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lunes, mayo 21, 2007

L´Orfeo en Bellas Artes


Posteo mi crítica sobre lo ocurrido en BA, con la ópera L´Orfeo de Monteverdi.

Cierto crítico súper fandom, profundamente digerati y friki, q a veces se desboca pero a veces acierta en sus palabras, se regocijó pronunciando un estribillo x todas partes al salir del Teatro del Palacio de BA, q me parece afortunado, desafortunadamente para los operófagos: "Orfeo, Orfeo, ay, qué feo".

Quizá todas las críticas, las serias, pudieron partir de esta premisa, lo q es un tache unánime, o casi, para la CNO. Lástima. Va:


L´Orfeo en Bellas Artes
Por José Noé Mercado

Un llano comparativo: mientras en el béisbol un pitcher casi de inmediato es reconvenido —o relevado previa reunión en el montículo—, cuando no atina a pasar ninguna bola por la zona de strike o bien porque los bateadores agarran a palos sus envíos, en la Compañía Nacional de Ópera no ocurre nada si su lanzador, o equivalente, envía bolas que poco tienen que ver con la ópera (oratorio Cristo en el Monte de los Olivos), o sí, mucho: pero a medias (L´Orfeo sin puesta en escena), causando todo tipo de decepciones y enfados en el ambiente lírico cercano a Bellas Artes, así sea en sectores de la misma comunidad artística, en el público, o en la crítica especializada.

Esta reflexión se desprende luego de la decisión de la CNO, encabezada por José Areán, de presentar en concierto, a cuatrocientos años de su estreno como obra y casi surgimiento como género operístico, la fábula en música L´Orfeo de Claudio Monteverdi (aunque en la versión libre, muy libre y por tanto adulterada, de Ottorino Respighi), los pasados 6, 8 y 13 de mayo, en el Teatro del Palacio de Bellas Artes.

Más allá de la curiosa forma de celebrar o recordar o conmemorar el nacimiento de esta partitura y en buena medida de la ópera misma (¿por qué no presentar, sencillamente, la versión original de Monteverdi, si incluso Areán ya había prometido a algunas personas en privado traer la producción que recientemente se escenificó en Guadalajara, Jalisco, bajo la dirección musical de Horacio Franco aun cuando la puesta en escena no le convenció del todo?), el inicio de la actual administración de la CNO se ha caracterizado por su tono francamente grisáceo en el que no se ha presentado ópera o no como Dios manda. Explico la frase:

El publico que asistió a esta serie de presentaciones de L´Orfeo, además de encontrarse con una tediosa versión de concierto que precisamente desvinculó aquello que Monteverdi y poco antes que él la Camerata Florentina unió haciendo surgir la ópera, es decir el teatro con la música, padeció, en general, una interpretación vocal sosa, entubada y estreñida (¿ése habrá sido el estilo que creyeron requería la partitura?), y musicalmente pesada, gruesa, de aburrición notable en la gente, mucha, que no pudo soportarla y se quedó dormida en su butaca para envidia de los que seguían en vigilia o de quienes de plano padecen insomnio.

Nuevamente hubo que cuidarse en Bellas Artes de los cabezazos de los durmientes, un espectáculo por demás triste y cuestionable, o que debería ser cuestionable: ¿Para eso se hace ópera? ¿Está bien hecha, es válida, cuando no es siquiera capaz de entretener a quien la presencia? Suponemos que no, pues de lo contrario no hubiese llegado a su cuarto siglo de vida. ¿No es la ópera, justamente, el espectáculo sin límites? Sí, lo es. O casi. Pero, quizá, lo que pasa es que, parodiando el título de la novela de Kundera, “la ópera está en otra parte”.

Si bien puede reconocerse que casi todos los cantantes cumplieron sus roles con compromiso, muchos no pasaron de ello: de cantar por puro compromiso. El barítono Jorge Lagunes, como Orfeo, por ejemplo, se anunció enfermo y así se le escuchó (lo cual siendo el protagonista no es poco lamentable: como unos quince años sin quinceañera), mientras que artistas como la mezzosoprano Carla López Speziale (La música, La esperanza, Pastor II), el tenor Octavio Arévalo (Pastor I) o los también barítonos Josué Cerón (Pastor III) y Guillermo Ruiz (Caronte, Plutone, Espíritu IV), requerían del teatro, de la proyección escénica de la palabra, y de los recursos que se pueden utilizar como forma de expresión en ella, para poder ya no digamos exponer su arte, sino, al menos, salir del letargo en que cayó, o del que más bien nunca salió, la ejecución de este L´Orfeo.

Dos intérpretes deben, sin embargo, destacarse puntualmente. En primer sitio el tenor Óscar de la Torre (Apolo, Espíritu III), por su entrega y enjundia, por asumir que aún los breves roles pueden cantarse con pundonor artístico apreciable. Y, en segundo, la mezzosoprano Belem Rodríguez (Silvia, Mensajera, Espíritu II, Pastor IV), quien dio prueba de una emisión cuidada, de un buen manejo técnico de su instrumento y de canto bello, lo que no fue poco en el contexto de estas funciones.

Al frente del Coro (preparado por Pablo Varela) y la Orquesta del Teatro de Bellas Artes, Guido Maria Guida volvió a demostrar que es un wagneriano reconocido.

Independientemente de que, quizá, la cuenta para Areán (si ahora lo viéramos como bateador y no como pitcher, y considerando que Marina aún fue despachada por su antecesor Raúl Falcó) es un strike (Cristo en el Monte de los Olivos), y un foul (este L´Orfeo: porque sin escena el batazo no cae en fair ball, ¿o sí?), es decir dos strikes, al término de estas presentaciones no faltó, fue legítimo y lógico, quien preguntara por Monteverdi y por el género operístico: ¿y dónde quedaron, pues, los festejados? Nadie sabe, nadie supo. Tal vez no fueron convocados en realidad, pero ojalá que ahora que nos colonicen (con las producciones que traerán del Colón de Buenos Aires), el director de la CNO pueda, si no batear home run, al menos dar un toque de bola, que lo ponga a salvo, aunque sea momentáneamente, del ponche.

viernes, mayo 11, 2007

Pudor



Al leer a Santiago Roncagliolo experimento un inevitable clic generacional. Leí Abril rojo, devoré Pudor, leo su blog, y leí algo de Jet Lag, que es como seguir leyendo su blog. Lo seguiré leyendo, supongo. Me interesa su prosa ligera, agil, rápida, y sobre todo su perspectiva del mundo real y literario. Ronca es peruano, limeño, vivió en México y está avecindado en Barcelona, pero en sus textos se le siente cerca, tangible, a la vista, y eso en un escritor, si bien igual ha ejercido el periodismo, es un vínculo que arraiga en quien lo lee.

Posteo dos pasajes que me latieron, uno para abastecer el tema del anterior post, el otro porque la vida es así. Siempre. O casi. Van:



"...Mariana empezó a enjabonarse mientras se fijaba en las uñas de Katy. Sintió pudor. No la vergüenza de tener menos cuerpo y menos todo que el resto de la clase. No. Pudor. Sintió que prefería estar vestida ante la mirada, la sonrisa y las uñas de Katy. Se sintió invadida. Salió de la ducha bruscamente y aprovechó la toalla para envolverse en ella tapándose medio cuerpo. Así oculta, empezó a vestirse. Se puso el calzón, la falda escolar y la blusa. Ya iba a irse cuando el dolor de la barriga se intensificó. Tuvo que sentarse por unos segundos. Sintió una tenue revolución descender por su interior. Se volvió a quitar el calzón. Tres manchas de un marrón oscuro y rojizo se posaban como abejas sobre las flores de colores -(del calzón)-. Mariana se puso verde. Era la primera vez".


