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lunes, mayo 04, 2009

Abismo

Fuente:PULO


Abismo


A Paulina Arancibia,
con el cinturón
de vaquero mexicano en alto,
por confirmar que la amistad
nunca es virtual sino cósmica



"Te regalaré un abismo, dijo ella,
pero de tan sutil manera que sólo lo percibirás
cuando hayan pasado muchos años
y estés lejos de México y de mí".

La Universidad Desconocida
Roberto Bolaño




uNO
El cielo está nublado, lloverá en breve, la gente cruza la explanada para cumplir sus destinos, en una jardinera, entre los arbustos, merodean las ratas y fuera del Palacio de Bellas Artes hay un afiche de la ópera Insomnio posmoderno. Malaquías lo observa todo, o casi, en espera de que llegue Katyana.

La hora acordada con Katyana se cumplió quince minutos antes. O eso cree Malaquías, aunque de pronto duda el horario de la cita. En realidad no le importa demasiado. Igual aguardará ahí sentado, a la orilla de una de esas jardineras llenas de roedores, a que Katyana aparezca.

Experimenta las ganas de fumar. Cerca de él, un grupo de estudiantes con suéter de secundaria enciende un cigarrillo tras otro y una pareja de jóvenes lesbianas de cuerpo anoréxico, una sentada de frente, encajándose, sobre la otra, se besa de lengua y se acaricia la espalda baja, en cámara lenta. Pero Malaquias ya no fuma, así que aguanta las ganas, echándose a la boca un caramelo de frambuesa.


dOS
Parece increíble, irreal, o al menos muy brumoso, a juicio de Malaquías, que en el sitio justo donde ahora se agasajan las lesbianas, hace cinco años, su madre sufriera un ataque cardiaco que le llevó a la muerte ante su desesperación y pánico e impotencia.

Fueron momentos angustiosos, irrespirables, los transcurridos aquella tarde platinada entre los primeros indicios del dolor en el pecho de su madre y el arribo de la ambulancia que nada pudo hacer.

Malaquías quedó solo, sin ningún familiar en el mundo.


tRES
Una señora, sucia y con un reboso que envuelve a un niño dormido al que le escurren mocos transparentes por la boca, se acerca a Malaquías y con voz tímida le pide una moneda. La mano extendida muestra grietas de mugre y tierra bajo las uñas crecidas. En las líneas de la palma. Entre los dedos. Él encuentra en el rostro, en la mirada, en la curvatura del semblante de aquella mujer, la miseria de todo un pueblo.

Malaquías niega con la cabeza, sin convicción. Hay veces, como ésta, en que desearía cerrar los ojos y no ver. Es deefeño de origen. Nunca lo ha negado. Pero ya tampoco siente que tenga un país suyo.


cUATRO
Malaquías se ha vuelto un ser callado, taciturno, lo-boes-te-pa-rio. Ahora, más bien, observa. Intuye. Experimenta a su modo. Y ello es un enigma, un atractivo para ciertas personas que lo observan a él. En su análisis, ése fue el factor de que entablara relaciones con Katyana. En rigor, de que ella las entablara con él.


cINCO
Se conocieron en una peluquería-salón de belleza.

Malaquías acudió a que le cortaran el cabello casi a rape. Ahí estaba Katyana, ojeando un ejemplar de Pro Ópera, revista que, como su nombre lo sugiere, aborda temas operísticos. Ella resultó ser hermana de la estilista —Ivonne, para más detalle— y socia del negocio.

Katyana interrumpió de pronto su hojeada a la publicación, justo cuando Ivonne colocó a Malaquías, sentado en el sillón de fígaro, una suerte de capa-babero. Se levantó y le preguntó a su hermana a quién le recordaba Malaquías.

Ivonne, iluminado el rostro y acaso captada en un guiño o una idea que tenía rato de rondarle la cabeza, le respondió con otra pregunta: ¿Verdad que se parece a Manelick?

¿A Manelick? No, no, más bien se me figura a Goyeneche. ¿Te acuerdas de él?

¿De Goyeneche?

Sí, de Goyeneche.

Mmm, supongo que no. Pero a mí me recuerda más a Manelick.

Malaquías escuchaba a las hermanas en sus pesquisas sin atreverse a intervenir, extrañado e incrédulo, en realidad, de que de pronto él se hubiese convertido en el tema de conversación de dos desconocidas. O casi, pues a Ivonne, que ahora conducía la maquinilla rasuradora por su nuca, la conocía de dos o tres ocasiones anteriores en que había acudido para solicitar sus servicios. Pero ese trato había sido estrictamente profesional y el diálogo sostenido no pasó de los saludos y agradecimientos de rigor y de indicar qué tipo de corte habría de efectuarse.

Malaquías, por tanto, consideró tan desconocida a Katyana como a Ivonne y, en sí, a la congregación de clientes en el negocio, que estaban igual de intrigados por saber quiénes eran el Manelick y el Goyeneche al que tanto recordaba.

El local era modesto, sólo despachaba Ivonne y una ayudante que en ese momento aplicaba el líquido de la permanente a una señora de mediana edad, y sus dimensiones reducidas aseguraron que todos los presentes escucharan con nitidez la pregunta con la que Katyana tomó por sorpresa a Malaquías:

¿Cómo te apellidas?

Malaquías oyó el cuestionamiento y supo que estaba dirigido a él. Prefirió, sin embargo, desentenderse con la mirada clavada en la punta de sus zapatos deportivos Nike, como si en realidad la pregunta hubiese sido formulada a otra persona. A cualquiera, menos a él. Fue algo de pena. E inseguridad, además, porque en el fondo, ¿le preguntaban a él? No quería hacer el ridículo, su personalidad introvertida no lo asimilaba bien.

Óyeme, te hablo: ¿cómo te apellidas?

En el sitio se mantuvo un silencio expectante, sólo quebrado por el sonido eléctrico de la maquinilla rasuradora, en espera de la respuesta de Malaquías.

Ya no había lugar a equivocaciones: de pronto fue aludido en la plática por dos extrañas, y ahora era requerido para participar en ella.

Tenía que responder de inmediato y lo hubiese hecho desde el primer momento, para evitar el ridículo u oso: como suele llamarse a una situación que apena, ridiculiza o avergüenza ante los demás, pero sobre todo ante sí mismo, sólo que había un ingrediente extra que estimulaba su inhibición: Katyana le resultó una mujer muy atractiva.

Un raro atractivo y frondoso, calificó Malaquías desde que llegó a la estética y la vio con la revista Pro Ópera sobre las piernas. No es que le pareciera precisamente bella ni hermosa, sino de una sensualidad cotidiana. Sin pose e imperfecta. Lo que en definitiva llamó su atención viril y sorprendió, pues hacía meses que la libido había permanecido adormecida en Malaquías. Con toda seguridad, como consecuencia de su reciente fracaso matrimonial con Javiera.


sEIS
Arevena Izazola.

Cómo, qué.

Malaquías Arevena Izazola. Así me llamo.

La voz de Malaquías salió bajita, casi inaudible, aunque en esos momentos fue el centro total de atención. Pero no lo fue mucho, no más de cinco segundos, en los que Katyana pareció reflexionar para luego decirle a Ivonne, y así retornar su diálogo particular con ella, ignorando por completo a Malaquías:

Pues entonces no es nada de Manelick.

Ni de Goyeneche. Y, sin embargo, se parece.

¿A Goyeneche?

A Manelick.

Stop con Manelick, terca. Ya, equis. Da igual: no es familia de ninguno de los dos.

Malaquías regresó a su anonimia, Katyana continuó su lectura de Pro Ópera y, al poco rato, Ivonne terminó el corte de cabello. Malaquías preguntó cuánto debía por el servicio. Ivonne dijo una cifra, en pesos, que Malaquías liquidó agregando diez por ciento de propina.


sIETE
Aquel corte de pelo no habría pasado de una anécdota más bien olvidable, de no ser porque al marcharse Malaquías fue interceptado por Katyana. Ambos salieron de la estética y ella comenzó a preguntarle más datos de su vida.

Malaquías respondió, intimidado, y al cabo convinieron en ir a tomar café, en una plaza comercial cercana, para platicar con mayor comodidad. Fueron a un Starbucks y ahí Katyana dijo que era cantante de ópera, o estaba en vías de serlo, que tenía tres años de casada y que continuaba genuinamente intrigada por el parecido físico de Malaquías con Goyeneche.

Y quién es Goyeneche, preguntó él. Eso no importa, respondió ella, lo importante es que me lo recuerdas. Malaquías se quedó entonces con la duda y al terminarse los frapuccinos de té de frambuesa que pidieron, intercambiaron teléfonos celulares y acordaron volverse a ver.


oCHO
Yo, a quien amo, dijo Katyana, es a mi marido, pero amar a alguien no lo es todo, no te llena toda la vida.

Creo que eso depende de cada persona, expresó Malaquías, de lo contrario cómo puede explicarse que cuando alguien tiene una pena amorosa puede sentir que su vida, toda, se viene abajo.

No lo sé, dijo ella. En cualquier caso, amo a mi marido pero eso no me impide disfrutar de otras cosas, de necesitarlas. Por ejemplo, de ti.

