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sábado, febrero 28, 2009

Pro Ópera marzo-abril 2009


Salió ya la revista Pro Ópera en su edición marzo-abril 09 que trae como texto de portada una entrevista al barítono ruso Dmitri Hvorostovsky.

Aparte de mis columnas Ópera en México, que como pocas veces ha dado cuenta de la nada, o casi nada lírica en DeEfe y México en el Mundo, publico una entrevista que le realicé a la talentosa y guapa directora de orquesta Alondra de la Parra.

La edición viene muy completa. No olvidarse de leer en la página web secciones como Otras Voces (entre otras cosas, trae un artículo sobre la crítica musical-operística bastante bueno y polémico de Sergio Padilla), Ópera en el Mundo (la sección de reseñas y críticas más amplia y completa de todas las revistas líricas especializadas en el orbe) y Entrevistas en línea (Ricardo Marcos conversó con el barítono francés Guilles Cachemaille y Ramón Jacques con la soprano italiana Désirée Rancatore), que son un plus de la revista impresa.


jueves, febrero 19, 2009

Un acercamiento al genio de Wagner

José Noé Mercado, crítico musical y periodista, ofreció la noche del miércoles
un recorrido por la vida y obra de Richard Wagner.
Foto: S Núñez, El Informador

Una amiga me envió esta nota aparecida en El Informador de Guadalajara, Jalisco, a propósito de la conferencia que di hace unos días sobre Richard Wagner en tierras tapatías:


Un acercamiento al genio de Wagner

Conferencia previa en Haus der Kunst

El recital de este viernes promete ser una de esas noches inolvidables en el Teatro Degollado, protagonizada por piezas del compositor alemán

GUADALAJARA, JALISCO.- Desde hace varios días, el busto de Richard Wagner ha sido un testigo silente de la constante promesa de una noche inolvidable en el Teatro Degollado (este viernes, a las 20:30 horas) con la Orquesta Filarmónica de Jalisco y 20 músicos más procedentes de la Ciudad de México, la soprano británica Jane Eaglen y el director italiano Guido María Guida.

Incluso la noche del miércoles se desplazó del lobby del Degollado a la Galería Haus der Kunst para acompañar a José Noé Mercado, crítico musical y periodista, y escucharlo decir -como ya lo han hecho otros- que la de hoy será una noche inolvidable, con la música de "un compositor muy querido, no solo genial".

Como en el resto de las ocasiones, Wagner se quedó mudo, pero escuchó atento (como el grupo de personas que asistió a la conferencia) el repaso histórico que el especialista hizo por su vida y obra, influenciada por su padrastro que lo enroló en las artes escénicas; caracterizada por una búsqueda del origen, que se presenta como un cuestionamiento recurrente en sus óperas; y dotada con una fuerza y profundidad pocas veces vista.

Mercado ofreció a los asistentes un recorrido por las obras de Wagner, desde su inicio a los 14 años con la tragedia Leobaldo y Adelaida "con algunas fallas", pero que le hizo descubrir que la música era un ingrediente faltante en su libreto, hasta los temas que se interpretarán este viernes, como El anillo del nibelungo.

CRÉDITOS: Informador Redacción / OOCH /Feb-06 03:39 hrs.

Para conocer a Richard Wagner

Foto: Público

Ignacio Dávalos en su columna cultural Agenda: Pequeña guía para disfrutar los ratos libres, en Milenio Guadalajara, entre sus variadas recomendaciones incluyó lo de mi conferencia wagneriana. Gracias a Ignacio, a quien no tengo el gusto. Aquí posteo la nota, como recuerdo, no más:

No se lo pierda
Para conocer a Richard Wagner
2009-02-04•Cultura


La Gala Wagner se presentará el próximo viernes 6 de febrero en el Teatro Degollado, con la participación de la célebre soprano Jane Eaglen, la Filarmónica de Jalisco y el director italiano Guido Maria Guida. Para ir calentando motores, y llegar más enterado al magno evento, esta noche se realizará una conferencia magistral impartida por José Noé Mercado, colaborador de la revista Pro Ópera. El especialista abordará el tema La creación musical de Richard Wagner, con la intención de que los asistentes conozcan más del legado del compositor y músico alemán.

Haus Der Kunst
20:00 horas. López Cotilla 1939, casi esquina con Luis Pérez Verdía.

martes, febrero 10, 2009

Orígenes de la ópera y generalidades de la ópera barroca: las conferencias


Pro Ópera A.C. arranca su ciclo de conferencias 2009, que este año será un auténtico diplomado, con una plática sobre los orígenes de la ópera y otra sobre las características generales de la ópera barroca.

Cita: 10 y 24 de febrero de 2009, Club de Industriales del Hotel JW Marriott, Polanco, Distrito Federal. 19:00 horas (el lugar, no Pro Ópera A.C. ni yo, exige saco y corbata necesariamente para ingresar).

Conferencista invitado: José Noé Mercado

Las conferencias tienen un costo de recuperación, pero a quien opte por el diplomado completo, que tendrá a diversos conferencistas según los diversos temas que se abordarán a lo largo del año, se le ofrece un costo especial. No sé bien. Incluso, habrá becas para cantantes o estudiantes interesados en asistir a las charlas para ampliar su formación. Pero no sé bien. Mejor pedir informes en:

info@proopera.org.mx y a los teléfonos 52544822 y 52544820.

lunes, febrero 09, 2009

Wagner al alcance de la mano


Los entusiastas integrantes de La Lira de Orfeo, organizadores de la Gala Wagner en el Teatro Degollado de Guadalajara con Jane Eaglen y Guido Maria Guida, me pidieron un breve texto para incluirlo en el programa de mano.

El programa, de 28 páginas más primera, segunda, tercera y cuarta de forros, quedó muy bien. Aquí extraigo mi texto. Posteo.

Wagner al alcance de la mano
x José Noé Mercado

Richard Wagner es, no fue, una referencia del arte y la cultura occidental entera. Nació en Leipzig, en 1813, y murió en Venecia, en 1883, pero sigue vigente, como pocos autores del catálogo lírico antes del siglo 21.

Wagner es un compositor que cimienta una estética por la que habrían de transitar músicos posteriores tan insistentemente que algunos procurarían evitarla, negarla o contradecirla. Y quizás lo hicieron, pero sin lograr ocultar que partieron de ella. Wagner también es un director de orquesta contemporáneo; un dramaturgo sólido que escribe los libretos para todas sus obras escénicas; un teórico lúcido y reformista que aspira a la música del porvenir y a la obra de arte total que habrá de representarse en un sitio especial, casi místico; un ensayista a veces rencoroso y criticable, un adorador de las mujeres, de preferencia de las ajenas, un hombre, en suma, fascinante y lleno de fuerza creativa, de claroscuros.

Las primeras tres incursiones operísticas de Wagner: Las hadas (1833: estrenada en 1888), La prohibición de amar (1836) y Rienzi (1842), recuerdan sus años de penurias económicas y los peajes que tuvo que pagar para abrirse paso en la historia musical, pero igualmente muestran de dónde proviene el artista: hay claras influencias de la tradición lírica germana, principalmente de Carl Maria von Weber, de la gran ópera francesa y del belcanto italiano.

El holandés errante (1843), Tannhäuser (1845) y Lohengrin (1850) son óperas de consolidación, en las que Wagner sintetiza leyendas, temas, que dan unidad a toda una cultura. En ellas, además, se manifiestan, con mayor claridad que en las primeras obras, inquietudes que hoy resultan indudablemente wagnerianas: la redención por amor, la paternidad interrogada, la incertidumbre por el origen y el futuro, la inmolación, la divinidad perdida, la imposibilidad de conjugar los afectos terrenales con los ideales marcados por un destino, el combate a la pasión erótica en la que de cualquier manera se sucumbe. Así, el trovador Tannhäuser se debate entre la calentura carnal de Venus y el amor puro de Elisabeth, quien habrá de redimirlo con su propia inmolación.