"...Se acomodó en la banca para mirar a la gente. Su vista era buena. Eso podía hacerlo bien. Al menos eso. Primero había dejado de servir para trabajar. Luego había dejado de servir para tener una casa. Finalmente había dejado de servir para querer. Ahora no servía ni siquiera para recordar. Sólo para mirar".

Pudor
Santiago Roncagliolo
Alfaguara 2005

miércoles, mayo 09, 2007

Más Kundera que Tunick

Varias amistades me preguntaron si participaría (o participé) en el desnudo masivo en el Zócalo del DeEfe el domingo pasado, a fin de que Spencer Tunick pudiera realizar una de sus típicas sesiones fotográficas.

No fui ninguno de los 18 mil, 19 mil o 20 mil, que sí participaron, y que batieron el récord de poseros empelotados en el mundo. ¿Por qué no participar?, me repreguntaron. Porque no soy partidario de la cosificación humana, les respondí.

Qué reaccionario, qué moralista, qué conservador, me dispararon. Prefiero, en todo caso, la pornografía a la cosificación, dije con toda calma. La pornografía, fuera de implicaciones morales relativas, vivifica al ser humano, expliqué, en cambio la masificación de cuerpos que pierden identidad, puesto que pasan a ser un número, uno entre todos iguales, más bien recuerda a un campo de concentración donde el individuo no existe. Como no existe para los Estados fascistas.

Prefiero la libido a lo lívido. Siempre.

Es que es arte, me dijeron. Yo no sé, igual y sí, pero igual y no: ¿seguro que lo es?, pregunté. El arte no cosifica, no anula, no iguala, dije. ¿Y la libertad, esa sensación de despojarte de pudores y atavismos milenarios?, preguntaron. No creo experimentarla al despojarme de la ropa, ojalá, pero sería como muy fácil, ¿no?, como cargarse de energía en Teotihuacan o algo similar, respondí. El desnudo me gusta con identidad, personal, no con difuminación de masa. ¿Y de verdad crees, pregunté, que el mundo deba voltear a ver al sur de USA porque en México, en el DeEfe, se es ejemplo de libertad y democracia como dijo Tunick luego de la sesión? Un país, dije, donde siete de cada diez personas jamás han tocado un libro, y el arte nos vale puro sorbete (y si no que se lo pregunten a los artistas), donde 60 o 70 por ciento de la población (de la que no se ha largado a USA a buscar algo mejor que lo que hay aquí) vive en pobreza o pobreza extrema, y al que una duda enorme, no dije que lo haya habido pero tampoco que no, de fraude electoral, otro, le hace más sombra que cualquier caudillo. ¿El mismo país, indolente, de las muertas de Juárez es el ejemplo?

No politices, me dijo alguien. Está bien, no politizo, dije. Quizá porque autorizar el Zócalo para la sesión de Tunick no tenga ninguna implicación política (qué curioso, y ejemplo de libertad y tolerancia, que el gobierno local sea perredista y buena parte de los poseros -como un día después de la hazaña de participar en el desnudo masificativo lo contó entusiasmado en cadena nacional, en el noticiario televisivo de Adela Micha, un ex compañero de generación en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, del que fuera de saber que trabaja en un periódico de derecha le había perdido la pista-, gritaban a coro, mientras se dirigían corriendo a la calle 20 de Noviembre para la penúltima toma, la célebre cantaleta del "voto por voto, casilla por casilla", claro que ya sin el estilo y el fondo demandante que tuviera con Andrés Manuel López Obrador, sino por echar desmadre, nomás, porque así somos los mexicanos, chacoteros, vaciladores: bullangueros), pero sobre todo, pensé, dejo de politizar porque en mi blog, saludablemente no suelo hablar de política. En su pieza uno quiere tener sólo aquello que le place y hablar de política no me place en mi blog. Supongo que hay excepciones.

Mejor, prometí, pondré algo de Milan Kundera. Algo que tiene que ver con el desnudo y el pudor, que podría recordarme sin esfuerzo la sesión de Tunick y los poseros rompe récords.

Ahora cumplo. Milan Kundera, de quien incomprensiblemente no había posteado nada en este blog escribicionista, me parece uno de los grandes novelistas pensantes (hay los que sólo narran, lo cual no está mal) del siglo 20. Es uno de mis favoritos. He leído toda su obra, toda. La leí, además, en un periodo de mi vida definitorio, denso. Y desde entonces su obra, él, se me volvió entrañable. Tengo que postear más, ya empiezo por dos fragmentos y es algo, sobre Kundera, el otro K de Checoslovaquia. El autor cuyos personajes nos demuestran, como escribiera Carlos Fuentes, que ya no es necesario amanecer convertido en escarabajo, como Gregorio Samsa, para ser tratado como insecto.

"Marchaba alrededor de la piscina, desnuda, junto a un montón de mujeres desnudas. Tomás estaba arriba en un cesto que colgaba del techo de la piscina, les gritaba, las obligaba a cantar y a hacer flexiones.

"Cuando alguna hacía mal un ejercicio, le disparaba.

"Quiero volver una vez más a ese sueño: el terror no empezaba en el momento en que Tomás disparaba el primer tiro. El sueño era horroroso desde el comienzo. Ir desnuda junto a las demás mujeres desnudas, marcando el paso, era para Teresa la imagen básica del horror. Cuando vivía en casa de su madre no la dejaban cerrar con llave la puerta del cuarto de baño. De ese modo, la madre quería decirle: tu cuerpo es como los demás cuerpos; no tienes derecho alguno a la vergüenza; no tienes motivo alguno para ocultar algo que se repite en decenas de millones de ejemplares. En el mundo de la madre todos los cuerpos eran iguales y marchaban en fila uno tras otro. La desnudez era para Teresa, desde su infancia, el signo de la uniformidad obligatoria del campo de concentración; el signo de la humillación.

"Y aún había otro horror, nada más empezar el sueño: ¡todas las mujeres tenían que cantar! No era sólo que sus cuerpos fuesen iguales, igualmente despreciables, que fueran meros mecanismos sonoros sin alma, ¡sino que además las mujeres se alegraban de ello! ¡Aquélla era la alegre solidaridad de los imbéciles! Las mujeres estaban felices de haberse deshecho de la carga del alma, de ese ridículo orgullo, de la ilusión de la excepcionalidad, felices de ser por fin todas iguales. Teresa cantaba con ellas pero no se alegraba. Cantaba por temor a que, si no lo hiciera, las mujeres la mataran.

"¿Pero qué significado tenía que Tomás les disparara y que cayeran una tras otra muertas a la piscina?

"Las mujeres que se alegran de ser idénticas e indiferenciables celebran en realidad su muerte futura, que hará que su identificación sea absoluta. Por eso el disparo no era más que la feliz culminación de su marcha macabra. Por eso, después de cada disparo de la pistola, empezaban a reír alegremente y, mientras el cadáver se hundía bajo la superficie, ellas cantaban aún más alto.
"¿Y por qué era precisamente Tomás el que disparaba y por qué quería matar también a Teresa?

"Porque había sido él mismo quien había hecho que Teresa fuera a parar allí. Eso era lo que quería decirle a Tomás el sueño, ya que Teresa era incapaz de decírselo por su cuenta. Ella había venido a buscarlo para huir del mundo de la madre, donde todos los cuerpos eran iguales. Había venido a buscarlo para que su cuerpo se volviese único e irremplazable. Y ahora él volvía a dibujar el signo de la igualdad entre ella y las otras: a todas las besa igual, las acaricia igual, no hace ninguna, ninguna, ninguna diferencia entre el cuerpo de Teresa y otros cuerpos. De ese modo la había mandado de vuelta al mundo del que quería escapar. La había mandado a marchar desnuda junto a otras mujeres desnudas".
La insoportable levedad del ser
(Segunda parte, "El alma y el cuerpo", episodio 15
Milan Kundera


"¿Por qué sentía semejante pudor? ¿Acaso no sangran todas las mujeres cada mes? ¿Acaso había inventado ella los órganos sexuales femeninos? ¿Acaso era responsabilidad suya? No lo era. Pero la responsabiliad no tiene que ver con el pudor.