En ese punto, Katyana apoyó los codos sobre la mesa ante la que estaban sentados, era un Starbukcs de nuevo: pero ésta vez el de Avenida Juárez, frente a la Alameda, y acercó sus labios a los de Malaquías.

Fue un beso largo, lubricado, rico para ambos, aunque en él Katyana creyó identificar cierta nostalgia de Malaquías. Separaron sus bocas, pero ella quiso comprobar si aquella nostalgia era real o sólo producto de su imaginación o si los movimientos bucales de Malaquías al besarla producían de manera natural esa sensación de languidez que pedía o exigía ser besada hasta el fin, un posible fin, o, mejor aún, infinitamente.

Katyana volvió a besarlo, encontró nuevamente una sensación de suavidad extrema que hacía irresistible no permanecer en ella, lamiéndola, chupándola, comiéndola y, de inmediato, como es lógico, dicha sensación se somatizó en sus partes íntimas, humedeciéndoselas tanto que fue inevitable sentir cómo se iban mojando sus calzones.

Malaquías se apartó mansamente, suspiró y dijo que él tampoco creía amarla, que eso no era posible porque aún pensaba, de vez en cuando, en otra mujer.

Lo que no significaba que no deseara estar con Katyana.

Me gusta esa ansiedad de tu boca, besas muy rico, apuntó él.

Bueno, pero y en quién sueles pensar entonces, preguntó ella.



nUEVE
Hasta hace seis meses estuve legalmente casado.

Disolver lo legal no terminó por diluir los sentimientos. Firmé el divorcio queriéndola todavía. Ella se llamaba, o se llama, Javiera.

Javiera Roqueñí.

Nos hicimos amigos en el segundo o tercer semestre de la preparatoria, ya no recuerdo bien. Me gustaba y así se lo dije varias veces, pero ella prefería no rebasar la línea de la amistad. Por aquella época tenía novio y no me extrañaría que se hubieran querido mil.

Una vez, sin embargo, fuimos a una excursión de fin de semana. La organizó la escuela. A un pueblo, Real del Monte, en el estado de Hidalgo. Cerca de ahí alquilamos unas cabañas donde la primera noche, al oscurecer, nos dimos a la bebida con los compañeros. Javiera y yo, que en realidad habíamos permanecido algo separados del grupo, nos pusimos una tremenda borrachera. Y nos besamos. Salimos discretamente, al menos lo intentamos, a la intemperie. O sea, a una especie de bosque que rodeaba el campamento. Caminamos en zigzag, víctimas del alcohol, hasta una arboleda de abedules. Nos acurrucamos junto a un árbol que en esas condiciones nos pareció inmenso. De unos cuarenta o cincuenta metros, calculamos. Y ahí, sobre unas hojas amarillentas que crujían con nuestros vaivenes, hicimos el amor, como quien dice a la luz de las estrellas. Al otro día repetimos, sólo que antes de acostarnos ella me contó que había terminado con su novio. Que la había engañado, o algo así, y que consideraba momento oportuno para iniciar una relación conmigo. Duramos un año de novios. Hasta que yo tuve que abandonar la preparatoria por motivos económicos, más que nada, pues vivía con mi madre, quien acababa de fallecer. Sobre este tema no quisiera hablar más porque me duele, pero el caso es que tuve que ponerme a trabajar y dejar por el momento los estudios y la idea de convertirme en escritor, que ya tenía claramente enfocada, pese a que Javiera opinaba que esta aspiración me revestía de un aire iluso de estupidez. De hecho, esa falta de apoyo o mínimo de comprensión a lo que yo quería hacer: escribir, fue el motivo de ruptura. Como era de esperarse, nos distanciamos por completo, pues ella siguió con las rutinas de la escuela y a mí me quedaba poco tiempo para verla. Incluso, para llamarle. Luego entró en la universidad y, dentro de lo que cabe, yo salí adelante. Conseguí una plaza como corrector de estilo en una modesta revista de bienes raíces entre particulares, negocios a nivel changarros y otros tópicos por el estilo. Aunque la publicación era de poco prestigio, no pagaba mal a sus colaboradores, o a mí no se me hacía mal, y me fue relativamente sencillo conseguir el puesto, gracias a mi buena redacción y ortografía adquirida a través de la literatura que leía desde niño. Javiera, de una familia acomodada para el promedio del país, poco se preocupaba por el esfuerzo de conseguir dinero y, quizás en su ociosidad, me buscó y reanudamos nuestro noviazgo, en una etapa supuestamente más madura. Fue así como decidimos casarnos después de algunos meses, tiempo en que nos dedicaríamos a convencer a sus papás, que desde luego me miraban menos y no consentían que su hija, una Roqueñí, se emparentara con un tipo, sin futuro a su juicio, como yo. Esa oposición terminaría por ser definitiva para luego divorciarnos, pero yo en ese momento estaba muy enamorado. Pro-fun-da-men-tee-na-mo-ra-do. Y me creí capaz de sortear esos obstáculos que oponían sus familiares. El hermano también me miraba mal y una vez me mandó pegar con sus amigos. Pero un buen día decidí ahorrar un poco de dinero y preparé una estrategia para que Javiera por fin se animara a dejar la casa de sus padres, se casara conmigo, y nos fuéramos a vivir a un departamento de alquiler acorde a mi presupuesto. Un sábado temprano, casi de madrugada, a bordo de su automóvil, yo nunca he tenido, fuimos a Tequisquiapan, Querétaro, con el pretexto de que allá una amiga iba a ofrecer una misa y luego un desayuno por el bautizo de su hija. En Tequisquiapan, a eso de las 6:30 de la mañana, llegamos a un punto determinado donde nos esperaba ya una camioneta Ford-Lobo en la que transbordamos para que supuestamente nos acarreara a la pequeña comunidad donde se celebraría el bautizo. El chofer puso en el estéreo Quiero que me quieras con Gael García Bernal. Los colores del amanecer eran espectaculares. La Ford-Lobo nos internó por un camino de tierra y después de media hora llegamos a una llanura donde unos indígenas terminaban de inflar un globo aerostático, al que finalmente nos subimos luego de firmar algunas cláusulas de responsabilidad y de las correspondientes indicaciones para cuando despegáramos. Todo lo había preparado yo. Y me sentí contento de que saliera bien. Javiera estaba tan emocionada que era incapaz de decir algo y su pasmo fue total cuando desde el aire miró cómo los indígenas que habían preparado el globo extendieron una manta que decía Gaviera cazate conmigo, pliz. Ella volteó a verme, anonadada. Yo reía, desde luego, pues cuando dicté por teléfono el texto que habría de llevar la manta no imaginé que el Javiera se convertiría en Gaviera, el cásate en cazate, y el please se transformaría en pliz, pero sostenía en la mano una cajita negra y abierta que le mostraba una sortija de compromiso de dos piedras: diamante y rubí al estilo renacentista, que simbolizaba la fuerza, la pasión y el amor. Le entregué el anillo, la cajita y la garantía de autenticidad, y ella como toda respuesta me estampó un beso en la mejilla. Fue algo raro, pues acto seguido intentamos hacer el amor en la canastilla del globo, pero estábamos demasiado eufóricos para concentrarnos, por lo que abortamos el intento de penetración, le saqué la punta de verga que alcancé a meterle y nos subimos la ropa interior y los pantalones. Nos casamos, pues, la familia de Javiera se opuso, pero luego de cierto tiempo al menos toleraron el hecho y parecieron aceptarme en la familia. Así viví con Javiera, por el rumbo de Satélite, cerca de un año, en el que ella siguió estudiando la licenciatura en relaciones internacionales, de la que se graduó con mención honorífica, mientras yo seguía como corrector de estilo en la revista de bienes raíces y micro-negocios, además de haber comenzado a publicar algunos cuentos en una tríada de revistas para caballeros, una de las cuales pertenecía a una editorial que se ofreció para publicar mi primer libro: una novela corta formada por doce cuentos independientes pero intercomunicados, a cambio de una pequeña suma, en rigor irrisoria de no ser porque eso, según yo, me convertía oficialmente en escritor, y 100 ejemplares del libro como pago de derechos. Esos meses podría definirlos como un estadio muy cercano a la felicidad. Pero ya se sabe que la felicidad, a veces, no es algo inmanente y suele terminarse pronto. Javiera comenzó a ausentarse cada vez más de nuestra casa por motivos laborales y eso creó un desequilibrio entre los dos. Los gastos hicieron que mi pago por la corrección de estilo en la revista, lo de los cuentos y el libro fueron ingresos que ayudaron pero no bastaron, fueran insuficientes para hacer frente a la vida de pareja, considerando, por lo demás, el estilo dispendioso al que Javiera siempre estuvo acostumbrada y no estuvo dispuesta a renunciar por nuestro matrimonio. Comenzaron los reproches a mí y a mi modo de vida que desde luego, ella, según dijo, no iba a tolerar, y menos con las intromisiones constantes de su mamá, que se empeñaba en compararme desfavorablemente con una sarta de adinerados pretendientes, no sé si reales o supuestos, que aspiraron, o aspiran todavía, a tener algo con Javiera. La revista cayó en posición de quiebra, cambió de dueños y éstos, que contaban con su propio equipo de trabajo, me liquidaron de inmediato. No pasó mucho tiempo para que la misma Javiera me echara en cara lo diferente que habría sido su vida si se hubiese casado mejor con alguno de esos pretendientes y no conmigo, que no era ya capaz ni de llevarla al cine o a cenar por falta de dinero. A Javiera, como parte de las relaciones públicas de su trabajo según decía, le dio por asistir a reuniones, alquilándose como hostess, demostradora, o modelo, y, además de que se vestía como piruja, como una golfa que verá a sus clientes, llegaba tardísimo a la casa o hubo veces en que incluso no llegó hasta el día siguiente. En ese periodo nacieron mis sospechas de que Javiera salía con alguien más, pero guardé silencio, en espera de que todo se solucionara en cuanto yo consiguiera un nuevo empleo y así pudiera pedirle que dejara de alquilarse. Pero no había plazas disponibles en lo que yo buscaba, y tuve que aceptar el trabajo de encargado del departamento de niños en unos almacenes de ropa de saldos, y la paga era sólo mejor que nada. En todo caso, una noche de quincena intenté reconquistar el interés de Javiera y decidí gastarme todo mi pago, de ser necesario, llevándola a escuchar mariachis a Garibaldi. Sólo que Javiera no volvió esa noche ni ninguna otra. Muy pronto me enteré, por los periódicos deportivos y de espectáculos, por los portales de Internet, que a ella se le relacionaba íntimamente con Fulgencio, el Chencho, Fitipaldi, el célebre futbolista brasileño avecindado en México, centro delantero de los Lagartos Salvajes e imagen de cuanta marca está de moda en televisión. Javiera apareció, días después, al lado de Chencho Fitipaldi en un comercial de paletas de hielo y en otro de papas fritas. Esto último fue devastador para mí. Pensé en denunciarla por abandono de hogar y adulterio, pero ¿habría logrado algo? De hecho, ella misma se encargó de enviarme a través de su abogado la petición de divorcio. Yo firmé todo, rápido, en un estado de irrealidad, aunque el abogado no perdió oportunidad de pasarme los mensajes intimidatorios de su clienta si me empeñaba en prolongar la separación. Sólo hasta después caí en una profunda depresión que me supo muy amarga. No topé con el fracaso matrimonial nada más, sino también con la humillación. Con la traición de Javiera, que era captada por las cámaras de programas del corazón asoleándose con Chencho Fitipaldi en las playas de Cancún y Puerto Escondido, o por las de los tabloides deportivos en antros de Los Cabos o Acapulco, mega pedísima, igual que su nuevo wey.