En El anillo del nibelungo, el conocimiento profundo de estudios mitológicos, literarios y filológicos de origen escandinavo y germánico, sirvieron a Richard Wagner como fuente de inspiración para crear su propia cosmogonía, que inicia con la vida en el agua y termina con una destrucción apocalíptica del mundo. En 1848, Wagner pretendía escribir una ópera heroica que llamaría La muerte de Sigfrido, misma que habría de convertirse en El Ocaso de los dioses, precedida de un segundo libreto —escrito posteriormente— titulado El joven Sigfrido y de un tercero llamado El castigo de la valquiria, todo esto antecedido por un gran prólogo denominado El robo del oro del Rin.

Al contar ya con el libreto integral, Wagner redactó la música para las cuatro obras que estructuralmente forman El anillo del nibelungo: El oro del Rin, La valquiria, Sigfrido y El ocaso de los dioses. Este ambicioso proyecto se prolongó durante 26 años, ya que fue hasta 1874 cuando el compositor de Leipzig escribió, al pie del último compás de la partitura, la frase “No digo nada más”.

El estreno del ciclo completo debió esperar dos años más (agosto de 1876). Es decir, desde que Wagner emprendió la composición de esta colosal empresa, hasta que la viera escenificada, en el Teatro del Festival de Bayreuth, construido ex profeso para la ocasión, habrían de transcurrir 28 años.

En medio de ese trabajo discontinuo, pero de unidad tan probada como los leitmotiven (celulas sonoras que identifican personajes, acciones, objetos y demás) que tejen su música, Wagner estrenó dos obras. La primera, Tristán e Isolda (1865), compuesta bajo el influjo de su relación sublimada con Matilde Wessendonck, esposa de Otto, su amigo y mecenas, asistimos a un amor de naturaleza tan profunda que, quizás, trasciende la imposibilidad de concretarse en vida y por eso recurre a buscar una oportunidad en la muerte.

La redención al redentor que aborda estos temas de forma tan dramática y tensa llegaría con Los maestros cantores (1868), de carácter menos serio, incluso cómico, y con Parsifal (1882), no sólo una despedida del mundo creativo y de la existencia, sino su misma consagración solemne en escena.

domingo, febrero 08, 2009

De Wagner y Rossini a Juan Gabriel y Chabuca


Las esperas en los aeropuertos, en rigor, desesperan. El tiempo transcurre lento y, sin embargo, se escapa igual, se va a la inexistencia y uno siente que ha perdido algo indefinido mientras hace hora.

Posteo desde Natural break del aeropuerto de Guadalajara, aguardo mi vuelo y recapitulo. La conferencia wagneriana salió bien. Acudió mucha gente y se interesó en ese mundo tan rico del compositor de Leipzig. Luego me lo comentaron, ahí o antes, durante o después de la estupenda Gala Wagner que ofreció la soprano inglesa Jane Eaglen acompañada por la Orquesta Filarmónica de Jalisco bajo la batuta de Guido Maria Guida en el Teatro Degollado.

Eaglen fue Siglinda, Isolda, Brunilda, Elisabeth y no escatimó su voz poderosa, emitida con técnica precisa. Fue conmovedora, intensa. Y es un caramelo de persona. La entrevisté, por cierto. Ya luego podrá leerse esa plática. En la revista Pro Ópera. Próximamente.

También conversé con el tenor peruano Juan Diego Flórez, quien ayer ofreció en el Auditorio Telmex de esta ciudad un atractivo concierto de arias belcantistas y música popular latinoamericana, incluidas, para el sopor de los puristas, Ay, Jalisco no te rajes de Esperón-Cortázar y Se me olvidó otra vez de Juan Gabriel. Pronto, en Pro Ópera, esa entrevista con JDF.

Una visita a Guadalajara de mucha actividad, pero bien, que me deja satisfecho. En esta ciudad siempre, siempre, he conocido personas importantes para mí. O, en otras palabras, personas importantes para mí las conocí en Guadalajara. Ojalá así fuera siempre. Pero uno nunca sabe todo el libreto que interpretará en la vida, y no lo entiende del todo ni siquiera cuando lo vive. Da igual.

No sé si el Deefe me espera o no, pero lo mismo voy para allá. Emprendo el largo camino a casa. Una voz gangosa y chicharroneada a través de los altavoces me anuncia el inicio del abordaje del vuelo. Me voy.

viernes, enero 30, 2009

Gala -y conferencia- Wagner


Este viernes 6 de febrero se llevará al cabo la Gala Wagner. Será en el Teatro Degollado, en Guadalajara, Jalisco. Participará la célebre soprano Jane Eaglen, la Orquesta Filarmónica de Jalisco y el director concertador será el italianísimo y wagneriano Guido Maria Guida.

La expectativa es grande.

En ese marco, la gente de la Lira de Orfeo, que se ha encargado de organizar todo esto de la gala, me ha invitado a dar una conferencia sobre la obra de Richard Wagner. Creo que mis filias wagnerianas son bastante públicas, así que acepté.

Cita: Miércoles 4 de febrero, a las 2000 horas. En Haus der Kuntz: López Cotilla, número 1939. Veamos.

lunes, enero 19, 2009

Volver--EPCSG


Siempre es raro volver. Se regresa al mismo sitio, con la misma gente y, sin embargo, ni el lugar ni las personas ni, por cierto, uno mismo, se miran sin la distorsión de un cambio no del todo tangible pero cierto.

La Escuela de Periodismo Carlos Septién García, mi alma mater, me invitó a impartir clases en sus aulas. Y acepté.

No con la frente marchita y sin que las nieves del tiempo hayan plateado mi sien, porque tampoco hace tanto que egresé, pero vuelvo al lugar que fue decisivo en mi formación periodística e importante, mal que mal, para buena parte de mi vida.

Ahora no seré alumno. O quizás sí, en cierto modo uno siempre es alumno mientras vive, pero ahora seré titular de géneros de opinión en la casi sexagenaria EPCSG. Me atrae la idea. Me gusta la asignatura, en un medio como el mexicano en el que todo mundo opina y hace suya la bandera de la libertad de expresión, con todo el derecho pero, en muchos, muchos casos, sin fundamentos ni razón ni qué decir.

A finales de enero arrancará el semestre. Bien. Ahí estaré para contribuir en la formación de nuevas generaciones de periodistas. Ésa es la idea. Ya veremos.

jueves, enero 01, 2009

Ellos lo saben todo


"Y ellos ven. Se dan cuenta que estás buscando algo y que tratas de encontrar a alguien. Sí, ellos saben todo, y comprenden que te sientes solo. Y me preguntan. Entonces yo les digo que para ti la vida es una prostituta que cobra cinco mil pesos por cada turno. Es una prostituta terriblemente fina.

"Ellos sonríen y me siguen interrogando con la mirada. Me doy cuenta de que están interesados y les digo, contento, que por eso tú no estás de acuerdo con la vida, que ¿qué puedes hacer? Pero que estás terriblemente enamorado de ella, pero que sabes que tu amor nunca será correspondido, porque al fin de cuentas la vida es una prostituta y no puedes esperar nada de ella; es de sentido común, les digo".



"Te miran detenidamente y te miden. Ven que no eres alto ni bajito. Como ellos lo saben todo, se dan cuenta de que estás desesperado. Empiezas a caminar más hacia allá y descubres que no tienes amigos, que crees tener unas cuatro amigas íntimas, pero no las tienes, que no son tan íntimas como crees...".

"Saben que recuerdas tiempos pasados, mucho mejores que éstos, y saben que al recordarlos sientes una sensación rara en la boca, aquí, en el paladar. Te miran a los ojos y encuentran en ellos una infinita tristeza, entonces yo les digo que mucha gente está de acuerdo en lo mismo. Hablan entre ellos y están de acuerdo en que tu principal problema es la inadaptación producto de la soledad, de la terrible y asquerosa soledad".


Mi cuerpo es una celda
Andres Caicedo
Dirección y montaje Alberto Fuguet
Grupo Editorial Norma, 2008

martes, diciembre 30, 2008

Pro Ópera enero-febrero 2009

Finaliza 2mil8, pero, de alguna forma, 2mil9 llegará en breve, si no es que algo de él llegó ya.

Entre otras razones, porque el primer número 2mil9 de la revista Pro Ópera ya circula y, también, está en línea, sin que aún sea enero. Esta edición sale adelantada. Pero está bien. Viene completa y mejor poder leerla desde ya. No creo ser el único ansioso.

