
"Teresa no tenía estudios, ni otra cosa que al Güero; pero sabía que los amigos sólo se probaban visitándote en el hospital, en la cárcel o en el panteón. Lo que venía a significar que los amigos eran amigos hasta que dejaban de serlo".
Autor de NSFW (No abrir en público): Diez relatos perturbadores (Universo de libros); Apocalipsis zombi (Ediciones B - Penguin Random House); Backstage (Tierra Adentro); y Luneta-2 (Cuadernos de El Financiero).


Dos críticas de la puesta en escena de El murciélago de Strauss q presentó la Compañía Nacional de Ópera, en BA, para concluir su Temporada 2mil6.
Para todo lector de literatura en nuestra lengua es irresistible echar una mirada a la lista de resultados de la encuesta realizada por la revista Semana -a propósito del XIII Congreso de las academias de la lengua y el IV Congreso internacional de la lengua española recién celebrados en Medellín y Cartagena, Colombia-, en la que 81 expertos -escritores, editores, críticos, periodistas culturales- eligieron, según ellos, las 100 mejores novelas de los últimos 25 años escritas en español.
Aquí están las mejores 15 novelas, de las 100 que se eligieron en el artículo de la revista Semana:
Posteo dos párrafos q me latieron de este libro q tiene como protagonista a Xavier, un auténtico Violettito si se piensa en Diablo Guardián: raterillo, mentiroso, insaciable, egocéntrico, ocurrente, sátrapa solitario con un accionar y lenguaje y frases de publicista cuya picaresca resulta muchas veces deliciosa.

Más de Jugada de presión.
"-Por Dios, Max. ¿Por qué tiene que ser así? ¿Por qué no podemos simplemente querernos otra vez?
"¿Por qué? Chacaltana pensó que esa pregunta no venía en los manuales, las cartillas ni los reglamentos. Él mismo nunca la había formulado. Pensó que uno debe creer para construir un país mejor. El que pregunta no cree, duda. No se llega muy lejos con dudas. Dudar es fácil. Como matar".
Puntual, como todo aquello ineludible de la vida, hoy: día 1, aparece la revista Pro Ópera, edición marzo-abril 2mil7.
La portada se debe a una plática que tuve con las sopranos Lourdes Ambriz e Irasema Terrazas, ahora que en febrero se alternaron el protagónico de Marina de Emilio Arrieta en BA. La entrevista trae fotos estupendas de Ana Lourdes Herrera, ya es costumbre, de las que este post muestra un par.
Hay, desde luego, mucho más para leer en este número -por ejemplo todo lo ocurrido en los paneles Criticando a los críticos-, así que es importante darle una buena checada.
Aunque al momento mismo de postear esto aún no se termina de subir la revista a Internet, aunque el proceso ya inció y no creo que tarde mucho más, va el link para que pueda consultarse en línea, que nunca será lo mismo que tenerla en papel:
http://www.proopera.org.mx/revista_mar07.html


Foto: Carmen Bellvé
Hay ocasiones en que no estamos para nadie. El ánimo se fisura o se crispa o de cualquier manera algo ocurre, dentro o principalmente fuera de nosotros, que nos indispone. A veces. Así, unas líneas de Javier Marías, ese máximo narrador español en la actualidad según algunos, vienen a cuento:
`...Ojalá nunca nadie nos pidiera nada, ni casi nos preguntara, ningún consejo ni favor ni préstamo, ni el de la atención siquiera... Ojalá nadie se nos acercara a decirnos “Por favor”, u “Oye, ¿tú sabes?", “Oye, ¿tú podrías decirme?", "Oye, es que quiero pedirte: una recomendación, un dato, un parecer, que me guardes este secreto o que cambies por mí y seas otro, o que por mí traiciones y mientas o calles y así me salves..."´.
Hace unos días, no +, una amiga me preguntó si había recibido un ímeil que me envió hace tiempo. Pues no, no lo recibí. Así sucede, son los riesgos de la comunicación posmoderna. Ella clickó enviar al correo que escribió, me dijo, pero nunca llegó a nigún lado (y x supuesto no pudo generarse ninguna respuesta). Guardaste copia, le pregunté. No, me respondió. Entonces se perdió en el éter cibernético, le dije. Sí, dijo, se fue a la dimensión desconocida.
El fin de semana igual yo pregunté a otra amiga x qué razón no se había tomado la delicadeza de responder un par de correos que le envié, creo que en diciembre, a lo que ella me respondió que no los había recibido. Al principio me sonó a pretexto, pero terminé por creerle, pues he comprendido que andar x ahí con paranoias, daña. En serio.
Ambos casos, que x lo demás ya me habían ocurrido en otras ocasiones y que no creo que no se vayan a replicar en lo que se llama futuro, me recordaron un pequeño comentario que le dejé en su blog a mi otrora maestra de Ciencias de la Comunicación en la Carlos Septién García, sobre uno de sus post, en el que ella hablaba con entusiasmo sobre las maravillas del ímeil.
Ingresé en el blog de mi vieja maestra, que en rigor no es tan vieja y más bien ostenta el doctorado en teoría de la comunicación (o en algo así), busqué mi comentario entre su bitácora y lo postearé a continuación, porque supongo que algún vínculo guarda con el motivo de este post. Suponiendo que haya alguno claro.
X cierto que estas anécdotas de la ciberdimensión desconocida son reales, como otras que he posteado, y no las inventé ni ficcioné, como luego suponen algunos. Y algunas.
Hola, Cecilia. Seguro te acuerdas de mí, aunque ya no estemos en un salón de escuela: tú dando clase y yo haciendo como que estudiaba. Leí tu entusiasta post sobre las ventajas del correo electrónico. Creo que las comparto. A veces, mínimo.