dIEZ
Hazme el amor.

La primera vez, Katyana se lo pidió con voz melosa, esparciendo su aliento en el rostro de Malaquías. Lo había escuchado con atención, quizá sin comprenderlo, pero dejando que su historia la calentara más. Él nunca dijo nada para excitarla, pero eso poco importó porque ella había elaborado su fantasía con él y ya la tenía en mente, con ansiedad de realizarla.

Quería, por ejemplo, probar esa verga que Malaquías metió apenas en Javiera, arriba de un globo aerostático, y deseaba comprobar si con ella se movería igual que con Javiera, sobre hojas crujientes en el bosque. Su humedad, simplemente, lo exigía.

Pienso en Javiera, aún. A su lado, perdí.

Ahora me tienes a mí, para ganar. Cógeme, ¿sí?


oNCE
El primer encuentro fue en Sheraton, Centro Histórico.

Ella escogió el hotel.

Malaquías pidió una habitación que Katyana pagó sospechando que él no tenía dinero suficiente, e hicieron el amor en cuatro posiciones. La última fue más placentera que las iniciales, porque para entonces ya se habían mezclado a mil sus ritmos, si bien en la primera Katyana estaba tan urgida que estalló, con placer inolvidable, desde los primeros roces.


dOCE
Se frecuentan en hoteles por toda la ciudad de México. El esposo de Katyana, viajero constante, sin saber patrocina los encuentros íntimos, mientras Malaquías procura invitar cafés, helados, cine y una que otra comida en modestos restoranes.


tRECE
No siempre desea verla y cuado quiere no siempre es posible, porque es casada.

Para él, la relación fructificó en una segunda novela corta, de temática amorosa, que en teoría encontró editor y promete una paga que ayudará a saldar algunas deudas y salir adelante, al menos de momento.

La trama narra no un amor cualquiera, sino uno especial para el autor, como suele suceder. La historia de Javiera y Malaquías, más o menos velada con nombres ficticios, sacados de la manga.

Para Katyana, que se sintió entusiasmada desde el primer momento en su papel de musa indirecta, inyectando fuerza creativa al escritor, Malaquías significa muy buen sexo, atención que el marido no siempre le presta y la oportunidad de saciar un instinto de redentora y de ser protagonista en la vida de alguien más. Pero, sobre todo, él le sigue recordando a Goyeneche.

Nada menos. Pero, irremediablemente, nada más.


cATORCE
El cielo está negro. Relampaguea. Inicia una llovizna que se intensifica de a poco. La gente apura el paso y busca refugio. Las ratas corren por las jardineras. El afiche de la ópera Insomnio posmoderno es sacudido por el viento e impide leer quién la interpretará. Hoy es una de las funciones.

La tormenta es inminente. Katyana no llega. Oscurece. Malaquías consulta su reloj y se levanta para dirigirse al pórtico del Palacio de Bellas Artes y guarecerse. Atraviesa la resbalosa explanada asegurando cada paso, para no patinar por el agua. Estallido poderoso en la bóveda celeste. De alguna manera, Malaquías imagina, sin querer a Katyana, con Javiera perdida, solo, que así se camina a un lado del abismo.

Cae.





josé noé mercado
ciudad de méxico

5de2mil9

viernes, mayo 01, 2009

Creer


A PAACM,
q, x fortuna, tb cree

"De niño creía todo lo que me decían, todo lo que leía, y cualquier idea surgida de mi desbocada imaginación. Como consecuencia, pasé un buen número de noches sin dormir, pero en compensación llené el mundo en que vivía de colores y texturas que no habría cambiado por una eternidad de noches apacibles. Incluso entonces sabía que en el mundo había personas, de hecho demasiadas, cuyo sentido de la imaginación estaba entumecido o totalmente desprovisto de interés, y que vivían en un estado mental parecido al daltonismo. Siempre he sentido lástima por ellas; ni siquiera imagino (al menos por aquel entonces) que muchas de aquellas personas sin imaginación me compadecían o me despreciaban, no sólo porque era presa de un sinfín de temores irracionales, sino también porque era profunda e incondicionalmente crédulo en casi todos los ámbitos".


Stephen King
Pesadillas y alucinaciones I
(Introducción)

miércoles, abril 15, 2009

Una oportunidad


Cachureando, como se dice, en el perfil Facebook de mi súper amiga la minita Pablirs, me encontré este genial parrafo que no puedo sino reporducir. De paso, Pablirs, tan preocupada de mi formación como siempre, me ha puesto a leer toda la obra de John Fante. O casi. Ya conseguí Espera a la primavera, Bandini y Pregúntale al polvo. Algo ya es algo. Gracias a Pablirs. Últimamente, mi formación, o deformación, te debe harto.


"¿Qué te he hecho señor? ¿Por qué me castigas? Lo único que te pido es una oportunidad para escribir, para tener un par de amigos y que cese esta lucha. Dame paz, Señor. Haz de mí algo que valga la pena. Que la máquina de escribir cante. Encuentra la canción dentro de mí. Sé bueno conmigo, porque estoy solo".

Arturo Bandini
Sueños de Bunker Hill
John Fante

martes, marzo 31, 2009

Ensuciar


"No es tu sexo lo que en tu sexo busco
sino ensuciar tu alma:
desflorar
con todo el barro de la vida
lo que aún no ha vivido".


Diario de un seductor
de Leopoldo María Panero


domingo, marzo 29, 2009

Gran Torino es grande


"...Pero de que emociona, emociona ene. Imagínense que hasta yo estaba con ojos de Candy, y eso que soy terrible de recio...".


sábado, marzo 28, 2009

Como animales

Fuente: Moleskine Literario

"Quizá lo más lamentable, lo enfermizo, de todos los animales es que terminan pareciéndose a nosotros por más horrendos y distintos que sean. Que seamos nosotros. Nuestra vida, la síntesis de una serie de costumbres animales.

"Y no todas son agradables.

"Hacemos reír a los que queremos que nos amen, como micos. Somos fieles a nuestros amigos, como perros. Comemos la fruta con la mano como conejos. Inflamos nuestros cachetes llenos de comida y la rumiamos lentamente como ratas. Dejamos de ser nosotros mismos, cambiamos de piel como serpientes.

"Nos aprovechamos de los demás, como buitres. Terminamos meando encima de lo que creemos nuestro, como felinos.

"Nos reímos como hienas, lanzamos zarpazos de pánico como osos.

"Mónica me dio el primer beso cerrando los labios, haciendo un pico, como un pájaro.

"O como un animal extraordinario, incomprensible, un ornitorrinco.