La portada (foto de la admirada Ana Lourdes Herrera) corresponde a un extendido texto mío. Platiqué con la soprano Irasema Terrazas, la mezzosoprano Verónica Alexanderson, el tenor Óscar de la Torre y el barítono Armando Gama, que juntos forman el cuarteto vocal Arveiros. Cuatro entrevistas en una aquí.

También mío se publica una versión remix de mi entrevista con el compositor cubano José María Vitier, autor de la música de Santa Anna. A propósito de esta obra, presentada en el Teatro de la Ciudad, que lleva libreto de Carlos Fuentes, igual sale mi crítica.

Igual, con fotos de ALH, se publica mi crítica de L´elisir d´amore en la sala Miguel Covarrubias. También sale, como cada número, mi columna Ópera en México (con diversas críticas, reseñas y demás textos, incluso algunos de otros autores que complementan la sección), con México en el Mundo. Y también saco un par de textos en Ópera en los Estados.

Aunque escribí mucho, lo mío no es todo. Vienen muchas cosas más, de numerosos autores. Puede leerse en papel: recomendable, o consultarse ya, de manera completa en:

Pro Ópera, enero-febrero 2mil9


miércoles, diciembre 24, 2008

Navidad 2mil8

FOTO: JNM

Pues llegaron las fiestas de fin de año 2mil8. Antes, estas fechas me caían pésimo. Ahora las tolero y, en lo posible, las disfruto. Es, quizás, cuestión de quedar sano por dentro. O algo parecido.

Nada: felices fiestas a todos los lectores de este blog. Que la navidad traiga algo de calma. Y que 2mil9 sea, mal que mal, un año vivible.

Eso y un abrazo

José Noé Mercado

martes, diciembre 23, 2008

Grandes regalos...


"En literatura, los más grandes regalos se reciben siempre de aquellos que uno no conoce. Y eso lo sabemos todos los escritores del mundo".
Iván Thays

Necesitar la intemperie...


"Estudié periodismo porque no me interesó la carrera de Letras. Nunca pensé que el humanismo fuera académico; dije: ´bueno, si estudio Letras, voy a terminar como un investigador de cubículo, una literatura de cubículo, y yo necesito la intemperie´. Entonces me gustó el periodismo por eso: porque aprendí literatura, economía, historia, política.

"Me agencié una serie de conocimientos que hubiera sido imposible capturar en la carrera de Letras. Estudié periodismo porque no había de otra; era lo más cercano que yo encontraba a la literatura y, además, yo sentía que en mi caso el periodismo también era una forma de ganarme la vida. Para ser un maestro de cubículo, quién sabe qué tendría que haber hecho"


Daniel Sada
en entrevista con Ariel Ruiz Mondragón
en Milenio semanal, núm 581 y en

sábado, diciembre 20, 2008

Noé Colín, bajo cantante


El bajo Noé Colín está estrenando página web. Ya puede consultarse en alemán y, muy pronto, en español e inglés.

Me da gusto. Es importante. Pues ahora estar en internet es, de alguna manera existir y estar presente con fotos, grabaciones, repertorio, críticas, currícula y todo aquello que documenta una trayectoria lírica de la talla de la que ha desarrollado Noé Colín. La dirección para visitar virtualmente a este bajo mexicano es:


Bienvenido a la red, tocayo.

domingo, diciembre 14, 2008

Calidad de crítico




* "No puedo más con la vejez de mi adolescencia, ya no puedo más con las exigencias que me hacen los malditos intelectuales ni con las que me hace mi alma educada según el cumplimiento del deber y el arrepentimiento".


* "Me emborrachaba desde las nueve de la mañana y así logré escribir unas crónicas perfectamente delirantes y esquizofrénicas. En general, todos los intelectuales me están exigiendo cordura y orden en mi calidad de crítico, pero a todos me les río en la cara y les anuncio, agrandándolo, mi despelote. Así todos se llevarán la gran sorpresa cuando dé nuevas señales de vida".


Mi cuerpo es una celda
Andres Caicedo
Dirección y montaje Alberto Fuguet

lunes, diciembre 08, 2008

Andrés Caicedo revive con ayuda de Fuguet



Andrés Caicedo ya no está del todo en una celda, sino en el ánimo y la sensibilidad de los lectores que, de un tiempo a la fecha, lo están descubriendo por toda Latinoamérica. En México, por ejemplo, su nombre ya no es desconocido. Cada vez más se sabe quién es este escritor y cinéfago caleño tan contemporáneo y, lo mejor, vigente, desaparecido hace 31 años.

Al redescubrimiento de este personaje harto ha contribuido su autobiografía, dirigida y montada por su par chileno, el también escritor y cineasta Alberto Fuguet. Mi cuerpo es una celda se lanzó ya en México, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2mil8. Se lanzó hace unos días en Chile (donde me cuentan que ya está agotado) y Colombia y se lanzará ya igual en Perú. Pronto circulará, supongo, en toda América Latina y, quizás, otros lados.

Estuve en Guadalajara y en la FIL y en la presentación de este libro-documental. Conversé también con Alberto Fuguet sobre este singular proyecto y hoy salió algo al respecto publicado en el periódico Excélsior. Creo que a esta hora todavía se podrá conseguir un ejemplar impreso, o de cualquier modo se puede leer en línea, y, por si acaso, procedo a postearlo.




Excélsior 8-Dic-2008
Andrés Caicedo revive con ayuda de Fuguet
Por José Noé Mercado

GUADALAJARA.-“Me gusta que la gente piense que ya estoy acabado, para que reciban de tanto en tanto la sorpresita”, escribió Andrés Caicedo, quien está de regreso al mundo. El 4 de marzo de 1977, a los 25 años de edad, murió el escritor y cinéfilo colombiano sobre su máquina de escribir, luego de recetarse 60 seconales. Pero ahora, como en una cinta clase B, nos da la sorpresita de volver, para finalmente ser reconocido fuera de su país, a través de Mi cuerpo es una celda, suerte de documental filmado con tinta por el escritor y cineasta chileno Alberto Fuguet.

Mi cuerpo es una celda (Editorial Norma) es un libro que, después de estrenarse en Chile y Colombia, se presentó en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2008. Se trata de una autobiografía, de un testimonio de puño y letra de Caicedo, bajo los créditos de dirección y montaje de Fuguet, quien en el making of explica: “Caicedo no escribió este libro tal como existe y acaso no lo concibió, al menos de manera consciente, pero es su libro. No se sentó a escribir Mi cuerpo es una celda. Simplemente se sentó todos los días a escribir lo que fuera. Todo lo que está en el libro ha sido escrito por Caicedo. El material base fueron cartas, trozos de papel, diarios a medio terminar, libretas, cuadernos argollados, críticas de cine, artículos de prensa y ‘escritos’”.

A partir de este magma, Fuguet esculpe un conmovedor testimonio en primera persona (la de Caicedo), que al tiempo que nos muestra su vitalidad y pasión por la literatura y el cine, se desgarra y fisura irremediablemente como existencia, en la soledad, en la incomprensión, en la urgencia de conectar con el mundo: pero en la conciencia de su imposibilidad. Caicedo, igual que le pasaba con el baile de la salsa, quería pero no podía: “He soñado que muchas mujeres me asedian, que quieren bajarme los pantalones y yo nunca me dejo: aterrado ante la idea de que encuentren, allí donde esperan vigor, tiesura, un pedazo de músculo flácido porque se encuentra desencantado con el mundo, porque él mismo ya no quiere darse gusto de vida, sino que viene buscando la muerte”.

El mérito de Fuguet radica no en la simple recopilación y armado de textos, sino en comprender y enfocar la sensibilidad de Caicedo para llevar las premisas (un chico cinéfilo y suicida, de pelo largo y gafas onderas, tartamudo y fiestero) hasta el encuadre de un personaje profundo y empático que despierta en el lector la ansiedad de abrazarlo y, quizás, protegerlo en su caída, para contribuir a una salvación.