Creo, incluso, que olvidaste mencionar una de las características que hacen más preciado el correo electrónico en el proceso comunicativo y que muchas pesonas, entre las que me incluyo, valoramos: no tienes que verle la cara (buena, mala o francamente insoportable) al receptor o receptores. Y, lo que puede ser mejor, no nos la tienen qué vér a los emisores. ¿No te ha pasado, como a mí y a tantos, que hay ocasiones en que no estás, que no quieres dar la cara? Eso en sí mismo rompe muchas barreras, o de menos las fisura, para entablar comunicación. Claro que todo lo demás en dicho proceso es de pronóstico indefinido.
Argumentaciones para las ventajas, hay muchas.
Pero, por otro lado, quisiera expresarte una inquietud. ¿Te has puesto a pensar en la cantidad de horas, en la cantidad de vida que se pierde o se gasta o se invierte (como se le guste llamar) en escribir mensajes de correo electrónico? ¿Quién no tiene en su bandeja de entrada, y en la de salida y en todas, decenas, cientos, miles de correos que quizá se leyeron -o medio leyeron- alguna vez y que hoy son basura cibernética o nostalgia o ya no se tienen y ahora forman parte de un éter más virtual que nunca? ¿Y si, tal vez, jamás se leyeron? Qué angustia saber el destino de correos que una vez nos sentamos a escribir, a veces con la pretendida técnica de un Nobel de Literatura o con la encendida esperanza de provocar algo especial en el receptor. Eso sin detallar los millares de correos que acaso se conservaban como bitácora de vuelo en un disco duro y que, supongamos, un mal día se tuvo que formatear, quizá por causa de un indeseable virus.
El correo electrónico, leía en alguna parte, ha fomentado de manera muy importante la escritura. Y ya se sabe los beneficios y privilegios de escribir, que en el fondo es lo mismo que leer. Y viceversa. Aunque dicho fomento, decía lo que leí en alguna parte, ha sido de una mala escritura, de una deformación del lenguaje (que yo prefiero entender como devenir), de un culto a la banalidad e intrascendencia del ser humano. Porque lo importante es, ¿con el correo electrónico hemos realmente arrojado nexos para mejorar la comunicación entre las personas? Hoy con las nuevas tecnologías, ¿nos escuchamos más, nos prestamos más atención que antes?
Hoy el correo electrónico está igual fuera de las pecés y laptops. Está en el celular, en las palms, en dispositivos móviles de diversos tipos o en un aparato combo que todo lo contiene. Pero qué me dices, querida Cecilia, de las plantillas definidas que traen algunos de esos aparatos para enviar, por ejemplo, mensajitos de texto: “Hola, Llego en 5 minutos, Cómo estás?, Bien y tú? Qué haces? Nada, Dónde andas?
En fin, me gustaría conocer tus impresiones. Aunque dado el tema comentado, en este momento no tenga la seguridad de que leerás este mensaje y menos aún de que obtendrá respuesta.
2mil7 es el año en que se cumplen 400 años de L´Orfeo de Claudio Monteverdi, que significa algo así como el nacimiento de la ópera. No estrictamente, pero casi. Y 2mil7 igual representa un año singular, al menos para cierto sector literario: Stephen Edwin King cumple 60 años, el 21 de septiembre.
Sobre Orfeo, su estilo, la música barroca y algo +, ya publiqué una entrevista con el flautista Horacio Franco, especialista notable del repertorio antiguo, en la edición enero-febrero de la revista Pro Ópera: http://www.proopera.org.mx/revista_ene07.html
Así que por ese lado de los 400 años, ya cumplí. Algo, al menos. Así que ahora + sobre el gran Stephen King. En particular un par de fragmentos de La mitad oscura, esa novela de buen suspense que aborda con nuevos elementos esa situación del otro yo, onda Dr Jekyll y Mr. Hyde, trasladada a la personalidad y oficio de escritor. Como si esa bifurcación no existiera ya de común entre los que se meten a hacer ficción o simplemente crean, o escriben.
Un par de preguntas oficiosas, que en cualquier caso nada dicen sus respuestas, ¿o sí?:
¿Cuánta gente conoce el Orfeo de Monteverdi o a éste, a 400 años de que lo compusiera? ¿Y quién no conoce a Stephen King, alguno de sus libros: o alguna pélicula a que dieran origen -alguna, incluso, dirigida por De Palma o Kubrick o Romero-, ahora que el escritor de Maine llegará a los 60 años de edad?
"Los personajes de los libros -al menos, en los libros de Stark- nunca se tomaban pausas como aquella, nunca se detenían a hacerse preguntas disparatadas... En los libros, los personajes no precisaban tomarse un descanso para aliviar las tripas; y nunca se quedaban agarrotados de aquella manera.
El mundo sería un lugar más eficiente si todos sus habitantes procedieran de las novelas baratas, pensó Thad. En las novelas baratas, los personajes siempre consiguen mantener en orden sus pensamientos mientras pasan tranquilamente de un capítulo a otro".
"¿No existía una parte de él que siempre había admirado a George, un tipo que no tropezaba con las cosas ni trastabillaba, un hombre que nunca parecía débil o estúpido, un ser que nunca temería a los demonios encerrados en el mueble bar? Un hombre sin mujer e hijos en quienes pensar, sin amores que lo ataran o le hicieran aflojar el paso... Un hombre que tenía una respuesta directa y cortante a todas las preguntas difíciles de la vida".