"Cuando su útero soportaba el peso de Paulo parecía un marsupial. Una larga y ondulada madre canguro.

"Y yo, pasándola mal después de la muerte de Paulo, cuando me atenazaba el insomnio, aquellas noches en vela aferrado a su espalda y su respiración también intrquila, me había convertido en un animal vulnerable, un animal en extinción".



Un lugar llamado Oreja de Perro
Ivan Thays
Editorial Anagrama, 2008

lunes, marzo 23, 2009

Don Giovanni en el Teatro de la Ciudad


Posteo mi crítica sobre el Don Giovanni en el Teatro de la Ciudad. Algunos la esperaban hace días. Se acabó la espera. Las fotos me las mandó un amigo al que se las mandó un amigo que participó en la ópera. Creo que sirven para ilustrar. Si tienen algún crédito, pueden hacérmelo saber para consignarlo. Mientras, uso el derecho de circulación de la red.

Ah, y al final incluyo el trailer de esta producción, al que hago referencia en mi texto. Me gustó, más que el trailer en sí mismo, el concepto de haberlo hecho. No es común en la ópera mexicana y, la verdad, no les quedó mal. De hecho, les quedó mucho mejor que la ópera.


Don Giovanni en el Teatro de la Ciudad
x José Noé Mercado


Piénsalo así. Esa sensación que se experimenta al escuchar una Traviata en alemán, un Tristán en italiano, un Rigoletto en inglés o ahora una Carmen en mapuche, es lo que tú sentiste en el Don Giovanni de Mozart que presentó el 25 Festival de México en el Centro Histórico en coproducción con la Compañía Nacional de Ópera. Sí, el del Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, 12, 15, 19 y 22 de marzo.

Te decía, te digo, eso fue lo que sentiste ahí, sentado en tu palco del primer piso. En rigor, sí presenciaste Don Giovanni, la escuchaste, pero, al mismo tiempo, no te cuadró: te la cambiaron, de algún modo. Y consideras que si sabe a otra cosa, es como si no la hubieras escuchado. No fue la que tú conoces. ¿O sí? Dudas, pero en el fondo sabes de lo que hablo porque tú eres operista. Has escuchado Don Giovanni muchas veces antes, la has visto y aplaudido en diversos teatros. La conoces bien. Es tu ópera favorita. La de muchos. Pero esta vez, casi, te durmió.

Es verdad. Este Don Giovanni se cantó en italiano. Como es. Aunque la sensación de La traviata en alemán o demás ejemplos igual no desaparece. Te preguntas por qué. La música. La dirección, los cantantes. La forma de interpretar. Ahí, supones, está la respuesta. A ver, paso a paso.

La música sí se dio a partir de la partitura. Las notas de Mozart se hicieron sonido. Pero los tiempos pesados y lentos, no a la contundente imagen y semejanza de Furtwängler por ejemplo, sino a la manera incolora, desangrada e inexperta en este autor y repertorio del concertador británico Philip Pickett, al frente de la Orquesta del Teatro de Bellas Artes, cambiaron todo. Con tiempos rápidos en los que debía ir lento, lentos cuando debía acelerar. No le halló la forma ni a un minueto.

La lectura del director fue plana desde la obertura y le robó a la música esas sinuosidades de galantería, de festividad excedida, de melódico drama jocoso que se despliegan en esta ópera que Kierkegaard defendió como la mejor obra de arte jamás realizada.

Ahora no pienses en idioma del libreto, en realidad no estás hablando de eso, sino en lengua musical y de cualquier manera el resultado es el mismo: la sensación pegajosa e incómoda del Tristán en italiano o el Rigoletto en inglés, musicalmente hablando. Por eso, la intención, la imagen musical de este Don Giovanni fue muy distinta, y te hizo pensar más de una vez que estabas escuchando un madrigal o algún otro género renacentista. Fuera de lugar, cero qué ver, tratándose de este caso.

Así, lo sabes ahora, la sustancia sonora de este Don Giovanni estaba desde un inicio más condenada que al final Don Giovanni. Todo, por seleccionar inadecuadamente al director musical para esta producción. Apto, o al menos conocedor, en el repertorio antiguo, pero con escasa competencia en Mozart, cuya música planchó.

Pickett afirmó en el trailer con el que promocionaron este montaje que ésta es la mejor producción de Don Giovanni de la historia. Eso te pareció, es, una falsedad. Una boutade, una argucia para pasar gato por liebre, manía por lo demás muy propia de la Compañía Nacional de Ópera en tiempos recientes. O una ignorancia extrema, como suele decirse, irreverente y atrevida, de la que por fortuna ni tú ni buena parte del público operista de México forman parte.

La puesta en escena, en la que intervinieron, como leíste consignado en el programa de mano, muchos más asistentes, realizadores, diseñadores y actores que cantantes, correspondió al debutante en el género Mauricio García Lozano, quien comenzó por ilustrar la obertura, ya que ni a Mozart ni a Da Ponte, faltos quizá de talento o imaginación, se les ocurrió nunca hacerlo. Y te consta que esa ilustración, además, fue moneda falsa y superficial.

Usar a un actor porno ejerciendo su oficio, o simulándolo, que es peor, con todo tipo de mujeres para, justamente, dibujar las andanzas de Don Giovanni es una lectura simple y apresurada de esta obra. Como si tú como público fueras Donna Elvira y necesitaras una entrega del aria del Catálogo ilustrado.

Tú entendiste que el director de escena quería provocar, buscaba polémica. Es un viejo truco para darse notoriedad en el que no caíste. Porque, uno, Don Giovanni no es un Dirk Diggler o un Rocco Siffredi, aka El semental italiano. Basta poner un mínimo de atención a la trama para darse cuenta que Don Giovanni, en realidad, no puede conquistar a nadie, ni a una campesina. Aunque por supuesto quiere, lo necesita. Más que un consumado semental, es un personaje profundamente trágico, al que vemos en escena en un fracaso tras otro. Y, dos, porque ese tono porno no fue consistente a lo largo de la función. Para ello habría que atreverse no a escandalizar sino a ser congruente, que es todavía más complejo. Lo soft, lo fresa, comenzó una vez que concluyó la obertura ilustrada, con un Don Giovanni púdico, ya con ropa interior. Y así se mantuvo, incluso si pensamos en que mostraba el pecho o en el final del primer acto en un conjunto topless que disolvió al verdadero disoluto o en la cena con el Comendador, en la que casi se sienta, o arrima su pubis, sobre un cisne, símbolo ambiguo de lo fálico o lo femenino, lo depravado o lo homosexual, lo puro, la belleza o lo virginal, dependiendo de la interpretación.

Lo que sí reconoces es que el trazo de Maurico García Lozano fue dinámico. Hubo mucho movimiento acertado, buena dirección, con los artistas. Aunque el concepto, en general, no aportó gran cosa para impedir el sopor de una escena más bien oscura, cansada de ver. Y, lo que es peor, a veces tanto movimiento terminó por distraer, por interrumpir al solista que, en algunos casos, debe estar en escena precisamente solo.

Aunque te reconoces fan de Jorge Ballina, a quien sin duda ubicas como uno de los dos mejores escenógrafos mexicanos en la actualidad, esta vez su propuesta te distrajo por su protagonismo. En aras de funcionalidad y dinamismo y variedad en la perspectiva del espectador, la escenografía no se quedó quieta y los tramoyistas se metían una y otra vez a cuadro escénico, incluso a la mitad de las arias, para darle vuelta a una especie de plataforma-carrusel sobre la que se desarrolló la acción, o para formar muebles, tumbas, espejos, dinteles o balcones, todo muy abstracto, a partir de una especie de concepto camas-lego. Un concepto, pensaste, que más allá de su funcionalidad, no le importó ser feo, poco agradable a los sentidos, como también consideraste la iluminación de Víctor Zapatero, que se limitó a esto: luces blancas sobre cuadrilátero ajedrezado. Dónde dejó Zapatero su probado talento, cavilabas durante la soporífera función para no dormir como muchas personas a tu alrededor.

Del elenco apocado poco te apetece decir en un ambiente en el que muchos se han mostrado xenofóbicos y chauvinistas, quizás porque ante tan escasas oportunidades para ver ópera en México quisieran más presencia de talento nacional. Pero el talento no se clasifica por nacionalidades, y lo sabes. En este Don Giovanni, consideras, tanto el extranjero como el mexicano escaseó. Tan limitados unos como los otros, te dijeron miembros de la producción. Y sí. Aunque, por supuesto, hay matices.

Esto es lo que consideras: el estadounidense Chistopher Schaldenbrand fue un Don Giovanni sin protagonismo vocal, con un timbre que se decoloraba hasta parecer tenor. La rumana Catarina Coresi como Donna Anna, estridente, con ataques abiertos y un vibrato desagradable por destemplado. La canadiense Kymi McLaren, como Donna Elvira te pareció lo más rescatable, con una voz lírica y musical, en completo estilo. El ruso Mikhail Kolelishvili cantó un buen Leporello. Pese a su dicción para nada italiana, le entendiste cada frase y no se hizo el gracioso en su personaje, lo que es de agradecerse. Tres mexicanos: Raúl Hernández, Don Ottavio, se anunció enfermo y ése, como sabes, es por igual el principio del perdón o la debacle. Lucía Salas es una linda Zerlina, de voz discreta en volumen y Jesús Ibarra un joven con buen instrumento aún sin pulir, lo que sirvió en este caso para Masetto. El brasileño Luiz-Ottavio Faria posee una voz robusta de bajo, efectiva pero sin foco.