El narrador chileno muestra sus dotes de director y usa diversas tomas y planos para encontrar detalles y matices entrañables en Caicedo: lo leemos, por ejemplo, en poemas, posts, ensayos, crónicas, críticas, contemplando su ciudad, su río, dialogando por carta muchas veces sobre la cultura pop o, simplemente, tirado durante una hora en el suelo de su habitación, en silencio y completa oscuridad. De lo anterior, puede deducirse que la estructura de Mi cuerpo es una celda es sólida, pero ágil, imaginativa, de lectura rápida y con punch.


Este libro es el fruto de un encuentro epifánico de Fuguet con Caicedo. El chileno supo de Caicedo en 2000, en Lima, Perú, pues en la hoy desaparecida librería La Casa Verde, mientras hacía hora, encontró su libro Ojo al cine: “Veo los datos del autor: 25 años, colombiano, y empiezo a hojear: James Dean, Roger Corman, Taxi Driver, películas de terror, cosas muy actuales, y digo: ‘qué es esto, de dónde salió’.

“Compro el libro, me voy al aeropuerto, me subo al avión, son tres horas a Santiago, y aterrizo otra persona. Fascinado, me encuentro con el hermano que siempre anduve buscando, con el par, con el tipo que yo sentía que me hacía falta para haber sido menos atacado, alguien que me habría podido proteger, que me habría podido decir ‘tú también puedes escribir de esto, no está mal escuchar música en inglés, no eres un traidor por escuchar a Radiohead o a The Rolling Stones, en vez de escuchar rancheras: tú puedes ser chileno o peruano, ecuatoriano, colombiano o mexicano, ver películas extranjeras y, sin embargo, procesarlas localmente’”.

Fuguet afirma que “Caicedo es un escritor que puede viajar. Su lenguaje, sobre todo en sus textos de no ficción, no es tan difícil, raro o colombiano como la gente podría pensar, sino el de un autor contemporáneo, moderno y nuevo, que puede viajar también a otros idiomas. Para cualquier persona que la haya pasado mal, ya no digo alguien que se ha matado o está en ello, que haya dudado de sí misma, que esté insegura o que sienta que algunos se han burlado de ella, es un autor impresionante porque escribe desde el corazón.

“Más allá de la figura del pelo largo o de aquello de que todo el día estaba como volado, Andrés Caicedo, claramente, escribió. Hay toneladas de sus cartas. Las de cine son alucinantes, porque Andrés era un cinéfilo que veía de todo: desde basura hasta gran arte. Era un tipo que veía a François Truffaut, a Roger Corman. Cuesta imaginarse que Caicedo escribió al final de los 60, en América Latina. O sea, si fuera norteamericano habría sido contemporáneo de Jack Kerouac o William Burroughs, de la Beat Generation, o de gente más grande que él, como Ernest Hemingway o Scott Fitzgerald.

“En su momento, Andrés escribía como nadie en América Latina. Cuesta muchísimo entender que en una ciudad de provincia, en Colombia, en los mismos años de Cien años de soledad, había un tipo que sin internet, sin VHS, sin YouTube, parecía que estaba viviendo en Nueva York. Era un tipo con la información que yo, aun hoy, conozco muy poca gente que la domina. Creo que hay muchas formas de entender a Andrés Caicedo, pero, entre otras facetas, es el gran cinéfilo latinoamericano. Hay gente que va al cine para huir. Andrés iba a refugiarse. Se dio cuenta que afuera la vida no era tan buena y que había que ver cine. Él vio películas para salvarnos a nosotros. Porque, más que un crítico, quería que la gente fuera a ver las mismas cintas que él había visto. En ese sentido, era un psicópata, un cinépata. Él sentía que la gente debía ver sus películas y que, logrando eso, iba a salvar al mundo. A lo mejor se dio cuenta que, en el fondo, no iba a poder salvarse él, pero si la gente veía las películas que él veía, el mundo iba a ser mejor. Y yo creo que el mundo, efectivamente, es mejor por Andrés”.

domingo, diciembre 07, 2008

Los pobres también ríen: L´elisir d´amore en la Covarrubias



No había encontrado el tiempo para postear mi crítica de L´elisir d´amore en la Sala Miguel Covarrubias. La coloco ahora que el río está tan revuelto, aunque no se diga. Como lo había previsto incluso desde antes de escribir esta crítica, nombres irán y nombres vendrán, lo que por sí mismo no cambiará nada. Hay cuestiones por resolver en las instituciones culturales de nuestro país más profundas que un simple cambio de piezas, que una cataficcia de funcionarios. Veamos si se acepta el reto de un cambio de fondo o sólo se cambia para seguir igual.

Eso. Y mi crítica.

Los pobres también ríen:
L’elisir d’amore
en la Covarrubias

Por José Noé Mercado

A las dos primeras funciones de la puesta en escena de L’elisir d’amore de Gaetano Donizetti, presentada por la Compañía Nacional de Ópera y la UNAM en la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario, asistió muy poca gente. Es cierto que las noches del 4 y 6 de noviembre un avionazo y una fuga de mercaptano, respectivamente, desquiciaron el tránsito capitalino rumbo al sur de la ciudad. Pero, lo que en términos líricos es más grave, también es cierto que una buena parte del público operístico habitual de Bellas Artes ahora muestra su escepticismo y apatía ante las actividades presentadas por la CNO.

A eso hemos llegado.

Tristemente, ni Donizetti ni su Elisir fueron capaces de convocar el entusiasmo de nuestro entorno operista. Costó trabajo encontrar a algún parroquiano que respondiera afirmativo a la pregunta de si iría al Elisir. Y es lógico. No sólo porque esta obra del belcantismo, dentro de nuestra limitada programación, la hemos visto seguido en México en los últimos meses-años. La verdadera razón de esta indiferencia tiene mayor profundidad y es algo serio: hace tiempo que el resultado canoro y escénico de nuestra ópera (hablo de la CNO), a veces más bueno, a veces más malo, es lo de menos y circunstancial. Puesto que lo que ha dejado de funcionar, y así condiciona todo lo demás, es el esquema de su producción. El sistema se ha agotado.

Y es que el marco jurídico, la norma, la legislación bajo la que debe operar la institución encargada de producir ópera en suelo nacional, como a todavía un amplio sector de las instancias burocráticas de este país, nos viene de muchos años atrás, de cuando la realidad de México y del mundo era distinta. De cuando la música se compraba y no se bajaba, de cuando los blogs no podían ser más que de papel, de cuando íbamos a administrar la abundancia y, más bien, terminamos administrando una nueva crisis.

Cuando se ha hablado de una eventual Reforma de Estado en México, en esencia, lo que se pone sobre la mesa es la necesidad de ajustar el marco de las instituciones para que les permita —y obligue a— responder a la realidad y necesidad de nuestro tiempo, no a las del pasado, ya inexistentes. En ese sentido, la Compañía Nacional de Ópera necesita con urgencia, ya no digamos una revolución para no sonar incendiarios, pero sí una reforma medular en su esquema operativo, de financiamiento, de programación, de transparencia. Renovarse o morir.

Mientras eso no ocurra, no importa quién esté al frente de la CNO, toda discusión, toda crítica, incluyendo la estrictamente artística, no pasará de la epidermis. Sólo quien se beneficia del paupérrimo estado actual de las cosas podría desear que la situación lírica en México no cambie. Para bien. Aunque claro, si una institución se reforma, deben reformarse las demás, de las que se depende. Ése será el gran reto y la gran oportunidad, por ahora sólo es el gran obstáculo.



Volviendo a la epidermis, o sea al Elisir en la Covarrubias, la tercera y última función, la del día 9, sí contó, casi, con sala llena. En su mayoría, estudiantes y gente que sale o sale el domingo y que se río con esta ópera como si fuera la primera vez que la veían. Quizá porque, en efecto, fue la primera vez que la veían.

El tenor Rogelio Marín cantó un Nemorino vocal y musicalmente correcto. Al menos esa impresión quedó mientras se le escuchó, pues su voz, pequeña y delgada, fue inaudible, como cubierta por un velo, durante un buen rato. Su mejor momento vino con “Una furtiva lagrima”, que respiró y fraseó con técnica y belleza. En ese pasaje su voz sí se escuchó con brillo. Lamentablemente, su actuación creó, más que un personaje simpático, uno deprimido, melancólico, apagado y sin chispa. Al final, si conquista no es por encanto, sino por lastimero y apocado

La soprano Gabriela Herrera, durante años en Stuttgart, Alemania, interpretó a Adina con musicalidad y coloraturas precisas. Aunque ella misma es pequeña en escena, su voz le da el tamaño necesario para enfrentar con éxito un protagónico. No es un timbre particularmente bello ni cálido, pero es agradable, sobre todo cuando su instrumento ya está caliente y deja atrás un vibrato algo capretino.