"La base del pudor no es un error nuestro, sino el oprobio, la humillación que sentimos de tener que ser lo que somos sin haberlo elegido y la insoportable sensación de que esa humillación se ve desde todas partes".

La inmortalidad
Milan Kundera

jueves, mayo 03, 2007

Pro Ópera mayo-junio-07



Salió la revista Pro Ópera correspondiente a mayo-junio de 2mil7. Se puede consultar completa en línea en:

www.proopera.org.mx

Ahí , entre varios textos de gran interés y las secciones clásicas: nacionales e internacionales, se puede leer una entrevista que me entusiasmó harto realizar. Platiqué con el bajo, de altura mundial, mi tocayo, Noé Colín:

http://www.proopera.org.mx/pdf/pdfmayo_07/12%20entrevista%20Colin.pdf

Y, ahí mismo, puede encontrarse "Otras voces", una sección nueva en esta página cibernética, a guisa de suplemento, que pone en un sólo sitio las diversas críticas sobre la anterior puesta en escena operística de Bellas Artes (en este caso Marina de Emilio Arrieta), y que sus autores, en su momento, publicaron en sus respectivos medios de comunicación nacionales (si bien casi todos las intercompartieron en grupo también vía email). Están todos, o casi: Lázaro Azar, Juan Arturo Brennan, Raúl Díaz, Luis Gutiérrez Ruvalcaba, Ramón Jacques, Mauricio Rábago Palafox y Vladimiro Rivas Iturralde. Es un platillo de pluralidad muy enriquecedor el conocer varias perspectivas y opiniones sobre un mismo montaje:

http://www.proopera.org.mx/pdf/pdfmayo_07/www.otras%20voces.pdf

E igual viene mi crítica, ya adelantada en el anterior post, pero al igual que las de las "Otras voces", abastecida con las estupendas imagenes, indispensables, de Ana Lourdes Herrera:

http://www.proopera.org.mx/pdf/pdfmayo_07/04%20critica%20mayo.pdf

Hay, entonces, qué leer. Hay que entrarle, a veces a falta de algo más carnoso en nuestro ambiente lírico, a la ópera leída. Algo es algo.

martes, mayo 01, 2007

Marina en Bellas Artes

Posteo mi crítica de la Marina de Arrieta en BA, puesta con la q arrancó la temporada lírica 2007 en México. Muchos críticos destazaron no sólo el montaje, sino la obra misma. Yo, no sé. Supongo q lo q escribí es mejor q lo q pueda comentar. La pongo como avance, a unas horas de q salga publicada en la revista Pro Ópera mayo-junio con el diseño e ilustraciones de rigor:


Marina en Bellas Artes
Por José Noé Mercado

La Marina de Emilio Arrieta lejos está de ser una ópera que aspire a comentarios particularmente radicales. Ni a favor, ni en contra. Ya que si bien es un título teto, con personajes estereotipados de confección sicológica y dramática aguada, y cuyo argumento recurre al deus ex machina en forma de carta para salir del bostezo y resolver la trama, su aspiración belcantista italiana la dota de melodías lubricadas y pasajes rítmicos que, bien cantados, en voz de artistas solventes, llegan a ser de cierto lucimiento con belleza que entusiasma al público. No más, no menos. Es decir, aunque ñoña, Marina es una ópera como muchas óperas.

Con la puesta en escena de esta obra, presentada los pasados 13, 15, 18, 20 y 25 de febrero, en el Teatro del Palacio de Bellas Artes, la Compañía Nacional de Ópera, ya con José Areán como director, arrancó su Temporada 2007, en una coproducción con Promociones Metropolitanas, Pro Ópera A.C. y la Fundación Harp Helú, en lo que podría significar el retorno de la iniciativa privada a la lírica nacional y una opción para abatir en algo la sequía operística de los últimos tiempos en México.

Pero el público al parecer no lo entendió así, a decir de estas cinco funciones con teatro semivacío, en las que la gente de galería y anfiteatro bajó a luneta aprovechando tantos lugares desocupados. Siempre será una lástima que un esfuerzo de tantas voluntades, encabezado por Xavier Torresarpi, haya quedado sin el nivel de fraguado que se esperaba. En todo caso, debe constar como primerizo antecedente, si se piensa luego en proyectos futuros.

Este montaje contó con dos intérpretes para cada rol protagónico, que se alternaron funciones dando como resultado una promiscuidad vocal —para decirlo con palabras de Raúl Falcó, saliente director de la CNO, quien en realidad todavía estuvo al frente del despacho en la preparación de este título—, lo que propició una descalibrada fusión en tiempos, respiraciones y cuadraturas a lo largo de esta serie de presentaciones, pues lógicamente no es lo mismo cantar y dirigir y actuar con la combinación A-Z-C, que con B-X-C o A-X-D, etcétera. Se podrá argumentar que así se trabaja en muchos grandes teatros líricos del mundo y es verdad, pero dicha realidad no coincide con la nuestra. ¿O sí?





Como Marina, Irasema Terrazas en la primera función no ofreció su mejor canto. Esta vez, la soprano enfrentó problemas técnicos para apuntalar su emisión, para construir agudos sin cuarteaduras y al mismo tiempo controlar el fiato. El sonido vocal producido fue tambaleante y con un estrés, quizá debido a que la artista tenía plena conciencia de lo que le ocurría, que también le impidió desempeñarse en escena con la soltura y seguridad que le caracterizan: su actuación fue gris, sin presencia: fome. Ojalá que Irasema pronto reluzca su buen canto y reafirme el registro alto tan indispensable para toda soprano, bajo el entendimiento de que también los coches nuevos y flamantes deben acudir al taller para el ajuste de los primeros 10 mil kilómetros.

Por su parte, Lourdes Ambriz mostró mayor colmillo en su interpretación de la heroína epónima de la ópera, puesto que si bien sufrió igual para emitir los agudos, o al menos para intentarlo, aprovechó algunas fermatas para decorar su canto y sacarle así el mayor jugo posible, disimulando su dificultad para moverse en las alturas. El registro central de su instrumento se mantiene bello y se percibe manejado con técnica perdurable, mientras que en escena, salvo en dos desconexiones en la impostación, quizá por cansancio vocal, en que pareció angustiarse, su presencia destiló la dulzura fresca requerida por el personaje.

El tenor Alfredo Portilla, con el hermoso timbre que posee, brilló con un canto seguro y pleno, de fraseos intensos y largos, inusuales en él, mínimo en sus recientes actuaciones en México. Su voz, en el rol de Jorge, salvó lo soso de algunas funciones y se impuso a todos, si bien es cierto que los pasajes con adornillos no son los que mejor le van pues se trata de una voz dura, pesada, de acentos spintos, que no alcanza el sobreagudo y no siempre con facilidad el agudo. Pero en realidad nunca lo habíamos escuchado en igual plenitud, incluso con deliciosos pasajes a media voz, tal vez porque esta Marina haya sido de sus más memorables interpretaciones.

En cambio, su colega catalán, Salvador Carbó, mostró las limitaciones de su instrumento. Una voz zumbadora y de escaso volumen, propia para recintos de menor tamaño, además de afinación incierta. Eso sí: a diferencia de Portilla, no se abrió ante los sobreagudos, los enfrentó con alma tenoril y trató de hacerlos sonoros, en la medida de sus posibilidades. En escena no deslució y de hecho su histrionismo fue rescatable.