Nada especial, como pudiste comprobar, en este elenco. Nada memorable en esta producción, en la que entre el FMCH y la CNO se gastaron poco más de seis millones de pesos. Se vale, te dices, pero ¿este Don Giovanni los vale? Tus amigos mozartianos siempre afirman que Mozart lo aguanta y resiste todo. Tú, desde que abandonaste el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris y caminabas por la calle de Donceles, lo dudas. Y no por Mozart, sino por la idea de un decepcionante Don Chafanni. De un Don Güevanni. De la que hoy todos hablan. O casi. Tú ya no.


miércoles, marzo 04, 2009

No cualquiera


Aquí no viene cualquiera:
Santa Fe, México

x José Noé Mercado


UNO
Acudo a Santa Fe por un siniestro. Una compañía aseguradora debe extenderme un cheque por concepto de daños automovilísticos a terceros. Yo soy ese tercero y aquí me encuentro, en el poniente de la inabarcable ciudad de México. En Santa Fe, que es vestigio de un pueblo hospital novohispano, minas y tiraderos, lo mismo que un elitista barrio financiero y concepto aspiracional y galáctico.

En Santa Fe, la exclusividad, la pretensión y la vanguardia es la idea. Por algo los corporativos transnacionales más poderosos, de capital mexicano o extranjero, tienen aquí sus oficinas en edificios inteligentes de diseño fashion y han convertido la zona en el conjunto urbano más importante y ostentoso de Latinoamérica.

Pero, en Santa Fe, la marginación, la pobreza, el contraste, la problemática de comunicación vial y el abastecimiento de agua, recuerda como un tatuaje en la piel que, después de todo, esto no es más que subdesarrollo.

Entre mayor opulencia y ostentación hay en el sitio, entre más notorio es el ánimo de primermundismo, más evidente resulta el tercer mundo al que pertenecemos. Aun cuando quien ahora hable de México deba referirse a un país en desarrollo, a una economía emergente. Que, en la realidad, para un porcentaje significativo de la población, se liga más bien a la emergencia.

DOS
Paso por detectores de metal y armas, un vigilante obeso me escanea y entonces ingreso en un edificio de cristal y acero. Aunque tiene decenas de pisos hacia arriba, desde donde todo, empezando por las personas, se mira pequeño, insignificante, iré hacia abajo.

Antes, me registro.

Una recepcionista rubia oxigenada y fresa me exige la credencial de elector. O mi carnet de conducir. Si no, no hay paso. Me da un gafete numerado de visitante. La extranjería queda señalada. Un par de policías vigila el proceso, escrutándome a la vez.

Un elevador de alta velocidad me sumerge cuatro niveles. Al salir, otro vigilante armado me pregunta si soy quien soy. Sí, le digo, pensando que quizás me atenderán de inmediato en la aseguradora. Pero no. Me interroga porqué bajé en ese piso, si debo ir a otro. Me hace saber que estoy en el lugar incorrecto, pero sobre todo que me vigilan a cada paso con cámaras ocultas. Onda reality show.

De nuevo, al ascensor. Aunque igual bajo.

Ahora entro en una oficina que tiene cómodos sofás de cuero para aguardar turno y cuadros abstractos, que pueden significar cualquier cosa, en las paredes. Me siento, me hundo. Así, el corporativo y su gente se ven más grandes. Hojeo una revista. Ojeo un artículo que explica que la principal generadora de valores, en la actualidad, es la empresa. Atrás dejó a los medios de comunicación, a la familia, a la iglesia. La oficina, ahora, forma o deforma al individuo. Ella, más que nada. Tiene lógica. Pertenecer o no pertenecer. A eso se reduce el dilema.

Por fin llego a una de las numerosas ventanillas, todas de cristal, seguro antibalas, para ser atendido. A mi derecha, un tipo trajeado y robusto desea cambiar las condiciones de su póliza para pagarla en dólares y saca de un portafolios de combinación electrónica varios fajos de billetes verdes. A mi izquierda, una señora de mediana edad discute, acalorada, su caso. Yo tiendo mis documentos a una chica pelirroja y con exceso de maquillaje y me limito a esperar ahí, de pie. Ella lee mis papeles y llena a mano unos formularios y les pone sellos, mientras, sin mirarlos, se pone de acuerdo, en código, a dónde irá a comer con sus compañeros, quienes al fondo, en cubículos desmontables, están enchufados a sus computadoras y a micrófonos de diadema. Listo, me dice, sin verme, vuelva en tres horas y podrá recoger su cheque aquí mismo. Imposible ir y volver en ese tiempo, que es el que a causa del tránsito infernal los oficinistas tardan sólo en venir o irse de estos rumbos. Mínimo, debo permanecer 180 minutos más en Santa Fe. Uf. Qué me queda.


TRES
Caminar por la zona de corporativos es complejo. Las distancias son largas a pie. Cortas, y por tanto inviables, en automóvil. El terreno es inconstante, pesado al andar. Como en toda barranca, hay subidas pronunciadas que luego se vuelven descensos enroscados. Los rascacielos, varios de más de 100 metros de altura, otros sobrepasan los 150, se construyen ya los de más de 200, muestran que los corporativos trascienden a todo individuo. De alguna manera, los aplastan. Fuera de los edificios diseñados por arquitectos de prestigio, en las explanadas, algunos oficinistas que portan con orgullo un gafete de pertenencia en la cintura fuman cigarrillos, beben Coca-Cola-Zero o comen fruta acarreada en un Tupperware. Una pareja discute. La chica llora, pero lo disimula al verme pasar.

Una de las avenidas principales de Santa Fe lleva el nombre del misionero Vasco de Quiroga, quien fundó este pueblo en 1532, con la idea de albergar a los indígenas marginados, a los pobres, a los enfermos, a los ancianos y a los niños. Hoy, Tata Vasco podría volver a fundarlo, puesto que, si bien hay mansiones de película en el área habitacional que valen millones de dólares, los desprotegidos siguen en los alrededores, en colonias proletarias, en casas modestas construidas por el ingenio y habilidad de albañiles que nunca podrían ser cool. Ahí, en esa otra pero misma Santa Fe que también fue minas y tiraderos de basura, la gente sí anda por las calles, sin traje sastre ni perfumes costosos, y compra comida grasosa en las esquinas.

CUATRO
Al Centro Comercial Santa Fe, desde que se inauguró, en 1993, el más grande de América Latina, con sus 5 mil cajones de estacionamiento, con más de 300 firmas exclusivas en sus tiendas, sólo se puede llegar en carro. O en taxi o micro, pero no a pie. Las avenidas son grandes, peligrosas para un peatón, o de plano es un tramo de carretera.

En ese tipo de calzadas principales no se puede estacionar sin que te levante una grúa, de las muchas que acechan. Por ello, las calles pequeñas, sobre todo las cerradas de un lado, están invadidas por coches que son vigilados por franeleros pandrosos que cobran, a cada uno, cuatro dólares al día por su labor. Lo que, sin duda, aunque tiene algo de informalidad, resulta más económico que entrar en un estacionamiento, de los pocos que hay por el rumbo, y pagar la misma cantidad, o sea su equivalente en pesos mexicanos, pero por hora.



CINCO
Han pasado casi tres horas, desde que salí de la aseguradora. Debo volver por mi cheque, sin haberlo visto todo, pero con la impresión de que, en esencia, sí lo vi.

Abordo un taxi de sitio, es la única opción, lo que significa que no cobra con taxímetro, sino a ojo de buen cubero. O sea, a capricho del chofer. No mames, por qué ocurre eso, le pregunto. Por la simple razón de que aquí no viene cualquiera, wey, me dice queriendo mostrar más mundo que el mío. A Santa Fe, o se viene porque puedes: gastar, consumir, comprar, o vienes porque debes: trabajar, venderte, sobrevivir. Yo por qué vine, reflexiono, a esta especie de yin y yang sin equilibrio: ¿porque puedo o debo? El siniestro, supongo, tiene la respuesta.

sábado, febrero 28, 2009

Pro Ópera marzo-abril 2009


Salió ya la revista Pro Ópera en su edición marzo-abril 09 que trae como texto de portada una entrevista al barítono ruso Dmitri Hvorostovsky.

Aparte de mis columnas Ópera en México, que como pocas veces ha dado cuenta de la nada, o casi nada lírica en DeEfe y México en el Mundo, publico una entrevista que le realicé a la talentosa y guapa directora de orquesta Alondra de la Parra.