Armando Gama abordó con simpatía al fantoche Belcore. Con un agradable color vocal, producto de su buena colocación y de estar justo en un rol que queda. El barítono sorteó sus trabalenguas sin excepción, aunque hubo algunas frases acentuadas raramente. Esto se debió a los tiempos de correcaminos impuestos por Marco Balderi, al frente de la Orquesta del Teatro de Bellas Artes.

La agrupación respondió bien a sus exigencias, igual que lo hicieron los solistas, pero Balderi, bip-bip, sacrificó en varios momentos la dicción y, por tanto, la comprensión auditiva del texto. Simplemente no se entendía. Se aceleró tanto en algunos pasajes que, llegado el caso, más que barcarola parecía dirigir pasito duranguense, en el que todos bailaban desenfrenados. Muchas veces en este tipo de ópera bufa belcantista la música es fronteriza con la superficialidad, y con esta clase de acelerones se corre el riesgo de hacerla decididamente ramplona y banal. Y de no atender la melodía.

También el bajo Rosendo Flores sufrió en su respiración con esta velocidad y tuvo que cortar algunas frases para tomar aire, lo cual es comprensible. Sin embargo, Flores es un intérprete experimentado y se le vio suelto en la escena, bailador, simpático, y sólido en su canto. Es un artista confiable. Carla Madrid hizo una Gianetta con gracia e ingeniosa, pues en sus intervenciones se adelantaba a proscenio para ser escuchada y que no le pasara lo que a Marín, que por el trazo escénico muchas veces apareció al fondo del escenario, incluso detrás del coro.

La puesta en escena de César Piña, que por cierto es la misma de 2004 en Bellas Artes, en este teatro donde todo es pequeño: el coro, por ejemplo saturaba el panorama, tuvo un acentuado tono infantil, que combinado con los coloridos telones que intentan crear el entorno y una iluminación cruda: encendiendo y apagando focos sin sutileza, dieron más bien un contexto de festival escolar de día de las madres. La gracia de una ópera bufa está implícita en el tema, en la música, en el libreto (y se materializa con la interpretación) y no en chistes escénicos gastados como ése en que la tropa de Belcore no se detiene cuando él lo hace y lo atropella, en bailes fomes haciendo la ronda, en un coro sonriendo como si viniera de Banco Azteca (o sea inexplicablemente para los demás: como inexplicable resulta un par de escaleras de madera rajada que no suben a ningún lado), o una ancianita corriendo por el elíxir y por Nemorino.

Qué mala ópera tenemos, musitó durante los aplausos un aficionado cerca de mí. Hablaba solo, creo. Para sí mismo. Pero no estaba dispuesto a callar su impresión. Acaso ése sea el principio del camino para que, quizás, las cosas se reformen y cambien. La mayor parte del público asistente, mientras tanto, aplaudía y, sobre todo, reía. En medio de un panorama con semejante pobreza lírica, como la nuestra, me pareció una prueba inequívoca de que los pobres también ríen.

domingo, noviembre 30, 2008

Santa Anna en el Teatro de la Ciudad



Mucha gente quería leer mi crítica de Santa Anna en el Teatro de la Ciudad. Como pocas veces, me han pedido que la coloque en el blog. Y nada. La posteo, para satisfacer la ansiedad de los lectores. Las fotos, por cierto, son de Alejandro Amezcua-Secretaría de Cultura de la Ciudad de México. Eso

Santa Anna
en el Teatro de la Ciudad

Por José Noé Mercado



—No —me responde contundente Carlos Fuentes.

El autor de Agua quemada viste traje color champaña, camisa blanca sin corbata, cinturón café. Se acaba de quitar unas gafas de sol y me mira a los ojos. Le pregunté si quedó contento con Santa Anna, ópera que lleva libreto de su autoría y música de José María Vitier, estrenada hace 4 días en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris.

—No —me repite mientras firma mi programa de mano—. Hay que trabajar en muchos aspectos para mejorarla.

De acuerdo. Que el libretista mismo no haya quedado satisfecho es ejemplo de autocrítica y de que, en efecto, la primera incursión de Carlos Fuentes en el género operístico no fue lo que se esperaba. O, desafortunadamente, quizás sí.

Santa Anna se estrenó oficialmente, como parte de los maratónicos festejos por el 80 aniversario de Carlos Fuentes, el pasado 20 de noviembre en el coloso de Donceles, esa misma calle donde vivían, viven, Doña Consuelo y Aura. Aunque para un día antes, el miércoles 19, se invitó a la prensa a una función con invitados especiales como público, que serviría también como ensayo general.

En realidad, la obra, que versa sobre el 11 veces presidente de México, Antonio López de Santa Anna, más que al operístico podría acercarse al género del musical. A la opereta, quizás. A la revista musical, incluso. Al de los sketches per música, que funda. El tratamiento del tema, con más valor anecdótico que rigor histórico, su tono de farsa intencionada, pero sobre todo la involuntaria, pueden llevarnos a pensar, de hecho, en un vodevil. El asunto no es menor, porque justamente esa frontera de cristal que se rompe y se reparte en varios géneros nos habla de su naturaleza híbrida, que le permite a Santa Anna ser discutida en múltiples sentidos. Como mérito y como desmérito de sus autores.




El acercamiento de Fuentes al personaje de Santa Anna no es siquiera polémico. Para ello se requeriría más profundidad en su armado. Se queda en lo superficial, en lo chusco, en lo festivo de su drama. El libretista, con un lenguaje que no es el de la época que trata, ni el de la actual, sino el de Carlos Fuentes, más en concreto: el de sus últimas novelas, en las que irremediablemente caricaturiza con supuestos arquetipos lo que aborda, plasma un Santa Anna, un personaje, un pueblo entero, que no produce empatía alguna. ¿El autor querrá a sus personajes al escribirlos? ¿Se dará el tiempo de comprenderlos?

Porque en la obra vemos mexicanos agachados, folclóricos, serviles al poder, suspirantes enloquecidos y egoístas a la silla del águila. Lo discutible no es que, en efecto, algunos mexicanos no hayan sido o sean así. Pero no hay matiz y sí encasillamiento y clichés. ¿No hay posibilidad de cambio de piel en esta tierra nuestra?

Por otro lado, en Santa Anna, el libretista Fuentes intenta abordar demasiadas vertientes de quien se hiciera llamar su Alteza Serenísima: la intimidad, su figura pública, sus pasiones, su ambición, sus mujeres, sus aficiones, pasajes históricos, sin duda muchas más, pero poco aprieta. Todo posible drama se diluye en una acumulación de repasos elementales de nuestra historia tratados a vuela pluma. Para Maximiliano y el asunto del imperio bastan dos minutos, la Guerra de los Pasteles “fue una guerra de donceles indigestos con ecler” y la oportunidad para crear un corito ramplón, la defensa de Chapultepec no le interesa a Santa Anna: prefiere echarse un coyotito mientras todo pasa, el asunto de la batalla de Churubusco y el general Pedro María Anaya lo despacha como un real-one-liner: “si tuviera parque, se levantaría contra mí” y, para él, Benito Juárez no pasa de ser “el indio oaxaqueño que me servía la mesa”.

El defecto que teatral y escénicamente acarrea lo anterior es que se tiene una trama gaseosa, sin nudo ni tensión, que sí termina, pero que lo mismo podría extenderse por más y más anécdotas, por lo general, accesorias para el drama. El argumento no termina de perfilarse, es nebuloso como el propio personaje de Santa Anna, que, sin un cierto conocimiento de la historia de México, es incompleto y descontextualizado. Por lo demás, de todo esto nos enteramos como espectadores, pero casi nunca lo vemos en el escenario. Santa Anna, un hombre históricamente de acción, aparece en esta obra preferentemente pasivo, contando, recordando, no viviendo. Es un tipo de muchas palabras.