Como Pascual, alternaron los bajos Charles Oppenheim y Luis Rodarte. Oppenheim va bien en su joven carrera y a diferencia de los cantantes que van en declive, o picada, su trayectoria va en ascenso con una voz cada vez mejor colocada donde suena más y con mayor color. Actúa bien, incluso demasiado bien, lo que por momentos le hace descuidar la proyección vocal y un adecuado volumen hacia el público. Ya conforme desgaste sus zapatillas en el escenario, desarrollará el colmillo y la intuición necesaria que va tiñendo de otro color aquello que inevitablemente siempre comienza verde.

Rodarte es un cantante entregado tanto en voz cuanto en escena y cumplió una decorosa participación, que dejó muy buena imagen en el público. Lo mismo ocurrió con el rol de Roque, interpretado por los barítonos Jesús Suaste: fuera de un lapsus en que olvidó su texto en la última función, solvente, con su inconfundible estilo, adecuando como siempre sus características al personaje, y el madrileño Carlos Bergasa: estupendo actor, zarzuelero, y con instrumento de gustoso color.

La dirección escénica de Leopoldo Falcón optó por la perspectiva de cuadro, más que apostarle a un trazo continuo que desenvolviera la trama. Fue una decisión inteligente, considerando que el estilo de la ópera belcantista, en el que tardíamente se inscribe Marina, no incluye mucha acción —a menos que hablemos de genios auténticos como Rossini o el joven Verdi— y el discurso vocal y musical inmoviliza al dramático. El trabajo de Polito redituó más en asimilación interior de los personajes y en la interactividad que desarrollan entre sí, pues el movimiento en sí fue parapléjico.

María Luisa Serrato de Chávez incursionó por primera vez en el diseño de vestuario operístico y lo hizo con el pie derecho. Su propuesta funcionó en general y mostró un gusto elegante y refinado (no por nada algunos miembros del coro se veían como marineros dandys —que los hay—), aún cuando podrá considerar detalles que realzarán sus próximas incursiones en el género. Entre los más importantes, disponer el dibujo y el corte del vestuario para ayudar a la mejor apariencia física de algunos intérpretes que así lo requieren y considerar que el blanco es un color muy poco escénico.

La escenografía e iluminación de Arturo Nava dejó mucho qué desear, sin concepto definido. Pocos elementos en los primeros dos actos, de manera casi abstracta, o pobre, y una postal de aspiración realista, en el tercero. Se incluyó una pantalla con proyecciones marinas de Rafael Blásquez, bien diseñadas en cuestión técnica, pero sin mucho vínculo ni integración con el conjunto visual. ¿Para qué se movió de manera tan torpe el ángulo de la pantalla a mitad del primer acto, lo que únicamente provocó sacudidas involuntarias y éstas risas en el público? ¿Por qué los tramoyistas aparecieron a la vista de todos haciendo su trabajo, que entre otras cosas consistió en armar un pequeño muelle de escaleras de madera comprimida, que se vieron muy falsas porque ni siquiera recibieron una pintadita o barnizada?

El concertador José Luis Castillo logró hacer muy buena música, aunque probablemente no muy buena ópera. Y no por él, si se considera la promiscuidad vocal: a veces se pasó en volumen, a ratos le bajó, en pasajes se destempló o los solistas se destemplaron, dejando la impresión de que no hubo el mejor entendimiento a su batuta en todo el elenco o de que éste no siempre estuvo al nivel de la partitura. Castillo comandó con estilo e idea la orquesta y podría consignar como auténtico logro en su currículum los dos matices que pudo sacarle a un Coro del Teatro de Bellas Artes de sonoridad rígida y estridente. En resumen, un gran esfuerzo para hacer ópera que debe estimularse, lo que sin embargo no evitó que muchos integrantes de esta producción mostraran, sin querer queriendo, que no son más que marineros de agua dulce.

jueves, abril 26, 2007

Amigos

"Teresa no tenía estudios, ni otra cosa que al Güero; pero sabía que los amigos sólo se probaban visitándote en el hospital, en la cárcel o en el panteón. Lo que venía a significar que los amigos eran amigos hasta que dejaban de serlo".

La Reina del Sur
Arturo Pérez-Reverte

jueves, abril 19, 2007

Más cortos de Cortos


"..el mundo de uno se define a partir de círculos concéntricos. Los que están más cerca de uno son los íntimos, aquella gente que te es cercana e imprescindible. Son lazos viscerales que no se cuestionan. Después, en el segundo círculo, están los amigos. Roser, la arquitecta fashion, dijo que los amigos son aquellos con los que uno engancha, a los que les cuentas cosas, los que uno sabe que están de tu lado aunque los veas tarde, mal y nunca. En el círculo externo, en tanto, están todos los conocidos, que no es lo mismo que gente que uno conoce. Es gente con que se tiene contacto, se almuerza o ve en fiestas o en el trabajo. Es gente que te cae simpática.
(...)
"Coné, entonces, le preguntó a Simón por su lista. Simón quedó mirándolo pasmado y trató de pensar. En su mente comenzó a hacer listas y listas al mismo tiempo que intentó tabularlas. En ese momento percibió que algo terrible acababa de ocurrir. Simón sintió que había entrado en un terreno peligroso. Simón se dio cuenta que, por mucho que lo intentara, toda la gente que conocía caía en el círculo de los conocidos. Partiendo por Luke Skywalker. Pero eso no era nada. Simón captó que Natalia, su mujer, su exquisita y divertida y pulida mujer, también caía en esa categoría".

"Road story"
Cortos
Alberto Fuguet
Alfaguara, 2004



"-Si yo fuera mexicano odiaría México. ¿Cómo no vas a odiar un país que no te dejó ser lo que querías ser? Puta, si el país no es capaz de alimentarte, que se vaya a la concha de su madre. Chile es como la criptonita. Te acercas a esa mierda y pierdes todas tus fuerzas. Te destroza. Puta el país como las huevas.

"-Vos nunca has muerto de hambre.

"-Culturalmente, sí".

"Más estrellas que en el cielo"
Cortos
Alberto Fuguet
Alfaguara, 2004

jueves, abril 12, 2007

El murciélago en Bellas Artes

Dos críticas de la puesta en escena de El murciélago de Strauss q presentó la Compañía Nacional de Ópera, en BA, para concluir su Temporada 2mil6.

La primera, de Lázaro Azar, crítico musical del diario Reforma, quien comparte en exclusiva para este blog escribicionista una versión inédita de su perpetro sobre aquel montaje. Originalmente era para ser publicada en la revista Pro Ópera, pero al final ,"por falta de espacio no fue incluida". Aquí hay espacio de sobra y va a continuación, luego la segunda crítica q, por cierto, es la mía:

La última y nos vamos
Por Lázaro Azar

Pocas partituras hay tan amadas por la belleza de sus melodías como Die Fledermaus (El murciélago, 1874) de Johann Strauss II (1825-1899), opereta elegida por la Ópera de Bellas Artes para bajar la cortina al changarro en este sexenio que será recordado como uno de los más arduos para la cultura en México.

La función de cuatro funciones programadas, llevada a cabo este jueves 16 de octubre no pudo reflejar mejor el miserable estado de abandono y valemadrismo a que se han confinado las artes.

Al parecer, unas viejas escenografías de David Antón fueron de lo poco que se salvó en aquel incendio que redujo a cenizas las bodegas del INBA, pues salen a relucir del basurero cada que algo se requiere, vengan o no al caso. Como ahora, que nomás le dieron una lechadita a los acartonados oropeles utilizados hace unos meses en aquella vergonzosa Traviata para la cual se importó a Agnese Sartori, pretenciosa farsante que cobró por dizque dirigir la escena.