La edición viene muy completa. No olvidarse de leer en la página web secciones como Otras Voces (entre otras cosas, trae un artículo sobre la crítica musical-operística bastante bueno y polémico de Sergio Padilla), Ópera en el Mundo (la sección de reseñas y críticas más amplia y completa de todas las revistas líricas especializadas en el orbe) y Entrevistas en línea (Ricardo Marcos conversó con el barítono francés Guilles Cachemaille y Ramón Jacques con la soprano italiana Désirée Rancatore), que son un plus de la revista impresa.


jueves, febrero 19, 2009

Un acercamiento al genio de Wagner

José Noé Mercado, crítico musical y periodista, ofreció la noche del miércoles
un recorrido por la vida y obra de Richard Wagner.
Foto: S Núñez, El Informador

Una amiga me envió esta nota aparecida en El Informador de Guadalajara, Jalisco, a propósito de la conferencia que di hace unos días sobre Richard Wagner en tierras tapatías:


Un acercamiento al genio de Wagner

Conferencia previa en Haus der Kunst

El recital de este viernes promete ser una de esas noches inolvidables en el Teatro Degollado, protagonizada por piezas del compositor alemán

GUADALAJARA, JALISCO.- Desde hace varios días, el busto de Richard Wagner ha sido un testigo silente de la constante promesa de una noche inolvidable en el Teatro Degollado (este viernes, a las 20:30 horas) con la Orquesta Filarmónica de Jalisco y 20 músicos más procedentes de la Ciudad de México, la soprano británica Jane Eaglen y el director italiano Guido María Guida.

Incluso la noche del miércoles se desplazó del lobby del Degollado a la Galería Haus der Kunst para acompañar a José Noé Mercado, crítico musical y periodista, y escucharlo decir -como ya lo han hecho otros- que la de hoy será una noche inolvidable, con la música de "un compositor muy querido, no solo genial".

Como en el resto de las ocasiones, Wagner se quedó mudo, pero escuchó atento (como el grupo de personas que asistió a la conferencia) el repaso histórico que el especialista hizo por su vida y obra, influenciada por su padrastro que lo enroló en las artes escénicas; caracterizada por una búsqueda del origen, que se presenta como un cuestionamiento recurrente en sus óperas; y dotada con una fuerza y profundidad pocas veces vista.

Mercado ofreció a los asistentes un recorrido por las obras de Wagner, desde su inicio a los 14 años con la tragedia Leobaldo y Adelaida "con algunas fallas", pero que le hizo descubrir que la música era un ingrediente faltante en su libreto, hasta los temas que se interpretarán este viernes, como El anillo del nibelungo.

CRÉDITOS: Informador Redacción / OOCH /Feb-06 03:39 hrs.

Para conocer a Richard Wagner

Foto: Público

Ignacio Dávalos en su columna cultural Agenda: Pequeña guía para disfrutar los ratos libres, en Milenio Guadalajara, entre sus variadas recomendaciones incluyó lo de mi conferencia wagneriana. Gracias a Ignacio, a quien no tengo el gusto. Aquí posteo la nota, como recuerdo, no más:

No se lo pierda
Para conocer a Richard Wagner
2009-02-04•Cultura


La Gala Wagner se presentará el próximo viernes 6 de febrero en el Teatro Degollado, con la participación de la célebre soprano Jane Eaglen, la Filarmónica de Jalisco y el director italiano Guido Maria Guida. Para ir calentando motores, y llegar más enterado al magno evento, esta noche se realizará una conferencia magistral impartida por José Noé Mercado, colaborador de la revista Pro Ópera. El especialista abordará el tema La creación musical de Richard Wagner, con la intención de que los asistentes conozcan más del legado del compositor y músico alemán.

Haus Der Kunst
20:00 horas. López Cotilla 1939, casi esquina con Luis Pérez Verdía.

martes, febrero 10, 2009

Orígenes de la ópera y generalidades de la ópera barroca: las conferencias


Pro Ópera A.C. arranca su ciclo de conferencias 2009, que este año será un auténtico diplomado, con una plática sobre los orígenes de la ópera y otra sobre las características generales de la ópera barroca.

Cita: 10 y 24 de febrero de 2009, Club de Industriales del Hotel JW Marriott, Polanco, Distrito Federal. 19:00 horas (el lugar, no Pro Ópera A.C. ni yo, exige saco y corbata necesariamente para ingresar).

Conferencista invitado: José Noé Mercado

Las conferencias tienen un costo de recuperación, pero a quien opte por el diplomado completo, que tendrá a diversos conferencistas según los diversos temas que se abordarán a lo largo del año, se le ofrece un costo especial. No sé bien. Incluso, habrá becas para cantantes o estudiantes interesados en asistir a las charlas para ampliar su formación. Pero no sé bien. Mejor pedir informes en:

info@proopera.org.mx y a los teléfonos 52544822 y 52544820.

lunes, febrero 09, 2009

Wagner al alcance de la mano


Los entusiastas integrantes de La Lira de Orfeo, organizadores de la Gala Wagner en el Teatro Degollado de Guadalajara con Jane Eaglen y Guido Maria Guida, me pidieron un breve texto para incluirlo en el programa de mano.

El programa, de 28 páginas más primera, segunda, tercera y cuarta de forros, quedó muy bien. Aquí extraigo mi texto. Posteo.

Wagner al alcance de la mano
x José Noé Mercado

Richard Wagner es, no fue, una referencia del arte y la cultura occidental entera. Nació en Leipzig, en 1813, y murió en Venecia, en 1883, pero sigue vigente, como pocos autores del catálogo lírico antes del siglo 21.

Wagner es un compositor que cimienta una estética por la que habrían de transitar músicos posteriores tan insistentemente que algunos procurarían evitarla, negarla o contradecirla. Y quizás lo hicieron, pero sin lograr ocultar que partieron de ella. Wagner también es un director de orquesta contemporáneo; un dramaturgo sólido que escribe los libretos para todas sus obras escénicas; un teórico lúcido y reformista que aspira a la música del porvenir y a la obra de arte total que habrá de representarse en un sitio especial, casi místico; un ensayista a veces rencoroso y criticable, un adorador de las mujeres, de preferencia de las ajenas, un hombre, en suma, fascinante y lleno de fuerza creativa, de claroscuros.

Las primeras tres incursiones operísticas de Wagner: Las hadas (1833: estrenada en 1888), La prohibición de amar (1836) y Rienzi (1842), recuerdan sus años de penurias económicas y los peajes que tuvo que pagar para abrirse paso en la historia musical, pero igualmente muestran de dónde proviene el artista: hay claras influencias de la tradición lírica germana, principalmente de Carl Maria von Weber, de la gran ópera francesa y del belcanto italiano.

El holandés errante (1843), Tannhäuser (1845) y Lohengrin (1850) son óperas de consolidación, en las que Wagner sintetiza leyendas, temas, que dan unidad a toda una cultura. En ellas, además, se manifiestan, con mayor claridad que en las primeras obras, inquietudes que hoy resultan indudablemente wagnerianas: la redención por amor, la paternidad interrogada, la incertidumbre por el origen y el futuro, la inmolación, la divinidad perdida, la imposibilidad de conjugar los afectos terrenales con los ideales marcados por un destino, el combate a la pasión erótica en la que de cualquier manera se sucumbe. Así, el trovador Tannhäuser se debate entre la calentura carnal de Venus y el amor puro de Elisabeth, quien habrá de redimirlo con su propia inmolación.


En El anillo del nibelungo, el conocimiento profundo de estudios mitológicos, literarios y filológicos de origen escandinavo y germánico, sirvieron a Richard Wagner como fuente de inspiración para crear su propia cosmogonía, que inicia con la vida en el agua y termina con una destrucción apocalíptica del mundo. En 1848, Wagner pretendía escribir una ópera heroica que llamaría La muerte de Sigfrido, misma que habría de convertirse en El Ocaso de los dioses, precedida de un segundo libreto —escrito posteriormente— titulado El joven Sigfrido y de un tercero llamado El castigo de la valquiria, todo esto antecedido por un gran prólogo denominado El robo del oro del Rin.

Al contar ya con el libreto integral, Wagner redactó la música para las cuatro obras que estructuralmente forman El anillo del nibelungo: El oro del Rin, La valquiria, Sigfrido y El ocaso de los dioses. Este ambicioso proyecto se prolongó durante 26 años, ya que fue hasta 1874 cuando el compositor de Leipzig escribió, al pie del último compás de la partitura, la frase “No digo nada más”.

El estreno del ciclo completo debió esperar dos años más (agosto de 1876). Es decir, desde que Wagner emprendió la composición de esta colosal empresa, hasta que la viera escenificada, en el Teatro del Festival de Bayreuth, construido ex profeso para la ocasión, habrían de transcurrir 28 años.

En medio de ese trabajo discontinuo, pero de unidad tan probada como los leitmotiven (celulas sonoras que identifican personajes, acciones, objetos y demás) que tejen su música, Wagner estrenó dos obras. La primera, Tristán e Isolda (1865), compuesta bajo el influjo de su relación sublimada con Matilde Wessendonck, esposa de Otto, su amigo y mecenas, asistimos a un amor de naturaleza tan profunda que, quizás, trasciende la imposibilidad de concretarse en vida y por eso recurre a buscar una oportunidad en la muerte.