Para Santa Anna, Carlos Fuentes recurre al verso, a la rima obvia y redundante, sin vuelo poético. Se equivocan quienes han señalado que Fuentes falla al componer su libreto. Es evidente que eso busca, con toda intención. No fallar, sino hacer implícito, a través de la elección efectista de su lenguaje, un cierto choteo. A estas alturas, para ningún lector levemente enterado resulta un secreto el riquísimo manejo y la fuerza desmedida con la que Fuentes es capaz de emplear el idioma español (acusarlo de ripioso es falso y muestra de ingenuidad). Pero aquí, el autor, evidentemente, optó por la sátira (a veces por el chiste desangelado) no sólo del habla y la idiosincrasia (supuesta) de los mexicanos, sino del género lírico-escénico y sus convenciones.

Quien critica a Fuentes por usar en sus versos palabras como ataca, hamaca, calaca, matraca, se olvida de muchas cosas. Por ejemplo de manina-vicina-signorina, giova-trova, fortuna-luna, vivo-scrivo. Claro, un fraseo en español nos suena distinto que en italiano, en alemán o francés, los idiomas principales de la tradición lírica. Pero la cuestión importante es que este uso del lenguaje no ayuda a que el libreto funcione del todo en Santa Anna. Por el contrario, lo acartona aún más.

En ese sonido acartonado, desde luego, tiene que ver el trabajo del compositor cubano José María Vitier, que no siempre exprime la musicalidad de las palabras de Fuentes, pues las deja muchas veces en el recitado o en el diálogo teatral, lo que subraya, obvia, la rima.

En sí, Vitier compuso una obra ecléctica que no logra obtener identidad propia ni le crea una al libreto de Santa Anna. Explora ritmos, texturas y géneros (las coplas y los sones y los bailes jarochos y la inclusión misma del grupo Mono Blanco es una postal mexican curious que envidiaría Amalia Hernández), pero se limita a acompañar las acciones. A no estorbarlas o, incluso, a callar en el transcurso de algunos pasajes, como guardándose para los aplausos, donde también hay música y donde más de uno aseguró encontrar lo más vistoso de la partitura, lo cual no puede ser sino una exageración, porque Santa Anna tiene dos o tres momentos elogiables por su belleza lírica: el aria del protagonista en el primer acto, en la que se confiesa más partidario del amor al poder que al amor por las mujeres, un dúo y un terceto del segundo acto.



Por lo que respecta a la interpretación, el tenor Fernando de la Mora, como Santa Anna, le dio a esta producción dignidad y profesionalismo incuestionables en materia de canto. Este artista mexicano demostró lo expresiva y generosa que puede ser su voz. Ojalá el público siempre pudiera observarlo en tan buenas condiciones y con esa entrega merecedora de aplauso. La mezzosoprano Verónica Alexanderson, en el rol de Tosta, igual mostró un canto cálido y de un color rico y atractivo. Su interpretación fue completa y quizá haya sido una de las mejores de cuantas le hayamos observado en su carrera. La también mezzosoprano Grace Echauri fue la Nana y sacó adelante su personaje con buena voz y mejor actuación. Lourdes Ambriz fue Inés. En la función especial decidió no cantar, en víspera del estreno. En el estreno se le escuchó algo mermada, enferma. Hernán del Riego fue una Muerte llena de histrionismo, pero amanerada al borde de la risa, loca. Del Riego es más actor que cantante y eso quedó en evidencia. Soportar el peso del final de la obra hubiera sido imposible para él si no ya la obra se hubiera resquebrajado antes, por todo lo expuesto.

La dirección escénica de Lorena Maza tuvo como virtud encontrar soluciones a los problemas de continuidad planteados por la trama. Aunque esa continuidad haya sido repetitiva o números cerrados, sketches o chascarrillos escénicos o lo que fuera, para desarrollar las acciones. El diseño de escenografía de Mónica Raya lució, aunque también resultó iterativo y sin rigor histórico. Tampoco es que fuera necesario que lo tuviera, pero, por ejemplo, ¿cuántas estrellas debió tener la bandera de Estados Unidos? La iluminación de Víctor Zapatero fue tan efectiva como en general el vestuario de Edyta Rzewuska.



Al frente de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México estuvo el propio compositor, José María Vitier. El sonido brindado, igual que el de los cantantes, lamentablemente, se vio afectado por una inadecuada sonorización que le restó naturalidad a la música y al canto. ¿Será verdad que algún día el Teatro de la Ciudad tuvo una magnífica acústica? A como está ahora, resulta increíble.

Trascendió que el importe de esta producción, a cargo de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México y la Universidad de Guadalajara (lugar donde se presentará el 1 de diciembre), rondó los 8 millones de pesos. Lo importante, es de suponer, no es el dinero. Es ser parte del homenaje, rendirlo. Ya en nuestra historia le tocó incluso a la pata de Santa Anna recibir algunos. Ahora es el turno de Carlos Fuentes. Pues qué le vamos a hacer, si aquí nos tocó vivir.

martes, noviembre 25, 2008

El precio de partir

Edmundo Paz Soldán. Foto: Jorge del Campo

"Ése es el precio que pagas cuando partes: los objetos no se quedan donde los dejaste, los amigos difuminan tu recuerdo apenas les das la espalda, los parientes no te vienen a buscar porque los tenues lazos se estiraron en la distancia y terminaron quebrándose. El mapa de la isla del tesoro que se pierde. Les ocurre a todos porque todos, tarde o temprano, parten a algún lugar".


La materia del deseo
Edmundo Paz Soldán

martes, noviembre 18, 2008

Entrevista con José María Vitier: Lo bello armoniza con lo contemporáneo


Hoy, martes, salió en el periódico Excélsior una versión de la entrevista que le realicé al compositor cubano José María Vitier, autor de la ópera Santa Anna, que lleva libreto de Carlos Fuentes, y que será estrenada el jueves 20 en el Teatro de la Ciudad.

Todavía, supongo, se puede conseguir el diario impreso. Aún es hora. Por si no, pongo un link a la página web de Excélsior, donde puede leerse esta conversación: clik akí.

Igual, la posteo. Es importante y, de alguna manera siempre atractivo, hablar de la ópera como un género contemporáneo. No sólo hablar de historia, sino de presente y, por lo visto, futuro.

Eso.

Excélsior
18-Noviembre-2008
José María Vitier: “Lo bello armoniza con lo contemporáneo”

Por José Noé Mercado

El entrevistado, José María Vitier, se presenta así: “Yo soy un músico cubano. Tengo 54 años de edad y hace más de 34 que desarrollo una carrera profesional en la que he compartido actividades al tocar el piano, mi instrumento, al componer para cine, radio, teatro, televisión y salas de concierto y, más recientemente, al dirigir mi propia música. A pesar de que mis padres y el apellido Vitier se relacionan, sobre todo, con las letras y la filosofía, la música tuvo un lugar privilegiado en mi familia”.

Por estos días, Vitier se encuentra en México para una encomienda no menor: mantener vivo el género operístico, a más de 400 años de su invención. Más particularmente, para estrenar el próximo jueves, en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, su ópera Santa Anna, la primera en su catálogo, que lleva libreto de Carlos Fuentes, en el marco del homenaje nacional que se le rinde al escritor de Terra Nostra por sus 80 años de vida.

“Es difícil determinar cómo los proyectos se encuentran con uno”, afirma el compositor para relatar el origen de esta colaboración con Fuentes. “Hubo una suma de casualidades y buena suerte, en el sentido de que la agencia que se encarga de la obra del maestro Carlos Fuentes conocía mi trabajo. Cuando él anunció que tenía el libreto para una opereta, le sugirieron mi nombre. Al parecer no le resultó desconocido mi apellido y me eligió a mí, pues entiendo que había otros candidatos. De inmediato se comunicaron conmigo y le envié una cantidad importante de mi obra para que tuviera una visión clara de mi música y decidiera con conocimiento de causa”.

Luego de ser elegido, Vitier recibió el libreto de Santa Anna y comprendió que “quizás Fuentes me seleccionó porque buscó una mirada desprejuiciada, la de una persona no mexicana, para tener una visión imparcial, digamos, al componer la música de los hechos que él narra en la obra. Nunca lo he hablado con él, pero esa es la impresión que tengo”.