Más allá de los constantes apagones, la nula sensibilidad y escasos recursos empleados por Manolo Toledo evidenciaron su incapacidad como iluminador. Un viejo adagio dice que “de la buena luz, no se habla”. No es este el caso. Proclamar iluminador a alguien que apenas prende un foco me parece tan osado como aceptar de “Presidente legítimo” a ya saben quién... Ni qué decir del derrapón del maestro José Solé, cuyo trazo dio a este vaudeville el tono insufrible y ramplón que caracteriza los programas “cómicos” de Televisa.

Una vez mas, el elenco parece haber sido convocado con la fórmula de “cante ahora y cobre después... a 18 meses, y sin intereses”, dado el laxo rendimiento, desinterés y mediocres resultados que padecimos: Peter Svensson (Eisenstein) refrendó sus limitaciones consignadas desde que vino a hacer Sigfrido y sus gritos estuvieron a la par de los de ese triste remedo de Doña Lencha que fue Eugenia Garza (Rosalinde). Para lo que fue su desempeño, mejor hubieran llamado a Lucila Mariscal, quien siquiera es muy simpática, y como tiene bien colocada la voz, se le habrían escuchado los diálogos; lo peor que hubiera pasado es que tampoco se supiera el papel.

Vocal y gestualmente forzado, Mario Hoyos (Alfred) fue tan prescindible como los mínimos papeles encomendados a Carla Madrid (Ida) y Óscar de la Torre (Dr. Blind). A pesar de haber sido los que mejor sonaron, me entristeció notar que ni Oziel Garza (Dr. Falke) ni Irasema Terrazas (Adele) estuvieron al nivel que habitualmente les hemos escuchado. Aún cuando Adele y Rosalinde comparten su límite agudo en la misma nota, vocal y genotípicamente Terrazas habría lucido mejor como la patrona.

Del resto del elenco digamos que Armando Gama (Frank) cumplió, al igual que Grace Ekauri (Orlovsky), para cuyo personaje debe enfatizar las regiones graves de su registro; además de que con el funesto trajecito que le endilgan, más que príncipe parece lacayo. ¿Cosas del “Destino”?

Reconozco dos intentos que no van más allá de ello: el de Kamal Khan por sacarse la espinita de la Carmen que dirigió durante la inauguración del Cervantino y el del coro por bailar. Lástima que, repito, no hubieran sido más que intentos.

Tradicionalmente, El murciélago incluye “artistas invitados” a la fiesta del segundo acto y las invitadas de esta función fueron Janet Paulus y Mercedes Gómez y sus arpas, que por buenas que sean, distaron de ser un acierto. Bastaba con ver las caras del resto del elenco durante su intervención, ¡parecían jubilados esperando en una central camionera!

Eso sí, creo que fueron preferibles al desbordamiento de Regina Orozco, quien como buena perredista, el domingo aprovechó su oportunidad de tomar “la tribuna” en que se convirtió el escenario de Bellas Artes (nunca como ahora el del Blanquita ha tenido más categoría que el del Blanquito) para hacerle proselitismo al Pejen, ¿venía al caso? Si con ello rayó en lo grotesco, de lo que hizo rapeando a Agustín Lara, mejor ni hablar.

Qué tan grises habrán estado los cantantes, que lo menos tedioso resultó ser el sketch carpero de Hernán del Riego, que pecó de excesivo por su duración y reiteradas y cobardes mofas a la pareja presidencial.

Y al decir esto no es porque muchas de sus “puntadas” no hayan sido merecidas, sino porque no dejo de preguntarme si podemos llamar valiente a quien insiste en tan chocantes “insinuaciones”, cuando Chente y Martita están a punto de dejar el poder. Bueno hubiera sido que eso lo hubiera dicho hace seis años, o que ahora se pitorrerara de Felipe Calderón y Margarita Zavala, aunque -como diría la D´alessio-, “para eso a este le falta, lo que yo tengo de más...”

Ahí no acabó la cuota de vulgaridad: que filas atrás una señora comiera cacahuates, en lo que otros contestaban su teléfono y el acompañante del director de esa triple mentira denominada “Compañía Nacional de Ópera” se entretuviera tronando su chicle, sirvió para confirmarme que hay justicia divina: un público como éste, que acepta todo sin cuestionamiento alguno (¿será por falta de parámetros?), siempre recibe lo que merece.

Tras ver a lo que redujeron esta deliciosa opereta, solo me quedaron ganas de consultar la ouija para ver si podía cuestionar a don Rafael Solana por qué, tras otra desafortunada escenificación realizada aquí mismo, hace ya más de 20 años, dijo que esta partitura era “tan bella, que lo resistía todo”.

¿Sería acaso, que los estropicios de entonces no eran tan devastadores como los actuales?





El murciélago en Bellas Artes
Por José Noé Mercado

Llegó a su fin la Temporada 2006 de la Compañía Nacional de Ópera y también el sexenio lírico en el pretendido máximo recinto de arte en nuestro país. Para cerrar el telón, la CNO presentó en el Teatro del Palacio de Bellas Artes cuatro funciones, los pasados 14, 16, 19 y 21 de noviembre, de la opereta El murciélago de Johann Strauss II.

La puesta en escena de este título de alguna manera resumió el nivel promedio de calidad y el modus operandi con el que desde hace algunos años se viene haciendo ópera en Bellas Artes. La escenografía, firmada por David Antón: a últimas fechas el reanimador de zombis escenográficos por excelencia, fue un emplasto cuya mayoría de elementos procedieron de otros montajes que poco vinieron al caso. Hablar de rigor histórico o estilístico o propuesta es demasiado, cuando lo que de principio queda en duda es su funcionalidad.

La dirección escénica de José Solé una vez más, por si a alguien no le había quedado claro el resultado de sus puestas: al menos las recientes, fue anquilosada. Nada nuevo, con un trazo de movimiento artrítico y tendiendo a las plastas visuales en los números de conjunto. Y dejando la creación de personajes a la buena de Dios o a la iniciativa de los intérpretes, en el caso de que éstos la tuvieran: lo que no siempre ocurrió. La iluminación de Manolo Toledo sufrió varios apagones y lo peor no fue eso, sino el que dos melómanos detrás de mi asiento rumoraran que “qué lástima que no se quedó todo a oscuras, al cabo ni hay nada bueno qué ver”.

Se cantó en alemán y se dialogó en español, con la típica regionalización 4 que al parecer encanta a quienes toman las decisiones. ¿La trama no se desarrolla en Viena, en el 19? Todo se vio de una falsedad difícil de digerir y que para la escena musical, en pleno siglo 21, en realidad es innecesaria y cruel, porque parece que se espeta al público aquel célebre eslogan de Robert Ripley: Believe It or not! Poco raro hubiese sido que esa frase apareciera de vez en cuando en la pantalla de supertitulaje. De hecho, habría sido comprensible, ¿no? Incluso se contó con la actuación de Hernán del Riego, como el Carcelero, quien al parecer se especializa, desde que lo vimos en Candide hace unos años, en seguir los pasos de Palillo, Chatanuga, Caballo Rojas y todos esos cómicos de carpa y teatro de revista que han abordado la morcilla sobre la política nacional. Nada grave, cierto, sólo que éstos últimos no la hicieron en plena interpretación de El murciélago, ni orinaron en una jofaina en la que alguien después se lavaría, ni amagaron guacarear hacia el foso de la orquesta, ni, en resumen, se veían offside, como Del Riego (quien como puede suponerse: hay que decirlo en justicia de su buena actuación, su sketch, término derivado, como se sabe, de lo kitsch, fue lo más entretenido de la noche).