En Wikipedia La enciclopedia libre, por cierto hay una monografía sobre King y su obra bastante buena, que amerita consultarse: http://es.wikipedia.org/wiki/Stephen_King
2mil7 ya. Año nuevo. Todavía hemos visto la luz de éste. ¿Cuánto duraremos? Nadie sabe. 2mil7 ya. Año nuevo. La víspera, por segundo día anual consecutivo, la pasé enfermo del estómago. Nada raro puesto que se acostumbra comer de todo en fechas circundantes y no soy la excepción. Así pues, el 30 de diciembre de 2005, igual que el 30 de diciembre de 2006, no pude dormir nada. Ambas noches y madrugadas y amaneceres decidí sumergirme en algún relato de Roberto Bolaño. En esos momentos en que no se puede hacer mucho más, aunque leer nunca es un acto menor, es cuando de verdad se pone a prueba la capacidad narrativa de cualquier autor. Y o se le manda a volar o se le aprecia como al amigo más entrañable, aunque nada garantice que algún día no se pueda mandar a volar al amigo más entrañable. Pero ya depende el caso. Lo que quiero decir es que Bolaño no me falló. Su prosa es infatigable y de un pulso literario avasallante e imbatible, de modo que, con malestares físicos y todo, no paré de leer. En rigor, de releer. Todavía duele la muerte de Bolaño, si bien para mí no ha muerto. Vivirá, lo siento por él, por muchos, muchos años nuevos más.

"Aparte de lo que pueda pensarse, esa fealdad es la verdad".
A salto de mata, Paul Auster
UNO: Primero las palabras pronunciadas por Manuel Yrízar durante su participación en el segundo panel El crítico y su entorno, del ciclo Criticando a los críticos. Fecha: 14 de noviembre de 2006. Lugar: Club de Industriales del Hotel JW Marriot, ciudad de México. Yrízar comienza su dicho aludiendo el ensayo escrito y leído unos momentos antes por el autor material de estas líneas (que por cierto puede consultarse en el anterior post). Va, textual:
"Yo quiero lanzar una piedra a todos los presentes, porque prácticamente después de esta perorata un poco o un mucho erudita, llena de nombres, de citas, de párrafos bien pergeñados, pienso yo que definitivamente el entorno en el cual nos desenvolvemos no es este erudito párrafo bien escrito, sino es llanamente, como decía un locutor del futbol al que yo admiraba mucho porque era un filósofo, decía: Para que haya guisado de liebre, lo primero que necesitamos es la liebre. Y parece ser que esta afirmación de Perogrullo es muy importante hacerla notar puesto que habemos más fanáticos de la ópera, más villamelones y más críticos que ópera hay en México.
"Y el entorno en que nos desenvolvemos es de una pobreza tal, es de tal grado de pauperrimidad, si esta palabra existiera, que este tipo de eventos es verdaderamente risorio, risible y carcajeante.
"Todos los que estamos aquí, verdaderamente no tenemos ni siquiera la mínima idea de cómo se ha venido la ópera en desliz hasta llegar a un grado verdaderamente de casi casi desaparición del género...
"…En este ayuno de ópera, quisiera uno que la hubiera, no hay amor, estamos desamorosamente desenamorados, estamos huérfanos, estamos tristes, ¿y por qué no la hay? Simple y sencillamente porque a nadie le importa y a quien debiera de importarle, que no son otros sino se supone que aquellos que les pagan para hacer esto, como son las autoridades del Instituto Nacional de Bellas Artes, no hacen ópera y esto viene desde Gerardo Kleinburg y Sergio Vela, que dieron en la madre a todo lo que es ópera.
"Y lo digo con todas sus letras, y doy sus nombres. No es algo que sea totalmente falto de comprobar… Antes de ellos, había temporadas de ópera, había cantantes y cuando ellos llegan dicen: Vamos a terminar con todos estos cantantes que ahora están actualmente, borrón y cuenta nueva, se van a la Chingada todos, y los vamos a impedir que entren a Bellas Artes, que así lo hicieron y entonces empezaron a hacer lo que ellos decían ópera de calidad, entre comillas, que no fue sino reducir los títulos a cinco anuales con funciones reducidas y de ahí, eso sí, lo mejor para nosotros: a establecer sus propias compañías de contratación de cantantes y ofrecerles un contrato: te voy a pagar 100 pesos, me quedo con 80 y te pago 20, y me lo han dicho los propios cantantes.
"Entonces no solamente fue acabar con la ópera, sino corromperla.
"Y estamos ahora, después del decenio trágico de Kleinburg-Vela, estamos ahora con el sexenio que no viene sino a recoger aquello que dejaron esos funcionarios y nos han dado ahora atole con el dedo: cinco títulos anuales cada vez, ópera a crédito: cante ahora, pague después, títulos malos, mal cantados, mal diseñados, escenografías podridas que las sacan de la única bodega que se salvó. Platicaba yo en el ensayo de El murciélago con aquel que estaba encargado de las bodegas: Esta escenografía de Traviata que ahora están usando para El murciélago, se salvó porque estaba en la bodega número cinco y se quemaron nomás la uno, la dos y la tres. Parece ser que se quemaron cuando se iba a hacer una auditoria a los susodichos compañeros que hicieron un negocio de la ópera, pero un negocio personal, ¿y qué fue lo que pasó? Se incendió todo, no quedó nada más que cenizas.
"Eso vengo yo aquí a decirlo para que se enteren de lo que pasa realmente. Yo he estado metido en la ópera desde 1980 y conozco perfectamente el medio y conozco a los cantantes, conozco a los productores, conozco a los directores, conozco a todo mundo y sé perfectamente lo que estoy diciendo.