— ¿Cómo definieron lo que compositor y libretista querían en Santa Anna?

Primero tuve un encuentro con Fuentes en marzo, aquí, en la Ciudad de México. Me abrió las puertas de su casa para trabajar una semana con él, con Lorena Maza (directora escénica de la puesta) y demás gente de la producción. Fue revelador. Yo planteé mis primeras ideas y preocupaciones y descubrimos que teníamos enfoques en común. Fuimos afines desde un principio. Los referentes que quería para la ópera eran los mismos que yo había imaginado: el tipo de sonoridad, la personalidad de los personajes y el carácter ecléctico del trabajo, ya que incorpora diferentes estilos. Al inicio, Fuentes le decía opereta a la obra, pues incluye diálogos. Yo le llamaba ópera de cámara, porque tiene una orquesta reducida. Pero luego, Santa Anna, con la ambición del proyecto, las ideas de Lorena Maza para solucionar la escena, con el tipo de cantantes que convocamos, ha tomado otras dimensiones que nos indican que estamos claramente en el terreno de la ópera.

— Y, en sí, como obra de arte, ¿qué les interesó plasmar en esta ópera?

Hablé de muchas cosas con el maestro Fuentes, porque, afortunadamente, es un gran conocedor de la música, de la ópera en específico, y tenía una idea muy clara de lo que quería. Hablamos en términos de que ésta no iba a ser una obra, digamos, de un lenguaje duro, atonal, difícil. Quisimos hacer una obra de comunicación que buscara emociones y que constituyera una búsqueda de belleza en sí misma, que no fuera solamente una clase de historia, sino también una ópera que sostuviera valores musicales tradicionales. Eso me interesó mucho, porque considero que lo contemporáneo no está reñido con lo hermoso.

Una buena melodía siempre se agradece y a Fuentes le pareció bien mi intención de trabajar la línea melódica hermosa. Conversamos también del tono de farsa que tiene por algún momento la obra, igual que cierto tono de musical, de la muerte como personaje, de su tradición en la cultura mexicana, y del contrapunto que tiene con el personaje de Santa Anna, no sólo la figura pública, sino en su vida íntima, como persona. En ese sentido, la ópera intenta matizar, profundizar en la personalidad de Santa Anna, totalmente demonizada por la historia. Al respecto, la mirada de Fuentes es mucho más profunda y lúcida, encuentra muchos matices en una persona víctima de sus pasiones.

— ¿Qué podríamos decir de la estructura y estilo musical de la obra?

La obra transcurre con base en diálogos hablados, arias, duetos, algún trío e incluso cuarteto y participaciones coreográficas. Hay momentos en que yo diría que Santa Anna es verista en el sentido de que es apegada, visualmente inclusive, a los elementos reales de la historia. Pero hay otros instantes en que todo se vuelve más minimalista y simbólico. También, por el origen veracruzano de Santa Anna, el guión exige sones y coplas, y en este montaje contaremos con la participación en escena del grupo Mono Blanco. Es decir, podríamos pasar mucho rato hablando de esta ópera pero, a mi juicio, es difícil encasillarla.

— Al margen de esa diversidad de vertientes, en la forma parece estar presente la escuela operística italiana…

Saca partido y provecho de ella, sobre todo cuando uno sabe que los cantantes están formados bajo esa escuela y es el lenguaje que dominan y en el que se expresan mejor. Por eso como compositor mi primera labor es entusiasmar a los intérpretes para ver si entonces así podemos emocionar al público. En el caso de los cantantes, digamos que mi labor es procurar que sientan sus voces honradas.

La idea ha sido componer una ópera de duración razonable, en la que sus dos actos den tiempo para exponer los rasgos esenciales de los personajes y hacerlo de una forma que deje las ideas en movimiento, que deje a las personas meditando, reafirmando o enriqueciendo su visión de Santa Anna.

— Muchos compositores contemporáneos se lamentan de la carencia de buenos libretos para la ópera. El de Santa Anna es la primera incursión de Fuentes en el género. Más allá de la calidad de su pluma, ¿es un libreto que funciona en lo operístico?

Como se sabe, en la época dorada de la ópera, los libretos no siempre eran de la mejor calidad y se convirtieron en un mundo de esquemas y clichés, donde la figura principal no es la historia ni el compositor, sino el intérprete. La historia operística sufrió por eso y sólo el talento de algunos compositores salvaron el prestigio del género. Ahora, los músicos somos más exigentes en cuanto a los libretos. En el caso de Santa Anna, es una suerte grande la de contar con un escritor como Carlos Fuentes, porque no siempre se da la posibilidad de tener un libreto que posea una sólida tesis, un mensaje contundente y que, además, contenga belleza.

Yo, como compositor, no necesito efectos rimados ni mucho menos, pero sí un ritmo interno para idear e hilvanar la música con el texto. Y en este caso lo hay. Uno toma decisiones. Por ejemplo, algunas partes me parece que adquirieron mayor fuerza cantadas, otras, sobre todo tratándose de una historia donde hay mucha información, son más expresivas si sólo se hablan, pues así evitamos hacer una ópera estilo Anillo del nibelungo en duración.

jueves, noviembre 13, 2008

Ópera Actual


En el número 115 de la revista española Ópera Actual, correspondiente al mes de noviembre-2008, se incluye mi crítica de Manon Lescaut en el Teatro de la Ciudad. 

Es una versión breve de mi crítica publicada en este continente, claro, pero igual es relevante aparecer en una de las dos revistas líricas especializadas que se editan en el mundo (la otra, en efecto, es la mexicana Pro Ópera y ahí publico qué rato). 

Siempre es grato aparecer publicado en papel en el viejo continente. Y nada, gracias a quienes intervinieron para que ahora, de alguna manera, mi opinión sea (formalmente, pues con Internet de alguna forma lo ha sido siempre) intercontinental.

 

sábado, noviembre 01, 2008

Pro Ópera nov-dic 2008


1 de noviembre, día de muertos. Jálogüin. Inicia el último bimestre de 2008, la recta final del año. Y puntual aparece la edición nov-dic-08 de la revista Pro Ópera. Viene muy completa. Veamos.

La -magnífica- foto de portada es autoría de Ana Lourdes Herrera, pero el texto que le da pie es mío. Se trata de una entrevista a la gran soprano María Katzarava, recientemente triunfadora de Operalia, certamen de cuya edición 2008 Charles Oppenheim brinda un repaso en contexto.

Igualmente publico una entrevista con el tenor Alfredo Portilla, quien celebra en este 2008 dos décadas de canto profesional.

También mío viene la columna Ópera en México - México en el Mundo -sección donde igual aparecen textos de Lázaro Azar y Maricarmen Páramo-, mi crítica de Manon Lescaut en el Teatro de la Ciudad, y una respuesta que doy a una misiva entre las diversas Cartas al Editor, en la que me hicieron recordar al maestro Claudio Lenk, qdep, y sus Veladas literario-musicales.

Este número de Pro Ópera incluye también un artículo de Ramón Vargas sobre la recientemente fallecida Gilda Morelli y el Concurso Morelli, la sección Ópera en los Estados -con textos de Julia Amador, Lázaro Azar, Gabriel Rangel, Ricardo Marcos y Jorge Arturo Alcázar-, una entrevista de Mónica Belinda Garza al maestro Franco Iglesias, un par de textos de Xavier Torresarpi a propósito de las trsnsimisones del Met en el Auditorio Nacional, una panorámica de José Octavio Sosa sobre el compositor mexicano Melesio Morales, una reseña de Arturo Magaña Duplancher sobre el libro de Tomas Quasthoff, el ensayo La voz de la ópera de Darío Moreno, y novedades discográficas comentadas por Ingrid Haas.

Uf. De verdad, éste es un número que trae mucho. Puede leerse en línea: http://www.proopera.org.mx/, pero siempre es mejor tenerla y leerla en papel. Ojalá que se disfrute o, mínimo, que resulte de interés para los operistas, melómanos y curiosos en general.