Y siguiendo con los fueras de lugar, los invitados a la fiesta del príncipe Orlofsky: Janet Paulus y Mercedes Gómez, correctas arpistas que requerían definitivamente un concierto aparte y ante público ad hoc para así no aburrir, como lo hicieron, a los espectadores, incluido el elenco, de esta opereta, que presenciaba bostezando sus lides artísticas.

Vocalmente se contó, en general, con un reparto apocado y sin lustre. Eugenia Garza, Rosalinde, con agradable centro en su voz, pero con problemas para enfrentar, sin abrir la emisión, el registro alto, lo que se traduce inevitablemente en estridencia. No se sabía a fondo la partitura y eso se notaba incluso en su inseguro desenvolvimiento histriónico. Si esta cantante mexicana de verdad se empleara al máximo para pulir su técnica y se concentrara lo suficiente para compenetrarse con la obra y los personajes que aborda, tendríamos a un artista de muy buen nivel, pues cualidades nunca le han faltado. Pero hasta que no llegue ese día, si llega, en que se decida, no pasa de estar en potencia y ofrecer actuaciones intrascendentes, al menos para el público.

En algún momento de la administración de Raúl Falcó se contempló la propuesta del maestro Enrique Ricci de contar con Ramón Vargas y Francisco Araiza para este Murciélago (que como se entiende llevaba años planeándose). Dichas participaciones no se concretaron (ni la de Ricci como director concertador), y quizá en la CNO ni siquiera se tomó en serio la idea, aunque se diera coba y se aparentara que sí. En cambio, tuvimos al tenor Mario Hoyos, Alfred, con una emisión apretada y corta, y al supuesto Heldentenor Peter Svensson, Eisenstein, quien nuevamente vino a vender espejitos a quien lo hace compadre. Galló repetidamente, columpió los ataques, en general ofreció un canto imbricado, pero lo que sin duda resultó patético es que lo hayan importado de Austria para que viniera a mal hablar español (aunque quedó claro que no lo hablaba sino que procedió fonéticamente). Eso sí: en lo escénico fue simpático y lo que mejor hizo fue darle sus buenas nalgaditas, o pellizquitos en la zona, a Adele, rol alternado por Irasema Terrazas y Rosa Elvira Sierra.

Terrazas, hoy la soprano consentida de México, salvó su participación gracias a su musicalidad, a su encanto escénico y a su delicioso desempeño histriónico, porque vocalmente tuvo que recurrir al estrechamiento del sonido para intentar conseguir altura en el mismo, lo que no siempre logró, perdiendo así brillo en su voz y libertad y soltura interpretativa. En este momento, Adele resultó un papel de una vocalidad muy alta para Irasema, de los que hacía tiempo no enfrentaba, y en verdad tuvo que esforzarse para salir adelante con el mayor decoro lírico posible. Aun así, no alcanzó el buen rendimiento a que nos tiene acostumbrados, como tampoco lo hizo Oziel Garza Ornelas, Falke, quien se percibió desencanchado y algo fuera de forma.

Armando Gama, Frank, y Grace Echauri, Orlofsky, tuvieron un mejor rendimiento que el resto del elenco; el coro, preparado por Pablo Varela, tuvo disposición musical, lo mismo que el director concertador, Kamal Khan, a quien hace dos títulos vimos también como invitado de la CNO, al frente de la Orquesta del Teatro de Bellas Artes, pero ello no influyó mucho en el balance general de una función tan poco memorable. Aunque pensándolo bien, cuando tanta medianía se fusiona, es difícil de olvidar.

lunes, marzo 26, 2007

Bolaño, 3 + 4 + 14 = 1ro.

Para todo lector de literatura en nuestra lengua es irresistible echar una mirada a la lista de resultados de la encuesta realizada por la revista Semana -a propósito del XIII Congreso de las academias de la lengua y el IV Congreso internacional de la lengua española recién celebrados en Medellín y Cartagena, Colombia-, en la que 81 expertos -escritores, editores, críticos, periodistas culturales- eligieron, según ellos, las 100 mejores novelas de los últimos 25 años escritas en español.

Hay sorpresas en las novelas y en los autores escogidos, desde luego. Otras no lo son tanto. Hay rostros del establishment literario. No podía ser de otra manera. Pero igual caras burlonas, en otros tiempos, marginales o despreciadas. Eso sí que podía ser de otra manera.

No estoy muy convencido de que en arte se pueda escoger los 10 mejores, los 50 mejores, los 100 mejores, el mejor. ¿Con base en qué, de acuerdo a qué, según quién? Como solía decirme el director de escena -qepd- Claudio Lenk: cuando me preguntan cuál es la mejor voz de la historia operística, yo les digo que eso no se puede decir, pues no son las Olimpiadas para determinar quién llegó primero, quién saltó más alto, quién se anotó más puntos.

Pero el morbo, la polémica, la pasión, el gusto, un buen análisis, siempre nos hace opinar sobre los mejores, ¿cierto?

Aquí están las mejores 15 novelas, de las 100 que se eligieron en el artículo de la revista Semana:

Uno El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez (homenajeado en los congresos antes mencionados por sus 80 años de vida, 25 de haber recibido el Nobel y 40 de sus Cien años de soledad).

Dos La fiesta del chivo, de Mario Vargas Llosa

Tres Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño

Cuatro 2666, de Roberto Bolaño

Cinco Noticias del imperio, de Fernando del Paso

Seis Corazón tan blanco, de Javier Marías

Siete Bartleby y Compañía, de Enrique Vila-Matas

Ocho Santa Evita, de Tomás Eloy Martínez

Nueve Mañana en la batalla piensa en mí, de Javier Marías

Diez El desbarrancadero, de Fernando Vallejo

Once La virgen de los sicarios, de Fernando Vallejo

Doce El entenado, de Juan José Saer

Trece Soldados de Salamina, de Javier Cercas

Catorce Estrella distante, de Roberto Bolaño

Quince Paisaje después de la batalla, de Juan Goytisolo


Roberto Bolaño, su radicalidad estética, sus riesgos literarios y éticos, su torrencial apuesta narrativa, sin duda, son los vencedores en esta lista. No sólo porque logra colocar tres de sus novelas entre las mejores quince -además de asomarse, lo que no deja de parecer una ironía sutil de Bolaño en esta lista, como personaje en Soldados de Salamina-, sino también porque hasta finales de los noventas era un escritor más bien desconocido para el grueso de los lectores y su presencia no puede compararse, por ejemplo, con la de cuatro o cinco décadas de los chicos del boom. Y no debe soslayarse que Bolaño murió hace ya casi cuatro años, y no él, y su mayor o menor estatus -que en otros autores rebasaría el literario, para situarse en el político, el mediático, etcétera-, sino sus libros, su desbordante fluido narrativo, son los que ahora libran la batalla con los lectores, la crítica y aun otros escritores.

Por eso, aunque da gusto ver diversos nombres como autores de las supuestas mejores 100 novelas del último cuarto de siglo, aterra leer el de otros, entristece mirar a algunos tan abajo e irrita notar la ausencia de muchos más, puede decirse que en el caso de Bolaño 3 + 4 + 14 = 1ro.