La redención al redentor que aborda estos temas de forma tan dramática y tensa llegaría con Los maestros cantores (1868), de carácter menos serio, incluso cómico, y con Parsifal (1882), no sólo una despedida del mundo creativo y de la existencia, sino su misma consagración solemne en escena.

domingo, febrero 08, 2009

De Wagner y Rossini a Juan Gabriel y Chabuca


Las esperas en los aeropuertos, en rigor, desesperan. El tiempo transcurre lento y, sin embargo, se escapa igual, se va a la inexistencia y uno siente que ha perdido algo indefinido mientras hace hora.

Posteo desde Natural break del aeropuerto de Guadalajara, aguardo mi vuelo y recapitulo. La conferencia wagneriana salió bien. Acudió mucha gente y se interesó en ese mundo tan rico del compositor de Leipzig. Luego me lo comentaron, ahí o antes, durante o después de la estupenda Gala Wagner que ofreció la soprano inglesa Jane Eaglen acompañada por la Orquesta Filarmónica de Jalisco bajo la batuta de Guido Maria Guida en el Teatro Degollado.

Eaglen fue Siglinda, Isolda, Brunilda, Elisabeth y no escatimó su voz poderosa, emitida con técnica precisa. Fue conmovedora, intensa. Y es un caramelo de persona. La entrevisté, por cierto. Ya luego podrá leerse esa plática. En la revista Pro Ópera. Próximamente.

También conversé con el tenor peruano Juan Diego Flórez, quien ayer ofreció en el Auditorio Telmex de esta ciudad un atractivo concierto de arias belcantistas y música popular latinoamericana, incluidas, para el sopor de los puristas, Ay, Jalisco no te rajes de Esperón-Cortázar y Se me olvidó otra vez de Juan Gabriel. Pronto, en Pro Ópera, esa entrevista con JDF.

Una visita a Guadalajara de mucha actividad, pero bien, que me deja satisfecho. En esta ciudad siempre, siempre, he conocido personas importantes para mí. O, en otras palabras, personas importantes para mí las conocí en Guadalajara. Ojalá así fuera siempre. Pero uno nunca sabe todo el libreto que interpretará en la vida, y no lo entiende del todo ni siquiera cuando lo vive. Da igual.

No sé si el Deefe me espera o no, pero lo mismo voy para allá. Emprendo el largo camino a casa. Una voz gangosa y chicharroneada a través de los altavoces me anuncia el inicio del abordaje del vuelo. Me voy.

viernes, enero 30, 2009

Gala -y conferencia- Wagner


Este viernes 6 de febrero se llevará al cabo la Gala Wagner. Será en el Teatro Degollado, en Guadalajara, Jalisco. Participará la célebre soprano Jane Eaglen, la Orquesta Filarmónica de Jalisco y el director concertador será el italianísimo y wagneriano Guido Maria Guida.

La expectativa es grande.

En ese marco, la gente de la Lira de Orfeo, que se ha encargado de organizar todo esto de la gala, me ha invitado a dar una conferencia sobre la obra de Richard Wagner. Creo que mis filias wagnerianas son bastante públicas, así que acepté.

Cita: Miércoles 4 de febrero, a las 2000 horas. En Haus der Kuntz: López Cotilla, número 1939. Veamos.

lunes, enero 19, 2009

Volver--EPCSG


Siempre es raro volver. Se regresa al mismo sitio, con la misma gente y, sin embargo, ni el lugar ni las personas ni, por cierto, uno mismo, se miran sin la distorsión de un cambio no del todo tangible pero cierto.

La Escuela de Periodismo Carlos Septién García, mi alma mater, me invitó a impartir clases en sus aulas. Y acepté.

No con la frente marchita y sin que las nieves del tiempo hayan plateado mi sien, porque tampoco hace tanto que egresé, pero vuelvo al lugar que fue decisivo en mi formación periodística e importante, mal que mal, para buena parte de mi vida.

Ahora no seré alumno. O quizás sí, en cierto modo uno siempre es alumno mientras vive, pero ahora seré titular de géneros de opinión en la casi sexagenaria EPCSG. Me atrae la idea. Me gusta la asignatura, en un medio como el mexicano en el que todo mundo opina y hace suya la bandera de la libertad de expresión, con todo el derecho pero, en muchos, muchos casos, sin fundamentos ni razón ni qué decir.

A finales de enero arrancará el semestre. Bien. Ahí estaré para contribuir en la formación de nuevas generaciones de periodistas. Ésa es la idea. Ya veremos.

jueves, enero 01, 2009

Ellos lo saben todo


"Y ellos ven. Se dan cuenta que estás buscando algo y que tratas de encontrar a alguien. Sí, ellos saben todo, y comprenden que te sientes solo. Y me preguntan. Entonces yo les digo que para ti la vida es una prostituta que cobra cinco mil pesos por cada turno. Es una prostituta terriblemente fina.

"Ellos sonríen y me siguen interrogando con la mirada. Me doy cuenta de que están interesados y les digo, contento, que por eso tú no estás de acuerdo con la vida, que ¿qué puedes hacer? Pero que estás terriblemente enamorado de ella, pero que sabes que tu amor nunca será correspondido, porque al fin de cuentas la vida es una prostituta y no puedes esperar nada de ella; es de sentido común, les digo".



"Te miran detenidamente y te miden. Ven que no eres alto ni bajito. Como ellos lo saben todo, se dan cuenta de que estás desesperado. Empiezas a caminar más hacia allá y descubres que no tienes amigos, que crees tener unas cuatro amigas íntimas, pero no las tienes, que no son tan íntimas como crees...".

"Saben que recuerdas tiempos pasados, mucho mejores que éstos, y saben que al recordarlos sientes una sensación rara en la boca, aquí, en el paladar. Te miran a los ojos y encuentran en ellos una infinita tristeza, entonces yo les digo que mucha gente está de acuerdo en lo mismo. Hablan entre ellos y están de acuerdo en que tu principal problema es la inadaptación producto de la soledad, de la terrible y asquerosa soledad".


Mi cuerpo es una celda
Andres Caicedo
Dirección y montaje Alberto Fuguet
Grupo Editorial Norma, 2008

martes, diciembre 30, 2008

Pro Ópera enero-febrero 2009

Finaliza 2mil8, pero, de alguna forma, 2mil9 llegará en breve, si no es que algo de él llegó ya.

Entre otras razones, porque el primer número 2mil9 de la revista Pro Ópera ya circula y, también, está en línea, sin que aún sea enero. Esta edición sale adelantada. Pero está bien. Viene completa y mejor poder leerla desde ya. No creo ser el único ansioso.

La portada (foto de la admirada Ana Lourdes Herrera) corresponde a un extendido texto mío. Platiqué con la soprano Irasema Terrazas, la mezzosoprano Verónica Alexanderson, el tenor Óscar de la Torre y el barítono Armando Gama, que juntos forman el cuarteto vocal Arveiros. Cuatro entrevistas en una aquí.

También mío se publica una versión remix de mi entrevista con el compositor cubano José María Vitier, autor de la música de Santa Anna. A propósito de esta obra, presentada en el Teatro de la Ciudad, que lleva libreto de Carlos Fuentes, igual sale mi crítica.

Igual, con fotos de ALH, se publica mi crítica de L´elisir d´amore en la sala Miguel Covarrubias. También sale, como cada número, mi columna Ópera en México (con diversas críticas, reseñas y demás textos, incluso algunos de otros autores que complementan la sección), con México en el Mundo. Y también saco un par de textos en Ópera en los Estados.

Aunque escribí mucho, lo mío no es todo. Vienen muchas cosas más, de numerosos autores. Puede leerse en papel: recomendable, o consultarse ya, de manera completa en:

Pro Ópera, enero-febrero 2mil9


miércoles, diciembre 24, 2008

Navidad 2mil8

FOTO: JNM

Pues llegaron las fiestas de fin de año 2mil8. Antes, estas fechas me caían pésimo. Ahora las tolero y, en lo posible, las disfruto. Es, quizás, cuestión de quedar sano por dentro. O algo parecido.

Nada: felices fiestas a todos los lectores de este blog. Que la navidad traiga algo de calma. Y que 2mil9 sea, mal que mal, un año vivible.

Eso y un abrazo

José Noé Mercado

martes, diciembre 23, 2008

Grandes regalos...


"En literatura, los más grandes regalos se reciben siempre de aquellos que uno no conoce. Y eso lo sabemos todos los escritores del mundo".
Iván Thays

Necesitar la intemperie...


"Estudié periodismo porque no me interesó la carrera de Letras. Nunca pensé que el humanismo fuera académico; dije: ´bueno, si estudio Letras, voy a terminar como un investigador de cubículo, una literatura de cubículo, y yo necesito la intemperie´. Entonces me gustó el periodismo por eso: porque aprendí literatura, economía, historia, política.

"Me agencié una serie de conocimientos que hubiera sido imposible capturar en la carrera de Letras. Estudié periodismo porque no había de otra; era lo más cercano que yo encontraba a la literatura y, además, yo sentía que en mi caso el periodismo también era una forma de ganarme la vida. Para ser un maestro de cubículo, quién sabe qué tendría que haber hecho"


Daniel Sada
en entrevista con Ariel Ruiz Mondragón
en Milenio semanal, núm 581 y en

sábado, diciembre 20, 2008

Noé Colín, bajo cantante


El bajo Noé Colín está estrenando página web. Ya puede consultarse en alemán y, muy pronto, en español e inglés.