"Entonces la crítica debiera ser ahí donde debiera hacer hincapié: la crítica es ¿por qué en un país donde tenemos tan maravillosos cantantes, tenemos autoridades tan podridas, tan corruptas y tan jijas de la Chingada. Nada más eso".

DOS: Enterado de lo dicho por Yrízar, días después, el 16 de noviembre, Sergio Vela, entonces director general de Música de la UNAM, hoy actual director del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, emplaza telefónicamente a Manuel Yrízar para que desdiga sus palabras y se retracte de ellas en público, haciéndole saber su intención de actuar judicialmente en su contra.
Un día más tarde, Vela dirige un correo electrónico a directivos de Pro Ópera, con copia a Yrízar, a su amigo Gerardo Kleinburg también aludido por Yrízar y director de Literatura de la UNAM, y a su amiga e informante Renée Gunidi, haciendo saber que al iniciar el siguiente panel del ciclo Criticando a los críticos, programado para el día 21 de noviembre, estará presente, acompañado por Kleinburg, para hacer pública su reacción y defender su buen nombre. El correo enviado por Vela, como se podrá leer a continuación, lleva explícita la petición de que se retransmita a todo el público del ciclo de charlas a fin de que esté enterado de su reacción. Aquí el contenido del correo de Vela:
"Asunto: Emplazamiento a Yrízar
"Importancia: Alta
"El día de ayer, por conducto de mi amiga Renée Guindi, recibí la noticia de que Manuel Yrízar, en una charla organizada por Pro Ópera y celebrada el martes 14 de noviembre en el Club de Industriales, formuló juicios categóricos en contra de mi persona, que implican un cuestionamiento a mi honradez, rectitud y probidad.
"Por este conducto les informo que el próximo martes 21 de noviembre, a las 19 horas, me presentaré en el Club de Industriales ante la concurrencia a la que Yrízar se dirigió hace algunos días, pues me resulta impostergable la defensa de mi buen nombre.
Telefónicamente, he emplazado a Yrízar para que acuda, con un mínimo de hombría, a sostener ante mí su dicho, o para retractarse de él ante los demás, disculpándose por la ofensa que me ha hecho. Confío en que el acusador de marras tenga respeto por la verdad y, consecuentemente, que pruebe de frente lo que ha afirmado, o que retire de plano, también en persona, las graves imputaciones que anteriormente hizo en mi contra.
"Les ruego que el contenido íntegro de este correo sea retransmitido a quienes acudieron a la charla del pasado martes, a fin de que estén avisados de mi reacción. Asimismo, les comento que a la sesión del próximo martes acudiré en Compañía de mi amigo fraternal Gerardo Kleinburg, agraviado como yo por las palabras de Yrízar.
"Con toda claridad destaco que la materia de mi pleito con Yrízar no es, en forma alguna, la opinión que él pudiera tener de mi trabajo artístico, sino tan sólo su atrevimiento al afirmar que en mi desempeño profesional he actuado con deshonestidad, corrupción o motivado por intereses personales de dudosa legitimidad.
"Por último, aclaro que me reservo el derecho de actuar judicialmente en contra de Manuel Yrízar por sus dichos. Atentamente les pido confirmar la recepción de este correo. Gracias de antemano, y hasta el próximo martes 21.
"Sergio Vela"
TRES: Viernes 17 de noviembre: Manuel Yrízar responde el correo electrónico de Sergio Vela, con copia a los destinatarios ya mencionados. Lo posteo, sin más:
"Querido Sergio:
"Amigos de PRO ÓPERA:
"Por supuesto que acudiré al `Club de Industriales´. De cualquier manera pensaba hacerlo para concluir con el ciclo `CRITICANDO A LOS CRÍTICOS´.
"Siento mucho que el Lic. Sergio Vela. haya tomado tan a pecho las opiniones que omití -sin el suficiente cuidado y sin la mesura que quizás el caso ameritaba- al referirme a la situación prevaleciente en la actualidad en la ópera nacional. A veces mi carácter apasionado y grandilocuente, muy operático tal vez, me hace aparecer como un francotirador furibundo. No lo soy tanto. Lo que dije fue que a partir de la llegada de la nueva administración de la ópera en el ya lejano 1990 cuando llegaron a Bellas Artes Sergio Vela y Gerardo Kleinburg, coincidió con que el número de títulos y funciones al que estábamos acostumbrados decayó totalmente, se redujo drásticamente. La apuesta a mayor calidad aunque menor cantidad, a mi juicio, no funcionó. Funciones buenas, las menos, regulares y malas, se sucedieron como siempre. Pero la falta de trabajo prevalece hasta la fecha. Es triste.
"Sergio Vela tuvo un paso breve y muy efímero en el cargo pues muy pronto fue nombrado como director del Festival Internacional Cervantino. En su lugar quedó Gerardo Kleinburg quien permaneció diez años en el puesto. Es quien a mi entender durante esos dos sexenios vio cómo nuestra ópera nacional sufría todas las crisis que padecemos hasta ahora. Por eso hable del `Decenio Trágico´-lo reconozco- no sin mala leche. Muchísimos cantantes y músicos me han hablado muy mal de Kleinburg incluidos asuntos de malos manejos, malos tratos, contratos sospechosos por decir lo mínimo, que me llevaron a decir lo que dije.
"Por ética profesional me reservo los nombres de mis fuentes informantes todos ellos dignos de mi respeto y confianza. Por temor a represalias muchos de ellos no sostendrán sus dichos en público que me hicieron en privado. Yo mismo fui objeto del mal trato de Kleinburg y lo he hecho público sin recibir respuesta ni disculpa ninguna. Todo lo que digo en ese sentido tiene una razón de ser. Lo que si reconozco es que nada de ello puede ser probado sin que mediara para ello una larga y dificultosa investigación que a la fecha cada vez sería más difícil hacerla. Mi imprudencia fue haberla hecha pública sin razonar lo suficiente en ello y sin tener como se dice `los pelos de la burra en la mano´. De ello sí me reconozco culpable. Y estoy dispuesto a actuar en consecuencia de mis actos.
