Mejor es decir que blogueo y que así soy distinto a mi yo que no blogueaba. Mi pensamiento ha cambiado en alguna manera: es raro inmiscuirlo en el popurrí de posts, más cercanos o lejanos, de mayor o menor brillantez, que juntos y a la vez dispersos forman la blogósfera. El saber, el decir, el leer se ha fragmentado en la actualidad, si es que no siempre ha sido así.



Muchos de mis amigos han cambiado. Digo que mis amigos han cambiado, ellos, y también digo que no son los mismos, ahora son otros, situación determinada en no pocos casos por el dilema de bloguear o no bloguear. Porque la diferencia entre pasar a visitar un blog -y enterarse de lo que ese otro piensa, lo que le ocupa, lo que le hizo reír o emputar, lo que lee en cierto momento, lo que oye-, y no tener un blog qué visitar para saber de ese alguien, es escandalosa y grande, una direrencia insalvable, que se acrecenta a cada post.


Los posts crean lazos. Incluso con gente que no conoces personalmente. Porque los blogs son como el rostro, la representación de una persona, en el espacio virtual pero de convivencia en el que nos hemos metido en el siglo 21. Tienen calidez, o frialdad, como la gente. Eso se percibe puesto que a veces en esa soledad cibernética en la que se habita es necesaria la convivencia, sea como sea, la interacción, el saber de los demás aunque ello sea sólo como oír un eco de nosotros mismos alienados y fragmentados, donde un Messenger, un chat, un blog puede no sólo ser parte del mundo, sino el mundo mismo.

Un blog puede ser un platillo servido y humeante y los posts los ingredientes que con su textura y aromas se apresuran a procurar que el visitante, parroquiano o forastero, apacible pinkie o trol gurú, se dé un pantagruélico festín o bien se indigeste desde la mirada misma.

Pueden existir blogs de weba, y otros que son interesantes. Pueden estar destrozando toda la unidad de pensamiento de la cultura, cualquiera que ésta sea, pueden pulverizar el idioma o la escritura al tiempo que postean, pero es lo nuestro, es la época que vivimos o sobrevivimos. Y la diferencia, al menos para mí es clara: la gente con la que tengo contacto a través de sus blogs, o en su defecto sus ciber-páginas, a través de cualquier medio y recurso de Internet, está presente en mi vida, más, mucho más que aquella que no es googleable, aquella que navegó hacia una especie de Triángulo de las Bermudas, donde nadie más la volvió a ver.

martes, agosto 28, 2007

Mis esquemas juveniles


Una amiga conocedora de que me agrada el estilo de Javiera Mena me regaló el cedé Esquemas juveniles. No es ópera ni música clásica, pero a veces pasa: mi lado fan de la música también degusta y necesita otros géneros, así que se lo agradecí y escuché el disco.

Es raro. Bien.

Javiera es una intérprete indie, aunque en rigor casi no hay interpretación: áhí está su punto fuerte, que explota. Es indie, sin embargo no se casa con ello. La voz es mínima, pero no importa. Igual va hacia adentro y no se requiere decibelaje. Es noble, sencilla, honesta. La onda es pop retro o electrorretro, y pop introvertido, personal. Íntimo. Se disfruta en un rato de pausa, sin estrés, se tararea, se copia en uno.

Posteo un video de una entrevista que le hicieron en bici a Javiera, hace poco, tan poco que hasta habla de su reciente visita a México, en La guía de Santiago.

Gracias a mi amiga por el cedé.



sábado, agosto 25, 2007

La Gruta de Trofonio


Ricardo Marcos tiene ya su blog. La Gruta de Trofonio es desde ahora un nuevo antro para la ópera, la música, la literatura y el arte en general. Hay que visitarlo seguido para leer sus crónicas, entrevistas, ensayos y demás textos que postea, y posteará, desde Monterrey, Nuevo León. Bienvenido a la blogósfera.

domingo, agosto 19, 2007

¿Junkie-blogger?

Topé con este test, en la Josefscyclopedia: blog de Josef Núñez, y no me aguanté las ganas de responderlo -además Josef, el insomne, me provocó- y de postear mi resultado. Qué junkie.

Va:


80%How Addicted to Blogging Are You?