Me da gusto. Es importante. Pues ahora estar en internet es, de alguna manera existir y estar presente con fotos, grabaciones, repertorio, críticas, currícula y todo aquello que documenta una trayectoria lírica de la talla de la que ha desarrollado Noé Colín. La dirección para visitar virtualmente a este bajo mexicano es:


Bienvenido a la red, tocayo.

domingo, diciembre 14, 2008

Calidad de crítico




* "No puedo más con la vejez de mi adolescencia, ya no puedo más con las exigencias que me hacen los malditos intelectuales ni con las que me hace mi alma educada según el cumplimiento del deber y el arrepentimiento".


* "Me emborrachaba desde las nueve de la mañana y así logré escribir unas crónicas perfectamente delirantes y esquizofrénicas. En general, todos los intelectuales me están exigiendo cordura y orden en mi calidad de crítico, pero a todos me les río en la cara y les anuncio, agrandándolo, mi despelote. Así todos se llevarán la gran sorpresa cuando dé nuevas señales de vida".


Mi cuerpo es una celda
Andres Caicedo
Dirección y montaje Alberto Fuguet

lunes, diciembre 08, 2008

Andrés Caicedo revive con ayuda de Fuguet



Andrés Caicedo ya no está del todo en una celda, sino en el ánimo y la sensibilidad de los lectores que, de un tiempo a la fecha, lo están descubriendo por toda Latinoamérica. En México, por ejemplo, su nombre ya no es desconocido. Cada vez más se sabe quién es este escritor y cinéfago caleño tan contemporáneo y, lo mejor, vigente, desaparecido hace 31 años.

Al redescubrimiento de este personaje harto ha contribuido su autobiografía, dirigida y montada por su par chileno, el también escritor y cineasta Alberto Fuguet. Mi cuerpo es una celda se lanzó ya en México, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2mil8. Se lanzó hace unos días en Chile (donde me cuentan que ya está agotado) y Colombia y se lanzará ya igual en Perú. Pronto circulará, supongo, en toda América Latina y, quizás, otros lados.

Estuve en Guadalajara y en la FIL y en la presentación de este libro-documental. Conversé también con Alberto Fuguet sobre este singular proyecto y hoy salió algo al respecto publicado en el periódico Excélsior. Creo que a esta hora todavía se podrá conseguir un ejemplar impreso, o de cualquier modo se puede leer en línea, y, por si acaso, procedo a postearlo.




Excélsior 8-Dic-2008
Andrés Caicedo revive con ayuda de Fuguet
Por José Noé Mercado

GUADALAJARA.-“Me gusta que la gente piense que ya estoy acabado, para que reciban de tanto en tanto la sorpresita”, escribió Andrés Caicedo, quien está de regreso al mundo. El 4 de marzo de 1977, a los 25 años de edad, murió el escritor y cinéfilo colombiano sobre su máquina de escribir, luego de recetarse 60 seconales. Pero ahora, como en una cinta clase B, nos da la sorpresita de volver, para finalmente ser reconocido fuera de su país, a través de Mi cuerpo es una celda, suerte de documental filmado con tinta por el escritor y cineasta chileno Alberto Fuguet.

Mi cuerpo es una celda (Editorial Norma) es un libro que, después de estrenarse en Chile y Colombia, se presentó en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2008. Se trata de una autobiografía, de un testimonio de puño y letra de Caicedo, bajo los créditos de dirección y montaje de Fuguet, quien en el making of explica: “Caicedo no escribió este libro tal como existe y acaso no lo concibió, al menos de manera consciente, pero es su libro. No se sentó a escribir Mi cuerpo es una celda. Simplemente se sentó todos los días a escribir lo que fuera. Todo lo que está en el libro ha sido escrito por Caicedo. El material base fueron cartas, trozos de papel, diarios a medio terminar, libretas, cuadernos argollados, críticas de cine, artículos de prensa y ‘escritos’”.

A partir de este magma, Fuguet esculpe un conmovedor testimonio en primera persona (la de Caicedo), que al tiempo que nos muestra su vitalidad y pasión por la literatura y el cine, se desgarra y fisura irremediablemente como existencia, en la soledad, en la incomprensión, en la urgencia de conectar con el mundo: pero en la conciencia de su imposibilidad. Caicedo, igual que le pasaba con el baile de la salsa, quería pero no podía: “He soñado que muchas mujeres me asedian, que quieren bajarme los pantalones y yo nunca me dejo: aterrado ante la idea de que encuentren, allí donde esperan vigor, tiesura, un pedazo de músculo flácido porque se encuentra desencantado con el mundo, porque él mismo ya no quiere darse gusto de vida, sino que viene buscando la muerte”.

El mérito de Fuguet radica no en la simple recopilación y armado de textos, sino en comprender y enfocar la sensibilidad de Caicedo para llevar las premisas (un chico cinéfilo y suicida, de pelo largo y gafas onderas, tartamudo y fiestero) hasta el encuadre de un personaje profundo y empático que despierta en el lector la ansiedad de abrazarlo y, quizás, protegerlo en su caída, para contribuir a una salvación.

El narrador chileno muestra sus dotes de director y usa diversas tomas y planos para encontrar detalles y matices entrañables en Caicedo: lo leemos, por ejemplo, en poemas, posts, ensayos, crónicas, críticas, contemplando su ciudad, su río, dialogando por carta muchas veces sobre la cultura pop o, simplemente, tirado durante una hora en el suelo de su habitación, en silencio y completa oscuridad. De lo anterior, puede deducirse que la estructura de Mi cuerpo es una celda es sólida, pero ágil, imaginativa, de lectura rápida y con punch.


Este libro es el fruto de un encuentro epifánico de Fuguet con Caicedo. El chileno supo de Caicedo en 2000, en Lima, Perú, pues en la hoy desaparecida librería La Casa Verde, mientras hacía hora, encontró su libro Ojo al cine: “Veo los datos del autor: 25 años, colombiano, y empiezo a hojear: James Dean, Roger Corman, Taxi Driver, películas de terror, cosas muy actuales, y digo: ‘qué es esto, de dónde salió’.

“Compro el libro, me voy al aeropuerto, me subo al avión, son tres horas a Santiago, y aterrizo otra persona. Fascinado, me encuentro con el hermano que siempre anduve buscando, con el par, con el tipo que yo sentía que me hacía falta para haber sido menos atacado, alguien que me habría podido proteger, que me habría podido decir ‘tú también puedes escribir de esto, no está mal escuchar música en inglés, no eres un traidor por escuchar a Radiohead o a The Rolling Stones, en vez de escuchar rancheras: tú puedes ser chileno o peruano, ecuatoriano, colombiano o mexicano, ver películas extranjeras y, sin embargo, procesarlas localmente’”.

Fuguet afirma que “Caicedo es un escritor que puede viajar. Su lenguaje, sobre todo en sus textos de no ficción, no es tan difícil, raro o colombiano como la gente podría pensar, sino el de un autor contemporáneo, moderno y nuevo, que puede viajar también a otros idiomas. Para cualquier persona que la haya pasado mal, ya no digo alguien que se ha matado o está en ello, que haya dudado de sí misma, que esté insegura o que sienta que algunos se han burlado de ella, es un autor impresionante porque escribe desde el corazón.

“Más allá de la figura del pelo largo o de aquello de que todo el día estaba como volado, Andrés Caicedo, claramente, escribió. Hay toneladas de sus cartas. Las de cine son alucinantes, porque Andrés era un cinéfilo que veía de todo: desde basura hasta gran arte. Era un tipo que veía a François Truffaut, a Roger Corman. Cuesta imaginarse que Caicedo escribió al final de los 60, en América Latina. O sea, si fuera norteamericano habría sido contemporáneo de Jack Kerouac o William Burroughs, de la Beat Generation, o de gente más grande que él, como Ernest Hemingway o Scott Fitzgerald.

“En su momento, Andrés escribía como nadie en América Latina. Cuesta muchísimo entender que en una ciudad de provincia, en Colombia, en los mismos años de Cien años de soledad, había un tipo que sin internet, sin VHS, sin YouTube, parecía que estaba viviendo en Nueva York. Era un tipo con la información que yo, aun hoy, conozco muy poca gente que la domina. Creo que hay muchas formas de entender a Andrés Caicedo, pero, entre otras facetas, es el gran cinéfilo latinoamericano. Hay gente que va al cine para huir. Andrés iba a refugiarse. Se dio cuenta que afuera la vida no era tan buena y que había que ver cine. Él vio películas para salvarnos a nosotros. Porque, más que un crítico, quería que la gente fuera a ver las mismas cintas que él había visto. En ese sentido, era un psicópata, un cinépata. Él sentía que la gente debía ver sus películas y que, logrando eso, iba a salvar al mundo. A lo mejor se dio cuenta que, en el fondo, no iba a poder salvarse él, pero si la gente veía las películas que él veía, el mundo iba a ser mejor. Y yo creo que el mundo, efectivamente, es mejor por Andrés”.