El artículo completo de la revista Semana, con fichas sobre los autores y las 100 mejores novelas elegidas, puede, y debe, leerse en su página de Internet:

http://www.semana.com/wf_InfoArticulo.aspx?idArt=101793

domingo, marzo 18, 2007

La cucaracha con Villazón
Llegué a casa luego de escuchar en Bellas Artes La Pasión Según San Mateo de Bach. Algo denso, grandioso, difícil de asimilar. Cierto. Pero bien, a gusto. Bach se cocina solo, si bien en el Teatro de BA no poco público dormía, mientras Jesús era torturado. Un tipo cerca de mí, de hecho, no sólo dormía: roncaba, el muy cínico, que es como si un camión de redilas nos pasara junto: frenando con motor, desde antes de que Pilatos se lavara las manos. Lo bueno es que alguien, que últimamente luce muchos huevos, según le decimos, mandó callar al lirón, desde filas adelante. En fin. Cosas que pasan. La reseña-crítica la dejo para la revista Pro Ópera. El caso es que luego de esas lides musicales de alto vuelo técnico, algo más ligero se antoja para bajar, y qué mejor que con Rolando Villazón, uno de los mejores tenores del mundo, actualmente. Va:

martes, marzo 13, 2007

Calaña de Violetta

Posteo dos párrafos q me latieron de este libro q tiene como protagonista a Xavier, un auténtico Violettito si se piensa en Diablo Guardián: raterillo, mentiroso, insaciable, egocéntrico, ocurrente, sátrapa solitario con un accionar y lenguaje y frases de publicista cuya picaresca resulta muchas veces deliciosa.

No en balde aún me envilece, y llena de orgullo a la vez, aquella dedicatoria q Xavier Velasco me puso hace tiempo en la primera página de El materialismo histérico en la q hace constar mi relación con la adorable y sísmica Violetta, versión cool de la naquita poquitera Rosa del Alba Rosas Valdivia. Vínculo, pasado negro, q uno siempre quisiera ocultar pero no puede. En fin, aquí van:


"Al principio trataba de jugar con los otros, pero uno acepta cierto número de rechazos, hasta que se convierte en un solitario arrogante, de modo que parezca que se alejó primero. ¿Quién querría ser amigo de quien no tiene amigos? ¿No es cierto que la roña de los solitarios se contagia como la mala suerte y la fama de bueno para nada?".



"Tal vez el principal problema del infierno sea su atroz carencia de señalización. Cruzamos sus fronteras sin jamás advertirlo, y así sobrevivimos aterrados ante la perspectiva de estar donde ya estamos. Sólo al salir, con suerte, sabremos que estuvimos, lo cual difícilmente nos servirá para evitar volver. Porque, claro, no hay señalización".
Éste que ves
Xavier Velasco

viernes, marzo 09, 2007

Soportarlo todo


"Un poeta lo puede soportar todo. Lo que equivale a decir que un hombre lo puede soportar todo. Pero no es verdad: son pocas las cosas que un hombre puede soportar. Soportar de verdad. Un poeta, en cambio, lo puede soportar todo. Con esta convicción crecimos. El primer enunciado es cierto, pero conduce a la ruina, a la locura, a la muerte".

"Enrique Martín"
Llamadas telefónicas
Roberto Bolaño
Tristeza infinita

Más de Jugada de presión.

Un déjà vécu y a la vez un déjà senti, acaso un déjà visité. En sí, un déjà vu. Una escena, en todo caso, que sentí muy mía, muy emotiva, al momento de leerla.

"-Por Dios, Max. ¿Por qué tiene que ser así? ¿Por qué no podemos simplemente querernos otra vez?

Me echó los brazos al cuello y se aferró a mí con todas sus fuerzas, sollozando de forma incontrolable. La abracé, esperando no haber cometido el mayor error de mi vida. No estaba seguro si lo hacía por su propio bien, o si me daba demasiado miedo comprometerme otra vez. Era de esas decisiones que siempre se pagan caras.

La besé en la boca y se abandonó con ansia, como si aquella intimidad pudiese anular la terrible decisión que yo acababa de imponernos. Cuando hicimos el amor, no fue un preludio de algo, la promesa de un nuevo comienzo, sino una especie de despedida, un adiós desesperado a todo lo que habíamos vivido juntos. Cathy no podía dejar de llorar y, cuando terminamos, ni ella ni yo habíamos encontrado consuelo a nuestra pena. La carne no ofrece soluciones. Puede ser un lugar de tristeza infinita".

Jugada de presión
Paul Auster

martes, marzo 06, 2007

¿Rentable?

"De un arte no se hace un negocio rentable. Le quitaría todo el placer".

Jugada de presión

Paul Auster

Dudar

"¿Por qué? Chacaltana pensó que esa pregunta no venía en los manuales, las cartillas ni los reglamentos. Él mismo nunca la había formulado. Pensó que uno debe creer para construir un país mejor. El que pregunta no cree, duda. No se llega muy lejos con dudas. Dudar es fácil. Como matar".

Abril rojo
Santiago Roncagliolo

jueves, marzo 01, 2007

Pro Ópera marzo-abril


Puntual, como todo aquello ineludible de la vida, hoy: día 1, aparece la revista Pro Ópera, edición marzo-abril 2mil7.

La portada se debe a una plática que tuve con las sopranos Lourdes Ambriz e Irasema Terrazas, ahora que en febrero se alternaron el protagónico de Marina de Emilio Arrieta en BA. La entrevista trae fotos estupendas de Ana Lourdes Herrera, ya es costumbre, de las que este post muestra un par.

Hay, desde luego, mucho más para leer en este número -por ejemplo todo lo ocurrido en los paneles Criticando a los críticos-, así que es importante darle una buena checada.

Aunque al momento mismo de postear esto aún no se termina de subir la revista a Internet, aunque el proceso ya inció y no creo que tarde mucho más, va el link para que pueda consultarse en línea, que nunca será lo mismo que tenerla en papel:

http://www.proopera.org.mx/revista_mar07.html

martes, febrero 20, 2007

Un crítico muy lucas


"Así ingresé al vicioso círculo de los críticos. Sin título, sin contactos, sin demasiados conocimientos técnicos, pero con energía y datos de sobra. Me convertí en el segundo crítico más joven del país. Me asimilé, a duras penas, al grupo de freaks y pasé demasiadas tardes encerrado en algún piso de ese edificio de la calle Santo Domingo. Sin planearlo, entré a la élite de los cronistas y críticos. Todo un mundo, toda una moral: tipos obesos que roncaban durante las funciones, jubilados con cronómetro, ancianas que tejían, solterones con marcapasos, ex actrices de telenovelas, exiliados-retornados antihollywoodenses, ventrílocuos de Cahiers de Cinema.



"Ninguno de ellos me tomó en serio; muchos se asustaron ante mi aparición. Así y todo, y por un leve instante, fui el tipo más feliz de la tierra. Aprendí a mentir tanto que hasta me llegaron a gustar aquellas películas aburridas e ininteligibles que decía que eran buenas con tal de no quedar mal. Claro que todo duró poco. Demasiado poco. Tanto que ni siquiera alcancé a darme cuenta. Al poco tiempo, Casa-Avisos quebró. Y yo ya estaba en decadencia".


"Lucas García: Una estrella-y-media"
Por favor, rebobinar
Alberto Fuguet

miércoles, febrero 07, 2007

Ojalá, Marías, ojalá

Foto: Carmen Bellvé

Hay ocasiones en que no estamos para nadie. El ánimo se fisura o se crispa o de cualquier manera algo ocurre, dentro o principalmente fuera de nosotros, que nos indispone. A veces. Así, unas líneas de Javier Marías, ese máximo narrador español en la actualidad según algunos, vienen a cuento:

`...Ojalá nunca nadie nos pidiera nada, ni casi nos preguntara, ningún consejo ni favor ni préstamo, ni el de la atención siquiera... Ojalá nadie se nos acercara a decirnos “Por favor”, u “Oye, ¿tú sabes?", “Oye, ¿tú podrías decirme?", "Oye, es que quiero pedirte: una recomendación, un dato, un parecer, que me guardes este secreto o que cambies por mí y seas otro, o que por mí traiciones y mientas o calles y así me salves..."´.