Mingle2 - Dating Site

viernes, agosto 17, 2007

El periodismo cultural como instrumento de navegación

Al hurgar en algunos cedés de mis arrumbados archivos de respaldo, topé con el borrador de una entrevista que me realizaron hace unos años sobre el periodismo cultural. El entrevistador, o la entrevistadora: ya no recuerdo si fue chavo o chava, obviamente preparó el original al editarlo, o no sé. Tal vez lo tiró o deleteó: ya no supe bien. Así que mi borrador es ahora el original. Lo releí, en todo caso, y me pareció interesante postearlo, pues en esencia hay mucho que sigue actual. Quizá lo único que ha cambiado es que mi entusiasmo por los alcances del periodismo cultural ha disminuido y se ha puesto gris. Ese entusiasmo era muy idealista y, como le pasa a todo idealismo, la realidad se encargó de evaporarlo. Ahora creo más en el periodismo personal, de individuos, no de gremio. Pero conservé lo dicho en aquel entonces porque moverlo ahora sería manipuleo y eso no cabe en este blog. No conscientemente.

Las imágenes, doy crédito, son de ´Acuario´ de MACLATINO.COM.

Posteo, va, esta entrevista:

José Noé Mercado:
El periodismo cultural
como instrumento de navegación

-Hay muchas definiciones y conceptos pero, en tu perspectiva, ¿qué es cultura?

-La cultura es un intento permanente por darle significación y sentido a la existencia del ser humano, a través de códigos y valores en común, por lo menos en un sector o grupo determinado.

Esta definición, que se basa mucho en la idea que sobre la cultura tenía Friedrich Nietzsche, creo que nos explica el concepto en una perspectiva más amplia y que nos permite comprender que la cultura no es un objeto o una actividad determinada, sino más bien una actitud para vencer la falta de significación existencial en el mundo.

De esta manera, nos acercamos a los objetivos de la cultura y no sólo a sus hechos, lo que es fundamental para tener un juicio y una opinión específica acerca de una actividad social. Es decir, nos brinda la posibilidad de crearnos un juicio crítico, siempre respecto a los objetivos de un grupo o de una comunidad, para discernir qué es cultura y qué no lo es. Todo aquello que esté vinculado con la consecución de dichas metas, forma parte de la cultura. Entre otros elementos más, podemos citar los valores, las leyes, el arte, las costumbres o la religión.

Si hemos entendido lo que representa y lo que busca la cultura, debemos asumir que toda cultura siempre será positiva, aun cuando no coincida o incluso difiera con otra en aspectos particulares, sin olvidar que en términos generales siempre existirán valores universales insertos en toda cultura, por encima de cualquier localismo, como el valor y el respeto a la vida.

-¿Cómo se vive la cultura en México?

-Sinceramente considero que en México no vivimos dentro de una cultura definida, no formamos ninguna. No hay un objetivo claro como grupo, país, nación, pueblo, o como quieras llamarle, a nivel estatal. ¿Por qué entonces habría de vivirse alguna cultura en la gente? Somos una sociedad dispersa, que lo mismo puede gustar de Big Brother que de un concierto de la Sinfónica Nacional. En términos estrictos, no habría problema si supiéramos qué es lo que estamos formando o persiguiendo como país. El riesgo, y no sólo de México sino de la posmodernidad, es que todo convive, sin distinción, y lo pernicioso permea en todo el ambiente y cada quien jala para su lado, como individuo, sin considerar qué buscamos como conjunto, si es que algo buscamos.

Si te refieres a las actividades más bien artísticas, ¿qué podemos esperar de un país que no lee, ni se preocupa por una preparación y desarrollo integral? Como pueblo no conocemos, por decir algo, a los grandes novelistas o a los filósofos que han arrojado sus obras que a fin de cuentas nos acercan a la existencia, a distintas cuestiones del ámbito humano. En la música clásica o en la ópera no hay un número de aficionados representativo, es decir, como pueblo, y déjame decir que odio la palabra o el uso que suele dársele al concepto pueblo, desconocemos la música y su esencia más técnica, más elaborada. La gente acude al cine y quizá al teatro, pero ello implica un gasto que no necesariamente puede solventar, pues sabemos que los aspectos de la economía son deprimentes en el país: empleo insuficiente y muchas veces informal, sueldos raquíticos, falta de oportunidades, créditos muy altos o inaccesibles, cierre de empresas, desesperanza en los jóvenes... ¿Se puede esperar mucho a nivel cultural de un país como el nuestro? Francamente, lo dudo.

Por lo demás, vivimos inmersos en una multitud de ámbitos culturales que no nos pertenecen y que ni siquiera hemos terminado por hacer nuestros. No quiero decir que nos cerremos al mundo, pero si no tenemos una clara idea de lo que somos y lo que buscamos, si carecemos de identidad, las influencias, las invasiones, las copias de otras culturas terminan por dispersarnos y anularnos más.