"En el fondo creo coincidir con Sergio Vela en que pudieran mis palabras causarle perjuicio. Nunca puse en duda su buen nombre. Es más, hable que siempre he estado pendiente y cercano a sus trabajos tanto artísticos como administrativos y siempre dado a conocer de manera pública como privada mis afinidades y mis diferencias al mismo. Ahí constan todas las notas que he escrito y publicado durante muchos años.
"quisiera de ninguna manera que mis dichos apresurados y tal vez agrandados por sus informantes le causen ningún perjuicio o molestia. Estoy dispuesto a aclarar con el públicamente lo concerniente. Mi mejor disposición para ello.
"Manuel Yrízar".
CUATRO: 21 de noviembre, tenso preámbulo del tercer panel, El reverso de la crítica, del ciclo Criticando a los críticos. El moderador de los paneles, Charles Oppenheim, explica al público presente cuál es la situación y cede la palabra a Gerardo Kleinburg, quien da lectura a la carta que a continuación transcribo:
"Ciudad de México, a 20 de noviembre de 2006.
"Sr. Manuel Yrízar
"Presente.
"Manuel:
"El propósito de esta carta es, antes que otra cosa, agradecerte de manera puntual y sincera tu correo electrónico enviado el pasado día 17 de noviembre. Gracias a dicho documento, mis abogados pueden estar en aptitud de sustentar debidamente una demanda civil por daño moral y una denuncia penal en tu contra por difamación y calumnia. Gracias, de veras.
"Igualmente me permito informarte que he hecho llegar tu correo electrónico a las siguientes agencias internacionales de cantantes de ópera y directores concertadores:" (aquí va el nombre de diez agencias que la claridad insuficiente de ese fragmento de mi grabación me hace preferir no citarlas para así evitar cualquier posible inexactitud).
"Dado que dichas empresas fueron las agencias a las que más recurrí para la contratación de artistas internacionales, tus acusaciones directamente implican a su personal. Hasta el momento de escribir esta misiva, cinco de ellas, vía sus áreas jurídicas, han dado respuesta a mi comunicado y han expresado su indignación y su decisión de sumarse a mi demanda. No tengo duda alguna de que las demás lo harán también.
"La demora en mi respuesta a tus calumnias y a tu difamación obedecían simplemente al hecho de que no contaba más que con referencias indirectas o, acaso, doblemente indirectas de tu dicho, y a que no había realizado los cálculos pertinentes para determinar la suma que te demandaré por concepto de daños y perjuicios morales y profesionales. Ahora me has dado las herramientas necesarias para proceder legalmente y nuevamente lo agradezco.
"Mencionabas en tu correo electrónico que tus acusaciones eran difíciles de probar: pues a trabajar, Manuel, porque esta imprudencia, de la que también hablas, podría convertirse en uno de los más lamentables errores de tu vida. No tengo que recordarte que las penas por los delitos que has cometido son tanto económicas, cuanto corporales.
"Al igual que Sergio Vela, estoy aquí no para defenderme, no para discutir ni para darte explicación alguna, sino únicamente para leer tu correo, si es que nos permiten hacerlo, así como mi respuesta; y para darte mi inmerecida oportunidad de retractarte y disculparte en público. De lo contrario, empeño públicamente mi palabra en cumplir puntual y cabalmente lo anunciado en esta comunicación.
"Gerardo Kleinburg"
CINCO: Charles Oppenheim cede la palabra a Sergio Vela, quien igual da lectura a una carta, no sin antes agradecer al consejo directivo de Pro Ópera por los minutos que usará de la sesión originalmente programada:
"Señoras y señores:
"La semana pasada, en el Club de Industriales y dentro de un ciclo de charlas organizado por la asociación Pro Ópera, Manuel Yrízar hizo declaraciones en las que puso en entredicho mi buen nombre.
"En consecuencia, emplacé a Yrízar para esta fecha con el propósito de que sustente su dicho con pruebas suficientes o, en su caso, que se retracte de manera inequívoca de las afirmaciones comprometedoras que formuló en torno a mi persona. En este último caso, además, espero que ruegue públicamente que le disculpe por su atrevimiento y que me brinde, en fin, la debida satisfacción correspondiente a la ofensa.
"Aclaro que no reconozco en Manuel Yrízar un interlocutor, de tal suerte que evitaré polemizar o dialogar con él.
"Entre los principios generales del Derecho, que son premisas de índole de lógica y ética de validez incontestable, destaca el que indica que el que afirma está obligado a probar. Dicho de otra forma, Yrízar debe probar lo que afirmó en mi contra o habrá de atenerse a consecuencias jurídicas de gravedad mayúscula para él.
"Tras mi emplazamiento, Yrízar escribió y envió, el viernes 17 de noviembre, un mensaje electrónico, pletórico de defectos, en el que adujo que en sus afirmaciones hubo descuido, apasionamiento, grandilocuencia, desmesura, mala leche, temor, imprudencia, culpabilidad e imposibilidad de sustentación.
"Reitero que las opiniones de Yrízar sobre mis trabajos escénicos me son del todo irrelevantes e inocuas. En cambio, no estoy dispuesto a conceder al individuo que me ha agraviado ni mi silencio frente a la ofensa, ni mi argumentación para contrarrestar sus mentiras.