Eso.
UPDATED: No había visto que en la sección cibernética Otras Voces, apareció un sondeo sobre Gilda Morelli y el Concurso Nacional de Canto Morelli. 20 artistas de nuestro ambiente lírico expresan sus comentarios al respecto. El texto lo firmamos al alimón Charles Oppenheim y yo.

jueves, octubre 30, 2008

[Rec]: [rec]abrona


Estuve en Chiapas. Llevaba cine en mi PSP, pero igual fui al cine. Al de pantalla grande. Varias veces. O sea, no se puede estar indefinidamente en la selva o navegando el Grijalva, ni mirar todo el tiempo el Cañón del Sumidero. Algo se debe hacer mientras se emprende el largo camino a casa. Coloco algo de lo que escribí, de lo que miré.


[Rec]: [rec]abrona
x José Noé Mercado

Pido una torta vaquera en La torta vaquera porque es la especialidad de la casa. Pierna, jamón, quesillo. Me obsequian agua de horchata que katafixio y obtengo agua de jamaica y un pay de queso que se ve lo peor. Me siento y deposito mi charola en una mesita de las muchas que hay vacías en la zona de comida de este mall de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.

La torta es sabrosa y, más que nada, es la oportunidad de mandar lejos el omnipresente chipilín, las bolitas de nixtamal, el cochito. Hubiera preferido McDonalds pero, como casi todo a esta hora, ya cerró. Es de noche. Pocos locales se mantienen abiertos.

Frente a mí, una familia de cuatro integrantes come Pizza Hut y bebe gaseosa de manzana. Me miran, los miro.

Me levanto, sujeto la charola, tiro los restos, incluido el pay, en un bote que pide dividir la basura en orgánica e inorgánica. Miro el reloj. Ya no tengo hambre, pero para hacer hora voy a Taco Inn y pido un paquete que incluye minitaquitos de bistec y pastor y más agua de jamaica. Uno de los tres jóvenes que atienden me da una especie de ovni pequeño, que no vuela pero igual tiene foquitos que prenden y apagan tipo el Fabuloso Fred. Y vibra. Cuando vuelva a vibrar y se ilumine una secuencia, vuelva por su orden, me dice, estará lista. Los otros dos despachadores hacen cuentas en un cuaderno. El cierre del día es inminente.

Vuelvo a mi lugar a la mesa. En rigor, cambio de mesita. Una chica muy potable se despide de beso de un tipo que despacha detrás del mostrador en Subway, pero no se va. Siguen platicando. Ella parece enamorada. Él también. Miro el ovni-Fabuloso Fred. Se prende y vibra al poco rato. Me levanto enseguida y tomo la charola con mi orden y regreso a mi lugar. Como. Tiro los restos. Han apagado varias luces. Me marcho.

Camino por el mall, por poco, vacío. Las tiendas están cerradas. Bajo las escaleras y llego a Cinemark. Ya había decidido cuál vería, aunque sigo sin estar convencido. Lo malo es que ya vi casi toda la cartelera de este cine, en mi breve estancia en Tuxtla. Y, de momento, me niego a ver a Jackie Chan o una de dibujos animados. Orillado por las circunstancias, voy a la ventanilla, seguro de que aún no quiero regresar a mi hotel.

Quiero uno para [Rec].

Entro en la sala 2. Está vacía. Seré el único espectador. Busco una butaca que me agrade, todas están disponibles para mí, excepto una que tiene una manta blanca que dice Fuera de servicio.

Tomo asiento. Con el celular me saco algunas fotos en esa soledad que no es tan solitaria puesto que hay cine. Baja la luz. Inician los trailers, vienen los anuncios. Miro el proyector, nadie lo opera.

Por fin, inicia [Rec] y, por tanto, el horror. En inmejorables condiciones, aquí y ahora, pienso.

[Rec] es una película, digamos survival horror para usar un género más bien gamer pero que viene completamente al caso, que depara constantes y genuinos sustos al espectador, con su debida carga de angustia placentera y adictiva.

Se estrenó ante el público masivo en noviembre de 2007, pero ya desde antes se había presentado en algunos festivales donde obtuvo varios galardones. La dirección de la cinta es de Jaume Balagueró y Paco Plaza. Es decir, es española.

De entrada, debo reconocer que este asunto de la nacionalidad me prejuició un poco. ¿Terror a la española?, me dije, seguro es una especie de extravagancia. Pero después recordé no sólo El orfanato, sino que, justamente, uno de los mejores survival horror de cuantos existen en el mundo transcurre en España: Resident Evil 4. Y es supremo que así sea. Así que simplemente me dediqué a ver la peli. Total, no tenía muchas más opciones aquí en Tuxtla, Chiapas.

Después de todo, creo que hice bien, puesto que [Rec] terminó por superar todas mis expectativas. Se trata de un filme que no inventa casi ningun elemento para el género del terror, pero mezcla con gran tino y feeling los ya existentes y obtiene un resultado más que logrado, propio. Aunque por momentos puede remitirnos a otras cintas como La noche de los muertos vivientes o El proyecto de la bruja de Blair, [Rec] tiene su propia onda, crea en quien la mira un particular mundo de terror con reglas también propias y que funcionan coherentemente.


Ángela Vidal (una mega querible Manuela Velasco) es una reportera algo frívola y light de cara bonita que hace reportajes que transmite en un programa de televisión nocturno que, quizás, no ve nadie. Ésa es la premisa. Y ella, junto con Pablo, su camarógrafo, al inicio de [Rec] pretende armar un reporte de color sobre la vida y quehacer de los bomberos de una estación de Barcelona. Con ellos acuden a un llamado vecinal, hasta un edificio donde se desencadenará el horror.

Un horror, por cierto, que lo es más en la medida de que es creíble y parte de lo cotidiano. La historia de esta cinta la vemos a través de la cámara de televisión, movible, en primera persona, lo que a ratos marea, desconcierta y crea desazón, y frente a ella desfilan personajes comunes, reconocibles de alguna manera, cercanos. Claro que también hay zombies, que si no existen en la realidad, en la ficción de la película son bastante probables y no necesariamente sobrenaturales.

El aspecto que da veracidad a toda la trama es evidente y no menos importante. En ese sentido, Balagueró y Plaza apostaron bien como directores: lo que sabemos de esta historia es a través de un medio de comunicación: la tele, que en nuestra época sobremediatizada casi todo, o todo, lo convierte en verdad irrefutable. Aunque sea mentira. Es un artificio, pero bien aprovechado, al estilo documental. Por eso es un acierto ver en la pantalla, incluso, los bloopers de Ángela al grabar sus cápsulas o entrevistas algo sosas que realiza en momentos de crisis.

Por lo demás, Manuela Velasco está en su papel. Además de ser una estupenda actriz (quien haya estudiado periodismo o comunicación o haya estado cerca no podrá dejar de reconocer en ella a típicas compañeras de curso más cercanas a las Spice Girls que a la información dura), la sobrina de la también actriz y conductora Concha Velasco, ha sido presentadora de televisión en programas tipo Los 40 principales o Del 40 al 1. Su actuación es intensa y conmovedora al mismo tiempo. De la dulzura más ñoña, pasa con igual naturalidad a la histeria más contagiosa. Me parece justo y merecido el Goya 2007 que obtuvo como Actriz Revelación. Ella, en sí, es un deleite.

[Rec] es una película que crea, sobre todo, tensión y sobresaltos. La ficción se desenvuelve de manera realista y gore (la sangre, los combos y uno que otro shoryuken -el que le aplican a la vieja es de colección- se incluyen en buena cantidad) y no alcanza un clímax, sino varios, lo cual, es cierto, crea también algunos momentos de reposo que pudieran resultar ligeramente tediosos a la mitad de la cinta. Pero el final es fuerte. Compensa con réditos. Golpea los nervios. Los raspa hasta agobiar al espectador, lo que, en una cinta de este género, es un mérito notable. Por algo, en estas fechas se estrenará un remake estadounidense: Quarantine, dirigido por John y Drew Dowdle.

Al abandonar la solitaria sala 2 de este Cinemark me sentí algo aterrado, pero no solo. Creo que, visto así, salí ganando. Y pensé, por lo ahora apuntado, que [Rec] es, sin duda, una película [rec]abrona. Para los aficionados al género terror es ya una referencia [rec]ordable. De ésas que deben tenerse en la repisa de los deuvedé para [rec]apitular su trama de vez en cuando.