-¿Cuál es el concepto y la diferencia entre subcultura, contracultura y anticultura?

-Puede resultar un tanto confuso si no se explica con peras y manzanas. Por ello, si nos basamos en la teoría de conjuntos, diré que la cultura es el conjunto principal, es decir algo que contiene a todo lo que lo conforma.

La subcultura es un subconjunto del conjunto principal. O sea una parte que lo forma. La contracultura es un conjunto que busca ser el conjunto principal, es decir, va contra lo establecido en él, no contra el conjunto en sí mismo.

La anticultura es aquello que destruye, desintegra o anula el conjunto principal (cultura), y desde luego todo lo que hay en él (aun pacíficamente, es decir no importan los medios que utilice). La anticultura no modifica como la contracultura, sino que demuele y, para términos de cualquier cultura, siempre será negativa, aunque esto no significa que una cultura sea en todo caso mejor que otra o que lo buscado por la anticultura.

-¿Cómo defines el periodismo cultural?

-El periodismo cultural es aquel ejercicio que, a través de los medios de comunicación, desempeña un comunicador con una perspectiva humanista.


-¿Cuál es la diferencia entre periodismo general y periodismo cultural?

-No es de acto. La diferencia entre un periodista cultural y uno que no lo es estriba no en lo que hace, sino en la mirada con que lo hace.

El ser humano, sus inquietudes, sus desarrollos, sus costumbres, su política, las bellas artes, su religión, su vida cotidiana, sus pensamientos, etcétera, son temas que puede abordar el periodismo cultural. O sea que prácticamente debería estar en todos los ámbitos del ser humano, porque importa el hombre y todo lo que haga, no sólo se trata de noticias exclusivas y quizá momentáneas.

El periodismo cultural busca en los actos diarios del ser humano, cualesquiera que éstos sean, la trascendencia de vivirlos o crearlos.

-¿Qué herramientas son las idóneas para ejercer el periodismo cultural?

-La respuesta es riesgosa, porque no hay una receta con ingredientes y porciones para ejercer el periodismo cultural. Además, se ejerce en distintos niveles. No es lo mismo explayarte con detalle, y tal vez aventurar una mirada crítica, sobre la técnica de un pintor, que ir a una exposición y redactar una nota. Hay matices en el periodismo cultural, como los hay en toda materia de la vida.

La preparación es básica para un periodista cultural. Pero no me refiero a contar con las bases de un periodista o comunicador en general, pues dominio de géneros periodísticos, ortografía, expresión, métodos de investigación, etcétera, son recursos con los que se debe contar casi de fábrica, para empezar. Hablo de estar inmerso en el mundo, en su estudio. Lo mismo en grandes novelistas que en manifestaciones populares. Debes contar con una perspectiva más amplia si quieres entender no una sino varias culturas y tal vez a la humanidad misma, aunque esto último suene pretencioso.

Por ello, contestando tu pregunta, puedo decir que todo lo que tengas en ti es una herramienta idónea: curiosidad, idiomas, ideas, conocimientos de arte, historia, filosofía, geografía, religión, ciencia, psicología: vamos, de todo lo que se te ocurra. Entre más capacidad y conocimiento que como persona poseas, mayor será la probabilidad de que realices bien el periodismo cultural, que entiendas al hombre en sus motivaciones y que así puedas comunicárselo a los demás.

-¿Cuál es la importancia del periodismo cultural en el medio televisivo, específicamente un noticiario?

-Es básica dicha importancia, por el papel tan relevante que la televisión ocupa en una sociedad. La televisión, al igual que otros medios pero quizá con mayor penetración y simultaneidad, crea valores, conciencias, o bien las destruye. La televisión es una herramienta muy poderosa, aunque depende para qué se utilice. Según entiendo, en México la televisión es para entretener. Pero me parece que va más allá de eso: la televisión mexicana, en general, es un instrumento de control social que dicta las agendas temáticas de las que nos ocupamos como país. Que nos mantiene pensando en banalidades o que bien nos entretiene con idiocias, eso sin mencionar la mezcla de elementos que permean en el espectador, más que como una perspectiva amplia y llena de matices, como un auténtico pastiche que genera descontrol. No hay brújula y así todo resulta desfavorable. Por un lado nos pueden presentar a un cantante con trayectoria, voz estudiada y artísticamente intachable. Y al mismo tiempo un programa en el que se fabrican artistas, o supuestos artistas, en dos meses. Eso es ridículo, pero más lo es que no sepamos encontrar la diferencia. No digo que todo esto sea pernicioso en sí mismo, sino en cuanto a que la sociedad se pierde y no distingue con claridad el negro del blanco.