"Tampoco me basta que disfrace sus calumnias de irreflexión momentánea por un temperamento dizque operático, cuyos alcances nadie podría precisar. Su conducta ha sido despreciable y por ello exijo, tan sólo, que Yrízar pruebe aquí y ahora la sustancia de este pleito o, como ya dije, que se desdiga y que pida mi disculpa.
"Antes de concluir, destaco mi solidaridad irrestricta a don Gerardo Kleinburg, cuya causa me concierne tanto en lo profesional, cuanto en lo personal. Y sepa Yrízar que al injuriar a mi amigo fraternal, me insulta sin remedio.
"Concedo cinco minutos a Manuel Yrízar para darme satisfacción pública.
"Por supuesto, me reservo el derecho de actuar contra Yrízar por la vía jurisdiccional civil y penal.
"Muchas gracias por haberme escuchado".
SEIS: CAPÍTULO FINAL: Charles Oppenheim da la palabra a Manuel Yrízar, quien es breve ante el micrófono:
"Señores:
"Muy buenas noches. A todos les agradezco el que estén presentes en este lugar, y quisiera decir que no cuento con ninguna prueba para acusar ni a Gerardo Kleinburg ni a Sergio Vela. Lo que expresé no tiene ningún sustento y todo lo que dije no puedo probarlo, por lo cual me disculpo con ellos, que es lo que ellos quieren, y reconozco que actué de una mala manera, puesto que no contaba yo con las pruebas necesarias para hacer afirmaciones como las que hice.
"Entonces sí creo yo que fue de alguna manera una irresponsabilidad de mi parte, pero por eso expreso y manifiesto que estoy en la mejor disposición de rectificar lo que dije y de dar a ambos funcionarios una pública disculpa por lo que proferí.
"Eso es todo lo que puedo decir".
Y, en efecto, ¿se puede decir algo más?
José Noé Mercado
12 de 2mil6
Foto: Ana Lourdes Herrera
El martes 14 celebramos el segundo panel del ciclo Criticando a los críticos, que organiza Pro Ópera A.C. en el Club de Industriales. Esta vez el tema fue el Crítico y su entorno. Participé con Lázaro Azar, Raúl Díaz, Luis Gutiérrez Ruvalcaba y Manuel Yrízar, y Charles Oppenheim fue el moderador.
Por lo demás, y sin que esto sea una reseña, diré que de lo dicho por mis colegas me llamó la atención lo siguiente: Luis Gutiérrez Ruvalcaba hizo notar que la crítica es mucho más que un género periodístico. Estoy de acuerdo. Totalmente. Y puso a la misma ópera, a las obras de Gluck y las de Wagner y las de Strauss, como ejemplo de obras que critican diversos elementos, estilos, costumbres, etcétera, dentro de la misma historia operística. Raúl Díaz afirmó, entre otras cosas, que en los medios de comunicación masiva toleran, sólo eso, al crítico de ópera, ya que en general ningún medio escrito, radiofónico o televisivo, tiene entre sus filas a un crítico especializado en el llamado espectáculo sin límtes. Claro que hay honrosas -y no tan honrosas- excepciones (aunque lo que está entre guiones no lo dice Díaz, sino yo). De Lázaro Azar me quedó lo importante que resulta en ocasiones jalar en público las orejas a los artistas, directivos y hasta editores cuando la situación lo amerita en beneficio del arte que se critica y del público que lo presencia. De lo que dijo Manuel Yrízar mejor no hablar. Por el momento.
Yo escribí y leí un ensayo que fue una auténtica provocación, más que nada por lo extenso (a juicio de algunos asistentes al panel que así me lo señalaron: en ese sentido me llevé mi jalón de orejas: entre críticos me vea). Aunque no podía ser de otro modo. Si no se exponen algunos aspectos sobre la crítica de ópera en un panel especial sobre la crítica de ópera, ante críticos de ópera y frente a aficionados operísticos, ¿entonces dónde? Y además qué tanto son cuatro cuartillas y media, sino diez minutos.
Bueno, ya. Posteo mi ensayo, que a otros pareció interesante. E incitador a su lectura y reflexión. No sé. Tal vez. Pudiera ser. Aquí va, en todo caso:
El crítico y su entorno
Por José Noé Mercado
Nadie se sorprenda si afirmo que la crítica de cualquier arte es mucho menos, pero también mucho más, de lo que la gente supone de común.
¿Sugiero entonces que el crítico y su ejercicio profesional es visto, y así malentendido, con cierto grado de mitificación?
Sí: justo eso es lo que quiero decir. Montados en definiciones de diccionario y conceptos idealistas y estéticos que poco nos dicen fuera de la teoría, no llegaremos muy lejos en el camino para comprender el ejercicio diario de la crítica, el real, que ni siempre es ejercido por petulantes escultores de verdades absolutas, ni siempre es abordado por artistas frustrados en el arte que critican.
La crítica (sea periodística o académica) es el género subjetivo por excelencia, es decir, uno que siempre estará condicionado por el sujeto que lo escribe y su mirada particular del mundo.
Se me ocurre suponer que llegados a este punto ya se habrán dado cuenta de que hablo del crítico y su entorno precisamente desde mi propia subjetividad. Nunca está demás advertirlo, sobre todo si consideran que así es como me permitiré esbozar algunas inquietudes sobre esta herramienta del pensamiento que es el ejercicio de la crítica de música y de ópera. De todo arte:
La crítica, ante todo, es un instrumento cultural elaborado desde su misma época. Así puede entenderse porqué no existen, ni existirán, los juicios definitivos en gustos, técnicas, o estructuras en la obra o interpretación que se valora. En ocasiones, sólo a través del tiempo se sabe si perdura aquello que lo merece. Pero a veces ni siquiera lo que merece permanecer se salva de las fauces del tiempo.