Tu rostro mañana/2, Baile y sueño
Javier Marías

martes, febrero 06, 2007

El ímeil y la ciberdimensión desconocida

Hace unos días, no +, una amiga me preguntó si había recibido un ímeil que me envió hace tiempo. Pues no, no lo recibí. Así sucede, son los riesgos de la comunicación posmoderna. Ella clickó enviar al correo que escribió, me dijo, pero nunca llegó a nigún lado (y x supuesto no pudo generarse ninguna respuesta). Guardaste copia, le pregunté. No, me respondió. Entonces se perdió en el éter cibernético, le dije. Sí, dijo, se fue a la dimensión desconocida.

El fin de semana igual yo pregunté a otra amiga x qué razón no se había tomado la delicadeza de responder un par de correos que le envié, creo que en diciembre, a lo que ella me respondió que no los había recibido. Al principio me sonó a pretexto, pero terminé por creerle, pues he comprendido que andar x ahí con paranoias, daña. En serio.

Ambos casos, que x lo demás ya me habían ocurrido en otras ocasiones y que no creo que no se vayan a replicar en lo que se llama futuro, me recordaron un pequeño comentario que le dejé en su blog a mi otrora maestra de Ciencias de la Comunicación en la Carlos Septién García, sobre uno de sus post, en el que ella hablaba con entusiasmo sobre las maravillas del ímeil.

Ingresé en el blog de mi vieja maestra, que en rigor no es tan vieja y más bien ostenta el doctorado en teoría de la comunicación (o en algo así), busqué mi comentario entre su bitácora y lo postearé a continuación, porque supongo que algún vínculo guarda con el motivo de este post. Suponiendo que haya alguno claro.

X cierto que estas anécdotas de la ciberdimensión desconocida son reales, como otras que he posteado, y no las inventé ni ficcioné, como luego suponen algunos. Y algunas.


Usted tiene un nuevo mensaje

Hola, Cecilia. Seguro te acuerdas de mí, aunque ya no estemos en un salón de escuela: tú dando clase y yo haciendo como que estudiaba. Leí tu entusiasta post sobre las ventajas del correo electrónico. Creo que las comparto. A veces, mínimo.

Creo, incluso, que olvidaste mencionar una de las características que hacen más preciado el correo electrónico en el proceso comunicativo y que muchas pesonas, entre las que me incluyo, valoramos: no tienes que verle la cara (buena, mala o francamente insoportable) al receptor o receptores. Y, lo que puede ser mejor, no nos la tienen qué vér a los emisores. ¿No te ha pasado, como a mí y a tantos, que hay ocasiones en que no estás, que no quieres dar la cara? Eso en sí mismo rompe muchas barreras, o de menos las fisura, para entablar comunicación. Claro que todo lo demás en dicho proceso es de pronóstico indefinido.

Argumentaciones para las ventajas, hay muchas.

Pero, por otro lado, quisiera expresarte una inquietud. ¿Te has puesto a pensar en la cantidad de horas, en la cantidad de vida que se pierde o se gasta o se invierte (como se le guste llamar) en escribir mensajes de correo electrónico? ¿Quién no tiene en su bandeja de entrada, y en la de salida y en todas, decenas, cientos, miles de correos que quizá se leyeron -o medio leyeron- alguna vez y que hoy son basura cibernética o nostalgia o ya no se tienen y ahora forman parte de un éter más virtual que nunca? ¿Y si, tal vez, jamás se leyeron? Qué angustia saber el destino de correos que una vez nos sentamos a escribir, a veces con la pretendida técnica de un Nobel de Literatura o con la encendida esperanza de provocar algo especial en el receptor. Eso sin detallar los millares de correos que acaso se conservaban como bitácora de vuelo en un disco duro y que, supongamos, un mal día se tuvo que formatear, quizá por causa de un indeseable virus.

El correo electrónico, leía en alguna parte, ha fomentado de manera muy importante la escritura. Y ya se sabe los beneficios y privilegios de escribir, que en el fondo es lo mismo que leer. Y viceversa. Aunque dicho fomento, decía lo que leí en alguna parte, ha sido de una mala escritura, de una deformación del lenguaje (que yo prefiero entender como devenir), de un culto a la banalidad e intrascendencia del ser humano. Porque lo importante es, ¿con el correo electrónico hemos realmente arrojado nexos para mejorar la comunicación entre las personas? Hoy con las nuevas tecnologías, ¿nos escuchamos más, nos prestamos más atención que antes?
Hoy el correo electrónico está igual fuera de las pecés y laptops. Está en el celular, en las palms, en dispositivos móviles de diversos tipos o en un aparato combo que todo lo contiene. Pero qué me dices, querida Cecilia, de las plantillas definidas que traen algunos de esos aparatos para enviar, por ejemplo, mensajitos de texto: “Hola, Llego en 5 minutos, Cómo estás?, Bien y tú? Qué haces? Nada, Dónde andas?

En fin, me gustaría conocer tus impresiones. Aunque dado el tema comentado, en este momento no tenga la seguridad de que leerás este mensaje y menos aún de que obtendrá respuesta.

martes, enero 30, 2007

Más de ese lado oscuro


2mil7 es el año en que se cumplen 400 años de L´Orfeo de Claudio Monteverdi, que significa algo así como el nacimiento de la ópera. No estrictamente, pero casi. Y 2mil7 igual representa un año singular, al menos para cierto sector literario: Stephen Edwin King cumple 60 años, el 21 de septiembre.

Sobre Orfeo, su estilo, la música barroca y algo +, ya publiqué una entrevista con el flautista Horacio Franco, especialista notable del repertorio antiguo, en la edición enero-febrero de la revista Pro Ópera: http://www.proopera.org.mx/revista_ene07.html

Así que por ese lado de los 400 años, ya cumplí. Algo, al menos. Así que ahora + sobre el gran Stephen King. En particular un par de fragmentos de La mitad oscura, esa novela de buen suspense que aborda con nuevos elementos esa situación del otro yo, onda Dr Jekyll y Mr. Hyde, trasladada a la personalidad y oficio de escritor. Como si esa bifurcación no existiera ya de común entre los que se meten a hacer ficción o simplemente crean, o escriben.

Un par de preguntas oficiosas, que en cualquier caso nada dicen sus respuestas, ¿o sí?:

¿Cuánta gente conoce el Orfeo de Monteverdi o a éste, a 400 años de que lo compusiera? ¿Y quién no conoce a Stephen King, alguno de sus libros: o alguna pélicula a que dieran origen -alguna, incluso, dirigida por De Palma o Kubrick o Romero-, ahora que el escritor de Maine llegará a los 60 años de edad?


"Los personajes de los libros -al menos, en los libros de Stark- nunca se tomaban pausas como aquella, nunca se detenían a hacerse preguntas disparatadas... En los libros, los personajes no precisaban tomarse un descanso para aliviar las tripas; y nunca se quedaban agarrotados de aquella manera.

El mundo sería un lugar más eficiente si todos sus habitantes procedieran de las novelas baratas, pensó Thad. En las novelas baratas, los personajes siempre consiguen mantener en orden sus pensamientos mientras pasan tranquilamente de un capítulo a otro".

"¿No existía una parte de él que siempre había admirado a George, un tipo que no tropezaba con las cosas ni trastabillaba, un hombre que nunca parecía débil o estúpido, un ser que nunca temería a los demonios encerrados en el mueble bar? Un hombre sin mujer e hijos en quienes pensar, sin amores que lo ataran o le hicieran aflojar el paso... Un hombre que tenía una respuesta directa y cortante a todas las preguntas difíciles de la vida".

En Wikipedia La enciclopedia libre, por cierto hay una monografía sobre King y su obra bastante buena, que amerita consultarse: http://es.wikipedia.org/wiki/Stephen_King