Es en este marco donde un noticiario cultural podría cobrar importancia. Pero no debe quedarse en notas del día, sino que debe encontrar el punto trascendente de las cosas, incluso las de un país tan disperso y desgraciado en muchos sentidos, como el nuestro. En ese sentido casi diría que la labor del periodismo cultural es heroica, y en la televisión no debería serlo menos.

Siempre he creído que si la televisión puede manipular para mal, asimismo puede hacerlo para bien. O sea, manipular para que la gente lea, para que estudie, para que se vuelva más crítica de su entorno y exija y lleve al cabo los cambios necesarios dentro de la sociedad para vivir con mejor calidad y perspectiva. ¿De qué otra manera puedes interesar a la sociedad, por ejemplo, en el arte que es la expresión más elevada, cuando el arte es verdadero y no marketing, que genera una cultura?

Sin embargo, todo esto lo veo difícil y estúpidamente idealista. Porque además los grupos de poder no lo permitirían. Sobre eso, como decía un político mexicano: quien diga que en el pueblo no hay nada qué cambiar, es porque se está beneficiando del estado de ese pueblo. Y además, quizá, a la gente tampoco le interesaría ser distinta de como es hoy. Y porque el periodista, aunque ciertamente con las nuevas tecnologías como el Internet y los blogs se ha modificado, depende en buena medida del medio de comunicación, de sus intereses, de sus patrocinios, de sus apetencias. De las órdenes del día, del editor, no precisamente de las propias. Por eso el trabajo, temo decirlo, es con generaciones nuevas, con niños que puedan crecer con otra mentalidad, distinta a la que tiene un mexicano en la actualidad. Pero eso, si somos sinceros, suena a ciencia ficción.

-En la actualidad se vive una mezcla en la cultura, que no se diferencia a simple vista. Algunos denominan esa mezcla como el kitsch, otros como lo pop. ¿Qué opinas tú al respecto?

-Decía Milan Kundera, el extraordinario novelista y ensayista checo, que el kitsch elimina de su punto de vista todo aquello que humanamente es despreciable. Dice que el kitsch niega rotundamente la existencia de la mierda. Eso nos ha tocado vivir como cultura occidental en la era moderna y posmoderna, y es terrible porque no existen mecanismos de saneamiento cultural. No defecamos, como cultura, como lo hace nuestro cuerpo para estar saludable.

El kitsch, y en cierta medida lo pop: en el peor sentido de la palabra, encierran en sí un fétido olor putrefacto que nos intoxica, pues no permite distinguir lo saludable de lo enfermizo o decadente. Esta falta de diferencia es la perdición para cualquier cultura, así nos lo demuestra la historia. Y aunque no tiene porqué repetirse ésta, es obvio que cuando no hay nada malo, nada es bueno. Es como un piloto aviador de guerra que en pleno vuelo, afectado por la fuerza G y por confusión mental y física, no sabe si debe dirigir su avión hacia el azul del cielo o al azul del mar, corriendo así el peligro de estrellarse. Claro, para eso existen instrumentos de navegación que ayudan al piloto con su tarea para no fiarse únicamente de sus sentidos y así logre elegir el azul del cielo.

Si me permites cierto exceso, el periodismo cultural puede ser para la cultura, para la sociedad, como una especie de instrumento de navegación, porque si lo ejerces con visión y pensamiento, puedes advertir que culturalmente nos hemos dirigido en los últimos tiempos hacia el azul del mar. Espero que no nos estrellemos todavía y que podamos rectificar el vuelo.

Pero fíjate: es paradójico porque dentro de estas formas de vida que son el kitsch, y hasta cierto punto el pop, no toda la vida la vemos en negro. El mundo aun con guerras, hambrunas, imperialismos, con erosión de valores tradicionales e incluso con anticultura, es padre y divertido. Es lindo y digno de admiración, a grado de que podríamos hacer un big Big Brother Universal (transmisiones bélicas o destructivas de cualquier otro tipo en vivo), al estilo de los concursos reality de la Cadena Librevisión que concibió Richard Bachman, o sea Stephen King, en su novela El fugitivo, y cantar una balada pop monorrítmica con orquesta sinfónica y emisión operística que loe nuestro mal gusto o el extravío total de éste.

Sucedió en la capital de un país fuera de Europa, un año no tan lejano...