Y es justo esta contemporaneidad a la que está ceñida toda crítica, la que me hace plantear que la mirada del crítico siempre debe ser fresca, nueva, inquieta, joven, si es que quiere aportar algo al arte que critica.
Porque aquí entre nos: hoy hacer una crítica de Mozart o Verdi o Janacek, o Corelli o Callas o Björling, de todos los artistas del pasado, es una labor muy sencilla y en buena medida carece del riesgo y valor inherente que implica lanzar al mundo una buena crítica. ¿Pero qué decimos hoy del quehacer artístico que nos toca presenciar, de las obras y las interpretaciones, de los contenidos, de los fondos y las formas del arte lírico contemporáneo? Ése es el verdadero campo de acción de un crítico de ópera vivo. Ningún otro. ¿Pero la crítica de ópera es un género actualizado o abrazó una tradición que se hace vieja y así ella misma se volvió decadente? ¿Nos asumimos críticos o nos disfrazamos de villamelones o cronistas que opinan para enredarnos y enredar el entorno y eludir las responsabilidades de nuestros juicios? Estas preguntas me las hago yo mismo, pero desde luego quiero compartirlas con ustedes, porque quizá juntos lleguemos a respuestas más satisfactorias de las que tengo en este momento.
Y ya que hablo de juicios, ¿cómo puede ser válido un juicio, una opinión, o lo que es lo mismo: cómo no caer en el juego de que toda opinión y juicio es respetable y tiene validez, en plena posmodernidad, un tiempo y espacio ambiguo y relativo en el que según los teóricos los seres humanos dejamos de creer: en ideologías, en instituciones, en valores tradicionales, en nosotros mismos y hasta en los propios escépticos? (como se habrán podido dar cuenta la semana pasada, si ahora salimos con conceptos tan hermosos cuanto cursis como la belleza y la bondad o lo sublime, lo más probable es que la gente nos mire con cara de what?, entre otras razones porque las referencias filosóficas que nos han legado Kant, Schopenhauer, Nietzsche y algunos otros apóstoles de la estética moderna, es decir: vieja, hoy difícilmente son algo más que poesía y los poetas, como enseña Zaratustra, siempre mienten).
Así, en medio de semejante hoyo negro de incredulidad, en el que por otra parte todo se puede creer, desde el célebre Credo de Wagner (¿recuerdan eso de “Creo en Dios en Mozart y en Beethoven”?), hasta las esotéricas ayudas de Madame Sasú, no puedo más que ser posmoderno y salirles con una serie de creencias particulares:
Uno: Creo que la crítica es, como dijera Tomas Sterns Eliot, una actividad instintiva de la mente civilizada. Puede ser entonces un instrumento cultural, una herramienta del pensamiento, aunque eso no lo crea Eliot, sino yo.
Dos: Que podemos creer en la crítica como un género de opinión, que vale más o menos, de acuerdo a su argumentación formal, lógica y profesional, que lanza un juicio de valor de acuerdo al conocimiento, intuición y perspectiva de quien la escribe respecto de aquel arte del que escribe (porque hay que decirlo: toda crítica que aspire a ser tomada en serio debe sentarse por escrito).
Tres: Creo igual que la crítica puede ser escrita por un periodista, por un escritor literario o poeta, o bien por alguna persona que tenga la formación artística que valora, pero en todo caso debe partir de un interés particular por el objeto o sujeto que critica. Un crítico auténtico es en esencia un fan de aquello que critica. Un fan es genuinamente entusiasta en sus motivaciones: él mejor que nadie sabe cuando una obra, un intérprete, un director, le convence con su trabajo artístico y cuando no. Y sobre todo, sabe o intuye porqué. A un fan de adeveras, en el fondo, nunca se le puede engañar.
Cuatro: La crítica, he dicho, es un género de opinión que debe ser argumentada. Es también un género persuasivo y de autor. Creo que la personalidad y el estilo del crítico debe manifestarse en la crítica. Ese punto personal, esa mirada particular del autor de la crítica respecto a lo que critica, al arte en general, a la vida, es lo que proyecta una crítica, crítica que por lo demás puede ser un libro entero o bien algunos cuantos caracteres. No una verdad irrefutable, sino una perspectiva, entre más sólida y conocedora mejor, es lo que sin dogmatismos debe argumentarse. Todo elemento del quehacer cultural es un ingrediente para la argumentación: los libros, los estudios académicos, la discografía, los medios de comunicación masiva, los viajes y un largo etcétera, entre ellos. Depende de cada crítico su uso y abuso, de su mayor o menor arte, para fundamentar sus opiniones y así persuadir a sus lectores de su mirada, de su juicio, de su interpretación de la realidad.
Cinco: Creo que la crítica que se publica en cualquier medio formal, o no tan formal: pero casi, confiere al crítico un coto de poder a fin de cuentas, y por ello lo escrito debe ser honesto, con lineamientos éticos definidos y al mismo tiempo insobornable. Aunque toda crítica surge de la subjetividad, al momento de ser plasmada debe ser completamente objetiva. O lo que es lo mismo: el juicio es subjetivo, las motivaciones profesionales y éticas, la honestidad, eso sí que es pura objetividad. El crítico puede equivocarse, puede apostar por aquello que quizá no haya valido la pena, aunque eso sólo con el tiempo se sabrá, puede pasar por alto algún detalle, puede incluso ser un tanto empecinado al momento de fundamentar lo que escribe y aún así no ser deshonesto, sino seguir siendo íntegro, pero lo que no puede ser es un mentiroso, ni un vendido.