"...Nuestro amor por la ópera no fue lo suficientemente grande como para arrancarla de las fosilizadas, indolentes y torpes garras del Estado. Y así, poco a poco, nuestra compañía y su público fuimos cediendo cada día, función tras función, temporada tras temporada, hasta llegar a un estado de inmovilidad y mediocridad total".
Tríptico
Gerardo Kleinburg

martes, julio 31, 2007

Borrar es recordar


Hace unos días decidí depurar mis contactos de correo electrónico. Es decir, dejé fuera de mi alcance virtual a muchas personas. Las deleteé.

No fue una tarea sencilla, y sólo en cierta medida placentera y en ello proporcionalmente nostálgica. Pero me había decidido y tenía que ser implacable y disparar sin compasión algunos dilits.

Es como que raro: por más que se procure lo contrario, al principio, borrar es recordar.

Y es sorprendente comprobar con cuánta gente que ahora ya ni al caso viene se tuvo contacto algún día. Algunas personas fueron tan ocasionales que por ello son anecdóticas, irreconocibles, oscuras. O más bien grisáceas, nebulosas, desdibujadas por un baño de vapor.



Pero pusharle-dilit a un contacto que fue importante en algún momento de nuestra vida es más raro aún. Como una carcajada amenazante del destino que se somatiza de pronto. Uno, a veces, cambia. Los demás, en ocasiones, cambian. Las personas otrora más entrañables, hay casos, de la noche a la mañana se vuelven incompatibles, no más. Sin razones, sin explicaciones, sin motivos que valgan. Y es necesario darles delete de nuestra vidas. ¿Duele? Duele, puede doler, pero ayuda y consuela un poco pensar en alguna frase soberbia y estúpida, pronunciarla es mucho mejor, del tipo go hell, good for you, don´t cry for me, hasta la vista baby, al tiempo de oprimir la tecla que mandará al éter, a la dimensión desconocida: como he dicho que dice una amiga soprano, a ese lastre cibernético.

Lo más probable es que ese lastre cibernético tenga nombre y apellido, así que se vale igual darle dilit sin verlo a los ojos, pero a cambio deberá también desaparecer de la agenda del celular (o de la que se tenga), del Messenger, de Ringo, de Hi5 y de todas esas páginas donde tenemos a nuestros contactos.

Lo demás, supongo, es aguantar los embates del recuerdo. Ya pasarán.

Y, por cierto, recuerdo que en uno de mis cuentos: Demasiado tarde, escrito hace unos meses, un personaje bastante radical, llamado Beli Guillén, dice algo que viene a cuento:



"...los ciclos de la vida en realidad no terminan al cerrarlos, sino al dinamitarlos. Concluir es cortar, romper, destruir, exterminar. Morir y matar en un acto, que entre más duela más cierto será que el ciclo fue superado. Imposible de otro modo, porque demoler aquello indoloro no tendría ningún sentido vital, como lo tienen los ciclos".

domingo, julio 22, 2007

Dos fragmentos de la Universidad Desconocida


Lisa

Cuando Lisa me dijo que había hecho el amor
con otro, en la vieja cabina telefónica de aquel
almacén de la Tepeyac, creí que el mundo
se acababa para mí. Un tipo alto y flaco y
con el pelo largo y una verga larga que no esperó
más de una cita para penetrarla hasta el fondo.
No es algo serio, dijo ella, pero es
la mejor manera de sacarte de mi vida.
Parménides García Saldaña tenía el pelo largo y hubiera
podido ser el amante de Lisa, pero algunos
años después supe que había muerto en una clínica psiquiátrica
o que se había suicidado. Lisa ya no quería
más acostarse con perdedores. A veces sueño
con ella y la veo feliz y fría en un México
diseñado por Lovecraft. Escuchamos música
(Canned Heat, uno de los grupos preferidos
de Parménides García Saldaña) y luego hicimos
el amor tres veces. La primera se vino dentro de mí.
La segunda se vino en mi boca y la tercera, apenas un hilo
de agua, un corto hilo de pescar, entre mis pechos. Y todo
en dos horas, dijo Lisa. Las dos peores horas de mi vida,
dije desde el otro lado del teléfono.


Te regalaré un abismo, dijo ella,
pero de tan sutil manera que sólo lo percibirás
cuando hayan pasado muchos años
y estés lejos de México y de mí.
Cuando más lo necesites lo descubrirás,
y ése no será
el final feliz,
pero sí un instante de vacío y de felicidad.
Y tal vez entonces te acuerdes de mí,
aunque no mucho.
La Universidad Desconocida
Roberto Bolaño
Anagrama, 2007