Cinco: La crítica no consiste en acuchillar a un intérprete o una obra. No se trata, creo, de ninguna crucifixión (con x), y menos de una crucificción (con doble c). Es decir, no creo en los sicarios de la crítica que descuartizan a los que consideran sus enemigos, ni tampoco en los laudatorios críticos que escriben para granjearse los favores de sus amigos, que en el peor de los casos ni siquiera lo son.
Seis: La experiencia, en ocasiones, sirve para seguir ejerciendo la crítica. Pero no creo, no creo y es más: no estoy convencido de que el paso de los años en sí mismo le dé las herramientas a un crítico para afinar la puntería de sus opiniones. De hecho, considero que los críticos o sus miradas pueden tener una fecha de caducidad, si como ha dicho el periodista, escritor, ex crítico y hoy cineasta, Alberto Fuguet “el crítico opta por dejar de ser un creador y se conforma, ya desde la paz interior o desde la frustración y la mala leche”. En ese caso, recuerdo que decía Fuguet, los críticos deberían ser como los Niños Cantores de Viena: a determinada edad deben retirarse. Cabe aclarar que no hablo de una edad fisiológica, sino de una de perspectiva de entendimiento del acontecer artístico que se avejenta, que se arrancia y se atrofia, y vicia lo que de ella emana.
Siete: Creo que la crítica sirve o no sirve para algo, dependiendo de los horizontes intelectuales de quien la lee. No quiero ahondar en el valor y utilidad de una crítica, porque eso sería menospreciar las capacidades de mis lectores. Sólo quiero acotar, en todo caso, que como dijera Henry James “el crítico puede ser un cofrade del artista, un aliado, un intérprete, un hermano, pero lo es a la vez del público”. El crítico separa, desde su perspectiva, el trigo de la paja, como señala el periodista y teórico chileno José Ignacio Silva, y también se encarga de señalar los granos más selectos del granero y por qué éstos y no otros. Milan Kundera señala algo parecido al afirmar que la crítica identifica aquello que es arte y desenmascara lo que es sólo kitsch, es decir, gato por liebre. La crítica es necesaria dice Kundera, porque si todo en la vida fuera una obra de arte, y no necesitara del crítico para emitir un juicio al respecto, entonces para qué las obras de arte.
Ocho: La crítica, creo, tiene una dignidad propia y no debe conformarse con sólo ser una actividad subvencionada y accesoria del arte que critica, como al parecer se señaló aquí mismo la semana pasada, al menos por omisión. La crítica tiene un valor independiente dentro de sí misma, ya que como dice Phillip Lopate, en la introducción del libro The critic, “la crítica… es una parte de las letras, tanto como la poesía y la crónica”. En todo caso, se me ocurre pensar, el crítico no es el perrillo faldero de lo que critica. Más bien, como igual observa José Ignacio Silva, “es el lazarillo entre todo el fárrago de libros, películas, programas de televisión, exposiciones, conciertos, discos, y demás subproductos de la industria cultural”, lazarillo pues “que llevará finalmente al lector hacia un lugar u otro, hacia una manifestación cultural específica y no a otra”.
Nueve: Creo que el crítico nunca debe olvidarse de que juzga el trabajo de otros, y que ello involucra la sensibilidad, la estima, la entrega y la personalidad del artista criticado. El artista en su obra, en su interpretación, muestra su fragilidad como ser humano y ello en sí mismo no es razón para ser tratado sin tacto, sin respeto e irresponsablemente por nadie y menos aún por un crítico que más que acribillarlo tiene la obligación de comprender lo que hace, cómo y porqué, para después explicarlo al público. No hablo de ser complacientes como crítico, sino de que es necesario comprender que la crítica ni es una hoguera, ni tampoco una AK-47. Quizá, como afirma el escritor argentino Ricardo Piglia, “la crítica es la forma moderna de la autobiografía”, es decir, en aquello que se juzga, el crítico sólo encuentra lo que es él mismo y lo que sabe y tiene.
Diez: La periodista Mónica Maristain en lo que sería la última entrevista hecha al considerado mejor escritor en lengua española de las últimas décadas, Roberto Bolaño, le preguntó si había derramado alguna lágrima por las múltiples críticas recibidas de sus enemigos.
Bolaño, genial e irónico siempre, respondió: “Muchísimas, cada vez que leo que alguien habla mal de mí me pongo a llorar, me arrastro por el suelo, me araño, dejo de escribir por tiempo indefinido, el apetito baja, fumo menos, hago deporte, salgo a caminar a orillas del mar, que, entre paréntesis, está a menos de treinta metros de mi casa, y les pregunto a las gaviotas, cuyos antepasados se comieron a los peces que se comieron a Ulises, ¿por qué yo, por qué yo, que ningún mal les he hecho?”.
Ésta respuesta, viniendo de un personaje que ha recibido críticas inmejorables y que al mismo tiempo ejerció la crítica inteligente dentro y fuera de su obra, porque su vida misma fue una obra marcada por la crítica, me parece la mejor forma de acercarse al ejercicio y resultado de la crítica. Es decir, aunque sea importante, en el fondo tampoco hay que tomársela tan a pecho, sin olvidar, eso sí, las palabras del también escritor Javier Cercas: “Si la crítica literaria se va al garete, la literatura la seguirá después”. Cercas habla de la literatura, pero yo creo que es aplicable a todo arte. Al operístico por ejemplo. Y para concluir, es posible reflexionar también una observación que sobre este particular dejó escrito en mi blog mi colega Lázaro Azar, y que me parece lejos de toda ociosidad dado nuestro panorama cultural en estos momentos: “¿Cercas”, preguntó Azar, “hablaba de garete o retrete?”.

